tengo un belén friki: los orígenes
el año pasado construí mi primer belén friki. Este año lo he vuelto a hacer, con la ayuda de la inestimable suki. La versión inicial la podéis contemplar en su nuevo blog, resaca perpetua; la definitiva la colgaré en las próximas fechas, con sorpresa incluída.
Pero lo que hoy nos ocupa es descubrir de dónde viene ese gusto por las construcciones belenísticas raras y extravagantes. Después de mucho pensar, me he dado cuenta de que tiene un claro origen genético. No hay más que ver el belén que han montado este año mis padres, con la ayuda de mi hermana:

Aparentemente, se trata de un belén normal (pincha en él para ampliar la imagen), pero pronto escubriremos que no es así si bajamos el nivel de detalle:

En la imagen 1 podemos observar cómo la simpática figura de una jirafa acompaña a las ovejillas, mientras un ángel del Señor anuncia a los pastores la llegada de El Salvador.
La imagen 2 muestra una lugareña de la ciudad palestina de Belén junto a una conífera nevada (de su misma altura, por cierto). Esta conjunción va contra la lógica por dos motivos evidentes: en Oriente Medio (creo) no hay abetos y, por mucho frío que haga en invierno, no suele nevar.
El edificio que se puede observar en la imagen 3 se explica por sí sólo: un chalé en el que se alquilan esquís. Tanto éste como el que se veía en la imagen anterior (en el que cuelga el cartel de Restaurant, además del abeto, son fruto de un capricho de mi madre cuando visitó uno de los supermercados de la empresa Lidl, y en la que adquirió este simpático pack navideño (ella aduce que no sabe inglés, por lo que no pudo leer lo que ponía cuando realizó la compra).
Pero no se acaba aquí la cosa. Sigamos con el análisis:

La imagen 4 desvela una de las incongruencias más habituales en los belenes: la desproporción entre el tamaño de las figuras. Aunque en este caso resulta más escandalosa. El gallo en cuestión es el doble de grande que el burro y la vaca que le acompañan.
Y en la 5, un poco de frivolidad. Los pajes de los Reyes Magos se han reunido para cotillear sobre los trapos sucios de sus señores. Pues a Baltasar le vi el otro día montándoselo con una blanca dice uno. Atención a la aparición en escena de uno de los soldados de Herodes, que intenta meter baza desde un discreto segundo plano.
La imagen 6, no por clásica, deja de tener su punto friki. Se trata del mítico y a la vez entrañable caganer que, oculto tras el portal, representa la aportación escatológica de la cultura catalana al humilde belén familiar.
Y aquí no acaba la cosa.Próximo post navideño: Nacionalismo y Navidad. Atentos a sus pantallas de PC!
Pero lo que hoy nos ocupa es descubrir de dónde viene ese gusto por las construcciones belenísticas raras y extravagantes. Después de mucho pensar, me he dado cuenta de que tiene un claro origen genético. No hay más que ver el belén que han montado este año mis padres, con la ayuda de mi hermana:

Aparentemente, se trata de un belén normal (pincha en él para ampliar la imagen), pero pronto escubriremos que no es así si bajamos el nivel de detalle:

En la imagen 1 podemos observar cómo la simpática figura de una jirafa acompaña a las ovejillas, mientras un ángel del Señor anuncia a los pastores la llegada de El Salvador.
La imagen 2 muestra una lugareña de la ciudad palestina de Belén
El edificio que se puede observar en la imagen 3 se explica por sí sólo: un chalé en el que se alquilan esquís. Tanto éste como el que se veía en la imagen anterior (en el que cuelga el cartel de Restaurant, además del abeto, son fruto de un capricho de mi madre cuando visitó uno de los supermercados de la empresa Lidl, y en la que adquirió este simpático pack navideño (ella aduce que no sabe inglés, por lo que no pudo leer lo que ponía cuando realizó la compra).
Pero no se acaba aquí la cosa. Sigamos con el análisis:

La imagen 4 desvela una de las incongruencias más habituales en los belenes: la desproporción entre el tamaño de las figuras. Aunque en este caso resulta más escandalosa. El gallo en cuestión es el doble de grande que el burro y la vaca que le acompañan.
Y en la 5, un poco de frivolidad. Los pajes de los Reyes Magos se han reunido para cotillear sobre los trapos sucios de sus señores. Pues a Baltasar le vi el otro día montándoselo con una blanca dice uno. Atención a la aparición en escena de uno de los soldados de Herodes, que intenta meter baza desde un discreto segundo plano.
La imagen 6, no por clásica, deja de tener su punto friki. Se trata del mítico y a la vez entrañable caganer que, oculto tras el portal, representa la aportación escatológica de la cultura catalana al humilde belén familiar.
Y aquí no acaba la cosa.Próximo post navideño: Nacionalismo y Navidad. Atentos a sus pantallas de PC!





