Por qué los infieles no se separan y las amantes creen siempre que lo harán.
Este post viene al hilo de este otro (clic aquí.)
Parte 2: … y las amantes creen siempre que lo harán.
Ningún infiel se ha pronunciado en mi post anterior, y eso que me consta me leen muchos (algunos tratan de conseguir una cita conmigo, con más o menos éxito, todo sea dicho) lo que me hace suponer e inferir que estoy más que en lo cierto.
Pero vayamos a la parte femenina de la cuestión.
Perfil de la amante (ya veréis como encajo de puta madre):
- Mujer independiente, autónoma, con un alto concepto de sí misma, sin pareja, que vive la sexualidad con mucha libertad y probablemente atractiva (*), aunque habitualmente las amantes no son mujeres de bandera que compiten con esposas gordas con rulos en la cabeza y que salen a comprar el pan vestidas en batín, no no, en una gran mayoría de ocasiones, la amante no es una mujer espectacular, igual que es un mito ya desmontado el que sea mucho más joven que el infiel o su esposa. Que sea, en general, más joven, es lógico, la gran mayoría de relaciones entre hombres y mujeres son entre hombre mayores que esas mujeres.
Al tema.
Las amantes creen que ellos se separarán por dos motivos básicos.
a) los motivos de los infieles los encuentran completamente superables.
b) porque ellos les dicen que se van a separar.
En el caso a) entran en juego las interpretaciones que cada uno hace de sus decisiones, barreras y problemas. Por ejemplo: un casado acojonado por su mujer porque cree ella le va a matar si le cuenta su aventura, es un concepto para el cual la amante no está preparada. La amante cree que su infiel es un tío estupendo cachas y más fuerte que Superman, que puede con su mujer, con cualquiera que intente machacarlo, valiente y poderoso. Ya. Y también viste armadura y cabalga con un caballo blanco por la playa de San Lúcar, no te jode. Desengáñate, amante, tu casado del alma es tan cobarde frente a su esposa como lo prodías ser tú frente a cien cocodrilos en mitad del Amazonas. La valiente eres tú.
Cada una de las excusas del casado, las matiza la amante: si es un cómodo que no quiere problema alguno, ella piensa que estará más cómodo con ella. Si está aun enamorado de su mujer, ella piensa que le ama más a ella, si teme hacer daño a sus hijos, cree que sabrá separarse civilizadamente para no hacérselo… y así con todas las excusas que él ponga.
Bueno, pues ya es el momento de asumir una gran realidad: si él pone una excusa, es que no quiere separarse, no quiere estar contigo toda la vida, no quiere vivir contigo, no quiere dejar a su mujer ni a sus hijos, no quiere cambiar de vida y, en definitiva, no se va a separar jamás. Así que pido a todas las amantes que, por su salud mental, asuman completamente este hecho y dejen de soñar con vestiditos de novia: o son amantes o no son nada. Pero nunca serán segundas esposas.
El caso b), el que he titulado como “porque ellos les dicen que se van a separar” es mucho más sutil. Y es una putada.
Porque no hay manera más fácil para hacer creer a alguien algo, que hacerle creer aquello que anhela creer. Así que cuando el más jodido de los infieles, el “indeciso”, suelta su famoso “tú sabes que yo quiero separarme, pero no es el momento ahora”, tenemos a una amante con cuerda para meses que va soltando a sus amigas “sí, claro que se separará, pero no es el momento, que a su madre le ha dado un ataque de ansiedad.” El ridículo de la amante llega a estados insospechados:
- Es que no es el momento porque su hija se ha roto un pie.
- Es que no es el momento porque se ha perdido el perro.
- Es que no es el momento porque hay un escape de agua.
- Es que no es el momento porque el vecino se ha quedado sin cortacéspedes.
Cuando te oigas a ti misma decir esas chorradas, date por perdida: tu casado te tiene justo dónde te quiere tener.
A mí me han preguntado cientos de veces que cuándo se va a separar Luis.
Y yo contesto sin dudar ni un solo segundo: “nunca.”
Bien es cierto que Luis jamás ha puesto una excusa.
Luis lo dijo bien claro hace muchos años: “yo soy un hombre casado y voy a seguir estándolo.”
Quizás por eso sea el único infiel que merece una amante como yo. Porque ninguno de los dos se hace pajas mentales. De las otras, pues bastantes…
(*) Sacado del libro “Las otras”.
Parte 2: … y las amantes creen siempre que lo harán.
Ningún infiel se ha pronunciado en mi post anterior, y eso que me consta me leen muchos (algunos tratan de conseguir una cita conmigo, con más o menos éxito, todo sea dicho) lo que me hace suponer e inferir que estoy más que en lo cierto.
Pero vayamos a la parte femenina de la cuestión.
Perfil de la amante (ya veréis como encajo de puta madre):
- Mujer independiente, autónoma, con un alto concepto de sí misma, sin pareja, que vive la sexualidad con mucha libertad y probablemente atractiva (*), aunque habitualmente las amantes no son mujeres de bandera que compiten con esposas gordas con rulos en la cabeza y que salen a comprar el pan vestidas en batín, no no, en una gran mayoría de ocasiones, la amante no es una mujer espectacular, igual que es un mito ya desmontado el que sea mucho más joven que el infiel o su esposa. Que sea, en general, más joven, es lógico, la gran mayoría de relaciones entre hombres y mujeres son entre hombre mayores que esas mujeres.
Al tema.
Las amantes creen que ellos se separarán por dos motivos básicos.
a) los motivos de los infieles los encuentran completamente superables.
b) porque ellos les dicen que se van a separar.
En el caso a) entran en juego las interpretaciones que cada uno hace de sus decisiones, barreras y problemas. Por ejemplo: un casado acojonado por su mujer porque cree ella le va a matar si le cuenta su aventura, es un concepto para el cual la amante no está preparada. La amante cree que su infiel es un tío estupendo cachas y más fuerte que Superman, que puede con su mujer, con cualquiera que intente machacarlo, valiente y poderoso. Ya. Y también viste armadura y cabalga con un caballo blanco por la playa de San Lúcar, no te jode. Desengáñate, amante, tu casado del alma es tan cobarde frente a su esposa como lo prodías ser tú frente a cien cocodrilos en mitad del Amazonas. La valiente eres tú.
