Será la edad.
Últimamente no paro de tener conversaciones respecto a las ganas que me han surgido de tener pareja. Me refiero a una pareja de verdad, de esas de compartir, convivir, follar mucho y tener críos.
Quizás la vida de las amantes sea también efímera, igual que resultó ser mi vida de casada, mi vida de novia o mi vida de rollete ocasional.
Parece que siempre hemos de ir saltando de una etapa a otra. Ahora somos ardientes mujeres independientes a la búsqueda de un polvo fácil, ahora somos madres esposas sumisas a la búsqueda de la estabilidad emocional.
Me da a mí que son como ciclos, los “cada siete años” que diría aquel título infumablemente mal traducido de la película en que Marilyn Monroe mostraba su congelada ropa interior sobre el viento de una trampilla de metro.
A mí se me está cerrando el ciclo, me temo.
Ya llevo meses dándole vueltas a la idea de que quiero tener pareja, hasta tal punto que hace un par de días le dije a Luis que se separase e hiciera de mí una mujer con la que compartir cenitas y estados civiles socialmente bien vistos.
Claro, puestos a tener pareja, mi primera (y en realidad única) opción es que Luis se deje de jugar a los amantes de hotel y empiece a darme sus camisas para que pueda plancharlas.
Diós, ¡qué horror! Me estoy haciendo mayor. Me veo con Luis yendo de vacaciones y jugando al trivial con los vecinos y me entran náuseas. Pero el reloj interior es imparable: tic-tac, tic-tac, Amanda, te viene otra etapa, te viene otra etapa, tic-tac, tic-tac.
Esto mismo que os cuento hoy se lo estoy contando a todo mi entorno, y las reacciones son absolutamente sorprendentes. Para Paco, cualquier cosa vale menos el moro. Mi madre dice que vale, pero que pida la última declaración de la renta a ver si el elegido tiene para retirarla a ella también. Sonia me comenta que me busque un buen chico al que le pueda poner los cuernos fácilmente o me volveré loca. Roberto dijo “¿Y para qué coño quieres tú un novio?” y luego añadió: “te dejo, que tengo que llamar a mi novia.” Enrique dice que le espere, que dejará a su novia por mí el día que la deje. Y Míster Claro comentó que si lo buscaba no lo iba a encontrar.
El único que dijo algo inteligente en todo esto fue precisamente Luis: “si las cosas funcionan bien tal cual están, ¿por qué vamos a cambiarlas?”
Lo cierto es que no tengo nada de qué quejarme, es sólo una especie de señal de alarma. Parece que una nueva Amanda se quiere cargar a la que existe actualmente. Parece que estoy cansada, o mayor, o desapasionada o quizás sólo sea un efecto absurdo del calor que a plomo cae sobre la costa mediterránea.
Pero si me veis con mis braguitas de algodón blanco previamente congeladas puesta sobre la trampilla del metro es que sí, que cada siete años, me tengo que reinventar.
Quizás la vida de las amantes sea también efímera, igual que resultó ser mi vida de casada, mi vida de novia o mi vida de rollete ocasional.
Parece que siempre hemos de ir saltando de una etapa a otra. Ahora somos ardientes mujeres independientes a la búsqueda de un polvo fácil, ahora somos madres esposas sumisas a la búsqueda de la estabilidad emocional.
Me da a mí que son como ciclos, los “cada siete años” que diría aquel título infumablemente mal traducido de la película en que Marilyn Monroe mostraba su congelada ropa interior sobre el viento de una trampilla de metro.
A mí se me está cerrando el ciclo, me temo.
Ya llevo meses dándole vueltas a la idea de que quiero tener pareja, hasta tal punto que hace un par de días le dije a Luis que se separase e hiciera de mí una mujer con la que compartir cenitas y estados civiles socialmente bien vistos.
Claro, puestos a tener pareja, mi primera (y en realidad única) opción es que Luis se deje de jugar a los amantes de hotel y empiece a darme sus camisas para que pueda plancharlas.
Diós, ¡qué horror! Me estoy haciendo mayor. Me veo con Luis yendo de vacaciones y jugando al trivial con los vecinos y me entran náuseas. Pero el reloj interior es imparable: tic-tac, tic-tac, Amanda, te viene otra etapa, te viene otra etapa, tic-tac, tic-tac.
