No sabe muy bien la razón, quizás sea una mezcla intensa de circunstancias.
Ha pasado una época que necesitaba estar consigo misma, aprender a situarse. Quizás se pregunta ella si este espacio cumplió ya su función. La que empezó a escribir y a regalar líneas hace más de un año, ya no es la misma. Ha crecido mentalmente. Ha superado situación que en su momento ella creía que la iban a ahogar.
Ahora mismo, ya no cabalga a lomos del mismo caballo que lo hacia antes. Ya no siente por sus venas, la misma necesidad o el mismo miedo que la cubrían al inicio de este blog.
Se sabe que ya no necesita eso que creía anhelaba. Y sobre todo ya no huye. Ahora que lo piensa quizás dejo de huir hace tiempo. Ahora lo recuerda, pero los viajes de la mente la trasladan hacía válvulas de oxigeno. Oxigeno parcial no adulterado, que la sacudieron de su inherente regocijo en si misma. Si ahora lo recuerda quizás a partir de aquel viaje comenzó a andar una senda distinta. Su punzante orgullo la aguijoneaba. Si su Orgullo. Es quizás seguramente su mayor defecto y quizás el que muchas veces le ha salvado de la caída. Es la cara y la cruz de una moneda lanzada al revés. Donde todo puede ser cara y cruz al mismo tiempo. Y ahora lo reconoce ese orgullo proactivo quizás le impidió reconocer la verdad. Y la verdad era esa. Tenía que fundirse en su nueva realidad. Aceptarla. Quizás esa sea la clave:
Aceptar que la vida continúa y fluye ante si. Ella lo sabía. Se había quedado atrapada en el tiempo y su realidad se había modificado… Su nube interior se había esfumado, porque ella intentaba seguir viviendo una vida que ya no era igual
Ahora ella ha aprendido a navegar consigo misma por la vida. Sus pasos por la Coruña y últimos dados por una ciudad que le ha robado el corazón. Ese Toledo que extiende su historia a lo largo de cada paso y centímetro recorrido le ha llenado el alma. Ahora se descubre a si misma, navegando en la posibilidad de su próximo viaje sola. Si Sola. Y esta vez ella desea esta soledad. Desea contemplar, vagar, andar, fotografiar. Perderse en las ruinas del tiempo. Y sentirse sobre todo plena consigo misma.
Y aunque aún por instantes a su mente asomen imágenes de su pasado. Ahora ella desea mirar al tiempo de frente. Cara a cara. Sin sombras.
Ella ahora no es la misma.
Ya no. Quizás por ello se esté planteando abandonar este sitio durante algún tiempo. Aunque seguramente después de ese viaje, surgirá una nueva idea renovada. Quizás este blog ya soporte demasiada carga.
Quizás la vuelta, sea, en otro nuevo espacio, con un nombre distinto para ella..
Quizás…
No dejéis de creer en la vida.
Hay, si , bajo la transparencia casi febril de la tela que envuelve su cuerpo, un intenso olor a humedad hiriente. A cuchillos de saliva que rasgan el encuentro de pieles ardientes. De dedos que dibujan horizontes. De bocas que escalan cimas de púrpura hojarasca. Rojizas, intensas….Voluptuosas miradas que tocan su piel, la rompen en dos. Se embriaga de las notas de Beetohven. Bebe de su intensidad. Su cuello y espalda se arquean para dibujar el sonido.
Ese silencio que se atrapa en el contacto de dos cuerpos callados. Sonidos de silencio. Sonoros….
Se intuye, ella, deseosa de ese instante. De ese segundo de magia, donde la mente se desahoga de su máscara de metal. Y el cuerpo se vuelve agua, fina humedad turgente de risas intensas. Sonrisas que bordean el tacto y la esquina de su piel. Cerrando los ojos a la atronadora luz del deseo. Una fina mariposa revolotea. Alza el vuelo. Y ella se ve tumbada, aleccionando su cuerpo. Dando entrega. Recibiendo entrega. Sin corazones rotos por el llanto.
Brazos que sonríen y pieles que se besan Ojos que sienten la humedad de un orgasmo creciente y sexos que casi hablan. Si alzan palabras álgidas cual promontorios de escarpias.
Altas y cortantes. Resbaladizas cual nieve en el deshielo. Impregnando el espacio de una humedad chorreante.
Uno, dos, tres, cuatro….Desfalleciendo. Desfallecer de un nunca. De un jamás que vuelve a repetirse…cinco, seis…Ojos que al final se cierran abatidos.
Y en el tibio espacio que deja la luna al sonreír volver a empezar: Uno, dos, tres..
Hay sabores, agrios, amargos, simples, sosos...
Y hay otros, y ella lo sabe muy bien, que son indescriptibles.
Aún resuenan en su paladar. Aún ella casi puede sentir ese sabor que no puede definir. Resulta cálido, agradable, sabroso, algo húmedo, suave, e ntenso. Es como acariciar algo de seda..Es fino, liviano, ligero, y a la vez muy muy cálido. ..
Es como todos los sabores, su intensidad se alcanza al final del todo.. Primero se acaricia con la punta de lengua, intentando idenficar el aroma. Se paladea suavemente. La punta de la lengua, alcanza el suave roce. El fino tacto de seda. Y se aprecia su intensidad, poco a poco, deslizando la lengua hasta alcanzar el contacto total. Atrapando el aroma y el sabor entre los labios.
Poco a poco, por finos instantes la intensidad alcanza niveles extremos, sin llegar al punto álgido.
La boca húmeda, caliente, segrega dulce saliva, que forma una unión equidistante. Todo es uno.
Sabor, lengua, y humedad saboreada...
Ella casi siente ese sabor. Y le agrada. Si. Cada vez le agrada más la sensación que le produce.. Y no comprende, como otras pueden desechar esa intensa, y fascinable sensación.
Hay sabores, que embrujan. Si.
Llueve.
Llueve desde hace días. No deja de llover.
