Tomando impulso
A veces me dan ganas de salir corriendo. Pero no en el sentido estricto de echar a correr (menos mal, porque es sabido que tengo la capacidad pulmonar de una mosca, de una mosca pequeñita). Me dan ganas como de volcar la mesa de repente y ver cómo todo se hace trizas en unos segundos. Lo haría si no tuviera que pasar por el coñazo de recogerlo todo después, porque habría un después aunque yo me crea que no, y me pone muy nerviosa tener que dar explicaciones mientras recojo los errores, creo que es porque tengo la conciencia en el cuarto de la escoba y la escoba en el cuarto de la conciencia, y claro, es fácil que me equivoque y acabe usando la conciencia para barrer y la escoba para salir volando. Y así, ¿cómo vas a dar explicaciones?Lo de las ganas será porque necesito una pausa en esta peli japonesa. Me gusta, pero me deja las manos libres, y así es imposible. Siempre pienso que necesitan tener el tacto ocupado. Si no les doy otra opción, acaban sudando, por el mero hecho de hacer algo. Lo que son las manos…
Volviendo a lo de las ganas…
Magia

Cuando uno se da cuenta de que el hueco que forman las manos al juntarlas es suficiente para contener el planeta entero, entonces existe la posibilidad de hacerse pequeño, de triunfar en el arte de la miniatura, en el detalle, en lo exquisito de las cosas simples. El triunfo de la luz está en los rubores de unas mejillas, por ejemplo (si no me crees, fíjate bien la próxima vez que te mires en el espejo), igual que el triunfo de la palabra está en el primer balbuceo de un bebé. Hay millones de satélites orbitando alrededor de los ojos, pero sólo unos pocos consiguen merecer otras miradas; es el triunfo de la esperanza sobre la indiferencia. O el triunfo de la voz cuando se hace patente en el eco, y alcanza un límite cada vez más lejano…
Todo esto sucede entre las doce del mediodía y las doce del día siguiente, justo al lado de donde tienes aparcado tu reloj.
La verdad

No tenemos alma de destierro,
por eso vuelven las palomas cuando se cansan de los parques,
de las manos que arrojan maíz o píldoras de pan,
del mediodía de los domingos y las campanas;
vuelven los individuos bajo sospecha
cuando se desploman los tejados en plena calle
y todo es polvo que se desprende de la madera,
y niebla que asciende ocultando puertas.
Si lo piensas, hay algo de siniestro,
como si llegar costara toda una vida,
o la vida fuera, en realidad, una puerta que casi nadie abre.
La costumbre

