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Me siento partícula, sólo eso
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Cuatro crónicas saladas
En el tren

El tren que me aleja o me acerca, que en todo caso me lleva, marca el paso impaciente de este viaje. Se suceden campos de olivos y vides, golpes de sol y aire caliente. Todavía me falta un buen trecho hasta el mar, pero yo ya lo huelo en la gente que me acompaña. Ellos también llevan su nostalgia de agua impregnando sus ropas. Y yo, que soy de secano, no acabo de entender mi ansia de mar, pero me dejo llevar por ella. Imagino los días que me esperan y se me eriza la piel.

Me fijo en alguien que viene mirándome desde hace rato. Me sonríe. Yo le lanzo una mirada acuosa sin pestañear y, mientras le devuelvo la sonrisa, me asalta la ternura queriendo acariciar ese rostro ovalado. Me aproximo a él sin dejar de mirarlo y me siento en el hueco que me tiene preparado. Compartimos palabras, paradas y arrancadas nuevamente. De repente somos cómplices en este viaje que ambos llevamos en paralelo. Olvidamos el equipaje y nos zambullimos uno en las aventuras del otro. Risas, humo a espaldas de la “normativa vigente”, y muchas miradas entrecortadas que quisiéramos fijar en los horizontes del cuerpo del otro. El deseo. Finalmente su parada, y un beso que detengo en su boca largamente. Y una caricia para enmarcar ese rostro ovalado entre mis manos. Un beso joven y eterno y una caricia melosa. Sellamos la despedida con números de teléfono que no sabemos si algún día marcaremos, pero en nuestros bolsillos quedan como pellizcos dados a la esperanza. Vuelvo a mi sitio con los bolsillos llenos y me pierdo de nuevo entre el paisaje de ventana mientras el rubor se apea poco a poco de mis mejillas.



En el mar

No es lo mismo el mar por la mañana, cuando tú misma pareces una ola levantándote de la cama, y vas camino del mar con tu traje de agua, tus adornos de espuma y tu rumor de caracolas. Vuelves al mar después de una noche de incursión en tierra, donde te cruzaste con gente que sí tiene raíces, y también con algunos pescadores, esos interesantes anfibios. Y el mar te espera con la benevolencia de una madre, sin preguntas, sin excusas, y te deja retozar toda la mañana y jugar a derramarte; una y otra vez envuelves los cuerpos de quienes no vienen al mar como una ola, y creces para ellos, y ellos se ciñen a tu pendiente ascendiendo hasta tu cresta, y tú avanzas con ellos encima, compartiendo el triunfo de haberos superado, para acabar saltando en la orilla con tu lengua de agua, entre risas, lamiendo la arena. Es delicioso.

Y si vuelves al mar por la tarde, lo haces con la piel ya caliente y los ojos entornados, como intuyendo la siesta de las olas. Sube la marea conforme avanza la tarde y, como un río de somnolencia remansándose bajo tus pies, notas el beso de agua prendido en tus tobillos. Y la luz que centellea en la superficie se abre camino hasta la orilla alcanzándote y dejando un último reflejo rojizo sobre tu vientre.

Guardo siete segundos infinitos que quiero deshacer en este crepúsculo. Y es ahora cuando cuento hasta siete mientras intento enlazar la imagen del sol, como un fotograma en una película, con algunas palabras que imagino descolgándose de una boca que no es la mía. Y surgen esas imágenes inéditas que quisiera representar ya mismo en este escenario acuático. Siento la necesidad de dejarme acariciar, aunque toda caricia ajena me sobrepase... He contado hasta siete, pero aquí el tiempo no entiende, y siete deja de ser número para convertirse en un hito, y ocho en un símbolo, y nueve es ya un fetiche, y la capacidad representativa de los números sigue creciendo hasta el infinito conforme avanza la cuenta. Y ahora entiendo por qué alguien calificó de antemano como infinitos esos siete segundos...



Ejerciendo de turista

Traigo algo de arena de playa a este espacio de interiores secos, salpicado de patios que compiten por ofrecer la más variada representación de la “flora de maceta”. No sé, pero me da por reír cuando entro en uno de estos patios, y es que las propias macetas me parecen sonoras carcajadas que emiten las paredes encaladas. Callejuelas empedradas, mercadillos rebosantes, ventanas de colores y trajín de gente. Todo me recuerda constantemente que soy anónima en este fragmento de historia. Y me gusta sumarme a esta mezcla castellano-andalusí como un elemento más.

Cae la noche como una lluvia de farolas, y sigo recorriendo plazas y callejuelas en busca del ambiguo ambiente nocturno. Otra mezcla que me gusta aprovechar para el anonimato. Todo cabe en la calle, y lo que no cabe en la calle, cabe en un bar o en una esquina de intimidad ofrecida por alguien. Siempre hay un sitio para depositar un pequeño fragmento de uno mismo. Yo dejo varios aquí, sin planes de recuperarlos, sólo por el placer de saberme en otros lugares cuando vuelva a mi cubículo.



La vuelta

Y la vuelta es inevitable, aunque pesa menos de lo que esperaba. Lo que pesa es mi maleta, que viene con media Andalucía dentro: calles, gente, tabernas, mar y playa, mezquitas, catedrales, puentes, murallas, besos apretados, risas de chiringuito, flores de geranios, copas con pareo, seseos, ceceos, luz a raudales, olas sin medida y desmedidas sorpresas. Toda la maleta revuelta y un montón de tiempo por delante para ordenarla...
 