El cielo se ilumina de gotas de lluvia.
Caen desde el cielo a borbotones.
Como cataratas de tiempo.
Y sin embargo en la piel de ella hay un sol ardiente.
Que resplandece. Ilumina cada poro.
Cada centímetro atraviesa su interior.
La penetra furtivamente.
No hay ensoñaciones.
Ni lunas viscerales de sueños.
Llueve. No deja de llover.
El sonido repiquetea en el alfeizar de su ventana.
Ella- sonríe de forma acelerada-
El – continúa insistiendo el devenir de su locura.-
Ella y el se mueven absortos en la oscuridad.
Ella y el gimen de locura en la callada noche de Barcelona.
El tiempo los une unas horas.
Hora de simple éxtasis. Sin más . Ni compromisos ni explicaciones.
Llueve. No deja de llover.
Ella mira y mira a su alrededor.
Y simplemente sabe que hay un mundo fuera.
Y va a explorarlo. Sin medir los riesgos.
Sin fantasmas. Se ha cansado de ellos.
Demasiado tiempo viajando juntos.
Llueve. No deja de llover.
Y ella sonríe y
sobre todo vive….
Ya no necesita a ese ángel que llene su vida, mas que nada porque siente que es ella quien la llena. Ella y nadie más. Ella siente que puedo comerse el mundo, que puede devorarlo a manos llenas. En los últimos días se ha dado cuenta que la luz de su vida está en su interior. Y que esa luz rebosa a manos llenas, dando el suave calor a sus manos, a su piel y a su pecho.
Siente el suave sabor a miel que le dejan las conversaciones con sus amigos y llena sus manos con el turgente sabor de la amistad. Y su pecho se eriza. Se infla al mojar sus labios con ese sabor. Se da cuenta que hay un valor por encima de todo y que lo había despreciado sin darle la importancia que realmente tenía. Hoy se siente tan amiga de sus amigos, que casi llora de felicidad. Casi lágrimas resbalan por su fina y suave piel, al darse cuenta de lo que realmente tiene. De lo que realmente posee. El tesoro más divino. Más dorado. Más intenso. Es consciente cada día que pasa, su vida es más intensa. Más radiante. Y la fuerza que sale de su interior ilumina hasta la suave humedad de su sexo.
Ese que descubrió hace pocos días las mieles del placer extenuado.
El intenso placer, de contar con las manos de alguien muy conocido acariciando su cuerpo. Dedos que forjaban el intelecto de sus pupilas y que redondeaban el espacio en la oscuridad. Manos que adoraban su piel y dibujaban círculos en su contorneada figura, mientras otras suavemente se acercaban para devolver al aire el sabor de su piel.
Dedos y manos que la hacían alcanzar el sumo placer de la vida. Y ella más que nunca, en ese instante se sentía tan viva que hubiera detenido el tiempo. Allí bajo la oscuridad del silencio. Arropada por las manos de él. Por los finos dedos del placer, ellla hubiera parado el reloj. El instante se cernía sobre ella. El aire dibujaba intensos jadeos y respiraciones agitadas. Entornaba los ojos. Tan sólo oía los jadeos de él, de ella, los suyos y los de su admirado partener.
Ese que estuvo deseándola toda la noche. Le hacia el amor con los ojos. La acariciaba suavemente, mientras se moría por tenerla a su lado. Y ella se sentía, tan plena, tan segura, tan radiante que su felicidad no parecía tener fin… Y rodeada de caricias, de besos, los de él, los de su tibio admirador , ella sonreía, sonreía..
Y ella ahora en este instante de noche, sigue sonriendo...
Cada día, ella se siente más completa, más plena consigo misma. Y pese a que sus jornadas laborales son cada vez más intensas y casi no le dejan tiempo ni para respirar, siente la suave brisa de su sonrisa en su rostro. Sonríe. Sonríe más al saberse segura de si misma. Consciente del mundo que la rodea, que la envuelve. Nota el sabor de la amistad día a día.
Cálida, repleta de un mundo que la abraza, sin pausa.
Le agrada, esa complicidad visceral, que la une tanto a muchacho de ojos azules, como a amigo cantante. Esa complicidad inherente a los viejos amigos, a esos que se conocen desde años y se permiten guiños dados al aire.
Ella se reafirma en su posición de saberse amiga de sus amigos. Amigos.
En un día como el de hoy que la sombra alargada de amigo cantante ha estado presente.
Su sombra, su paráfrasis de momentos eróticos. De siluetas contorneándose bajo la tenue luz, de miradas atónitas, de respiraciones agitadas que rompen el silencio con sus voces. Voces de momentos eternos. De llantos de suspiros. Suspiros que delatan el éxtasis de su recuerdo.
El grito callado del orgasmo contenido. El orgasmo que contiene el grito del cielo. Álgido,
Pleno. Extasiado.
Momentos que se han destilado y fundido entre sus dedos. Mientras ella, se reafirma en su posición .La que le otorga. El saberse ella. Ella. Si. Sin sentir la necesidad que meses la ahogaba. Sin sentir el desconcierto. Sabiendo más de si misma.
Así se encuentra hoy. Álgida. Firme. Plena.
Ya no se confunde con la noche.
Ni con su sombra, ni con la luna marchita de miradas tristes.
Afronta el otoño con una seguridad que palpita entre los poros de su piel.
Y así…sigue mirando a los ojos del cielo, mientras su interior evoca versos callados.
Veo la hojarasca de tu trémulo horizonte.
me enredo en él cual serpiente enajenada.
Y mientras tus ojos callan de madrugada.
Mis manos se atreven a tocar el cielo de tu guía.
Estas ahí en el horizonte.
Dibujando soles con las manos.
Trazando líneas equidistantes entre tu cuerpo y el mío.
Una turgente línea nos separa.
La de tu pecho ardiente soñando la noche de mi palpitar sereno.
Tu erección callada engaña a la noche.
Mirando al infinito, descubres el fino llanto de una espina clavada.
