Rigor informativo
La Vanguardia, 31 de marzo del 2005:


Aprovecho este trozo de noticia (he tenido que recortar una parte considerable para que no me apareciera un inmenso espacio en blanco entre el título y la imagen) para comentar la cantidad de errores que se producen en los medios informativos. Esto no es ningún secreto, a menudo, todos detectamos algún error en la información que nos llega, ya sea vía escrita, auditiva, etc. Muchas de estas equivocaciones no son fruto de la inexactitud, se tratan de desaciertos monumentales que, no es que hagan daño a la vista, sino que directamente producen desprendimiento de retina.
Ya sé que, como dice el refrán, quien tiene boca se equivoca, pero creo que, cuando se trata de informar a tan cuantioso número de personas, el rigor tendria que ser un tema caudal, y eso que ya no oso entrar en la cuestión de la manipulación de las noticias...
He puesto esta pequeña cagada, la del 30 de febrero, porque me parece una nadería de poca importancia, incluso puede resultar un fallo simpático que todo el mundo es capaz de descubrir. Cuando realmente me preocupo es cuando veo otras pifias más serias y es entonces que me pregunto: ¿cuántas serán las que me hayan pasado por alto?
¡Bienvenid@s a la Era de la Desinformación!
IMQC

Aprovecho este trozo de noticia (he tenido que recortar una parte considerable para que no me apareciera un inmenso espacio en blanco entre el título y la imagen) para comentar la cantidad de errores que se producen en los medios informativos. Esto no es ningún secreto, a menudo, todos detectamos algún error en la información que nos llega, ya sea vía escrita, auditiva, etc. Muchas de estas equivocaciones no son fruto de la inexactitud, se tratan de desaciertos monumentales que, no es que hagan daño a la vista, sino que directamente producen desprendimiento de retina.
Ya sé que, como dice el refrán, quien tiene boca se equivoca, pero creo que, cuando se trata de informar a tan cuantioso número de personas, el rigor tendria que ser un tema caudal, y eso que ya no oso entrar en la cuestión de la manipulación de las noticias...
He puesto esta pequeña cagada, la del 30 de febrero, porque me parece una nadería de poca importancia, incluso puede resultar un fallo simpático que todo el mundo es capaz de descubrir. Cuando realmente me preocupo es cuando veo otras pifias más serias y es entonces que me pregunto: ¿cuántas serán las que me hayan pasado por alto?
¡Bienvenid@s a la Era de la Desinformación!
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Soy preciosa, lo he sido toda mi vida y no puedo hacer nada por evitarlo. Es mucha la gente que admira y adora mi belleza, que puede pasar una eternidad contemplándome, como si únicamente tuviera ojos para mí. Yo, a cambio, consigo sustraerlas de su realidad y hacerles olvidar todos sus problemas mientras me examinan con minuciosidad y con poca discreción, con los ojos clavados en mi triste semblante, como si esperaran un milagro.
Alguien podría pensar que soy afortunada y que me debería sentir dichosa. Pero no es así. Nunca lograré sentirme feliz con lo que tengo, porque sólo hay algo que deseo en este mundo, algo imposible que jamás podré conseguir. Muchos dirían que pido la Luna, expresión que odio con todas mis fuerzas, pero yo diría que es más bien todo lo contrario.
Estoy sumida en una oscuridad permanente, condenada a vivir en la más negra penumbra, atrapada en un túnel casi interminable de melancolía y tristeza desde el que se divisa, a lo lejos, un punto de luz y esperanza: el fin de mis días, mi única salvación y el adiós definitivo a mi perpetuo sufrimiento. Yo no vivo, existo, y sólo la muerte se podrá convertir en mi única forma de vida.
Yo lo amo a él.
Sucedió hace mucho tiempo, años ha, cuando todavía ni siquiera existía el día y la noche: quedé cautivada por su cuerpo de pura energía candente. Tardé poco en darme cuenta de que no era la única que había caído en su embrujo, él tenía un gran número de pretendientes que querían poseerlo con el mismo fervor que yo. De repente, no sé cómo, pero sí sé porqué, quedé presa de los celos de una de esas enamoradas damas, destinada a girar a su alrededor para toda la eternidad, con el objetivo de entretenerla y servirla. Así es como quedé subordinada a una de las nueve damas que contornean, como tiburones hambrientos dando vueltas alrededor de su presa, al susodicho don Juan. Yo las he visto y las he contando, son nueve, ni una más, ni una menos.