Cada una de las excusas del casado, las matiza la amante: si es un cómodo que no quiere problema alguno, ella piensa que estará más cómodo con ella. Si está aun enamorado de su mujer, ella piensa que le ama más a ella, si teme hacer daño a sus hijos, cree que sabrá separarse civilizadamente para no hacérselo… y así con todas las excusas que él ponga.
Bueno, pues ya es el momento de asumir una gran realidad: si él pone una excusa, es que no quiere separarse, no quiere estar contigo toda la vida, no quiere vivir contigo, no quiere dejar a su mujer ni a sus hijos, no quiere cambiar de vida y, en definitiva, no se va a separar jamás. Así que pido a todas las amantes que, por su salud mental, asuman completamente este hecho y dejen de soñar con vestiditos de novia: o son amantes o no son nada. Pero nunca serán segundas esposas.
El caso b), el que he titulado como “porque ellos les dicen que se van a separar” es mucho más sutil. Y es una putada.
Porque no hay manera más fácil para hacer creer a alguien algo, que hacerle creer aquello que anhela creer. Así que cuando el más jodido de los infieles, el “indeciso”, suelta su famoso “tú sabes que yo quiero separarme, pero no es el momento ahora”, tenemos a una amante con cuerda para meses que va soltando a sus amigas “sí, claro que se separará, pero no es el momento, que a su madre le ha dado un ataque de ansiedad.” El ridículo de la amante llega a estados insospechados:
- Es que no es el momento porque su hija se ha roto un pie.
- Es que no es el momento porque se ha perdido el perro.
- Es que no es el momento porque hay un escape de agua.
- Es que no es el momento porque el vecino se ha quedado sin cortacéspedes.
Cuando te oigas a ti misma decir esas chorradas, date por perdida: tu casado te tiene justo dónde te quiere tener.
A mí me han preguntado cientos de veces que cuándo se va a separar Luis.
Y yo contesto sin dudar ni un solo segundo: “nunca.”
Bien es cierto que Luis jamás ha puesto una excusa.
Luis lo dijo bien claro hace muchos años: “yo soy un hombre casado y voy a seguir estándolo.”
Quizás por eso sea el único infiel que merece una amante como yo. Porque ninguno de los dos se hace pajas mentales. De las otras, pues bastantes…
(*) Sacado del libro “Las otras”.
sms.
Ayer recibí el siguiente sms a las 00’07: “me voy a dormir, buenas noches. Te quiero (……), te quiero con locura.”
Podríamos reemplazar (……) por cualquier apelativo dirigido hacia mí: tesoro, princesita, cariño, mi vida, Amanda, incluso algo más picante: zorrita mía, cachondita, mi amante perfecta, mi fantasía sexual.
Pero la realidad es que el apelativo que se utilizó le dio un sentido muy distinto al sms, un sentido que lleva mucho tiempo siendo el sentido de mi vida.
Y es que era, exactamente, "mami."
Podríamos reemplazar (……) por cualquier apelativo dirigido hacia mí: tesoro, princesita, cariño, mi vida, Amanda, incluso algo más picante: zorrita mía, cachondita, mi amante perfecta, mi fantasía sexual.
Pero la realidad es que el apelativo que se utilizó le dio un sentido muy distinto al sms, un sentido que lleva mucho tiempo siendo el sentido de mi vida.
Y es que era, exactamente, "mami."
Por qué los infieles no se separan y las amantes creen siempre que lo harán.
Parte 1: por qué los infieles no se separan
A mi conocer profesional, personal y sexual (esto último no tiene nada que ver, pero siempre he creído que a la frase “es que yo soy de una manera en lo personal y de otra en lo profesional” le falta la coletilla “y otra más en lo sexual”), los infieles no se separan porque no quieren hacerlo.
Los motivos para elegir seguir casados en detrimento de volverse a casar con sus amantes, son variopintos pero similares en la esencia.
Infiel 1: “no me separo porque tampoco se está tan mal”. Alias, el práctico. Separarse, en el 90% de los casos es mucho peor que estar casado. Cuando llevas tiempo casado, tu vida sigue un patrón más o menos estable de casa, coche, niños, economías compartidas, compañía y situaciones sociales que desaparecen de un plumazo con el divorcio. Cámbiate de casa, prepárate a pelear, deja de ver a tus hijos diariamente, olvídate de ir acompañado a las bodas, escucha a tus padres decirte “ays, hijo, ¿dónde te llevará la vida ahora?”, regálale el coche a tu mujer y cómprate un bono bus, ahorra para la pensión compensatoria y la alimenticia. Y ¿todo eso por una amante que, en cuanto sepa que te has separado, se convertirá en lo mismo que se ha convertido tu mujer? Bah, mejor una amante y me quito todos los problemas de encima.
Infiel 2: “no me separo porque no quiero hacer daño a mis hijos”. Alias el megasensible. Han visto a los hijos de sus amigos divorciados ponerse piercings en la lengua y en los pezones, emborracharse en el botellón de la esquina y ganarse tres expulsiones de tres colegios distintos. Todos los hijos de sus amigos divorciados van a terapia, y varios de ellos ya no hablan con sus padres. Han visto en “El Diario de Patricia” a algunos padres llorando pidiendo a sus hijos que vuelvan a quererles. Y, ¿todo esto por follar más a menudo y tener cariñitos? Bah, mejor una amante y mantengo a mis hijos felices.
Infiel 3: “no me separo porque mi mujer no me lo perdonaría”. Alias el cobarde. Todas las veces en que se ha comentado la posibilidad de una separación, su mujer les ha amenazado con quitarles hasta los ojos, les han llamado cabrón hijo de puta como me entere yo de que estás con otra te corto la picha y se la doy de cenar al perro, y si ella se pone así sólo porque han mencionado que las cosas no son como antes, imagina la reacción si le dicen que se van con otra. Y ¿todo eso por una amante que se pone igual de histérica cuando le dicen que esa noche no pueden escaparse? Bah, mejor tener una amante y mantener la polla intacta.
