Esta es mi rana, se supone que tengo que besarla,
que aparecerá mi príncipe azul, pero yo no quiero un príncipe azul,
yo quiero un hombre, de pelo en pecho, varonil,
que me atraviese con la mirada y me desgarre el alma.
Quiero un hombre que termine con mis días de niña,
con mis juegos de princesita, quiero un hombre
que me haga dueña de mi cuerpo.
Esta rana no tiene pinta de eso, mejor no la beso,
¿y si la beso?. Tal vez no sea el latin-lover que espero
para mis noches, pero ¿y si es el compañero fiel y atento,
agradable y divertido, que me respetará siempre?.
Si no le beso no lo sabré nunca. Me está mirando,
bueno, soy yo quien la mira fijamente pero me está
devolviendo la mirada, qué insolente, yo soy una princesa,
no debería mirarme con tanto descaro y como si esperase algo,
a lo mejor espera que le bese, o a lo mejor
espera que no le bese, ¿quién sabe?.
¿Me responderá si le pregunto?, ranita, ranita,
¿quieres que te bese?. Me va a decir que soy imbécil,
que soy una princesa y que mi deber es besar ranas,
pero no a cualquier rana le diré yo.
Ay, ay, que estás desvariando, mira Mari-Lety,
que esto está difícil, mamá lo tuvo fácil,
sale en un telediario y caza príncipe, pero yo,
¿qué tengo que hacer?. ¿Qué tengo que hacer?,
le he dicho que no a los príncipes por si me salen rana,
y no me atrevo a besar a esta rana por si me sale príncipe.
¿Qué pasa?. Cerraré los ojos, me ha saltado a la cara
y se ha pegado a mis labios, umhh, me está metiendo la lengua,
vaya si besa bien, y no abriré los ojos pero parece que ya
es un hombre, este culito, qué prieto, cómo mueve la lengua
y como la mete hasta la campanilla.
Claro, seguro que ha practicado mucho cazando moscas,
da igual, sus besos saben como los de la mayoría de los hombres,
a Fortuna o Camel.