Se ahonda, intentando ingerir el calor de tu alma.
Te asfixia, casi te ahoga, mordiendo con avidez tu aplomo varonil.
Y estalla, cumpliendo así mi virginal deseo.
El de tenerte, el de poseer hasta el más recóndito de tus huesos, de tu carne.
Estás ahí….
En ese horizonte que habla desde lejos.Cuerpo a Cuerpo.
Estás…
Y mientras sigue sonriendo, segura de si misma - o no- siente ese nuevo amanecer en su espíritu. El que le arroja la posibilidad que ocurra algo nuevo, desconcertante que vuelva a llenar la imagen de su espejo de tinta de pasión.
Tal vez ella, no lo sepa, o tal vez se lo niegue a si misma, pero desde que no escucha el aleteo de la mariposa, siente un pequeño agujero en el alma.
Es pequeño si, y se llena con multitud de aves que vuelan a su alrededor, pero existe.
Y ella lo sabe, lo sabe muy bien aunque a veces se engañe.
Aunque a veces reniegue de ello y se sobreponga como siempre con su aparente y fría seguridad. Ella lo siente. Muy intensamente. Intensidad de un ahora. De un ya, de un momento único.
Y tras un largo fin de semana, en el que ella ha tenido tiempo de descansar y de sentir la suavidad del otoño en su vientre. Ahora continúa observando una dualidad de rostros subyacentes en su espíritu.
Y en fondo sigue desconcertada. Aunque aviste nuevos horizontes....
Hoy ella sonríe a borbotones. Como si una miel se hubiera instalado en sus labios y no dejara de saborearla pidiendo más y más. Llenando el aroma de alquimia de magia y vida. Serpenteando al frío matutino que ya empieza a instalarse, poco a poco. Alumbrando lo que será un otoño cuajado de hojas de naciente sol rojizo.
Rojo intenso, puro, clavado como el que se vislumbra bajo la dirección de Zhang Yimou en parte de su filmografía.
Hoy ese rojo pasión se ha instalado en su corazón. Emite sonoros silencios que emergen del anonimato, cabalgando sobre si, tejiendo remolinos de agua visceral entre sus venas.
Hoy ella casi, puede sentir como laten. Intensas. Llameantes. Tic-tic-tic. Palpitan casi de forma concupiscente. Como si desearan hacer el amor unas con otras. Sintiendo como se rasgan la piel, casi hiriéndose, casi provocando que una gota de sangre salga a la superficie. Roja. Intensa. Olor a sangre y a deseo.
Hoy ella se siente penetrantemente viva.
La penetra su seguridad, provocándole infinitos orgasmos de conocimiento y certeza..
Ella es más que nunca “Ella”, esa que creía que había desfallecido ante el poder de la sombra de la noche.
Hoy sonríe, desgranando los minutos que acunan los eternos silencios.
Desnuda del viento, del aire perfumado
Y de la alquimia del deseo.
Sus ojos claman de verde éxtasis.
Sonríe a la metálica escalera de su piel.
Asciende por ella contemplando la magia.
Magia de su trémulo pecho inclinado, ante él.
Ante el espejo que le devuelve su silueta.
Espejo que la mira, la observa, callado
Fingiendo una erección inminente.
Devorando las horas de su silencio,
Mientras ella lo mira, plácida, sonriente.
Segura de si y de su poder....
Tus manos eran frías pero firmes.
Tejías nudos de hojarasca en mi cuerpo.
Me llamabas, agitando la esquina de tu piel
bajo el rincón de mi humedad helada.
Temblaba.
Tus dedos escalaban sobre el cristal,
ascendían livianos, ligeros, mudos
al encontrar el tibio regazo de sueños,
bajo la esquina de llameantes ojos eléctricos.
Temblaba.
Tus brazos dibujaban sobre montañas
de senos, verdes prados, blancas azucenas.
Rojo intenso, leve roce de tu aliento,
bajo la crisálida de mis gritos acelerados.
Temblaba.
Si temblaba.
Mordía tu respiración hasta saciarme.
Bebía la sed de tu interior a golpes de centellas.
Amarillos resplandores llorando de puro atardecer
bajo dos cuerpos que sonreían al éxtasis de sus pliegues.
Temblaba.
Llovían líquidos metales
Y temblaba Dios cuanto temblaba..
Últimamente era algo que le ocurría con bastante frecuencia. Casi sin darse su piel se erizaba. Rápidos pensamientos surcaban su mente algo colapsada ya, por una realidad laboral que empezaba a ser demasiado pesada para ella. Una realidad que aguijoneaba su interior y que le provocaba cierta desgana. Cada vez sentía más la necesidad de sentirse libre. De volar liviana cual mariposa arrastrada por el viento. Necesitaba sentir su mundo propio sin dar explicaciones a mandos intermedios que provienen del mundo de lo superfluo, donde la simple y llana apariencia, se convierte en lo único importante.
Pensaba ella -mientras sus ojos se posaban en el oscurecer y en el brillo de una luna que comenzaba a surgir de su oscura habitación- en algo que llevaba instalado todo el día en su corazón. Era algo cercano que atormentaba sus sentidos y que a la vez la acariciaba. Algo pesado y a la vez ligero. Tenue y sutil. Cálido y dócil.
Ella temía la respuesta a sus preguntas interiores. Pero las conocía. Pese a estar en paz consigo misma, notaba que faltaba una nota en su pentagrama. Una nota que le había producido tanto dolor que ya casi ni se acordaba. Una nota que sonaba en su interior. Cantaba y danzaba. Y que brillaba con una luz propia intensa, radiante. Lo sabía. Ella deseaba sentir la intensidad del amor en su interior, del deseo, de la pasión embriagadora.
Aunque despertaba deseos, y lo sabía. No le bastaba. Necesitaba el aguijón de sentirse enamorada. Aguijón pétreo que no sentía desde hace prácticamente un año, cuando la sombra de ex_nube se deshizo entre sus manos.