Esto mismo que os cuento hoy se lo estoy contando a todo mi entorno, y las reacciones son absolutamente sorprendentes. Para Paco, cualquier cosa vale menos el moro. Mi madre dice que vale, pero que pida la última declaración de la renta a ver si el elegido tiene para retirarla a ella también. Sonia me comenta que me busque un buen chico al que le pueda poner los cuernos fácilmente o me volveré loca. Roberto dijo “¿Y para qué coño quieres tú un novio?” y luego añadió: “te dejo, que tengo que llamar a mi novia.” Enrique dice que le espere, que dejará a su novia por mí el día que la deje. Y Míster Claro comentó que si lo buscaba no lo iba a encontrar.
El único que dijo algo inteligente en todo esto fue precisamente Luis: “si las cosas funcionan bien tal cual están, ¿por qué vamos a cambiarlas?”
Lo cierto es que no tengo nada de qué quejarme, es sólo una especie de señal de alarma. Parece que una nueva Amanda se quiere cargar a la que existe actualmente. Parece que estoy cansada, o mayor, o desapasionada o quizás sólo sea un efecto absurdo del calor que a plomo cae sobre la costa mediterránea.
Pero si me veis con mis braguitas de algodón blanco previamente congeladas puesta sobre la trampilla del metro es que sí, que cada siete años, me tengo que reinventar.
Se pasan.
Algunos mejores.
Otros peores.
Los hubo para olvidar.
Los hubo de aquellos que nunca podré olvidar.
Pero todos pasan.
Y todos suman.
Hoy 38.
Inicio mi camino hacia la respetable señorita de edad madura en la que me voy a convertir.
Otros peores.
Los hubo para olvidar.
Los hubo de aquellos que nunca podré olvidar.
Pero todos pasan.
Y todos suman.
Hoy 38.
Inicio mi camino hacia la respetable señorita de edad madura en la que me voy a convertir.
Cuatro años no pueden conmigo.
(inciso: hoy he aprendido que el verbo reflexivo “lucrarse” conlleva la gratuidad. Es decir, que uno no se lucra si no es gratuitamente. Toda la vida pensando que lucrarse era simplemente enriquecerse. Pues no. Es enriquecerse sin tener que invertir absolutamente nada. Como me lo ha contado un magistrado de un tribunal -sala de lo civil-, me lo he creído. Y me he ido contenta a casa pensando que hoy, también, he aprendido algo nuevo.)
Hace tiempo que no recordaba las ventajas de ser la amante. O al menos algunas de ellas. Debe de ser que cuando vas camino de tu quinto año de amante del mismo tipo casado, te da a veces como un sentimiento de amantovia o noviamante que hace que te sientas entre la chicha y la limoná. Vamos, que con el tiempo ni te ubicas en lo de ser amante apasionada ni en lo de ser novia aburrida (con todos mis respetos a todas la novias que me leen. Pero es que yo, como novia, tengo que ser un auténtico aburrimiento.)
El tema es que ayer surgió una de esas ventajas en estado puro y es que se crean complicidades sexuales que difícilmente se darían en una pareja que lleven cinco años casados (entre ellos me refiero.) Digo difícil, no imposible. Yo estuve casada siete años y a los dos la complicidad la compartía con mi gata cuando le decía pss pss y ella movía la cola sabiendo que iba a darle de comer.
Pero con Luis siempre hay algo, química, calentón, pasión, cada uno le llame como quiera.
Estaba al otro lado de una pantalla de pc y empezamos con la tontería que si vaya polvo te eché la otra noche que si vaya comidita de coño que si te la comería yo ahora mismo... y pum, surge el deseo irrefrenable, irrevocable. Es tarde, estoy cansada. Él también. Estamos lejos, mucho, quizás nos separen tantos cientos de kilómetros que ya hemos perdido la cuenta. Ahora caigo que ni siquiera sé desde qué lugar del mundo me escribía. Entre los amantes las preguntas “qué tal”, “qué haces” y “dónde estás” son preguntas absurdas, a ninguno de los dos nos importa, estamos juntos, unidos por el tintineo del teclado que va hilando palabras.
Y el deseo traspasa todas las barreras incluso la de los cinco años.