Nadie te advirtió que soy de mentira fácil,
disimulo primaveras y elaboro inviernos obedientes.
Habrás de cerrar las puertas como si temieras la avalancha de los días,
ese alud de vida inacabada que se parece tanto a la muerte.
Yo, animal hambriento de historia, sólo quiero robar, mendigarte,
o incorporar tu pulso a mi reloj de arena.
La noche es un murmullo de nostalgias,
y tú traes el silencio contenido en una botella.
Se inundarán los parques próximos a tu casa,
como si tu lágrima fuese la botella,
y la botella un río de ginebra.
A buenas horas...
Hace tiempo que me habla desde la distancia, como si lo que de verdad quisiera es que yo únicamente lo pudiera ecolocalizar. Para agravarlo -porque él es de los de agravar, no de los de aligerar-, las escasas veces que consigo estar con él, en ese breve espacio de tiempo que supone siempre su compañía, saca su pizarra y sus tizas (del borrador nunca se acuerda) y en esa pizarra que sólo yo veo, anota tres o cuatro frases magistrales que él supone me abrirán las puertas de una maravillosa y nueva dimensión, y a veces, incluso, hace una breve pausa mirándome a los ojos, como si esperara ver salir de ellos chispitas, colorines o un cuco saludando, yo qué sé. No sé con qué intención lo hace, pero lo que sí sé es que la mayoría de sus conclusiones hace ya mucho tiempo que yo ya las saqué, les dí la vuelta, las disfracé cada día de una cosa, unas me las comí, otras las digerí, y otras las… pues eso, y estoy tan segura de ello que me da palo decirle nada, porque no quiero arruinarle su aprendizaje, porque eso es en realidad lo que pienso que hace: aprender mientras intenta que yo aprenda lo que él quiere tener claro.
En fin, todo sea por una enseñanza libre...
En fin, todo sea por una enseñanza libre...
El desayuno
Un leve roce y tu cuerpo caliente: el desayuno está servido.
La noche se ha ido descosiendo hasta dejarnos desnudos; de la ventana cuelgan las campanillas que sólo suenan de día, y las minúsculas partículas de polvo se mantienen en suspenso; yo digo que se entienden, y que por eso se reúnen y permanecen en pequeños grupos inertes a la espera de algún acontecimiento que las balancee. El haz de luz es un guante de terciopelo que no se aventura a tocarnos, sino que nos mide. También yo mido la luz que queda detenida en tu espalda, la cuantifico, la huelo como si te estuviera leyendo, y es entonces cuando considero la posibilidad de atravesarte, de remover el cabello que otorga importancia a tu nuca; todavía guarda la temperatura de un sueño constante, de una historia donde los hechos suceden alrededor de una hoguera, en torno a la cual danzan los demás anacrónicamente mientras tú y yo conversamos e intercambiamos nuestra ropa. Ahora tú eres yo y yo soy tú, dices en el sueño mientras inicias el juego de pronombres -me fascina tu destreza para inventar el caos-, y aún en este lado se escuchan tan alto las risas que pones en mi boca, que tengo la tentación de dejar que duermas, pero en lugar de eso, hago sonar los cascabeles de tu cabello, de donde salen caballitos alocados galopando en todas direcciones. Yo los veo atravesar el aire de la habitación y se me encoge el alma. Pienso en todas las veces que, siendo niña, pedí un deseo, y creo estar viéndolo cumplido en ese momento. Me abrazas. Te beso. Me anudo a tu cuerpo y me desato en tus manos. Todos los caballitos hacen cabriolas mientras tú cabalgas sobre mí, y las minúsculas partículas, igual que nosotros, se agitan en su pequeño mundo de inercias.
La noche se ha ido descosiendo hasta dejarnos desnudos; de la ventana cuelgan las campanillas que sólo suenan de día, y las minúsculas partículas de polvo se mantienen en suspenso; yo digo que se entienden, y que por eso se reúnen y permanecen en pequeños grupos inertes a la espera de algún acontecimiento que las balancee. El haz de luz es un guante de terciopelo que no se aventura a tocarnos, sino que nos mide. También yo mido la luz que queda detenida en tu espalda, la cuantifico, la huelo como si te estuviera leyendo, y es entonces cuando considero la posibilidad de atravesarte, de remover el cabello que otorga importancia a tu nuca; todavía guarda la temperatura de un sueño constante, de una historia donde los hechos suceden alrededor de una hoguera, en torno a la cual danzan los demás anacrónicamente mientras tú y yo conversamos e intercambiamos nuestra ropa. Ahora tú eres yo y yo soy tú, dices en el sueño mientras inicias el juego de pronombres -me fascina tu destreza para inventar el caos-, y aún en este lado se escuchan tan alto las risas que pones en mi boca, que tengo la tentación de dejar que duermas, pero en lugar de eso, hago sonar los cascabeles de tu cabello, de donde salen caballitos alocados galopando en todas direcciones. Yo los veo atravesar el aire de la habitación y se me encoge el alma. Pienso en todas las veces que, siendo niña, pedí un deseo, y creo estar viéndolo cumplido en ese momento. Me abrazas. Te beso. Me anudo a tu cuerpo y me desato en tus manos. Todos los caballitos hacen cabriolas mientras tú cabalgas sobre mí, y las minúsculas partículas, igual que nosotros, se agitan en su pequeño mundo de inercias.
Crónicas de Matrix
Las cosas por Matrix van a peor, se ha abierto otro agujero. Agárrate a la escarpia, Juani, que nos caemos. Resulta que se nos ha pinchado el flotador, y lo más seguro es que no podamos bañarnos este verano, ¿qué te parece? Ya hemos dado parte a la constructora, pero dice que no se hace cargo, así que no sé qué vamos a hacer, porque yo ya he gastado mi caja de parches, y dudo que a los demás les quede alguno. Hemos hecho un pedido por fax, pero tampoco nos hacen ni caso...
Por otra parte, mis clases de rumano siguen adelante, hago muchos progresos. En cuanto me suelte, agarro el teléfono y hago un recital. Mientras tanto ensayo redactando pagarés, que es muy divertido (siempre me ha gustado rellenar formularios, de ahí mi afición a la química)
Ah, todos los enanos se han ido a tu despacho, ahora que está vacío. De vez en cuando también lo ocupan unos señores que se creen muy grandes, pero yo los veo de igual tamaño que a los enanos robabolis. El caso es que cuando estos señores se reúnen en tu despacho, hasta las moscas se salen, ya te digo. Sólo los enanos permanecen en él, sólo ellos saben lo que acuerdan los señores. Ahora, que como algún día pille a un enano de ésos, además de quitarle los bolis, lo someto a un interrogatorio intensivo de tres días que, como sabes, para los enanos son como tres lustros, a ver si por fin consigo enterarme de algo (espero que los enanos sean bilingües y hablen bien el castellano, o como mínimo el rumano...)
También decirte que se ha iniciado la ronda de entrevistas, hay de todo, como en Operación Triunfo. Ya te avisaré para la gran final.
Y bueno, hasta aquí la crónica de Matrix. Disculpa la letra, pero es que he tenido clase de chupitología antes de venir aquí, y ya sabes cómo me sienta...
Un besazo de tamaño mapa mundi. Nos vemos!
PD: De vez en cuando me entra la morriña, pero voy, toco tu grapadora y enseguida se me pasa...