Y hoy ahora, mientras sus ojos casi se cerraban por el cansancio. Oliendo a suave e intenso Sándalo. Con el aroma clavado en sus sienes, en su mente en su cuerpo. Sentía de nuevo la aguja del deseo en su interior. Recuerdos de amigo cantante, venían a su mente. De lo vivido con él hace unos meses. El olor de su cuerpo entre sus dedos. Sus caricias intensas. Su calido gemido susurrante. El intercambio de fluidos resbaladizos. ..
Esa noche, en la que ella estuvo entre sus brazos. Abrazada a él. Un cálido y fuerte abrazo que llenaba su piel. Y que la hacia sentir segura, plena.
Instantes, que ella ahora recordaba con un fino deseo, casi pueril y enfermizo.
Sentía, como sus fuerzas la abandonaban y sus ojos se rendían al sueño y a la extenuación.
Un leve recuerdo. Ligero. Inconstante. Trémulo. Todo a su alrededor la hacia recordar la plenitud de sensaciones vividas antaño.
Por eso ahora.. ella se sentía algo vacía, como si de su interior hubieran arrancado algo..
Su corazón tenía un hueco y ella anhelaba fuertemente llenarlo.
Ella escribía en esta noche de arquetipos de crisálidas de viento…..
De concepciones clásicas de jefes y empleados. Donde queda marcado el territorio lineal que esta sociedad nos otorga. Hoy, en este instante de noche callada, a la luz del pachuli y del incienso de opio. Aromas mezclados, ingiero nubes de cristal. Puedo casi alcanzarlo. Toco el infinito. Lo rozo. Al igual que a la luna. Y me quemo en ella. Ardo. Me fundo en la pasión que ahora estoy dispuesta a regalar. Mi volcán interno clama porque lo acunes en tu pecho.
Si, clama por ti. Tu que quizás lees mis líneas. Letras escritas en un momento que no tiene fin.
Veo tu imagen. Como se ve el lejano horizonte tras un largo y continuado orgasmo.
¿ Estás ahí?. La copa se ha desbordado, resbala, liquida, sinuosa. Recorriendo horizontes de esperma. Aguijoneando cada pliegue de piel escondida.
¿ Sigues Ahí?. Dime que si. Di que vas a morder la manzana de mi cuerpo. Que vas a retorcer mi alma hasta hacerla jirones. ¿ Lo sientes?. El aroma es intenso, tanto que se introduce en mi piel, como tú lo harías.
Déjame mirarte a los ojos. Déjame que sienta la pasión que ahora quiero vivir contigo. Esa donde la cordura se pierde.
Donde no queda nada. Ni el cálido viento. Ni la noche.
Solos tú y yo.
Y la pasión…………..
Durante instantes me mirabas
Lo supe..
El deseo latía en tus sienes.
Se retorcía en tu interior cual animal herido.
Galopando por cada centímetro de tu dorada piel.
Mis dedos acariciaban el borde sinuoso de una copa de vino.
Se posaban tersos, finos, delicados.
Sintiendo el fino cristal.
Lo acariciaba segura de mi misma.
De tu creciente y punzante deseo hacia mi.
Insinuaba mis curvas.
Creciendo el latir de mis senos.
Acompasados.
Turgentes.
Tersos. Duros.
Conocedora como nunca de tu deseo enfermizo
Jugaba con su fuerza entre mis manos.
Lo notaba.
Podía sentirlo.
Intensidad de instantes.
Como el aroma que deja un buen perfume en el aire.
Lo sentía.
Fuerte. Intenso.
Tu me seguías mirando.
Tus ojos clavados en mi.
En mi escote. En mis senos.
Te morías por acariciarlos.
Lo sabía.
Tu tensión era tan intensa que rallaba en dolor.
Clamabas al cielo por tocarme.
¿Puedes sentirlo ahora?
¿Puedes sentir el mismo deseo que te atrapa?
Mírate. Dime si no lo sientes. Si ahora en este instante
de fino tiempo no vuelves a desearme?.
Se que si. Y sonrío. Sonrío.
Veo de nuevo la mueca de deseo en tus ojos...
En tus gestos..
En tus palabras..
En tus letras...
En lo que por unas horas nos unió en un viaje de tiempo.
¿ Deseas volver a repetirlo?.
Estoy dispuesta a arriesgar. Ahora más que nunca.
Creo que ya no tengo miedo.
Ella volvía a fundirse en el recoveco equidistante de unos ojos azules que la miraban con atención. Por segundos ella, sintió algo en su pequeño corazón. Sabía que no le amaba, pero su mirada la envolvía en el manto del cariño y la ternura. Ojos dulces de terciopelo, se decía. Ojos del mismo azul que ese mar que días antes ella había amado, o que creía haber amado. Espejo de amor. Una sombra que hoy sabía que no era cierta, y que había vuelto a confundirla.
Hoy ella de regreso, de un día largo, de un día roto por la vuelta a la esquina del desencanto laboral. Ella clamaba de nuevo, por algo que ardía en su interior, casi hiriente, casi punzante.
Lágrimas se desgranaban por sus mejillas. Cálidas. Dulces. Resbalan por sus tiernos ojos verdes, ensordeciendo la tenue música que escuchaba su corazón. Ella sabía porque lloraba.
Lo sabía muy bien. Casi no se atrevía a reconocerlo. Bebiendo del nácar de sus lágrimas, rasgando el tul de su interior ella se preguntaba si algún día alguien podría amarla de verdad.
Venían a su mente imágenes, recuerdos, de amigo cantante, de viejo amigo, de ser alado, de muchacho de ojos azules…y como no de ex_nube. Releyendo palabras que él dedicaba a su sol particular, ella sentía de nuevo el fino cuchillo del desaliento y el filo de los celos en su interior- Un año después y aún le dolía la herida…Aún sangraba mares de lágrimas…
Ella… en un día de vuelta a la monotonía diaria ella sabía que las imágenes de su alma, sólo tenían un reflejo. El suyo.