Infiel 4: “no me separo porque a mi mujer la quiero”. Alias el se puede amar a dos mujeres al mismo tiempo. Cuando su esposa les prepara una cena y les pide sexo una vez al mes, se les cae la baba, cuando les habla de otra cosa que no sean potitos y pañales, se derriten, cuando se van de viaje solos y follan dos veces al día, se sienten los más afortunados del mundo. Y, ¿perder todo eso porque una amante hace todas esas cosas pero mucho más a menudo? Bah, mejor tener a ambas y estoy más que servido.
Infiel 5: “no me separo porque … pues no tengo ni idea.” Alias el indeciso. Hoy sí me separo, pero no, porque no lo tengo claro, pero sí, porque quiero hacerlo, pero se lo digo hoy, pero hoy no mejor mañana, bueno, espero a que pase la comunión de la niña y me separo, Bueno, ya puestos, mejor a la boda de la niña. Coño, ahora no es buen momento porque la niña bautiza al nieto. ¿Y tanto comerse la cabeza por una amante? Bah, mejor amante y esposa y lo de separarme lo hablamos después de follar.
En resumen, el infiel no se separa porque no quiere hacerlo, y cuando lo hace es, en realidad, porque ni es un cobarde, ni un hipersensible, ni práctico, ni cree que se pueda amar a dos mujeres al mismo tiempo, ni está indeciso. Si se separa es porque no puede soportarlo más y además, es un poco idiota: no sabe lo que le espera…
Versión real y versión ficticia.
1. La realidad.
Hace unos cuantos años, pero no los suficientes como para definirme como una veinteañera…
Mauri me llama a las ocho de la tarde y me pregunta que si tengo plan. Pues no, ¿por? Es que ha venido mi amigo Raúl de Madrid a pasar un par de días aquí y bla blá. Ah, vale. ¿Y quién coño es tu amigo Raúl? Pues un amigo. Pues bueno, ¿y qué más? Pues que nos vamos a cenar los cuatro, Raúl, mi novia (la misma que unos años más tarde me dejará con lo puesto, sin piso, sin poder ver a mis hijos más que en fines de semana alternos y pagando una pasta para mantenerla) tú y yo. Bueno, vaaaleeee.
Joder, ¿¿este es Raúl?? Está tan bueno, que me lo voy a merendar en cuanto se descuide. Y Raúl que se descuida. Ala morreos en plena discoteca. Mauri descojonado, besuqueando y dedicando risitas cómplices a la mala puta que le hundirá en la miseria. Raúl, ¿me vas a follar? Sí. Mauri, ciao ciao, besitos, me voy y por cierto, Raúl duerme en mi casa, no en la tuya.
Ole, además de guapo, inteligente, mordaz, irónico, tiene un miembro fenomenal. Y qué bien lo usa. Y la lengua. Oh, los dedos también. Ah, jodido, sigue, te voy a asfixiar esta noche bajo mi pasión.
Desayuno: café, tostadas, besos, otro polvo en la cocina, y otro más para despedirnos. Este tío es la bomba. Hasta otra Raúl. Si vienes por Madrid, llámame. Claro, claro. Un morreo en el descansillo, mmm, sabe rico. Le veo marchar, con su ropa con olor a tabaco rancio, pero qué culo le hacen los vaqueros… Uauauuuu, cuando se lo cuente a mis amigas no se lo van a creer.
Raúl sigue en mi ciudad, se va en dos días, voy a mandarle un sms, simpático, sin intenciones, sólo agradecerle la noche, ha sido fantástica. Ahí va: “Hola bonito, lo pasamos bien, ¿verdad? Desde hoy Madrid me gusta mucho más.”
Beep, beep. Oh, contesta, que mono. Respuesta: “sí, lo pasamos bien. Pero no busco una relación estable ahora mismo, lo siento. Un beso, te deseo lo mejor.”
Pensamiento: este tío es gilipollas. Fin de la historia real.
2. La fantasía.
Nos quedamos en que yo le he mandado un sms. Y él contesta: “Sí, lo pasamos bien. Ya sabes que cuando quieras tienes un buen amigo (y lo que se tercie), en Madrid.”
Amanda fue a Madrid pero nunca le llamó: los polvos de una noche son polvos de una noche, pero… ¿a qué hemos quedado los dos de puta madre?
Pues ale, menos tonterías y dejad el puñetero rollo del compromiso, el noviazgo y la mujer liberada que manda un sms cariñoso y educado buscando marido, y empezad a cerrar la boquita, que ni todas usamos el sexo para enganchar pareja, ni folláis tan bien.
3. Epílogo.
Meses más tarde, coincidí de nuevo con Raúl. Le definí como un chulo prepotente cuando, en mitad de una cena, nos dio por hablar de lo que pensábamos los unos de los otros. Raúl me cazó más tarde en la barra y me preguntó por qué había dicho aquello.
Fácil, querido: si yo hubiera querido una relación estable contigo, jamás te hubiera mandado un sms diciéndote que Madrid me gustaba mucho más. Te hubiera dicho que quiero una relación estable, y precisamente por eso, no te hubiera dejado follarme como un poseso contra la pared: te hubiera conocido antes.
Al final nuestros criterios son muy similares a los vuestros: polvo es polvo, y futuro es futuro.
Sólo a veces, muy pocas, yo recuerdo ahora mismo tres en toda mi vida, tras una relación esporádica y sin mayores pretensiones, sientes que quieres conocer a esa persona en otra situación que no sea únicamente una polla moviéndose sobre ti o dentro de ti. Y para eso no nos hacen falta vuestras sentencias: si eso queremos, lo decimos. Y si va a ser que no, no nos vamos a hundir. Por cierto, de esas tres veces, sigo manteniendo la estabilidad inestable del amor de Luis.
Pintar a falta de sexo.
Hoy tenía ganas de echar un polvo y lo que he hecho es pintar la habitación. Doy gracias a vete a saber cuál de mis vecinos por dejar en el armario comunitario un bote de 5 kilos de pintura – una – capa color amarillo Sahara: si llega a olvidarse uno color caca diarrea hubiera pintado la habitación igual, pero me hubiera quedado mucho más cutre.
