logotipo

img_google
.
.
Acerca de
Y la cabeza sigue dando vueltas. Y cada vuelta que da, encuentra un motivo para dar otra. Con el impulso de las dudas y el propósito de elegir lo correcto ¿y eso que es? Muchas veces se detiene a inventar historias, dejando la mía a medio escribir. No sé qué haría yo sin mi cabeza. Donde la vida es más interesante que fuera de ella.
Sindicación
 
Estrecheces y brevedades (21)
ENVIDIA

El mismo día. La misma parada de autobús. La misma máquina expendedora. Dos chocolatinas iguales. Sacadas ambas con sólo unos segundos de diferencia. Y todo un abismo de diferencia. ¿Porqué me daba la impresión de que aquel tipo estaba comiendo el mejor manjar del mundo, y yo sólo matando el hambre hasta la hora de la comida? Tal vez sólo fuera una impresión sin más. Pero viéndole comer diría que desde el momento que la abrió no existía nada más. Que disfrutaba cada bocado como si fuera el último. O el primero. Una simple chocolatina era capaz de hacerle feliz. Sólo una chocolatina.

Le envidiaba. Me preguntaba en qué momento dejé de disfrutar con las pequeñas cosas. ¿Tan exigente me había vuelto con la vida? ¿A partir de qué situación decidí que sólo grandes decisiones, grandes banquetes, podían hacerme feliz? ¿Porqué quedarme esperando que ese banquete llegara, en lugar de saborear cada onza de chocolate que se me ofrece?

Tiré el resto sin haberla acabado. Sabía que nunca tendría respuesta a esas preguntas. Puede que ese gran banquete un día me haga el más feliz del mundo, pensé. Pero para entonces el hombre de la chocolatina habrá sido feliz durante más tiempo que yo...
 
Estrecheces y brevedades (20)
MININO

Todos los meses la misma historia. Después de dos horas de viaje en autobús, los treinta minutos de parada y fonda se hacen eternos. Tiempo más que suficiente para desalojar una vejiga de tamaño medio, hacer una llamada de duración media-alta, hojear dos revistas de la tienda y ojear los bocatas del self service, para acabar degustando una bolsa de patatas onduladas. Y es gracias a ella que hago mi conquista del día. Al poco de haberla abierto, un gatito aparece a mi lado, y se acerca cuando le ofrezco una patata. Su ronroneo al aceptarla me resulta familiar. Es extraño, pero tengo la sensación que me recuerda del mes anterior. Me siento su amigo, su complice. Compartimos hasta el final la bolsa de patatas.

"Es un gato vagabundo. Se iría con cualquiera que le ofrezca unas migas."

"Gracias conciencia, pero me gustaba más la idea de ser alguien importante para este gato." Ignoro ese comentario y subo al autobús, mientras me pregunto si el minino seguirá allí el mes siguiente...