¿Por qué quiero tanto a mis nenas?
A veces es algo que me pregunto. No nos parecemos en nada.
La pequeñaja es la más tranquila de las tres. A veces incluso peca de pachorrona. Es la que suele mantener la calma cuando Antoñita y yo nos subimos por las paredes. Es la que razona con nosotras cuando lo vemos todo negro. Nos hace ver que existe el gris y muchos otros colores.
Tiene un sentido del humor ácido, y una risa, que cada vez que empieza nos echamos a temblar.
Es dormilona, le gusta estar tirada sin hacer nada y tiene una seguridad que envidio. Es de las que tiene muy claro eso de "porque yo lo valgo", pero sin llegar al límite de la superioridad.
Es muy dulce de trato, salvo cuando saca el genio. Joer... luego me dicen a mi... pero buff esta tiene la mala baba concentrada. Y para que hablar de cuando hacemos equipo...que se quite todo lo que tengamos delante.
Antoñita la Fantástica es así, fantástica, divina de la muerte, osea te lo juro, monísima, siempre en perfecto estado de revista. Se ha erigido en nuestra estilista y su propósito de Año Nuevo, es conseguir que salgamos maquilladas del color que llevemos el top.
Es algo intermedio entre la pequeñaja y yo. Ni tiene la tranquilidad de la pequeñaja, ni parece que sea hiperactiva como yo.
Es muy tenaz. Si algo se le mete en la cabeza... tira adelante hasta el final.
Dice que el mundo se ha perdido una gran psicóloga con ella. Desde que le dijimos que los "loqueros" hacen esquemas... en cuanto quiere hacernos ver algo, saca el boli y coge una servilleta.
Sabe escuchar y siempre intenta buscar una solución para todo, aunque al final termina dejándose llevar por mi histeria.
Después estoy yo. Por supuesto no soy tan divina como Antoñita.
Puedo salir de casa con la cara lavada y recién peiná... y al que no le guste que no mire, pero a diferencia de la pequeñaja, no es por seguridad, es vagancia.
Soy bastante radical. O quiero... u odio. O me saludas siempre, o no se te ocurra ni mirarme. O blanco... o negro. Sólo veo el gris cuando me lo enseña la pequeñaja. Lo raro es que a pesar de sólo ver los extremos, consigo ponerme en el centro y acercar posturas entre Antoñita y la Pequeñaja.
Suelo ser mucho más tolerante que mis nenas y más empática, aunque tengo muy poca paciencia con la gente "cortita" en según que aspectos. Salvo que vea que los pobres realmente no dan para más. ¿Parece una contradicción, no? Estoy llena de ellas.
Dicen que tengo un carácter, que cuando lo saco hay que correr, y que tengo la cabeza más dura que un adoquín. Pero jamás pierdo las formas.
Y vale... sí... soy borde... ¡pero sólo cuando se lo ganan a pulso!
Las tres tenemos un carácter un tanto dominante. Tenemos madera de líderes y estamos acostumbradas a que el resto vaya detrás de nosotras.
¿Cómo hemos conseguido ser amigas sin tirarnos de los pelos por ésto? Entre nosotras no hay tiras y aflojas. Las decisiones se toman por consenso. Incluso cuando hemos convivido en vacaciones, hemos conseguido llevarlo bastante bien a pesar de las diferencias.
¿Será que estas diferencias son las que nos unen?
Creo que el secreto está en que nos complementamos.
La pequeñaja es la más tranquila de las tres. A veces incluso peca de pachorrona. Es la que suele mantener la calma cuando Antoñita y yo nos subimos por las paredes. Es la que razona con nosotras cuando lo vemos todo negro. Nos hace ver que existe el gris y muchos otros colores.
Tiene un sentido del humor ácido, y una risa, que cada vez que empieza nos echamos a temblar.
Es dormilona, le gusta estar tirada sin hacer nada y tiene una seguridad que envidio. Es de las que tiene muy claro eso de "porque yo lo valgo", pero sin llegar al límite de la superioridad.
Es muy dulce de trato, salvo cuando saca el genio. Joer... luego me dicen a mi... pero buff esta tiene la mala baba concentrada. Y para que hablar de cuando hacemos equipo...que se quite todo lo que tengamos delante.
Antoñita la Fantástica es así, fantástica, divina de la muerte, osea te lo juro, monísima, siempre en perfecto estado de revista. Se ha erigido en nuestra estilista y su propósito de Año Nuevo, es conseguir que salgamos maquilladas del color que llevemos el top.
Es algo intermedio entre la pequeñaja y yo. Ni tiene la tranquilidad de la pequeñaja, ni parece que sea hiperactiva como yo.
Es muy tenaz. Si algo se le mete en la cabeza... tira adelante hasta el final.
Dice que el mundo se ha perdido una gran psicóloga con ella. Desde que le dijimos que los "loqueros" hacen esquemas... en cuanto quiere hacernos ver algo, saca el boli y coge una servilleta.
Sabe escuchar y siempre intenta buscar una solución para todo, aunque al final termina dejándose llevar por mi histeria.
Después estoy yo. Por supuesto no soy tan divina como Antoñita.
Puedo salir de casa con la cara lavada y recién peiná... y al que no le guste que no mire, pero a diferencia de la pequeñaja, no es por seguridad, es vagancia.
Soy bastante radical. O quiero... u odio. O me saludas siempre, o no se te ocurra ni mirarme. O blanco... o negro. Sólo veo el gris cuando me lo enseña la pequeñaja. Lo raro es que a pesar de sólo ver los extremos, consigo ponerme en el centro y acercar posturas entre Antoñita y la Pequeñaja.
Suelo ser mucho más tolerante que mis nenas y más empática, aunque tengo muy poca paciencia con la gente "cortita" en según que aspectos. Salvo que vea que los pobres realmente no dan para más. ¿Parece una contradicción, no? Estoy llena de ellas.
Dicen que tengo un carácter, que cuando lo saco hay que correr, y que tengo la cabeza más dura que un adoquín. Pero jamás pierdo las formas.
Y vale... sí... soy borde... ¡pero sólo cuando se lo ganan a pulso!
Las tres tenemos un carácter un tanto dominante. Tenemos madera de líderes y estamos acostumbradas a que el resto vaya detrás de nosotras.
¿Cómo hemos conseguido ser amigas sin tirarnos de los pelos por ésto? Entre nosotras no hay tiras y aflojas. Las decisiones se toman por consenso. Incluso cuando hemos convivido en vacaciones, hemos conseguido llevarlo bastante bien a pesar de las diferencias.
¿Será que estas diferencias son las que nos unen?
Creo que el secreto está en que nos complementamos.