No se puede parar. Le imagino de pronto entrando por la puerta de mi casa, tomándome de espaldas y apoyándome contra la pared. Le pido que me suba la falda y aparte el tanga que llevo, es blanco, con un reborde azulado, bésame desde atrás, se ríe, me dice que tengo que ponerme tacones o no podrá metérmela desde su metro noventa, sigo puesta en mi escena, estoy poniéndome cachonda como una moto, quiero sentir como entra en mi cuerpo caliente, y me embiste contra la pared.
Cada palabra escrita le enciende más y más, mientras yo puedo seguir escribiendo a una mano, quiero tocarme mientras le leo y le imagino, le pido que saque su polla, quiero saber que es mi cómplice en esto, y juntos, tan separados, acabamos corriéndonos al tiempo, como si supiéramos exactamente en qué frase y en qué palabra el placer está a punto de estallar.
Despedida con un te quiero. Dormir relajados.
Me doy cuenta de que ni siquiera necesito su cuerpo. Basta con que siga siendo mi cómplice.
Hace tiempo que no recordaba las ventajas de ser la amante. O al menos algunas de ellas. Debe de ser que cuando vas camino de tu quinto año de amante del mismo tipo casado, te da a veces como un sentimiento de amantovia o noviamante que hace que te sientas entre la chicha y la limoná. Vamos, que con el tiempo ni te ubicas en lo de ser amante apasionada ni en lo de ser novia aburrida (con todos mis respetos a todas la novias que me leen. Pero es que yo, como novia, tengo que ser un auténtico aburrimiento.)
El tema es que ayer surgió una de esas ventajas en estado puro y es que se crean complicidades sexuales que difícilmente se darían en una pareja que lleven cinco años casados (entre ellos me refiero.) Digo difícil, no imposible. Yo estuve casada siete años y a los dos la complicidad la compartía con mi gata cuando le decía pss pss y ella movía la cola sabiendo que iba a darle de comer.
Pero con Luis siempre hay algo, química, calentón, pasión, cada uno le llame como quiera.
Estaba al otro lado de una pantalla de pc y empezamos con la tontería que si vaya polvo te eché la otra noche que si vaya comidita de coño que si te la comería yo ahora mismo... y pum, surge el deseo irrefrenable, irrevocable. Es tarde, estoy cansada. Él también. Estamos lejos, mucho, quizás nos separen tantos cientos de kilómetros que ya hemos perdido la cuenta. Ahora caigo que ni siquiera sé desde qué lugar del mundo me escribía. Entre los amantes las preguntas “qué tal”, “qué haces” y “dónde estás” son preguntas absurdas, a ninguno de los dos nos importa, estamos juntos, unidos por el tintineo del teclado que va hilando palabras.
Y el deseo traspasa todas las barreras incluso la de los cinco años.
No se puede parar. Le imagino de pronto entrando por la puerta de mi casa, tomándome de espaldas y apoyándome contra la pared. Le pido que me suba la falda y aparte el tanga que llevo, es blanco, con un reborde azulado, bésame desde atrás, se ríe, me dice que tengo que ponerme tacones o no podrá metérmela desde su metro noventa, sigo puesta en mi escena, estoy poniéndome cachonda como una moto, quiero sentir como entra en mi cuerpo caliente, y me embiste contra la pared.
Cada palabra escrita le enciende más y más, mientras yo puedo seguir escribiendo a una mano, quiero tocarme mientras le leo y le imagino, le pido que saque su polla, quiero saber que es mi cómplice en esto, y juntos, tan separados, acabamos corriéndonos al tiempo, como si supiéramos exactamente en qué frase y en qué palabra el placer está a punto de estallar.
Despedida con un te quiero. Dormir relajados.
Me doy cuenta de que ni siquiera necesito su cuerpo. Basta con que siga siendo mi cómplice.
Vayan mis kilos por delante.
Abriré otro tema, que va a colación de uno de los anteriores, pero que escenificará mejor (espero) lo que yo deseaba expresar.
Como los viernes por la tarde no suelo trabajar, y mi descendencia está de picos pardos, he decidido hacer algo que no hago hace semanas: ver la tele.