No había caricias a su alrededor, ni besos cálidos de buenas noches…
Ella lo sabía y lloraba, lloraba amargamente.
Recuerdo. Instantes de pasos. Camino. Y vuelvo a recordar. Hoy de regreso, ella soy yo. Quizás porque ella intenta alejarse, dejando su aroma a fino mar tras de si. Desnuda la piel, evoco imágenes vividas que no tienen reflejo en este ahora. Y recuerdo como me sentía al mirarle a los ojos azules, al escuchar su rumor, al ver el reflejo de la luz del Arco Iris en su espuma. Le amo. Si amo el mar, porque él es capaz de rozar mi piel con la delicadeza de una suave figura de alabastro. El me mira a los ojos con la serenidad del amor callado, del amor que se que el también siente por mi. Recuerdo, millares de instantes vivido en la tierra de mis ancestros. Millones de puntos cardinales que no tienen respuesta. Millares de sensaciones vividas, de imágenes de paz en mi alma. Si, la sentí. Mirándole a los ojos, casi hipnotizada por su manto le amé más que nunca. Y desee que posara sus finos ojos en mi piel. Y me besara los ojos hasta desfallecer de amor. Quizás durante instantes creí en el de nuevo. En su poder. En su magia. En su fino aliento. En su rojo carmesí llenando mi cuerpo.
Mi alma sedienta de paz se dejo abrazar por su reflejo. Brillaba como una gota de ámbar en mi piel. Absorta, no dejaba de mirarle, jugando con la luz de una golondrina que lloraba de amor por su amado. Y en su canto, en su grito ensordecido la fotografié, intentando retener el instante, en que ella necesitaba de su amor.
Verdes, azules, montes llenos de vida me reconfortaron y acariciaron mi sedienta piel, de caricias dadas al aire. Sentí su olor, su aliento, su cálido y casi jadeante aroma sobre mí.
Me poblaron y hasta casi me hicieron el amor. De esa forma, tan delicada y a la vez intensa.
Velozmente se introdujeron en mí y me ofrecieron su sabor, llenando cada palpitar de mi corazón.
Su belleza casi rallaba en dolor. En el dolor que infundía su amor imposible. Sentía sus susurros, sentada a su vera. Neruda volaba hacía mi. Y volvía a mirarle una y otra vez. Calmada, serena, plácida. Recostada en el hombro de su fina humedad. Con esa serenidad, que tanto anhelaba encontrar y que el me ofrecía a manos llenas, con el acto que da el sentirse plenamente enamorado de mi ser.
Hoy, con el recuerdo claro, intenso, de su mirada en mi retina, intento detener ese instante.
Saborearlo, acordarme de su inconmensurable belleza.
Hoy que el reflejo de su luz nubla mis ojos.
Hoy que siento de nuevo su amor sobre mi, y que aún que imposible, lo sé. Sueño con sus caricias y sus tibios besos sobre mi piel.
Nos enamoramos, en un instante de un Agosto que dejaba pasar sus días. O tal vez me enamoré de tu amor. No lo sé.
Y sabes algo?.. El susurro de tus palabras, siento que me acompañaran siempre. Están instaladas en el centro de mi alma, allá donde no se borran los recuerdos, donde alma y amor se funden en uno.
Tu luz me sigue mirando a los ojos….
Esos ojos que mirabas con tanto amor…
Y volvió a llorar -Dejadme decía ella-. Dejad que las lágrimas surquen solas el firmamento.
Y volaron centelleantes, hasta el día siguiente. Donde volvió a sorprenderse, encontrándole de nuevo. Tarta de cumpleaños con sorpresa incluida: Ella conoció a sus padres, celebraban esa maravillosa cifra de 50 años juntos. Les miro atónita y los ojos dulces, de una mujer curtida por los años se clavaron en ella. Ojos de un azul mar que reflejaban toda una vida de lágrimas, sonrisas, y alegrías…
Escasos quince minutos de encuentro diluidos en el tiempo. Otoños de tiempo.
Ella se fue sonriente, casi cantando, aún iluminada por unos ojos que la miraban. Unos ojos que dibujan caricias de sueño en su piel. Aún soñando, temblaba de emoción.
Y esa noche, auspiciada por el manto de olvidos de sueños, volvió a decir: Dejadme llorar.
Dejadme.
Y lágrimas de sueño volvieron a derramarse por sus mejillas, cálidas, finas, suaves, mojando el espíritu de su alma. El alma de una habitación vacía, con pasiones colgadas en las paredes.
Un nuevo día amaneció en su alma. Se despertó. Tarde. Sabía que estaba de vacaciones, aunque lo que más necesitaba ella, eran vacaciones del alma. Miro a su habitación, repleta de sueños. Escribiendo caricias con sus dedos. Y sintió un leve aleteo de deseo.
Esa noche, ella volvería a ver a viejo amigo. Sabía lo que podía ocurrir. Necesitaba sentir caricias sobre su pecho, besos en su boca y dedos en su sexo.
Pero ella sabía muy bien, que necesitaba algo más… necesitaba mucho más que eso..
Y volvió a gritar: Dejadme llorar….
Lágrimas de tiempo, de sueños….
"No hay más libertad, que la libertad de estar preso en alguien"
POEMA
Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores
blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago
y cintas que dormían en la lluvia.
No quiero que tengas una forma, que seas
precisamente lo que viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones
cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco
con ese pelo lacio, esa sonrisa.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino
es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.
Además te quiero, y hace tiempo y frío.
Julio Cortazar
Ella atenta, seguía el compás de cada nota, danzando sus dedos, bailando con cada instante. Dedos que intentaban dibujar el contorno de sus ojos. Casi adormecidos por el cansancio de un día agotador.