En efecto, nueve concubinas bailando alrededor de su rey, su astro y su primordial objetivo, en un intento de seducirlo y de captar su ardiente mirada. Por lo visto, algunas de estas amantes han logrado llegar muy lejos. He visto que algunas de ellas lucen con orgullo las alianzas con que él les ha obsequiado. Algunas, incluso, tienen muchísimas y se las ponen todas a la vez, de forma que se asemejan a un gran anillo de compromiso de muchos colores y, debo añadir, de una exquisita elegancia. A pesar de estos lujosos regalos, él nunca ha decidido casarse con ninguna de sus doncellas. Le gusta variar y estar con una diferente cada cierto tiempo. Suele pasar largas temporadas con cada una de ellas, sobretodo si la amante es de su agrado. No es difícil intuir que las más ataviadas y las que están adornadas con colores más vivos son sus favoritas, paradójicamente éstas se encuentran ahora más lejos de él, porque ya han podido gozar de su calor y compañía durante un largo tiempo y él, ahora, prefiere galantear con otras.
Mi castigo, a parte de condenarme a la servidumbre de una de sus amantes, me priva de volverlo a ver, por miedo, supongo, a que pueda fijarse en mí y elegirme como su favorita. Hasta ahora, me he pasado la vida entera sujeta a mi propietaria, circundándola, y ésta, simultáneamente, también trata de rodear a su amado con una eterna y sinuosa traslación. Yo trato de disuadirla, pero todos los esfuerzos son en vano, pues ella, profundamente hipnotizada por su efigie, se pasa el día escudriñando el horizonte. El motivo de mi danza continua se traduce en mi desesperación por verlo y que él me devuelva la mirada. Mi dama se interpone entre ambos, evitando que él me vea y que yo pueda contemplarle por un instante. Es largo el tiempo que llevo tratando de conseguir mi sueño, pero nunca me daré por vencida.
En un arrebato de furia, a causa de mi hermosura, mi señora, temiendo que en algún momento pudiera fracasar en su intento de hacerme la vida imposible, decidió ofuscar mi rostro, al más puro estilo de Caravaggio, para que él no pudiera verme, así ella podría estar más tranquila. Aun así, yo no abandono, no he perdido las esperanzas. Alguien podría preguntarse por qué no deserto si él ya no puede verme. La respuesta es fácil: periódicamente, de tanto en tanto, mi dueña se ve obligada a descubrir mi rostro, poco a poco y de forma gradual, para controlar que le sigo dondequiera que vaya y comprobar que no he huido en busca de su amado. Es por eso que todavía albergo la esperanza de que nuestros ojos puedan encontrarse
¿Qué puedo hacer sino esperar? Seguiré aguardando hasta que se me presente cualquier oportunidad. Si algún día me halláis ausente, es porque estoy imaginando nuestro encuentro y soñando que alguien cuenta este cuento, no os preocupéis, estoy en la Luna.
IMQC

Alguien podría pensar que soy afortunada y que me debería sentir dichosa. Pero no es así. Nunca lograré sentirme feliz con lo que tengo, porque sólo hay algo que deseo en este mundo, algo imposible que jamás podré conseguir. Muchos dirían que pido la Luna, expresión que odio con todas mis fuerzas, pero yo diría que es más bien todo lo contrario.
Estoy sumida en una oscuridad permanente, condenada a vivir en la más negra penumbra, atrapada en un túnel casi interminable de melancolía y tristeza desde el que se divisa, a lo lejos, un punto de luz y esperanza: el fin de mis días, mi única salvación y el adiós definitivo a mi perpetuo sufrimiento. Yo no vivo, existo, y sólo la muerte se podrá convertir en mi única forma de vida.
Yo lo amo a él.