La tele en sí es una mierda. Otra cosa es Digital plus, que a mí siempre me ha parecido la única inversión inteligente pero completamente obviable que he hecho en mi vida: ya algunos sabréis de mi pasión por Ley y Orden, Vincent d'Onofrio, Boston Legal, Dexter y algunas series americanas más que ciertamente, aportan algo a mi tediosa existencia en mi rol de ama de casa.
Pero hoy he visto la tele, así en general.
He caído en un resumen de OT y me ha podido la maruja que todos llevamos dentro: cotilleo del bueno, oiga.
El caso es que viendo a los concursantes de este año, ninguno me dice nada, excepto un chico que cantará una de Serrat maravillosa con versos de Miguel Hernández, que sin ser mi poeta predilecto del 27, se merece ser cantado, leído, escuchado, gritado, recitado y hasta dibujado.
Con menos fortuna he visto a otros concursantes hasta que he caído en las imágenes de una prueba para el papel de María Magdalena del musical Jesucristo Superstar. La primera en cantar es una chica guapísima (qué coño, este año están todas buenísimas), rubia, de ojos grandes, de nombre Noelia. Me ha gustado su voz, me ha parecido muy “musical”, he pensado era perfecta para superar la prueba y he creído que sin duda debiera ser ella la chica elegida.
Se levanta la muchacha, cariñosamente va a dar dos besos a una de las responsables del casting, pienso “anda, qué guapa es. Y encima tiene el detalle de dar un abrazo a quienes la evalúan." No sé si será peloteo, hipocresía, no sigo el programa. Pero me ha parecido un gesto cariñoso y afable. Y entonces la tipa del casting le dice por lo bajito y al oído “¿ya sabes que te sobran unos kilos, ¿verdad?”
Hija de puta.
Y después vienen y me preguntan a mí que por qué aparecen las bulimias, las anorexias y las adicciones alimentarias.
Lástima la tal Noelia, que aun no tiene tablas suficientes. Porque a mí me dicen eso después de venir a escucharme cantar y le contesto “pues ya sabes que a ti te faltan unos kilos de neuronas, ¿verdad gilipollas?”
Como los viernes por la tarde no suelo trabajar, y mi descendencia está de picos pardos, he decidido hacer algo que no hago hace semanas: ver la tele.
La tele en sí es una mierda. Otra cosa es Digital plus, que a mí siempre me ha parecido la única inversión inteligente pero completamente obviable que he hecho en mi vida: ya algunos sabréis de mi pasión por Ley y Orden, Vincent d'Onofrio, Boston Legal, Dexter y algunas series americanas más que ciertamente, aportan algo a mi tediosa existencia en mi rol de ama de casa.
Pero hoy he visto la tele, así en general.
He caído en un resumen de OT y me ha podido la maruja que todos llevamos dentro: cotilleo del bueno, oiga.
El caso es que viendo a los concursantes de este año, ninguno me dice nada, excepto un chico que cantará una de Serrat maravillosa con versos de Miguel Hernández, que sin ser mi poeta predilecto del 27, se merece ser cantado, leído, escuchado, gritado, recitado y hasta dibujado.
Con menos fortuna he visto a otros concursantes hasta que he caído en las imágenes de una prueba para el papel de María Magdalena del musical Jesucristo Superstar. La primera en cantar es una chica guapísima (qué coño, este año están todas buenísimas), rubia, de ojos grandes, de nombre Noelia. Me ha gustado su voz, me ha parecido muy “musical”, he pensado era perfecta para superar la prueba y he creído que sin duda debiera ser ella la chica elegida.
Se levanta la muchacha, cariñosamente va a dar dos besos a una de las responsables del casting, pienso “anda, qué guapa es. Y encima tiene el detalle de dar un abrazo a quienes la evalúan." No sé si será peloteo, hipocresía, no sigo el programa. Pero me ha parecido un gesto cariñoso y afable. Y entonces la tipa del casting le dice por lo bajito y al oído “¿ya sabes que te sobran unos kilos, ¿verdad?”
Hija de puta.
Y después vienen y me preguntan a mí que por qué aparecen las bulimias, las anorexias y las adicciones alimentarias.
Lástima la tal Noelia, que aun no tiene tablas suficientes. Porque a mí me dicen eso después de venir a escucharme cantar y le contesto “pues ya sabes que a ti te faltan unos kilos de neuronas, ¿verdad gilipollas?”