Comentario:
me gustó tu espacio, tus poemas. te invito a participar en http://www.lacasadeasterion.net ojalá te animes, sería un honor
Dora
 
Comentario:
Pistacho Veloz,
Si nos hubiéramos cruzado lo recordaría, todos los pistachos que he visto estaban quitecitos...
Gracias por tu visita. Un placer.
A ver qué se cuece (o tuesta) en tu blog.
Un beso
 
Comentario:
Yo también llamaría...
 
Comentario:
Escribes bastante bonito. Pero viajar a Córdoba en agosto es un suicidio... yo andaba por allí, quizá nos hemos cruzado.
La próxima visita, a entre abril y mayo, por favor.
 
Comentario:
elbucaro,
El viaje ha sido una gozada. Volveré, porque sé que solamente he visto una pequeña muestra.
Un placer tu visita. Un beso.
 
Comentario:
Me alegro que te hayas llevado muchas cosas de Andalucía, pero seguro que también tú has dejado parte de ti, como siempre que se disfruta en algún lado, en esta tierra. Besos.
 
Comentario:
Isabel,
Me alegro de que te haya gustado el paseo. A mí me ha encantado tu visita, me deja un sabor dulce...
Un beso igual que el tuyo
 
Comentario:

Me ha gustado mucho ese encuentro en el tren. Tiene algo de misterioso. Quizás es que soy muy receptiva a todo lo que un tren lleve consigo, porque los trenes tienen algo especial siempre. Y ahora caigo en la cuenta de que hace mucho que no viajo en tren... y se extraña esa sensación de mirarlo todo a través de él.

El mar. Yo no sé qué es lo que tiene, pero su llamada es irresistible, y su olor salado embruja completamente.

De Andalucía podría contarte que hace varios años estuve unos días en Córdoba. Cuando llegué a Bilbao me compré una planta de jazmín (que me duró mucho tiempo, por cierto), porque lo echaba terriblemente de menos. Ese olor inundaba tantos rincones cálidos y oscuros, rodeados de música y gente, de risas por la noche veraniega.

Gracias por tu visita :). Me encantó venir a tu casita verde y llena de hojas. Un besazo :*

 
Comentario:
Acéfalo,
Qué bien que lo hayas disfrutado, casi parece que estabas allí.
Me crecen los enanos por todas partes, a lo mejor alguno de ellos es un duendecillo del sur.
Tu beso me deja fresca y perfumada. Gracias!
Te lo devuelvo en forma de caramelo.

Veranat,
Pues vaya, si lo llego a saber... La próxima vez te doy un toque. Acepto tu ofrecimiento (me seducen los rincones ocultos...).
Un besete
 
Comentario:
No olvides avisarme la próxima vez, soy del sur, y sé de rincones que descansan ocultos a turistas y otros desaprensivos, te los habría enseñado. Será en la próxima. El tren, el mar, las calles... soñamos por todas partes. Abrazo, Sabelilla
 
Comentario:
Pues lo único que no te envidio es la caló; aunque aquí, tras la pantalla, este imprevisto viaje de tu mano, me ha sabido muy fresquito...y muy poético: "los pescadores, esos interesantes anfibios" "cae la noche como una lluvia de farolas"...precioso. Ni te digo como cuentan otras esas cosas...

No sé si siempre has sido así, o te han contagiao algo de duende por esas tierras; pero tus metáforas no suenan a secano para nada.

Un placer vespertino inesperado. Se agradece.

Un besito de menta y jazmín.
 
Comentario:
Cabaret,
Fíjate que me da envidia hasta a mí...

Sire,
pues eso, que somos de enganche fácil, me parece jaja

Charlybertario,
Cierto, y luego encima es que hay veranos que marcan. Para mí, éste está siendo decisivo.
 
Comentario:
No sé porqué..el calor, menos ropa, miradas desconocidas que parecen más comprometidas...no sé porqué, pero el verano...ummm
 
Comentario:
sabelilla, me halaga que te acordases de mi en tus vacaciones... yo también seguía la pista de tu blog esperando tu regreso, también te echaba de menos!!!

Mil besos mi niña.
 
Comentario:
envidia: envidia verde y sana es lo que tengo jooooooo

;)

enhorabuena!
 
Comentario:
Sire,
sí, tengo para rato con la maleta y mis bolsillos...
Un beso (confieso que te seguí la pista un día desde un ciber, te echaba de menos, fíjate)

Wolffo,
Ala, el mundo entero? Uy, me da miedo...
Tú sí que eres la ostia (te robo la hache, vale?)
Besos, calamar

Belén,
Pues sí, efectivamente, metamorfoseando, que es gerundio.
(Tengo ganas de verte, a ver si te pervierto para que vuelvas en vaquillas jeje)
Un beso, reinona
 
Comentario:
Camaleón¡.
Así te veo. Así te siento. Pasas de ser la ardilla que escudriña cada rincón de la serranía con olor a romero,para convertirte en caracola, en ente líquido que recoge el eco de las olas... Guarda en tu maleta todo lo que el mar dejó olvidado en la arena con tu nombre, y si llegan las melancolías postvacacionales o preotoñales, recuerda que la brisa de las tierras del sur siempre seguirá ahí, para uso y disfrute de los que como tú, necesitan de vez en cuando empaparse de vida...
Bsts.
 
Comentario:
Un día de estos, sabelilla... alguien va a leer lo que escribes y te va a denunciar, con toda la razón, por egoísmo social. El mundo entero debería leer cada palabra de las que escribes.

Eres la hostia, niña.
 
Comentario:
qué bonitas palabras...

la maleta deshazla minuciosamente, para que no se te quede nada escondido en el fondo. Revuelve todo cuanto has traído y colócalo con ternura en las estanterías de tu habitación, son parte de tu vida.

PD: tampoco olvides mirar los bolsillos, allí tienes aún un número de teléfono... yo llamaría...

Besos bombón!
No