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Acerca de
Me siento partícula, sólo eso
Sindicación
 
Sumidero


Tus manos oscuras sólo tocan


mi desagüe de huellas dactilares




 
Agítese antes de usar
En el pasillo corre el aire de un lado para otro, es lo más evidente. Pero el aire no sirve de alimento, y hay un extraño animalillo en el pasillo, en esa especie de corredor de la noche, que lo que busca es precisamente eso, alimento.

Es un grillo hembra –a veces una cosa más que la otra- y no canta por eso mismo, porque es hembra, pero emite un sonido idéntico cuando agita sus soledades. El grillo lleva varias noches seguidas recorriendo el pasillo, escruta cada rincón, afina el oído, observa con sus ojillos de trufa, se relame… Su dieta es animal y nocturna, y muy variada: hay mucha fauna en el pasillo que gusta a este grillo hembra. La fruta y la hierba son para otros insectos menos hedonistas.

La primera noche recorre el pasillo detenidamente y, como premio a la meticulosidad, encuentra una pequeña larva en una mínima grieta de la pared, próxima a la esquina. A pesar de su incipiente vida adulta, el bichito está lleno de eso mismo. Ya habla, parlotea, intenta verborrear para atraer al grillo hembra. Pero lo cierto es que pierde el tiempo, pues el trabajo ya está hecho, hace rato que ella lo tiene sitiado con la mirada, y ya le ha lanzado unas cuantas espirales, que se han quedado incrustadas para siempre por debajo del quinto segmento, tan próximo a su centro…

¿Sabes hacer magia?

Su cuerpo parece tan jugoso y tan tierno, que el grillo hembra duda entre devorarlo compulsivamente o saetearlo a base de impulsos. La tonalidad que adquiere su abdomen, mezcla de fulgores para poder centrifugarlo hasta el blanco, anuncia que hará ambas cosas.

Claro que sé hacer magia, pero en mi cama. Ven, ven, bichito…

Él la sigue con hambre de pequeñas cosas, o de grandes cosas, con hambre al fin y al cabo, y ella camina delante de él dejando un hilillo de humedad por donde pasa, mezcla de brillos y de olores. Ya en la grillera, el bichito hace sus primeros intentos de copular con ella y, cuando al fin lo consigue, cree moverse, cree mover al grillo hembra, de veras cree estar comiendo cuando liba de su sexo, pero en realidad es ella quien se alimenta cuando lo hace, es ella quien lo balancea, lo absorbe, lo respira, lo exhala y le roba su memoria metamórfica.

Hacía tiempo que no comía tanto…

Se acurruca a su lado encogiendo su estómago, que está vacío, y deja que ella termine de lamer su cuerpecito suavemente, completamente, como lamen algunas mamíferas a sus crías recién paridas, pero con otro fin.

Acércate a mi boca una noche más y no dejaré de ti ni la piel, mi pequeño…

La segunda noche, el grillo hembra recorre el pasillo distraídamente, y por ello el premio es un encuentro casual, esta vez con un ejemplar adulto, mezcla de cualidades. No tiene nada que objetar, se deja encontrar. Él también. Y la casualidad se dobla tres veces sobre sí misma y desaparece, deja paso al destino. Es un destino efímero el de esta noche, pero claro e intenso, como un rayo de verdad. Tiene lugar este destino en la grillera, una vez más, y se llama leve alucinación transitoria. Por eso repiten sus nombres una y otra vez entre pequeñas eclosiones y gotas de saliva.

Ohhh… me… m… meg... gusta… me...

Ella abre su canción y las soledades se evaporan.

No sé si te volveré a ver, pero ya te estoy recordando…

La tercera noche de búsqueda, el grillo hembra tiene planes de salir al exterior, pero una horda de insectos voladores viene a cortarle el paso. Uno de ellos descubre una intermitencia en la noche: es el grillo hembra deambulando por el pasillo. Después de sobrevolar cansinamente su diminuta figura, desciende en picado y literalmente la aplasta con el aterrizaje. Luego intenta ser amable, pero no lo consigue, tanto es así que, al cabo de un rato acaba exhibiéndose groseramente y ella lo rechaza por evidente. Por evidente, por grosero y porque no le gusta.

No eres mi propósito, grillita, te equivocas…

Mientras lo dice, hay otra cosa evidente: el orgullo pintándole la boca y ese cinismo en la mirada cuando se desenmascara, mezcla de vanidades.

Ya, pero recuérdamelo mañana, insectillo, justo cuando te lo recuerdes tú. Y no te ofendas: eres tan insecto como yo.

Es la cuarta noche del grillo hembra. En esta ocasión se atrinchera en la mitad sur del pasillo porque no tiene un objetivo claro. Pero el objetivo es tan amable que se adelanta y se ejecuta solo. Cuando el grillo hembra quiere darse cuenta, está de nuevo en la grillera cantando. Hay ganas. Hay largos abrazos de largas patas. Hay vuelcos y revuelcos. Hay gotas sin parar de derramarse. Hay ojos de trufa sorprendidos, clavándose en ojos de almendra extasiados. Hay lo que se llama ligera fascinación transitoria compartida. La disfrutan con toda clase de intercambios…

Dame un chute de felicidad…

Dame latigazos de dulzura… Dame sobredosis de locura… Mézclame...

Mmm… Vicio, eres vicio, mi grillita…


 
Carta desde mi mesa


Querido Amor,

En este mundo de intenciones adversas y versiones adulteradas no hay palabras para explicarte, eres un axioma y punto. Pero ambos sabemos lo poco que importan las palabras en este mundo. Sigamos apaisándonos en el nuestro mientras los demás hablan...

Te espero a las doce de Febrero en el cruce de estaciones. No olvides traer tu locura.

Siempre tuya,