Beethoven desgranaba sus notas, en una pieza que a ella siempre le pareció que poseía magia en estado puro. Simple y pura belleza. Triste y a la vez cálida. Triste y a la vez intensa. Sonora. Sinuosamente hermosa. “Claro de Luna” lanzaba sus notas al viento y ella intentaba alcanzarlas como si una de esas burbujas de jabón se tratara. Esas que vuelan livianas y que al intentar atraparlas se desvanecen. Tal vez ella se sintiera así en ese instante. Liviana y a la vez mecida por el desvanecimiento de un día con tintes algo melancólicos y frenéticos a la vez.
Pensaba ella, en sus lágrimas de la noche anterior, en la amargura que de nuevo había inundado su corazón. Resurgía, cual Ave fénix de sus cenizas, tal vez con una cicatriz más en su corazón. Tal vez , sintiendo el golpe de su alma herida y ese fino regusto a algo que ella no sabía como definir. Cercano a la melancolía, a la añoranza. A la nostalgia de los pequeños instantes de felicidad.
Miraba en su interior, casi confusa, repleta de deseos, de sentimientos, de sensaciones. Añoraba palabras pronunciadas al arrullo de la noche. Añoraba la cálida luz de la luna, besando la estrellas. Estremecida, aún bajo el auspicio de notas de piano, sentía las leves caricias de un ángel que susurraba en su interior. Un alma cálida que de forma sorda y callada se estaba adentrando en corazón.
Y mientras revoloteaban como mariposas a su alrededor las alas del deseo. De lo prohibido, del placer que sabía que podía encontrar si quisiera.
Ahora, en este instante podía estar atrapada junto a viejo amigo en el pozo de los deseos. Bebiendo flujos de vida, auspiciados por gemidos de noche.
Ella sabía que en este minuto podía poseer y ser poseída por el mandato del deseo. Del puro y simple goce de la vida.
Y bajo los auspicios de esos deseos, intensos, fuertes, que removían su interior, humedeciendo su sexo y estremeciendo su piel…. las notas seguían su curso…
Notas de un piano, sonando en la inmensidad de una noche solitaria….Tal vez sintiendo el revoloteo y el fino tacto de un ángel sobre su piel.
Se decia a si misma que, estaba demasiado cansada como para aforntar un chantaje emocional más.
Demasiados vividos.
Demasiados afrontados.
Ella pensaba y pensaba, que durante años atrás en parte su corazón había estado enjaulado.
Prisionero de sentimientos que no eran suyos.
Que no le pertenecian.
Más bien y ella era muy consciente de ello, se había dedicado gran parte de su vida a proteger a los demas:
Volaban imágenes hacia pasados. Hacia recuerdos ya vividos. Hacia instantes donde no existia ella, tan sólo su alrededor.
Protegiendo la debilidad con la que luchaba, aquella a la que le unian lazos de sangre inseperables. Librando una batalla que no era suya.
Y ahora.. cuando ella empezaba a sentir la ligera brisa del viento en su cara., cuando empezaba a aletear sus alas intentando volar libre..
las lágrimas del desaliento volvían a emerger. Bofeteando su ánimo, su espiritu, dejando que su alma por pequeños instantes de tiempo, volviera a caer...
Ella lloraba, lloraba amargamente...sin brazos que la adormecieran en la bruma del sueño..
A vos:
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto
( Pablo Neruda)
Imágenes de amigo cantante, confundidas con muchacho de ojos azules en su vertiente más inesperada.
Vertiente de llamadas intempestivas que desconocen el porque de los imprevistos.
Caleidoscopios de imágenes que causan confusión en esta mariposa, que a veces, muchas ,sigue teniendo miedo a volar, aunque sus alas no dejen de moverse, intensas, rápidas. Volando hacia aquello que su corazón le dicta y que irrefrenablemente siente. En cómodas sensaciones de azúcar. Donde lo dulce se mezcla con lo amargo,en porciones casi iguales.
Fin de semana, decía, exhausto. Finalizando, en proposiciones irreverentes con altas dosis de seducción. Viejo amigo, volviendo a escena. Aumentando con sus palabras el deseo intensificado a lo largo de 48 horas de una nueva década.
Deseos, seducción, proposiciones llameantes de sexo sensaciones,sentido, sentimientos..
Si lo reitero fin de semana exhausto.
Me lo trae la brisa del mar. Aleteando mi alma como ruiseñores de fina lluvia. Hoy vuelan hacia mí, las alas del deseo. Las alas de la verborrea de cuerpos sudorosos frotándose con virulencia. . Hoy después del maremoto de sensaciones provocadas. Hoy me sigo sintiendo subyugada, cautivada, sumisa casi a deseos atormentados. Con inmensas ganas de correr. De vislumbrar la locura del momento de dos cuerpos agitándose bajo la locura espesa del infinito deseo. Dos cuerpos irrumpiendo en el fragor de luchas verbales de juegos de conexiones, donde sumisa caigo postrada. Dejando que tapes mis ojos con las vendas del sexo. Para así no verte, para en una noche de puro y simple llameante sexo, ser completamente tuya. Hasta morir de deseo. Hasta aletargarme bajo el morder de labios, de dedos. Humedeciendo con mi cuerpo el mar, llenándolo de la sal de flujos vitales. Bebiendo, absorbiendo, chupando hasta el fino y frío éxtasis los manjares lácteos de tu alma. Consumir con bocas aceleradas, cuerpos frenéticos. Perder el control de la vida y de la muerte en un único instante. Instante en que los orgasmos lloran en el aire. Donde tu sexo brota por tu ser y el mío clama jadeante, hasta el punto de rozar el desmayo.
Y seguir jadeantes hasta el final de la noche, y el día y de nuevo una noche….
En este día especial de deseo… me pregunto Por que no vivirlo?
Números redondos que componen un tres y un cero consecutivos. Día de mi aniversario.
Hoy mientras escribo. Hoy mientras mi corazón de niña, me sigue hablando, aunque no deba.
Alma de niña que anhela, sueña, grita, clama, desea. Niña que aún fábrica soles con sus dedos, pese que el calendario le diga hoy que cumple 30 años.