Sucedió hace mucho tiempo, años ha, cuando todavía ni siquiera existía el día y la noche: quedé cautivada por su cuerpo de pura energía candente. Tardé poco en darme cuenta de que no era la única que había caído en su embrujo, él tenía un gran número de pretendientes que querían poseerlo con el mismo fervor que yo. De repente, no sé cómo, pero sí sé porqué, quedé presa de los celos de una de esas enamoradas damas, destinada a girar a su alrededor para toda la eternidad, con el objetivo de entretenerla y servirla. Así es como quedé subordinada a una de las nueve damas que contornean, como tiburones hambrientos dando vueltas alrededor de su presa, al susodicho don Juan. Yo las he visto y las he contando, son nueve, ni una más, ni una menos.
En efecto, nueve concubinas bailando alrededor de su rey, su astro y su primordial objetivo, en un intento de seducirlo y de captar su ardiente mirada. Por lo visto, algunas de estas amantes han logrado llegar muy lejos. He visto que algunas de ellas lucen con orgullo las alianzas con que él les ha obsequiado. Algunas, incluso, tienen muchísimas y se las ponen todas a la vez, de forma que se asemejan a un gran anillo de compromiso de muchos colores y, debo añadir, de una exquisita elegancia. A pesar de estos lujosos regalos, él nunca ha decidido casarse con ninguna de sus doncellas. Le gusta variar y estar con una diferente cada cierto tiempo. Suele pasar largas temporadas con cada una de ellas, sobretodo si la amante es de su agrado. No es difícil intuir que las más ataviadas y las que están adornadas con colores más vivos son sus favoritas, paradójicamente éstas se encuentran ahora más lejos de él, porque ya han podido gozar de su calor y compañía durante un largo tiempo y él, ahora, prefiere galantear con otras.
Mi castigo, a parte de condenarme a la servidumbre de una de sus amantes, me priva de volverlo a ver, por miedo, supongo, a que pueda fijarse en mí y elegirme como su favorita. Hasta ahora, me he pasado la vida entera sujeta a mi propietaria, circundándola, y ésta, simultáneamente, también trata de rodear a su amado con una eterna y sinuosa traslación. Yo trato de disuadirla, pero todos los esfuerzos son en vano, pues ella, profundamente hipnotizada por su efigie, se pasa el día escudriñando el horizonte. El motivo de mi danza continua se traduce en mi desesperación por verlo y que él me devuelva la mirada. Mi dama se interpone entre ambos, evitando que él me vea y que yo pueda contemplarle por un instante. Es largo el tiempo que llevo tratando de conseguir mi sueño, pero nunca me daré por vencida.
En un arrebato de furia, a causa de mi hermosura, mi señora, temiendo que en algún momento pudiera fracasar en su intento de hacerme la vida imposible, decidió ofuscar mi rostro, al más puro estilo de Caravaggio, para que él no pudiera verme, así ella podría estar más tranquila. Aun así, yo no abandono, no he perdido las esperanzas. Alguien podría preguntarse por qué no deserto si él ya no puede verme. La respuesta es fácil: periódicamente, de tanto en tanto, mi dueña se ve obligada a descubrir mi rostro, poco a poco y de forma gradual, para controlar que le sigo dondequiera que vaya y comprobar que no he huido en busca de su amado. Es por eso que todavía albergo la esperanza de que nuestros ojos puedan encontrarse
¿Qué puedo hacer sino esperar? Seguiré aguardando hasta que se me presente cualquier oportunidad. Si algún día me halláis ausente, es porque estoy imaginando nuestro encuentro y soñando que alguien cuenta este cuento, no os preocupéis, estoy en la Luna.
IMQC

Se ofrece recompensa por Pedrolo desaparecido
Si, como lo leen: ofrecemos recompensa a quien encuentre nuestro fiel amigo desaparecido.
Parece que la reconciliación entre Kinshi y el Pedrolito (¿o debería decir Pedrolazo?) ya no es posible: nuestro amigo sufre una depresión total.
A pesar de todo, Kinshasa no ha abandonado su gusto por los accesorios tamaño king size. Sólo hace falta echar un vistazo a sus pendientes en forma de camello (si un día, por esas casualidades de la vida, se le olvida ponerse los dos, sufrirá una rotura de cuello debido al peso) y a su reloj sacado de una tienda para personas con problemas de visión (con todo mi respeto).
Des de aquí, quiero dar esperanza a todas aquellas personas que, al igual que yo, esperan con cierta inocencia la vuelta del Pedrolo.
