Blogs.ya.com Quitar publicidad
VUELVE LA AMANTE
Entre las caza-maridos y las feas, existe Amanda.
Acerca de
La novia de mi ex dice que soy prepotente, chula y un poco guarrilla. Mi ex dice lo mismo, pero que a él le gusta. Luis dice que soy cursi y salida al mismo tiempo y que eso le pone y le enternece. Mi madre dice que soy demasiado pragmática y que deje de contarle mis aventuras sexuales, que está hasta el gorro de tanto amante. Mi amiga Sonia dice que soy una lanzada y que esconda mis hormonas, que así no hay manera de salir a la calle conmigo. Pero yo me quedo con lo que dice de mí mi vecino: "joder, ¡qué tetas!"
Sindicación
 
Querido Año Nuevo:

Papá Noël es un capullo y después de haberme dejado por quinto año consecutivo sin el A3 que le pedí, ya no me fío ni de los Reyes Magos, así quete voy a pedir a ti mis deseos para este 2008 y sirva como primera petición este grito desesperado: ¡QUIERO EL PUTO A3, SÓ RÁCANO!

Pero por si te parece excesivo, te daré otras opciones:

Quiero que este año Míster Claro encuentre novia y que esa novia sea yo. El pobre está muy solo y muy bueno, y se ha portado muy mal, así que para poder ser más malo todavía, me necesita a mí.

Por si has decidido que Míster Claro siga soltero y entero, también puedes ofrecerme a Luis para mí solita. Eso es tan fácil como que a su mujer le salga un trabajo en las Antillas y se tenga que largar. Tú tranquilo que yo le consolaré como mamá manda (o como mandan las mamadas.)

Si en las Antillas no hay ofertas de trabajo para la mujer de Luis, siempre puedes devolverme a Enrique y que a su novia le parta un rayo. Ya sé que no es fácil viviendo en la zona dónde menos llueve de toda España, pero tú con tu imaginación puedes suplir este desaguisado. Por ejemplo: que le atropelle un autobús, que un oso la ataque en una excursión o que una ballena haga con ella picadillo. No le hagas mucho daño, no seas cruel.

Previendo que la idea de cargarte a la novia de Enrique no es de tu agrado, te ofrezco muchas más posibilidades, para que luego digas que no soy flexible: una aventura con un cubanito sabrosón, otra aventura con un gentlemen inglés, una más con un sueco desmelenado, y después otra con un torero, con un Director de Banco, con un famoso, con un topmodel, con un butanero de los de verdad y con un intelectual doctorado por Harvard. El total asciende apenas a 8 aventurillas, bah, año nuevo, tú puedes con eso y más…

Pero si nada de esto resulta y al final me acabas dejando fiel a mi Luis con algún amante de fin de semana para poder descargar mi despecho, siempre puedes recurrir a la lotería del Niño y el A3 ya me lo compro yo.

Feliz año nuevo, yo pienso hacerlo nuevo de verdad.
 
20 cosas que una amante debería saber sobre las Navidades.

1. No, no existe un regalo que puedas dar a tu amante en Navidades que sea práctico, que le vaya a gustar, que no sea especialmente caro ni especialmente barato, y que pueda llevarse a casa sin que lo descubra su mujer.
2. El dependiente de El Corte Inglés no tiene ni idea de dónde está la sección de regalos para hombres casados.
3. Preguntarte por qué tiene el teléfono apagado en Nochebuena tiene esa respuesta que tú ya sabes.
4. No, no es buena idea llamarle después de las doce campanadas.
5. Y no, no te enfades si a ti precisamente no te coge el teléfono.
6. “Sola” no quiere decir “sin un hombre a mi lado”, así que torturarte diciéndote que estás sola en la comida de Navidad cuando tienes a toda tu familia cantando villancicos y tocando la zambomba a tu alrededor es una estupidez.
7. No, no tiene excusa posible para escaparse.
8. Enviarle un número de la lotería está bien, pero adjuntarlo a una notita en donde ponga “si nos toca te separas” ya no está tan bien.
9. Echar un polvo en fin de año con un tío taja cuando tú vas más taja aun, no se considera ponerle los cuernos a tu amante.
10. Comprarle un trenecito para sus hijos en Reyes es otra de las tonterías que nunca deberías ni pensar en hacer.
11. Sí, pasará todas las fiestas con su mujer.
12. Sí, se la follará aun empechado de turrón.
13. Te echará de menos más que nunca, aunque te lo dirá menos que nunca.
14. El teléfono no suena porque él no te va a llamar: ni le falta batería, ni cobertura, ni le han puesto un virus selectivo que impide sólo sus llamadas entrantes.
15. Decir “es que a mí lo que me gusta es follarme a hombres casados” es la mejor respuesta a la pregunta de tu tía “¿y tú por qué no te casas, reina?”
16. Si tú también estás casada, te toca cumplir.
17. Y si no lo estás, cumple también, mujer, y échate una canita al aire con el hermano de vecino.
18. Porque seas una amante sin posibilidad de ver a tu amado en quince días, no se justifica que te comas todo lo que te pongan en el plato y te agarres cuatro kilos de más.
19. Las Navidades no están pensadas para las mujeres felizmente casadas, si no para todas.
20. Tú te mereces disfrutar de tu gente tanto como él: así que hazlo.