Años que dejados atrás componen una melodía intensa llena de risas, lágrimas, amores, desamores, noches de humedades intensas…
Años que reflejan el devenir de una vida que galopa a lomos de un caballo desbocado y que no detiene su paso.
Dormiré, ahora, soñando con la noche eterna cubriendo mi cuerpo.
Soñando con la intensidad de húmedos dedos rasgando mi piel.
Soñando, porque no, que en el recóndito espacio de mi esfera vital estés tu. Mirándome.
Si tu, acariciando mi pelo con tus dedos y susurrándome al oído que un día como hoy, me harás el amor hasta desfallecer, llenando mis infinitos tiempos con tu aroma…
Si tú: Anhelo tu piel ¿ Lo sabes?
Verbo, que ayer conjugué en Do mayúscula. Verbo que ayer se instauró en mi interior y por razones que me sorprendieron no pude desprenderme de el desde el principio del día hasta su fin.. allá por las cinco de la mañana.
Aletargada por los brazos de Morfeo, aún sintiendo el aroma del sueño en mi cuello, conjugo el verbo de nuevo:
Cautivada. En múltiples aspectos. En múltiples formas. En infinitas maneras.
Cautivada de nuevo.
Subyugada
Hasta rallar la extenuación de los minutos.
Hasta retorcer el sentido de mi existencia, dando vueltas a mi alrededor.
Gimiendo a mi oído. Su intensidad. Intensidad de silencios compartidos.
Si cautivada.
He mirado hacia atrás. Al recuerdo. Al pasado. Y he corrido tras el viento intentado alcanzar algo que nunca fue mío, y que ahora baila en los brazos de una menta adorable.
He vuelto a recordarle. A sentirme durante leves instantes, en aquella casa, en la que adormecí mis sueños hace un año…
La nube de la nostalgia se ha vuelto a instalar en mí. Como una sombra ha extendido su manto
Y mientras mis ojos volvían a posarse sobre el mar, como cada día, he sentido el fino cuchillo del desaliento sobre mis hombros.
Hoy, me he dado cuenta, cuan enamorada estuve de ex nube. Y cuanto pesa su recuerdo todavía.
Cuanto significo para mí. Su embrujo, sus sueños, su poesía. Todo en el me embriagó hasta un punto inexorable para mi.
Y ahora, en este instante de noche eterna, mientras mis ojos se cierran por el cansancio y mi mente intenta resumir en huecos de palabras, lo vivido hoy, miro a mi piel y la observo vacía de caricias. Miro a mi piel y la acaricio, inexorable. Tal vez, anhelando que unos dedos finos y tibios se ponen en ella y dibujen mares de océanos
Tal vez, pensando, en el sueño que fue Muchacho de ojos Azules. Tal vez desgranando el deseo sensual que me une a amigo cantante o a ser alado. Esa especie de línea existente entre lo atrayente, lo erótico y lo deseable.
Tal vez, deseando que esta noche, mi cama se llene de la imagen de mí ser. Se llene de mi corazón abierto de par de par, y deje flotando en el aire el aroma de algo que se me perdió y que en el fondo de mi ser anhelo encontrar.
Tal vez en este instante. Vuele….
Y sentada, a los pies de mi cama, componga esta imagen de fino instante de cristal:
Sentada a media luz en mi rodilla,
y una sonrisa tenue y luminosa
como las alas de una mariposa,
me reclinó en el hombro la mejilla
y abandonóse inmóvil, silenciosa.
Se me quedó dormida entre los brazos,
niña interior, aunque mujer externa,
un tiempo apasionada, luego tierna,
frágil hoy con el alma hecha pedazos,
mañana con impulsos de galerna.
No me quise mover por no alterarla,
y dejé transcurrir el tiempo lento,
con el temor de que hasta el pensamiento
pudiera, al agitarse, despertarla,
destruyendo la magia del momento.
Y así quedó, colgada de mi cuello,
dormida en mí, sin dudas y sin prisa,
y hasta su soplo refrenó la brisa;
y al fin, acariciando su cabello,
hice anidar mi beso en su sonrisa.
Francisco Alvarez
En pequeños giros, al tiempo, a los recuerdos. Dónde se llega a comprender la importancia de un camino andado….
Belleza. Belleza mágica de sentidos multiplicados. Sencillez de instantes.
Lágrimas que descienden por mis mejillas al mismo tiempo que el eco de un sonoro trueno se cuela por mi ventana. Sonoras gotas rasgan el alfeizar de mi ventana. Rasgando en su vuelta mis sentidos. Los poros de mi piel. Introduciéndose en mi alma. En mi interior, en mi ser. Removiendo mi mundo. Mis entrañas. Como el beso amante, se introduce en la boca de su amada y besa al viento a la noche. Y sus montañas y valles encrespados de fina hierba. Valles que dibujan siluetas de “ V” a su paso. Desgranando deseos. Mutilando silencios. Dibujando lunas que le hacen el amor al sol. Floreciendo mares de eclipses a cada paso. Sintiendo.
Sintiendo a cada paso, a cada instante, a cada segundo. En este segundo de tiempo.
En este segundo que desgrana un día, en el que he mirado a los ojos al mar.
Y el he me ha devuelto la mirada. Profunda, intensa. Clavado en mi. Haciendo que sintiera su manto cálido.
Hoy más que nunca me he enamorado de él. De sus olas. De su intensidad. De su calor.
Hoy más que nunca siento con tanta intensidad que creo que mi corazón, mi piel, mis senos, mi intimidad están a punto de quemarse.
Hoy ahora, bajo la atenta mirada de una mujer enamorada…
Ella seguía buscando respuestas. Miraba atrás. Volaba sobre sus recuerdos. Volaba hacia los deseos enfermizos que le provocaba recordar, aquellos momentos vividos junto a sombra gótica. Aquella habitación de hotel que, gemía sólo al intuir su presencia. Sin más alimento, que el propiciado por los aromas del instinto, del deseo y del sexo. Segundos, minutos que se convertían en horas, y horas en días sin más fluir que el fluir de los flujos de la vida. Néctar de mermelada, junto a un poderoso zumo lácteo, que ella bebía y bebía hasta rallar la extenuación.