Yo opino ... (entremeses polémicos)
Ayer decía un oyente de Julia en la Onda que la prostitución es una necesidad social. Yo opino que necesaria o no, es una realidad. He hecho una mini encuesta entre mis amigos (unos doce.) Todos se han ido de putas. Y ninguno admite haberlo hecho por necesidad. La mayoría por curiosidad, por hacerse el amiguito de sus amiguitos, por pegarse una fiesta diferente que no querían perderse. El resto por cumplir ciertas fantasías sexuales que no pueden cumplir con sus parejas, por miedo a proponérselo, me dice uno, por pudor, me dice el otro, y el tercero, en un alarde de honestidad brutal, porque, según él, su novia es una frígida que parece un palo de escoba cuando se la folla. Pero que la quiere. Creo que las prostitutas son como un parque de atracciones al que recurrir cuando estás aburrido. Al que generalmente vas una o dos veces a lo largo de tu vida. Y al que algunos son adictos, como los adictos al Dragon Kan de Port Aventura.
Alaska sale en pelotas abanderillada en contra de la fiesta taurina. Yo opino que ya que le echas un par y estás dispuesta a explicarle al mundo entero que te repugna el toreo, tienes que tener la honestidad de no retocarte con el photoshop ni hacerte una foto de estudio que ya quisieran muchas modelos de pasarela. Me parece que muchos defienden sus ideales sin mancillar o incluso buscando mejorar su imagen. Y eso a mí, sí que me repugna.
800.000 firmas en favor del endurecimiento de las penas para los pederastas lleva ya acumuladas el padre de la tristemente fallecida Mari Luz, esa niñita de cinco años que fue a comprar chuches y acabó muerta a manos de un tipo al que la Seguridad Social le pasaba una pensión por ser esquizofrénico. Opino que hay una brutal confusión entre pederastia, pedofilia, psicópatas y guarros a secas. El pederasta practica sexo con púberes o aun más jóvenes, da igual si es pedófilo, psicópata, esquizofrénico o un guarro desviado. Afirmaciones tan categóricas como que todos reinciden son una burda mentira: precisamente depende de si la pederastia proviene de una pedofilia, psicopatía, esquizofrenia o no proviene de nada. En cualquier caso, endurecer las penas nunca está de más. En este país delinquir es tan barato que cada vez vamos a peor en cuanto a depravación y brutalidad criminal.
El sistema Bolonia que se está implementando paulatinamente en las Universidades para equiparar a países como España con el resto de países de la UE pretende que se estudie una profesión, y no una carrera. ¿Pero no teníamos la Formación Profesional para eso? Yo sólo fui a la Universidad (en tres facultades y carreras distintas) por el puro placer de estudiar. Que además tuviera la suerte de ejercer porque me apasionara una de ellas no fue sino meramente anecdótico: creo que si se une universidad y empresa se pierde el verdadero valor del históricamente tradicional mundo universitario, ese lugar al que ibas a saber.
Mi amiga Nuria ha decidido abortar. 28 años y sin pareja estable, no quiere ser madre y todo ha sido producto de un error. Folló sin condón y con un tipo del que no recuerda ni el color de sus ojos. Le he dicho que la ayudaré en lo que haga falta. Pero que yo opino que si te la juegas, no puedes agarrarte a la idea de abortar como solución en caso de que salgan torcidas las cosas. Es que es la segunda vez que la tengo que acompañar a mi ginecólogo que está entre esos médicos que falsificaron informes para poder enmendar errores ajenos.
Alaska sale en pelotas abanderillada en contra de la fiesta taurina. Yo opino que ya que le echas un par y estás dispuesta a explicarle al mundo entero que te repugna el toreo, tienes que tener la honestidad de no retocarte con el photoshop ni hacerte una foto de estudio que ya quisieran muchas modelos de pasarela. Me parece que muchos defienden sus ideales sin mancillar o incluso buscando mejorar su imagen. Y eso a mí, sí que me repugna.