Mientras pintaba, pensaba…
Muchos hombres tienen la tendencia a pensar que cuando las mujeres queremos echar un polvo lo tenemos mucho más fácil que ellos, ¡Já!
A partir de una cierta edad, si te lanzas a tener una aventura pasajera y decides, como buena mujer liberada, y porque te has leído el Cosmopolitan enterito, especialmente ese artículo en que decían que las mujeres liberadas toman la iniciativa, proponerle a un tío cualquiera echar un polvete, lo más probable es que él piense que buscas marido.
Paréntesis: maticemos “cualquiera”: los hombres tampoco desean acostarse con la primera petarda fea y gilipollas que se les acerque, y por eso nosotras también tenemos ciertos criterios de descarte, como que no tenga pinta de baboso de esos que parecen no haber follado en años, o de feo troglodita que te lo imaginas encima de ti y te sientes de pronto como chafada bajo un tonel. Fin del paréntesis.
Así que una de dos: o sale huyendo creyendo que estás como una cabra por haberte supuestamente enamorado de él en medio minuto o te dice que sí y al día siguiente te pregunta cuándo puede presentarte a sus padres.
O peor: a pesar de que él también ha leído el Cosmopolitan y que a sus amigos les ha contado que está hasta el gorro de tomar la iniciativa y se muere por una mujer que la tome, cuando se encuentra en la situación lo que piensa es que eres una puta y en la cama te trata como tal. No no no: querer echar un polvo es mucho más que una acción de mete saca gritando “fóllame fóllame oh oh así así que bien lo haces, ala, cabálgame fuerte.” Cuando tienes esa necesidad tienes ganas de piel, de beso, de emoción, de pasión. Tienes ganas de sorpresa, de aventura, de vibrar, de un hombre a tu lado entregado, de entregarte a él, de sentirte deseada, de no pensar en el mañana, de disfrutar de una situación diferente, extraordinaria, maravillosa, de amar en concentrado, de vulnerar las Leyes del sexo sujeto al futuro. De ser, en definitiva, concreta y esporádicamente feliz.
Creo que uno de mis grandes defectos en la cama es que me entrego con tanto cariño que demasiados suelen creer que una mujer tan entregada, ni que sea en una primera noche, es porque está enamorada.
Vale: lo estoy en el momento. Pero se me pasa rápido.
Yo no sé follar por follar, porque para tener orgasmos, lo paso mucho mejor con mi colección de juguetes sexuales y mis vídeos porno clasificados por géneros (tíos buenos, tíos regulares, pollas grandes y pollas juguetonas), yo sé acompañar y compartir a un hombre en un momento de pasión.
Y a veces, al despertar, siento que mi momento de creencia amorosa transformada en sexo, es una creencia que perdura, ¡vaya mierda! De este sí me he enamorado.
Pero es sólo a veces.
La mayoría de las otras, tal cual finaliza mi momento “necesito echar un polvo” olvido esa necesidad y necesito los brazos de mi hija, volver a mi rutina, volver a mi soledad, o volver a mi vida.
Por eso hoy he pintado mi habitación.
¿Qué hombre iba a prestarse a amarme durante dos horas, besarme el cuerpo, sorber mi deseo, disfrutar de mis caricias, aceptar sin miedo un “sigue, mi amor, sigue”, sentirme temblar, verme incluso llorar cuando me siento tan perfectamente follada que me siento feliz, de nuevo, en concentrado?
Y después asumir, sin desdén ni desprecio, que yo tengo mi reposo siempre en otros brazos y que mi mente está en otro hombre y que a veces cierro los ojos y le veo a él, sólo a él, y ese hombre que pudiera estar satisfaciendo también, su necesidad, no es más que un uso y disfrute de exquisita calidad.
No. Creo que lo que se ofrece rápido y fácil es una mierda y pocos se prestan al juego de sentirse querido a través de las lenguas y las manos y las miradas de deseo.
Me voy a pintar un par de estanterías, disculpadme…
Mientras pintaba, pensaba…
Muchos hombres tienen la tendencia a pensar que cuando las mujeres queremos echar un polvo lo tenemos mucho más fácil que ellos, ¡Já!
A partir de una cierta edad, si te lanzas a tener una aventura pasajera y decides, como buena mujer liberada, y porque te has leído el Cosmopolitan enterito, especialmente ese artículo en que decían que las mujeres liberadas toman la iniciativa, proponerle a un tío cualquiera echar un polvete, lo más probable es que él piense que buscas marido.
Paréntesis: maticemos “cualquiera”: los hombres tampoco desean acostarse con la primera petarda fea y gilipollas que se les acerque, y por eso nosotras también tenemos ciertos criterios de descarte, como que no tenga pinta de baboso de esos que parecen no haber follado en años, o de feo troglodita que te lo imaginas encima de ti y te sientes de pronto como chafada bajo un tonel. Fin del paréntesis.
Así que una de dos: o sale huyendo creyendo que estás como una cabra por haberte supuestamente enamorado de él en medio minuto o te dice que sí y al día siguiente te pregunta cuándo puede presentarte a sus padres.
O peor: a pesar de que él también ha leído el Cosmopolitan y que a sus amigos les ha contado que está hasta el gorro de tomar la iniciativa y se muere por una mujer que la tome, cuando se encuentra en la situación lo que piensa es que eres una puta y en la cama te trata como tal. No no no: querer echar un polvo es mucho más que una acción de mete saca gritando “fóllame fóllame oh oh así así que bien lo haces, ala, cabálgame fuerte.” Cuando tienes esa necesidad tienes ganas de piel, de beso, de emoción, de pasión. Tienes ganas de sorpresa, de aventura, de vibrar, de un hombre a tu lado entregado, de entregarte a él, de sentirte deseada, de no pensar en el mañana, de disfrutar de una situación diferente, extraordinaria, maravillosa, de amar en concentrado, de vulnerar las Leyes del sexo sujeto al futuro. De ser, en definitiva, concreta y esporádicamente feliz.
Creo que uno de mis grandes defectos en la cama es que me entrego con tanto cariño que demasiados suelen creer que una mujer tan entregada, ni que sea en una primera noche, es porque está enamorada.