LOONA
Parece que la reconciliación entre Kinshi y el Pedrolito (¿o debería decir Pedrolazo?) ya no es posible: nuestro amigo sufre una depresión total.
A pesar de todo, Kinshasa no ha abandonado su gusto por los accesorios tamaño king size. Sólo hace falta echar un vistazo a sus pendientes en forma de camello (si un día, por esas casualidades de la vida, se le olvida ponerse los dos, sufrirá una rotura de cuello debido al peso) y a su reloj sacado de una tienda para personas con problemas de visión (con todo mi respeto).
Des de aquí, quiero dar esperanza a todas aquellas personas que, al igual que yo, esperan con cierta inocencia la vuelta del Pedrolo.
LOONA
Esto es sólo el principio
Si todo continúa igual que ahora, cosa que dudo, dentro de 47 años podré jubilarme... ¡Bien, ya queda poco!
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Hoy, 8 de marzo
Hoy es día 8 de marzo, y no sólo eso: hoy, día 8 de marzo también es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Y a las que no trabajan que les den por cu... estoooo... que las zurzan, ¿no?
Fuera bromas, no logro entender el porqué de la existencia de este día. Así, de entrada, me parece ridículo, sin sentido. Según he estado leyendo, la idea de celebrar este día surgió en Estados Unidos a finales de la primera década del siglo XX. Un año más tarde, la Internacional Socialista proclamó, a escala internacional, el Día de la Mujer, cuyo objetivo básico era conseguir un sufragio universal femenino y reivindicar el derecho de las mujeres al trabajo.
Entiendo, y me parece estupendo, que las mujeres se agruparan para exigir sus derechos, hacerse oír entre los hombres y denunciar la discriminación a la que estaban sometidas. Gracias a ellas, ahora, la situación de la mujer en los países desarrollados ha mejorado considerablemente respecto a los inicios del siglo pasado, aunque, como todos sabemos, la mujer continúa siendo objeto de exclusión o diferenciación, sobretodo en el ámbito laboral. La lucha a favor de la igualdad entre ambos sexos se trata pues de una batalla constante.
Cuando, un día determinado, celebramos algo, significa que para nosotros este algo es un hecho importante, destacado y especial. Así que sigo sin entender el motivo de la solemnización de esta jornada, ya que, teóricamente, tendría que festejarse cada día del año.
Concluyo repitiendo que el Día de la Mujer me parece, con perdón, una tremenda gilipollez y una pantomima estúpida e hipócrita por parte de algunos partidos, sobretodo de izquierdas. Como mujer, añadiré que no me siento, en absoluto, representada o identificada con dicha celebración.
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Fuera bromas, no logro entender el porqué de la existencia de este día. Así, de entrada, me parece ridículo, sin sentido. Según he estado leyendo, la idea de celebrar este día surgió en Estados Unidos a finales de la primera década del siglo XX. Un año más tarde, la Internacional Socialista proclamó, a escala internacional, el Día de la Mujer, cuyo objetivo básico era conseguir un sufragio universal femenino y reivindicar el derecho de las mujeres al trabajo.
Entiendo, y me parece estupendo, que las mujeres se agruparan para exigir sus derechos, hacerse oír entre los hombres y denunciar la discriminación a la que estaban sometidas. Gracias a ellas, ahora, la situación de la mujer en los países desarrollados ha mejorado considerablemente respecto a los inicios del siglo pasado, aunque, como todos sabemos, la mujer continúa siendo objeto de exclusión o diferenciación, sobretodo en el ámbito laboral. La lucha a favor de la igualdad entre ambos sexos se trata pues de una batalla constante.
Cuando, un día determinado, celebramos algo, significa que para nosotros este algo es un hecho importante, destacado y especial. Así que sigo sin entender el motivo de la solemnización de esta jornada, ya que, teóricamente, tendría que festejarse cada día del año.
Concluyo repitiendo que el Día de la Mujer me parece, con perdón, una tremenda gilipollez y una pantomima estúpida e hipócrita por parte de algunos partidos, sobretodo de izquierdas. Como mujer, añadiré que no me siento, en absoluto, representada o identificada con dicha celebración.
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