El loro, la abuela y el grito
La mayoría de las historias merecen ser contadas en primera persona. Al fin y al cabo lo que importa es lo que se cuenta y quién mejor que el afectado para transmitir con pasión todos los detalles.
¿Por qué te aclaro esto? porque cuando acabes de escucharla no te vas a poder creer que esto me pasara.
En los últimos días de la última quincena del mes de agosto ya me encontraba en Madrid. Me incorporé al trabajo cuando aún la mitad de los comercios estaban "cerrados por vacaciones" y aun podíamos permitirnos el lujo de llegar al centro en coche, por eso decidí pasar esa última semana en la casa de mi amiga Islanda, a las afueras.
Una tarde, al volver a casa, llamaron a la puerta del adosado, Islanda abrió y se encontró a la vecina, una mujer entrada ya en los años dorados que venía a pedir un favor.
-Islanda hija, me preguntaba si vas a estar aquí esta semana, es que voy a aprovechar para irme con mi hija a Alicante y me gustaría saber si podrías echarle un ojo a la casa y regarme las plantas del jardín.
Por supuesto Islanda dijo que sí y al día siguiente fuimos a casa de la señora ha hacerle las labores encomendadas. Cuando íbamos a salir, Sira, la cocker de Islanda nos miró con ojos lastimosos y decidimos llevarla -total, pensamos, no le irá mal estirar las patas-.
Entramos a la casa y cuando llevábamos un rato con la manguera vemos aparecer a la perra con el loro de la señora en la boca y... sí, estaba tieso, muerto.
¡¡¡¡¡Horror, nervios, locura!!!! -Tronca, ahora qué hacemos? la abuela nos mata!!!! -Bueno, tranquilidad -dije yo- loros de estos de color gris hay en todos lados, lo pagamos a medias y santas pascuas... la abuela ni se entera de que este es otro loro.
Así que nos deshicimos del cadáver y nos fuimos a comprar el lorito que nos costó 150 euros -en precio superoferta según nos dijeron-.
Acomodamos al pajarraco y pasaron los días hasta que llegó la hora de la prueba de fuego.
......¡¡¡¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!! -Coño, Islanda, que la abuela nos ha pillado con el cambiazo.
Tan de horror era aquel grito que podría haberse aparecido una cara de espanto en cualquier pared, tan de horror era que podíamos haber falsificado el mítico cuadro de Munch sólo con las ondas de aquel escalofriante sonido, ante lo cual, decidimos correr y dar la cara.
No te puedes imaginar lo que nos encontramos al llegar: Una abuela histérica que, aterrorizada, nos contaba entre sollozos cómo su loro la había palmado y cómo ella lo había enterrado en el jardín con sus propias manos una semana antes de irse.
Los perros y su jodida manía de escarbar.

¿Por qué te aclaro esto? porque cuando acabes de escucharla no te vas a poder creer que esto me pasara.
En los últimos días de la última quincena del mes de agosto ya me encontraba en Madrid. Me incorporé al trabajo cuando aún la mitad de los comercios estaban "cerrados por vacaciones" y aun podíamos permitirnos el lujo de llegar al centro en coche, por eso decidí pasar esa última semana en la casa de mi amiga Islanda, a las afueras.
Una tarde, al volver a casa, llamaron a la puerta del adosado, Islanda abrió y se encontró a la vecina, una mujer entrada ya en los años dorados que venía a pedir un favor.
-Islanda hija, me preguntaba si vas a estar aquí esta semana, es que voy a aprovechar para irme con mi hija a Alicante y me gustaría saber si podrías echarle un ojo a la casa y regarme las plantas del jardín.
Por supuesto Islanda dijo que sí y al día siguiente fuimos a casa de la señora ha hacerle las labores encomendadas. Cuando íbamos a salir, Sira, la cocker de Islanda nos miró con ojos lastimosos y decidimos llevarla -total, pensamos, no le irá mal estirar las patas-.
Entramos a la casa y cuando llevábamos un rato con la manguera vemos aparecer a la perra con el loro de la señora en la boca y... sí, estaba tieso, muerto.
¡¡¡¡¡Horror, nervios, locura!!!! -Tronca, ahora qué hacemos? la abuela nos mata!!!! -Bueno, tranquilidad -dije yo- loros de estos de color gris hay en todos lados, lo pagamos a medias y santas pascuas... la abuela ni se entera de que este es otro loro.
Así que nos deshicimos del cadáver y nos fuimos a comprar el lorito que nos costó 150 euros -en precio superoferta según nos dijeron-.
Acomodamos al pajarraco y pasaron los días hasta que llegó la hora de la prueba de fuego.
......¡¡¡¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!! -Coño, Islanda, que la abuela nos ha pillado con el cambiazo.
Tan de horror era aquel grito que podría haberse aparecido una cara de espanto en cualquier pared, tan de horror era que podíamos haber falsificado el mítico cuadro de Munch sólo con las ondas de aquel escalofriante sonido, ante lo cual, decidimos correr y dar la cara.
No te puedes imaginar lo que nos encontramos al llegar: Una abuela histérica que, aterrorizada, nos contaba entre sollozos cómo su loro la había palmado y cómo ella lo había enterrado en el jardín con sus propias manos una semana antes de irse.
Los perros y su jodida manía de escarbar.

Comentario:
ja,ja,ja...(esta historia me resulta muy familiar, cambiando el loro por un canario)
Comentario:
El loro zombi, menos mal que no le pego un infarto a la abuela.
Comentario:
¡Porterilla!
Tu blog sobrevive, ya tienes un comentario :op
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