Vale: lo estoy en el momento. Pero se me pasa rápido.
Yo no sé follar por follar, porque para tener orgasmos, lo paso mucho mejor con mi colección de juguetes sexuales y mis vídeos porno clasificados por géneros (tíos buenos, tíos regulares, pollas grandes y pollas juguetonas), yo sé acompañar y compartir a un hombre en un momento de pasión.
Y a veces, al despertar, siento que mi momento de creencia amorosa transformada en sexo, es una creencia que perdura, ¡vaya mierda! De este sí me he enamorado.
Pero es sólo a veces.
La mayoría de las otras, tal cual finaliza mi momento “necesito echar un polvo” olvido esa necesidad y necesito los brazos de mi hija, volver a mi rutina, volver a mi soledad, o volver a mi vida.
Por eso hoy he pintado mi habitación.
¿Qué hombre iba a prestarse a amarme durante dos horas, besarme el cuerpo, sorber mi deseo, disfrutar de mis caricias, aceptar sin miedo un “sigue, mi amor, sigue”, sentirme temblar, verme incluso llorar cuando me siento tan perfectamente follada que me siento feliz, de nuevo, en concentrado?
Y después asumir, sin desdén ni desprecio, que yo tengo mi reposo siempre en otros brazos y que mi mente está en otro hombre y que a veces cierro los ojos y le veo a él, sólo a él, y ese hombre que pudiera estar satisfaciendo también, su necesidad, no es más que un uso y disfrute de exquisita calidad.
No. Creo que lo que se ofrece rápido y fácil es una mierda y pocos se prestan al juego de sentirse querido a través de las lenguas y las manos y las miradas de deseo.
Me voy a pintar un par de estanterías, disculpadme…
Medio regreso.
A veces soy de un cursi pasteloso que me asusto hasta yo (hay que ver que hortera me salió el post del "no me olvides.")
Breve resumen en cifras de mis vacaciones:
Media de cigarrillos fumados al día: perdí la cuenta en el 32.
Media de Chivas 12 años con hielo diarios: perdí la cuenta en el ocho. O más bien, perdí el norte.
Media de moscones ahuyentados: dos.
Media de moscones no ahuyentados: de estos también perdí la cuenta.
Comunidades en dónde tengo casa "el día que tú quieras": siete.
Kilos ganados: cinco, un verdadero honor a la Señora Gula y Como Lo Que Me Da La Gana.
Euros perdidos: muchos.
Kilómetros andados: si por andar se entiende ir de la barra al WC, pues unos cinco o seis.
Canciones bailadas: imposible hacer la cuenta.
Polvos echados: ja, a vosotros os lo voy a contar.
Siete Ferias de Málaga, y sigo pensando que ya no tengo edad, ya no tengo edad...
Breve resumen en cifras de mis vacaciones:
Media de cigarrillos fumados al día: perdí la cuenta en el 32.
Media de Chivas 12 años con hielo diarios: perdí la cuenta en el ocho. O más bien, perdí el norte.
Media de moscones ahuyentados: dos.
Media de moscones no ahuyentados: de estos también perdí la cuenta.
Comunidades en dónde tengo casa "el día que tú quieras": siete.
Kilos ganados: cinco, un verdadero honor a la Señora Gula y Como Lo Que Me Da La Gana.
Euros perdidos: muchos.
Kilómetros andados: si por andar se entiende ir de la barra al WC, pues unos cinco o seis.
Canciones bailadas: imposible hacer la cuenta.
Polvos echados: ja, a vosotros os lo voy a contar.
Siete Ferias de Málaga, y sigo pensando que ya no tengo edad, ya no tengo edad...
Nos vamos.
La ilusión de descansar, la de disfrutar, el deseo de encontrarme de nuevo con mi tierra de alma, la alegría, el descanso, la emoción de la aventura, mis amigos y yo.
Algunos regresaremos.
Los otros, se quedarán en el recuerdo.
Nos vamos felices, todos juntos.
De vacaciones.
Algunos regresaremos.
Los otros, se quedarán en el recuerdo.
Nos vamos felices, todos juntos.
De vacaciones.
No me olvides.
No me olvides, por favor te lo pido. No importa si vuelves o no lo haces nunca. Pero no me olvides.
Yo te estaré esperando, creyendo que no me olvidas. Será como mi ilusión, pero sin mi esperanza. Seguiré pensando que simplemente, te fuiste de vacaciones. Largas o quizás eternas. Deseando regreses de ellas.
Sin conexión. O sin sintonía. Pero recordándome.
Cada noche vivida y cada conversación escrita. Las que no escribimos también. Las que callamos, las que soñamos tener. Las que quisimos tener. Y las que hubiéramos querido no pronunciar.
Tu lugar no está a mi lado, y lo sé. Pero está en mi fantasía. Como si todo hubiese sido perfecto. Como si nunca nos hubiésemos quedado sin Internet.
Piénsame. Masturbándote o llorándote. Piénsame en otras mujeres. O si quieres hazlo en otros hombres, los que yo estaré besando mientras te pienso.
No me pienses si no quieres, es demasiado fácil, dejar de querer pensar y luego pensar si quieres. Sé libre. Para amar, para odiar, para no sentir nada. Para sonreír cuando me recuerdes o excitarte cuando mi cuerpo vuele hacia el tuyo en tus eróticos sueños.
Pero no te quiero libre para olvidarme. Te quiero preso. De mi recuerdo.
Porque yo te pienso todos los días.
Porque yo no te olvido.
Porque vuelvas o no, yo no echo al fuego ni uno sólo de los besos que me diste, por muy fría que sean mis mañanas tristes desde que te fuiste.
Sí, lo sé, esta última frase no es mía, la cantó Serrat, y yo no sé cantar.
Pero sé que lo único que quiero de ti es que no me olvides.
Aunque no vuelvas a mezclarte, perfecto, entre mis sábanas.
Y no es amor, es egoísmo. Es el egoísmo de querer ser, para ti, tu recuerdo.
Psicoanalistas de andar por casa (versión 2 para H&M y similares.)