800.000 firmas en favor del endurecimiento de las penas para los pederastas lleva ya acumuladas el padre de la tristemente fallecida Mari Luz, esa niñita de cinco años que fue a comprar chuches y acabó muerta a manos de un tipo al que la Seguridad Social le pasaba una pensión por ser esquizofrénico. Opino que hay una brutal confusión entre pederastia, pedofilia, psicópatas y guarros a secas. El pederasta practica sexo con púberes o aun más jóvenes, da igual si es pedófilo, psicópata, esquizofrénico o un guarro desviado. Afirmaciones tan categóricas como que todos reinciden son una burda mentira: precisamente depende de si la pederastia proviene de una pedofilia, psicopatía, esquizofrenia o no proviene de nada. En cualquier caso, endurecer las penas nunca está de más. En este país delinquir es tan barato que cada vez vamos a peor en cuanto a depravación y brutalidad criminal.
El sistema Bolonia que se está implementando paulatinamente en las Universidades para equiparar a países como España con el resto de países de la UE pretende que se estudie una profesión, y no una carrera. ¿Pero no teníamos la Formación Profesional para eso? Yo sólo fui a la Universidad (en tres facultades y carreras distintas) por el puro placer de estudiar. Que además tuviera la suerte de ejercer porque me apasionara una de ellas no fue sino meramente anecdótico: creo que si se une universidad y empresa se pierde el verdadero valor del históricamente tradicional mundo universitario, ese lugar al que ibas a saber.
Mi amiga Nuria ha decidido abortar. 28 años y sin pareja estable, no quiere ser madre y todo ha sido producto de un error. Folló sin condón y con un tipo del que no recuerda ni el color de sus ojos. Le he dicho que la ayudaré en lo que haga falta. Pero que yo opino que si te la juegas, no puedes agarrarte a la idea de abortar como solución en caso de que salgan torcidas las cosas. Es que es la segunda vez que la tengo que acompañar a mi ginecólogo que está entre esos médicos que falsificaron informes para poder enmendar errores ajenos.
¿Comentarios o foro de discusión?
Cuando se escribe algo como “nosotros lo hacemos constantemente” una se está refiriendo al nosotros en el que el yo va incluido. Así que todos los iluminados que en lugar de reflexionar un poco o pararse a pensar (que para el caso es lo mismo), acerca de la cantidad de emisión de juicios adivinatorios que se hacen a diario, se dedicaron a atacarme con sarna para decirme que yo también lo hago, les pediría que revisasen el nivel más básico de gramática castellana. Verán como cuando alguien utiliza “nosotros” se incluye, se incluye.
Después de leer unos cuantos comentarios agresivos que olvidaron lo del nosotros, el comentario que colmó el post fue el de no sé quién que directamente borré, porque estaba hasta las tetas de decir una y otra vez que obviamente yo me incluía en los juicios adivinatorios, que soy la primera en hacerlo, pero que yo procuro dejar de hacerlo, quizás sin éxito, lo que es mucho más que la mayoría.
Como no me apetecía repetir lo que ya dije varios comentarios antes, le fulminé directamente.
Y esto me ha dado pie a comentaros lo siguiente:
Como ya dije en su momento, la que aquí escribe es una persona con ciertos anhelos novelísticos sin duda correctamente frustrados.
De las personas de este submundo algunas me interesan novelísticamente y otras me interesan como personas porque he tenido la oportunidad de conocer a varias de ellas.
El resto para mí son lectores que me hacen el maravilloso favor de leerme y opinar.
A día de hoy sigo esperando una crítica objetiva acerca de lo que escribo, y eso que con entre este blog y el anterior, suman alrededor de 700 posts de lo más variados.
Ayer Nis me hizo el favor que llevo años esperando, corrigiéndome, diciéndome que había errado en la elección del ejemplo y había desviado la atención a temas absurdos como que si la hermana de la princesa de Asturias recibe una partida presupuestaria para vestiditos.
Por eso quiero públicamente expresar mi agradecimiento a esta comentarista.
El resto a veces aportáis con vuestras propias experiencias o abrís debates interesantes. O brilláis en algunos comentarios más que el propio post.
Pero yo abrí los comentarios no para crear un foro, sino para tener la opción de ser criticada en cuanto a escritora.
Tres años después, recibo mi primera crítica constructiva e inteligente.
Tres.
Eso sí, como persona a la que no conocéis de nada, os habéis puesto todos las botas criticando, atacando y machacando.
(estoy pensando muy seriamente en cerrar los comentarios. Nis me ha abierto una luz de esperanza...)