Feliz Navidad, amantes.
 
Los hombres aman como los orgasmos femeninos y tienen orgasmos como aman las mujeres.

Muy en general, los hombres tienen una manera de amar que se parece mucho al orgasmo femenino: les cuesta llegar, pero cuando llegan, se mantienen durante mucho más tiempo y el desamor no es especialmente espectacular.

En cambio sus orgasmos se parecen más al amor femenino: rápidos, breves, y con finales bruscos que les llevan al periodo refractario en un santiamén.

No deja de ser curioso que tengamos que disfrutar de manera opuesta a cómo nos enamoramos: nosotras que somos tan complicadas para corrernos (menos yo, por ejemplo), nos enamoramos en un plís. Y en un plís también, nos desinflamos.

En ese momento de enamoramiento, somos un poco como hombres follando: esperamos que el otro responda a igual velocidad, nos ame hasta las trancas en dos citas, y si en tres se ha terminado nos da un poco igual, porque nosotras somos así.

Pero al hombre le cuesta llegar, y no es necesario presionar buscando el Te quiero a las primeras de cambio. Porque la realidad es que aman con bastante más inteligencia: una vez están arriba, como nuestros orgasmos, se mantienen, pueden bajar un poco pero volver a subir rápidamente, pueden tener multienamoramientos y, en resumen, saben hacer durar mucho más las relaciones… eso si llegan, claro, porque igual que existen anorgásmicas a montones, existen aenamorádicos a punta pala.

Nosotras amamos follando a lo bestia, ala, a correrse bien rápido. Pero cuando baja, cuando sentimos la desilusión, no hay más remedio que esperar un tiempo, pensar, reflexionar, un cartón de tabaco entero, y quizás volver a empezar.

Yo tengo suerte: me enamoro igual que tengo orgasmos, a lo rápido y fácil.

Y digo que tengo suerte, porque Luis, por ejemplo, ama como sus orgasmos: lento pero seguro, y perfectamente capaz de recuperarse con sólo volver a mirarle a los ojos y decirle: ¿volvemos al lío, cariño?
 
Disculpadme, ando muy ocupada.
La consulta se me llena en época pre-navideña.

He dicho bien: pre-Navidad.

Unas semanas antes de que los turrones te pongan kilos, los langostinos te quiten pasta y la familia te cree un ataque de melancolía del tipo “¿por qué coño no me fui a la India con la madre Teresa de Calcutta hace veinte años?” se acrecientan depresiones, ansiedades, agobios en general.

Elenita hace méritos de su sueldo de recepcionista y recepciona las llamadas casi diarias que piden primera visita.

La mayoría se siguen derivando a psiquiatría, pero en esta época de agobio-ya-vienen-las-jodidas-fiestas, sabe que muchas visitas han de pasar por psicología. Ella les llama “pacientes navidadfóbicos.” Me dice:

- Oye, Amanda, que te he puesto un navidadfóbico para las siete del viernes.

Cómo distingue a éstos de los pacientes psiquiátricos en una llamada es un misterio.

Su toma de datos inicial es parca: “¿motivo de consulta?”

Siempre he querido imaginar que al otro lado, alguien lloroso, triste y un pelín hasta el gorro, le decía: “las Navidades, reina, las Navidades.”