En psicología puedes elegir el tipo de terapeuta que serás en función del tipo de terapia que utilices: puedes ser psicoanalista y esto quiere decir que te crees lo que dijo Freud, Melanie Klein y Ericsson. O puedes ser cognitivista y creerte lo que dijeron Beck y Ellis.
Si eres psicoanalista te crees que cualquier problema que tiene tu paciente es porque se enamoró de su madre y odiaba a su padre porque se la follaba. Y que no asume la mierda que ha vivido, que lo que ha hecho es olvidar toda esa mierda. Así que la terapia consiste en que saque su mierda y tu mientras escribes en una hoja y dices ahá y mmm y también “oh, eso es porque odias a tu padre.”
Si eres cognitivista te crees que los problemas de tu paciente son a causa de que se come la cabeza y piensa chorradas del tipo “si este tío no me llama es porque soy un asco.” Y la terapia consiste es demostrarle que no tiene ni idea de por qué el tío no le llama y que decir que es un asco es una tontería porque será un asco para algunas cosas, pero uno no puede ser un asco todos los días de su vida, por ejemplo, si le sale rica la paella pues es un genio haciendo paella.
Los neurotransmisores son unos liquiditos que se derraman por nuestro cerebro según lo que pensemos. Si pensamos en una cucaracha asquerosa dando tumbos por la cocina, pues se accionará un neurotransmisor que provocará una sensación de asco, pero que no es que el asco lo seamos nosotros, eh?
Por eso podemos hacer dos cosas que es o manipular un poquito los neurotransmisores pensando cosas que accionen neurotransmisores que siente muy bien, o meterse un chute de prozac que para el caso es lo mismo.
Follar mucho y bien es otra solución, pero bueno, para saber eso no hace falta ser psicólogo.
A mí no me gustan los hombres que te dicen lo que te pasa como si te hicieran un psicoanálisis y te dicen que “a ti te han hecho mucho daño” como si te hubieran descubierto el mundo. Porque vamos, para decir tal estupidez, pues es mejor que te echen un polvo y ya está. Bueno, dos.
Os aseguro que es mil veces más eficaz una buena comidita de coño que un psicoanálisis barato.
Así que cuando a mí me dicen lo del daño y lo del necesitas mucho cariño, pues yo les digo que si con eso se creen que me voy a ir a casa reflexionando la frasecita y voy a escribir en mi blog “hola soy Amanda y ahora lo entiendo todo, a mí me ha hecho mucho daño y necesito mucho cariño” pues no.
Pero bueno, que si después va el polvo fantástico, que yo les escucho, asiento, que sí, que sí, que me has descubierto el mundo, oh, que he hecho todo este tiempo viviendo sin saber que me han hecho mucho daño, pero oye, ¿echamos ya un polvo y nos dejamos de hostias?
No es exactamente así, pero seguro que ahora lo entiendes, ¿verdad H?
Si eres psicoanalista te crees que cualquier problema que tiene tu paciente es porque se enamoró de su madre y odiaba a su padre porque se la follaba. Y que no asume la mierda que ha vivido, que lo que ha hecho es olvidar toda esa mierda. Así que la terapia consiste en que saque su mierda y tu mientras escribes en una hoja y dices ahá y mmm y también “oh, eso es porque odias a tu padre.”
Si eres cognitivista te crees que los problemas de tu paciente son a causa de que se come la cabeza y piensa chorradas del tipo “si este tío no me llama es porque soy un asco.” Y la terapia consiste es demostrarle que no tiene ni idea de por qué el tío no le llama y que decir que es un asco es una tontería porque será un asco para algunas cosas, pero uno no puede ser un asco todos los días de su vida, por ejemplo, si le sale rica la paella pues es un genio haciendo paella.
Los neurotransmisores son unos liquiditos que se derraman por nuestro cerebro según lo que pensemos. Si pensamos en una cucaracha asquerosa dando tumbos por la cocina, pues se accionará un neurotransmisor que provocará una sensación de asco, pero que no es que el asco lo seamos nosotros, eh?
Por eso podemos hacer dos cosas que es o manipular un poquito los neurotransmisores pensando cosas que accionen neurotransmisores que siente muy bien, o meterse un chute de prozac que para el caso es lo mismo.
Follar mucho y bien es otra solución, pero bueno, para saber eso no hace falta ser psicólogo.
A mí no me gustan los hombres que te dicen lo que te pasa como si te hicieran un psicoanálisis y te dicen que “a ti te han hecho mucho daño” como si te hubieran descubierto el mundo. Porque vamos, para decir tal estupidez, pues es mejor que te echen un polvo y ya está. Bueno, dos.
Os aseguro que es mil veces más eficaz una buena comidita de coño que un psicoanálisis barato.
Así que cuando a mí me dicen lo del daño y lo del necesitas mucho cariño, pues yo les digo que si con eso se creen que me voy a ir a casa reflexionando la frasecita y voy a escribir en mi blog “hola soy Amanda y ahora lo entiendo todo, a mí me ha hecho mucho daño y necesito mucho cariño” pues no.
Pero bueno, que si después va el polvo fantástico, que yo les escucho, asiento, que sí, que sí, que me has descubierto el mundo, oh, que he hecho todo este tiempo viviendo sin saber que me han hecho mucho daño, pero oye, ¿echamos ya un polvo y nos dejamos de hostias?
No es exactamente así, pero seguro que ahora lo entiendes, ¿verdad H?
Psicoanalistas de andar por casa.
(dedicado a Nacho, a Escéptico y a unos cuantos más, con todo mi cariño.)
A mí esto de la psicología me desconcierta y me apasiona a partes iguales: cuando escuché por primera hablar de la influencia de los neurotransmisores en los pensamientos, estados de ánimo y conductas, y entendí el mecanismo de la sinapsis, me quedé boquiabierta durante tantos días que decidí empaparme de todo lo que hubiera escrito acerca de los funcionamientos cerebrales y las modificación de éstos en pos de un control emocional.
Esto me sirvió para dos cosas: la primera fue creer que nosotros sentimos según pensamos (teoría cognitiva impulsada por Ellis y Beck) y la segunda fue para caer en la certeza de que cuando hablas de psicología nadie conoce a Beck y todo diós conoce a Freud, cuyas teorías son como para darle de comer aparte, al hombrecito.