Por otra parte, mis clases de rumano siguen adelante, hago muchos progresos. En cuanto me suelte, agarro el teléfono y hago un recital. Mientras tanto ensayo redactando pagarés, que es muy divertido (siempre me ha gustado rellenar formularios, de ahí mi afición a la química)
Ah, todos los enanos se han ido a tu despacho, ahora que está vacío. De vez en cuando también lo ocupan unos señores que se creen muy grandes, pero yo los veo de igual tamaño que a los enanos robabolis. El caso es que cuando estos señores se reúnen en tu despacho, hasta las moscas se salen, ya te digo. Sólo los enanos permanecen en él, sólo ellos saben lo que acuerdan los señores. Ahora, que como algún día pille a un enano de ésos, además de quitarle los bolis, lo someto a un interrogatorio intensivo de tres días que, como sabes, para los enanos son como tres lustros, a ver si por fin consigo enterarme de algo (espero que los enanos sean bilingües y hablen bien el castellano, o como mínimo el rumano...)
También decirte que se ha iniciado la ronda de entrevistas, hay de todo, como en Operación Triunfo. Ya te avisaré para la gran final.
Y bueno, hasta aquí la crónica de Matrix. Disculpa la letra, pero es que he tenido clase de chupitología antes de venir aquí, y ya sabes cómo me sienta...
Un besazo de tamaño mapa mundi. Nos vemos!
PD: De vez en cuando me entra la morriña, pero voy, toco tu grapadora y enseguida se me pasa...