La realidad, y sin ánimo de menoscabar las problemáticas de mis pacientes, es que en estas fechas predominan los recuerdos dolorosos en quienes los tienen. Es como decirle a quien ha perdido a un ser querido, a quien está solo alejado de sus familiares en un país extraño, a quienes se sienten agobiados por los problemas económicos, a los que están pensando en un divorcio o a aquellos que están superando una separación, que esta Navidad no está pensada para ellos. Que son los raros, los solitarios, los dejados o los dejantes. Que la comida del 25 y la cena del 24 son obligaciones para recordarles lo triste que es su vida. Que no besarán felices a nadie en fin de año. Que los Reyes serán tan parcos en regalos, que se avergüenzan de acudir a esa comida del día 6 sin nada que ofrecer.

Entonces buscan el apoyo, la ayuda, el consuelo de un profesional. Para que alguien les recuerde que no están solos, que pueden besar a un amigo, que los regalos más grandes no los compra el dinero, que una Navidad con amigos puede ser tan divertida como aquella con los familiares tan alejados.

Y todos regresan después de fiestas, como las Rebajas de Enero, gorditos, rechonchos, con cierta felicidad manifiesta, solicitando un alta rápida.

Elenita me dice entonces:

- Amanda, mañana te viene un mágico.
- ¿Mágico? ¡Será un mago!
- No, no. Uno de esos que fueron navidadfóbicos y, en los que, como siempre, la Navidad ha obrado su magia.

Me gustan estas consultas pre-navideñas.

Me gustan porque son, sin duda, las únicas que no me duran nada.
 
Carlos (Capítulo 2.)
Llevábamos 18 meses sin vernos. Entretiempo habíamos charlado dos o tres veces. Me llamó cuando su ex novia le dejó y me llamó cuando quería dejar a su novia y no sabía si hacía lo correcto. Una vez le llamé yo porque estaba sola en su ciudad, después de una agotadora jornada de trabajo, y le pregunté si le apetecía acompañarme antes de tomar mi avión: dijo que no, otra vez tenía novia, pero esta, era celosa.

Así que allí estábamos después de tanto tiempo, sin novias ni amantes de por medio, compartiendo un vino y charlando de todo y de nada. Me preguntó que si el sentido estaba en el destino y le dije que no necesitaba buscar sentidos: que le bastaría con sentir. Me miraba como implorando comprensión. Y me enternecía esa mirada de niño en aquel cuerpo de hombre: ¿Crees que soy como Peter Pan, Amanda?

- Imposible: ¡con el pollón que tienes romperías todos los pantys verdes que te enfundaras!

Se rió por primera vez en las últimas dos horas. Así que en esa sonrisa dijo: “¿hacemos el amor?”

Nunca me han pedido sexo con tanto cariño. Quizás fuera sólo producto del cariño que siento por él, del que él siente por mí. O quizás sólo fuera porque ambos estábamos tan necesitados, él de sentirse abrazado, de ese “dime que todo va a ir bien, Amanda” que me pedía cuando hace meses él y yo creíamos que teníamos algo, cuando ese algo se lo había entregado totalmente a Luis, y necesitada yo de tenerle entre mis pechos, apoyado, como cuando le pedía que se dejara besar y nos quedábamos horas así, el uno en el otro, besando y siendo besado.

Lo que pasó a continuación fue como siempre en Carlos: pasión desbordada, orgasmos, gemidos, dame más, toma más, más adentro, te vas a enterar.

Pero después se recostó en mi cuerpo desnudo y dijo: “dime que todo va a ir bien, Amanda”.

- Deja que te bese.

Esta mañana, al regresar derrotada de tanto sexo y de tanto cariño, pensé que todos tenemos la oportunidad de volver a amar, ni que sea una sola vez más en la vida a quien ya hemos amado.

No hay continuidad posible. Es sólo el momento que nos brinda la vida de recuperar sensaciones que creímos acabadas.

O quizás sí, no tengo idea.

Me quedo con sus palabras a las siete de la tarde, cuando yo ya estaba de nuevo en mi ciudad, rutina arriba, rutina abajo:

- Gracias, Amanda, gracias. Cada una de tus palabras es mi reposo. Aunque saciarte me deje agotado, jodida.