Entre otras cosas, Freud desestimó completamente los mecanismos neuronales como parte activa en nuestras emociones y redujo los trastornos mentales a las influencias ambientales, focalizadas en la figura del padre y de la madre especialmente.
También tiene afirmaciones que son verdaderas joyas: que la mujer que no consigue orgasmos vía vaginal y necesita la estimulación del clítoris es inmadura sexualmente, que los niños pequeños chupan cuantos objetos tengan a mano en un pre a sus intereses sexuales (esto lo aplicó también a lo que él llama “la fase anal”, donde aparentemente los bebés adoran cagar por el placer que les produce), que todos deseamos acostarnos con nuestras madres y secretamente odiamos a nuestros padres porque ellos sí lo hacen (el famoso “complejo de Edipo”) y que somos todos unos reprimidos sexuales y unos salidos al mismo tiempo.
De dónde se sacó esas teorías permanece aun entre los grandes misterios de la humanidad: ni uno solo de sus libros corrobora ni demuestra científicamente sus afirmaciones y los resultados del psicoanálisis siguen quedando en entredicho un siglo y pico después de ser la terapia de elección de los psicólogos clínicos privados. Ejemplos fáciles son Woody Allen y sus 22 años de psicoanálisis (el día que le den el alta, tendremos que celebrarlo de alguna manera) o Marilyn Monroe que tras cinco años de terapia acabó como acabó.
Para daros alguna pista del porqué sigue siendo la terapia de elección, mencionar que dura mínimo dos años, a sesión semanal y se cobra entorno a los 80 euros. Haced cálculos. Pero sería injusto creer que existe una motivación meramente económica: en algunos ámbitos de la seguridad social se llegó a utilizar. También está la manera de hacer terapia: básicamente el terapeuta no hace nada. Escucha, asiente, mmm, ahá, entiendo. Y ya está. Es el paciente el que va diciéndoselo todo y creando sus propias interpretaciones acerca de lo que le ocurre o deja de ocurrir.
Desde luego mucho más sencillo que hacer entender a un paciente que cree que es inútil que su pensamiento distorsionado es la causa de sus emociones, obligarle a hacer ejercicios, desmontarle sus argumentos para demostrarle los errores cognitivos, conducirle, guiarle, apoyarle, buscar técnicas nuevas, no bajar la guardia, controlar el proceso, evaluar constantemente la evolución, diagnosticar… y a todo eso, los pacientes se te “curan” en seis meses como mucho y a menos de 35 euros la sesión. En fin… lo mío no es que sea la ciencia, es ser idiota.
El caso es que al psicoanálisis se apunta cualquiera. Basta con interpretar. Todo se relaciona con los dos clásicos del interpretador de pastel: “se nota que te han hecho mucho daño” y “lo que te pasa es que estás muy necesitada de cariño.”
Bueno, yo no creo en el psicoanálisis, ni en las interpretaciones. Mis sueños son claros y esclarecedores, no hay nada que interpretar si sueño que se la estoy comiendo a Luis mientras me está follando Mr.
Por supuesto que me han hecho daño, no hace falta que nadie me lo diga, soy muy consciente de ello, pero vamos, que no me han hecho un daño insoportable ni gratuito. Perder a mi hermana me hizo daño y cuando Enrique me dejó estando totalmente enamorada, pues me dolió que te cagas, ya he contado anteriormente que pasé dos años con una depresión de caballo, porque yo quería a Enrique, quería vivir con él el resto de mis días. Pero la realidad es que sigo hablando con Enrique habitualmente siete años después y me parece un tío tonto y muy pesado.
Y también me dolió echar de mi casa a mi ex marido porque ya no podía soportarle. O aguantar a algún que otro jefe cabrón. O incluso alguna amiga con mala leche que se intentaba follar a mi novio (vaya usted a saber si lo consiguió.)
Y también, pues sí, estoy necesitada de cariño. Me gusta que me adulen, me quieran, me busquen, me persigan, me deseen, me inviten a cenar, me digan que se han enamorado de mí, me hagan el amor con mucha ternura y mucha pasión.
Por eso el psicoanálisis de pastel no tiene grandes efectos conmigo. Los miro cuando me lo dicen, les escucho un rato, y después pregunto: “¿sabes por qué funciona el Prozac? Porque la serotonina no entiende ni de padres ni de madres, ni de traumas ni de afectos. Entiende de lo que realmente importa: tu cerebro.”
A mí esto de la psicología me desconcierta y me apasiona a partes iguales: cuando escuché por primera hablar de la influencia de los neurotransmisores en los pensamientos, estados de ánimo y conductas, y entendí el mecanismo de la sinapsis, me quedé boquiabierta durante tantos días que decidí empaparme de todo lo que hubiera escrito acerca de los funcionamientos cerebrales y las modificación de éstos en pos de un control emocional.
Esto me sirvió para dos cosas: la primera fue creer que nosotros sentimos según pensamos (teoría cognitiva impulsada por Ellis y Beck) y la segunda fue para caer en la certeza de que cuando hablas de psicología nadie conoce a Beck y todo diós conoce a Freud, cuyas teorías son como para darle de comer aparte, al hombrecito.
Entre otras cosas, Freud desestimó completamente los mecanismos neuronales como parte activa en nuestras emociones y redujo los trastornos mentales a las influencias ambientales, focalizadas en la figura del padre y de la madre especialmente.
También tiene afirmaciones que son verdaderas joyas: que la mujer que no consigue orgasmos vía vaginal y necesita la estimulación del clítoris es inmadura sexualmente, que los niños pequeños chupan cuantos objetos tengan a mano en un pre a sus intereses sexuales (esto lo aplicó también a lo que él llama “la fase anal”, donde aparentemente los bebés adoran cagar por el placer que les produce), que todos deseamos acostarnos con nuestras madres y secretamente odiamos a nuestros padres porque ellos sí lo hacen (el famoso “complejo de Edipo”) y que somos todos unos reprimidos sexuales y unos salidos al mismo tiempo.