Con acuse de recibo

El motivo de la presente es advertirle del serio riesgo que supone para su integridad moral la propia presente.
Si usted decide abrirla, le aconsejamos que no lo haga en solitario, hágalo acompañándose de alguien de su confianza o, al menos, en posición (o alarde) de comodidad casera y trasgrediendo toda norma en los horarios.
Si no conoce la norma es preferible que se abstenga. De abrir la misiva, no de conocer la norma, cosa que, por otra parte, permítanos decírselo, ya debería llevar aprendida.
Si no entiende este mensaje, pulse 2; si lo entiende, observe, sobre todo observe.
Viejas amigas
Hay ocasiones en que una simple voz abre una puerta. Entonces, una palabra que quisiera ser cuchilla, se apresura y rompe el léxico, pero casi siempre acaba convirtiéndose, muy a su pesar, en una nube de recuerdos. O sea, nada nuevo. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Alimentar su frustrada vocación de carnicero? ¿Ponerla en un florero? ¿Encerrarla en una cajita especial para palabras incómodas, donde se apretujan todo tipo de vocablos, algunos de los cuales no han frecuentado más de tres o cuatro ingeniosas gargantas?
Yo no tengo una cajita para palabras frustradas, pero sé que hay una cárcel hecha de cuerdas vocales. Allí malviven aquellas viejas palabras que, por viejas, han perdido sus acentos, y otras nuevas que, por nuevas, asustan a los niños y a las señoras educadas.
Un día tuve un “vis a vis” con una de éstas últimas (me refiero a las palabras nuevas, no a las señoras educadas). Aparecí con mi baraja de sinónimos, y después de varias partidas, me di cuenta de que es inútil el deletreo constante que ejercen estas palabras en su juego, porque apenas han empezado a mostrarse cuando ya se desmoronan, y ni siquiera dejan un poso donde interpretar otra lectura.
En cambio, aquellas viejas palabras que se debaten entre la cárcel y el abandono, salen al encuentro sin que nadie las busque. Ellas tienen instinto, y por eso, la propiedad de aparecer con acierto espontáneamente.
Hoy me sale al paso una vieja palabra que quiero liberar aquí, porque si esta palabra se ha tomado la molestia de practicar ella misma su propio significado es porque no está dispuesta a desaparecer, y eso debe ser porque no sabe desenvolverse en la bruma del olvido. Así que aquí está, como un tesoro, para que la celebremos con la práctica.
La palabra en cuestión es VOLUNTAD.
Qué grande…
Yo no tengo una cajita para palabras frustradas, pero sé que hay una cárcel hecha de cuerdas vocales. Allí malviven aquellas viejas palabras que, por viejas, han perdido sus acentos, y otras nuevas que, por nuevas, asustan a los niños y a las señoras educadas.
Un día tuve un “vis a vis” con una de éstas últimas (me refiero a las palabras nuevas, no a las señoras educadas). Aparecí con mi baraja de sinónimos, y después de varias partidas, me di cuenta de que es inútil el deletreo constante que ejercen estas palabras en su juego, porque apenas han empezado a mostrarse cuando ya se desmoronan, y ni siquiera dejan un poso donde interpretar otra lectura.
En cambio, aquellas viejas palabras que se debaten entre la cárcel y el abandono, salen al encuentro sin que nadie las busque. Ellas tienen instinto, y por eso, la propiedad de aparecer con acierto espontáneamente.
Hoy me sale al paso una vieja palabra que quiero liberar aquí, porque si esta palabra se ha tomado la molestia de practicar ella misma su propio significado es porque no está dispuesta a desaparecer, y eso debe ser porque no sabe desenvolverse en la bruma del olvido. Así que aquí está, como un tesoro, para que la celebremos con la práctica.
La palabra en cuestión es VOLUNTAD.
Qué grande…
Cita en el parque

Lo que caduca es el árbol y no la hoja.
Y la hoja, convencida de estar donde cree que debe estar en cada momento, no dejándose llevar por el soplo del viento, sino uniéndose a él activamente, inicia un viaje cuyo final es tan incierto como su origen, pero así es como la hoja contrarresta tanta locura atada a un árbol.