Ella recordaba, y se dejaba embriagar por lo que él significo para ella, aunque ahora sea tan sólo un lejano recuerdo.
Recuerdos que ella nombraba uno a uno y que iban desde viejo amigo a ex nube, el más poderoso de los últimos vividos.
De repente, paró de recordar y volvió a su presente. Intento detenerlo un minuto. Y no supo hacerlo. Un presente, en el que sentía el fino cuchillo del desconcierto.
Su sensualidad a flor de piel. Su camisón de fino raso, rasgando su piel. Alborotando su corazón. Penetrando su alma. Caricias de finos dedos, que se posaban sobre su pecho desnudo y se alargaban hacia su suave pelo.
Ella miraba y miraba… y súbitamente sintió frío. Un frío estremecedor. Un frío helado que la recorrió desde sus ojos hasta su corazón. Hasta llegar al vigor de su sexo escondido, irradiando poros de hielo a cada paso.
Uno, dos pasos la separaban de la cama. Se tumbó. Miró. Observó. Acaricio la suavidad vacía de su piel. Se lleno del aire. Se emborrachó de él.
Segundos. Minutos. Instantes de reloj parado. Y ella volvió a levantarse. Sus ojos. Sus ojos vestían la dulzura de sus abrazos y sus dedos tejían livianos, ligeros palabras que se componían de notas de música de su sentido. Notas que tenían una cadencia ligera en su mente. Mente subyugada por el poder del aliento de una mariposa en su estomago. Esa que creyó encontrar entre sus recuerdos. Que creyó observar en el mar azul de unos ojos que día a día la siguen mirando. Ojos que tenían el poder de un embrujo a medianoche.
Y de nuevo un hielo recorriendo su espalda.
De nuevo el comienzo.
De nuevo una lágrima descendiendo , suave y tibia por su mejilla. Lágrima dulce. Lágrima de azúcar, con ligero sabor a melocotón. Con fino toque a madrugada. A noche a luna.
Con un fino toque a ti. A tu cuerpo. A tu piel. A tu pelo. A tus ojos. A tus manos. A tu voz…..A ti.
Donde estés…………
Enjaularé mi corazón.
Si, en una nave de acero.
Fría.
Callada.
Lo protegeré del viento y de la lluvia.
Lo haré de acero.
De fina escarcha.
Para que no tiemble.
Para que no se estremezca
Se fundirá con el arrullo de la noche.
Eterno.
Solo.
Vacío.
Enjaularé mi corazón.
Para que no ame.
Para que no sienta.
Alma y corazón enjaulados.
Cuerpo sin alma.
Alma sin cuerpo.
Sólo besos y caricias por dar.
Solo gemidos por descubrir.
Solo jadeos sin viento.
Solo mi cuerpo desnudo.
Enjaulado está.
Intensa. Suena susurrante, dibujando palabras a mi oido. Dibuja mis sentidos y se cuela en mi piel
Hasta puedo sentir esa voz que me habla:
Encantadora mía, ten dulzura, dulzura...
calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional;
la amante, a veces, debe tener una hora pura
y amarnos con un suave cariño fraternal.
Sé lánguida, acaricia con tu mano mimosa;
yo prefiero al espasmo de la hora violenta
el suspiro y la ingenua mirada luminosa
y una boca que me sepa besar aunque me mienta.
Dices que se desborda tu loco corazón
y que grita en tu sangre la más loca pasión;
deja que clarinee la fiera voluptuosa.
En mi pecho reclina tu cabeza galana;
júrame dulces cosas que olvidarás mañana
Y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.
( Paul Verlaine
Versión de Emilio Carrere)
¿La sientes? ¿Puedes sentirla en lo profundo de ti?. La has tocado. Corrientes de acero hacen que se erice. Erizada está. Como esos pezones que tantas veces has rozado con la yema de tus dedos, haciendo círculos de burbujas sobre ellos. Sumergida en las fuentes que le muestran notas de música. Notas de Yumeji´s theme. Vuela. Y vuelves a rozarla. A sentirla.
Te mira. Y comienza a perder el miedo que la rodea. Te roza. Como se roza, una caricia.
Como se roza a la lluvia. A las lágrimas. Al sabor de la miel de un beso en los labios. Al tacto de unos dedos suaves, sinuosos, frágiles, dulces, tibios y a la vez sordos rozando tu miembro viril. Tócala. Siéntela. Abrázala. Ahora es tuya. ¿ La sientes? Tienes que ir más profundo. Más hondo. Síguela. Más. Más. A lo profundo de tu ser. Al deseo callado. ¿ Notas como te mira con ojos de gacela?. Ahora Si. Acabas de descubrirla. Es mi alma desnuda. Mi alma, sin castillos de naipes, sin murallas de acero que la protejan. Mi alma pura. Mi interior más profundo. Ese lleno de miedos, a veces. De espíritus y fantasmas. De circunstancias que se escapan. Fuera de control. De lágrimas lanzadas al desamor. De éxtasis de orgasmos de palabras. Mi puro yo.
Sin artificios. Sin caretas. Sin máscaras que puedan protegerla. Te la ofrezco. Para que la mires. Exhausta de permanecer en la sombra. Atrapada en su supuesta seguridad. Te ofrece todos sus miedos y temores, toda su alegría, e intensidad. Para que la hagas tuya. Como hace suya la noche al día. Quiere volar. Ser libre. Llenarse de luz. Volverse intensa. Adentrarse en ti.
Dejar que te adentres en ella. Que te introduzcas. Más y más. Y más.
Es mi alma…mi alma pura, intensa. La que habla. Es ella.¿Puedes verla?
Creo que si.¿ Verdad?