De dónde se sacó esas teorías permanece aun entre los grandes misterios de la humanidad: ni uno solo de sus libros corrobora ni demuestra científicamente sus afirmaciones y los resultados del psicoanálisis siguen quedando en entredicho un siglo y pico después de ser la terapia de elección de los psicólogos clínicos privados. Ejemplos fáciles son Woody Allen y sus 22 años de psicoanálisis (el día que le den el alta, tendremos que celebrarlo de alguna manera) o Marilyn Monroe que tras cinco años de terapia acabó como acabó.
Para daros alguna pista del porqué sigue siendo la terapia de elección, mencionar que dura mínimo dos años, a sesión semanal y se cobra entorno a los 80 euros. Haced cálculos. Pero sería injusto creer que existe una motivación meramente económica: en algunos ámbitos de la seguridad social se llegó a utilizar. También está la manera de hacer terapia: básicamente el terapeuta no hace nada. Escucha, asiente, mmm, ahá, entiendo. Y ya está. Es el paciente el que va diciéndoselo todo y creando sus propias interpretaciones acerca de lo que le ocurre o deja de ocurrir.
Desde luego mucho más sencillo que hacer entender a un paciente que cree que es inútil que su pensamiento distorsionado es la causa de sus emociones, obligarle a hacer ejercicios, desmontarle sus argumentos para demostrarle los errores cognitivos, conducirle, guiarle, apoyarle, buscar técnicas nuevas, no bajar la guardia, controlar el proceso, evaluar constantemente la evolución, diagnosticar… y a todo eso, los pacientes se te “curan” en seis meses como mucho y a menos de 35 euros la sesión. En fin… lo mío no es que sea la ciencia, es ser idiota.
El caso es que al psicoanálisis se apunta cualquiera. Basta con interpretar. Todo se relaciona con los dos clásicos del interpretador de pastel: “se nota que te han hecho mucho daño” y “lo que te pasa es que estás muy necesitada de cariño.”
Bueno, yo no creo en el psicoanálisis, ni en las interpretaciones. Mis sueños son claros y esclarecedores, no hay nada que interpretar si sueño que se la estoy comiendo a Luis mientras me está follando Mr.
Por supuesto que me han hecho daño, no hace falta que nadie me lo diga, soy muy consciente de ello, pero vamos, que no me han hecho un daño insoportable ni gratuito. Perder a mi hermana me hizo daño y cuando Enrique me dejó estando totalmente enamorada, pues me dolió que te cagas, ya he contado anteriormente que pasé dos años con una depresión de caballo, porque yo quería a Enrique, quería vivir con él el resto de mis días. Pero la realidad es que sigo hablando con Enrique habitualmente siete años después y me parece un tío tonto y muy pesado.
Y también me dolió echar de mi casa a mi ex marido porque ya no podía soportarle. O aguantar a algún que otro jefe cabrón. O incluso alguna amiga con mala leche que se intentaba follar a mi novio (vaya usted a saber si lo consiguió.)
Y también, pues sí, estoy necesitada de cariño. Me gusta que me adulen, me quieran, me busquen, me persigan, me deseen, me inviten a cenar, me digan que se han enamorado de mí, me hagan el amor con mucha ternura y mucha pasión.
Por eso el psicoanálisis de pastel no tiene grandes efectos conmigo. Los miro cuando me lo dicen, les escucho un rato, y después pregunto: “¿sabes por qué funciona el Prozac? Porque la serotonina no entiende ni de padres ni de madres, ni de traumas ni de afectos. Entiende de lo que realmente importa: tu cerebro.”
Algunos amantes buenos.
En general los hombres son malos en la cama, la mayoría porque lo que se han ido follando por el camino han sido a mujeres reprimidas y muy estúpidas, que preferían fingir uno o varios orgasmos antes que contarles que si seguían embistiéndolas así lo único que le iban a conseguir provocarles es un chichón en la cabeza (o en la frente, cada uno se imagine la escena como prefiera.)
Así que cuando te encuentras a uno que sabe de follar de verdad, lo primero que tienes que hacer es darle las gracias a las inteligentes señoritas que pasaron por su cama, le contaron como mover la lengua y meter los dedos al mismo tiempo, como penetrar en una posición lo suficientemente cómoda como para meter un dedo al mismo tiempo sobre el clítoris, o como tocar un coñito sin provocar una lumbalgia clitoriana.
Lo malo es que si te encuentras uno de esos es más que probable que por mucho que le saques el repertorio entero de juguetitos, fantasías, burradas y provocaciones, no le sorprendas nada.
Para esos tengo yo un truco, visto que mis mamadas que acaban con la polla bien limpia no les parece nada del otro del mundo: ser en extremo deliciosa.
Deliciosa para vibrar con cada caricia, para pedir más, para dar mucho más, para alabar su cuerpo y sus besos y su preciosa polla, para besarle en todas partes, para reírle, pedir que pare y se recueste un rato a tu lado antes de volver a empezar, para darle las gracias por hacerte feliz (sexualmente feliz), para quererle en aquel momento como si lo hubieras querido siempre, para llorar de placer o gritar o gemir, para pedirle que te estire del cabello suavemente mientras se la estás comiendo.
Porque al final de una buena sesión de sexo con un amante bueno de los de verdad, vas a tener que declararte en retirada.
El experto sexual no es el que busca relaciones con futuro ni opciones compartidas: el experto sexual es un solterón de esos que quedan pocos que ha conocido el morbo del dominio de sus artes y las quiere aplicar hasta que se le agoten las ideas.
O hasta que una mujer le vuelva a sorprender.
Yo he conocido a alguno de esos. Y son los únicos que no vuelven a llamar jamás.
Y es curioso, porque son los únicos que deseas que te llamen para volvértelo a hacer todo una vez más.
Un jueguecito, que estoy aburrida.
Aquí las cuatro impresionantes ciudades en las que voy a estar a partir del día 11. Alguna fácil. Las otras, sólo podrán ser reconocidas por quienes las hayan visitado. Quien acierte las cuatro, tiene una copa pagada en la que elija.
(se nota que ya queda poco para mis vacaciones, ¿verdad?)




(se nota que ya queda poco para mis vacaciones, ¿verdad?)









