Estrecheces y brevedades (22)
VOLANTE
Un ligero mareo. La visión borrosa. Un fuerte dolor de cabeza y, quizás, una pequeña brecha. Es todo lo que tenía en el momento que apareció al volante de aquel coche. Un coche que, definitivamente no era el suyo. Por momentos ni siquiera podía recordar si sabía conducir. Por suerte se trataba de un modelo automático. Bastante trabajo le costaba acordarse de respirar como para poder prestar atención a la palanca de cambios.
Se sorprendió a sí mismo conduciendo a más de 100 kilómetros hora por aquel camino sinuoso, por el que circulaba (medio en penumbras) por primera vez en toda su vida. Y, de repente, también de forma automática, un volantazo le hizo salir del camino. Bajó del coche.
Cigarro en mano, ella le esperaba a la puerta de algún sitio que él aún no acertaba a reconocer.
- Hola - ella sí parecía conocerle a él - Pensaba que ya no llegabas. ¿Te dolió mucho el golpe esta vez?
Un ligero mareo. La visión borrosa. Un fuerte dolor de cabeza y, quizás, una pequeña brecha. Es todo lo que tenía en el momento que apareció al volante de aquel coche. Un coche que, definitivamente no era el suyo. Por momentos ni siquiera podía recordar si sabía conducir. Por suerte se trataba de un modelo automático. Bastante trabajo le costaba acordarse de respirar como para poder prestar atención a la palanca de cambios.
Se sorprendió a sí mismo conduciendo a más de 100 kilómetros hora por aquel camino sinuoso, por el que circulaba (medio en penumbras) por primera vez en toda su vida. Y, de repente, también de forma automática, un volantazo le hizo salir del camino. Bajó del coche.
Cigarro en mano, ella le esperaba a la puerta de algún sitio que él aún no acertaba a reconocer.
- Hola - ella sí parecía conocerle a él - Pensaba que ya no llegabas. ¿Te dolió mucho el golpe esta vez?






