Arrastré mis labios al fondo de tu mar.
Arrodillé mi mente para instalarme en ti.
Mientras el viento, callado, repleto
me devolvía parte de tu escondida entrega.
Tejí silencios al arrullo de tu norte.
Lamiendo manjares prohibidos que
no debían ser míos.
Mi lengua ensordecida de sabor,
descendía captando humedades casi liquidas.
Mojando noches, lunas y soles.
Pasee por tu mundo,lo recorrí.
Sin dejar país por descubrir.
Centímetro a centímetro.
Y en cada paseo,
me llenaba de tu repleto ardor.
Olores a sal, a sabor de océanos sin alma.
Deslizando torrentes de lluvia,
galopando por tu plenitud,
tu plenitud erguida.
Lamí.
Volví a lamer.
Volví de nuevo una y otra vez.
A tu mundo. A ti.
Y mi boca se hizo cómoda en su cobijo
Absorbí tu silencio.
Saboreando segundos de música jadeante
que ascendía por pieles de viento.
Me perdí en tu extenuación.
Alzando manos a la desnuda noche
que moría ante nuestros deseos prohibidos.
Temblé ante tu grito callado.
Y sobre sofás de noche eterna
bebí de ti, me empapé.
Mojé mi vida de ti.
Hasta saciarme. Hasta no dejar
gota de tu vida.
Absorbiendo como si en ello
te hiciera mío por segundos.
Sacié mi sed. Tus manjares
descendieron cual torrentes por
labios empapados de ti.
Y me senti plena por momentos.
Por instantes que duraron segundos de
roto silencio lanzados a la espesura de la noche quebrada.
Y ahora, en el silencio de mi miedo.
Vuelvo a tener hambre de ti.....





