Un amigo, por favor
El miércoles quedé con dos compañeros de aquí para ir a cenar a un restaurante de los de buenos-medianos de aquí: un pizza Hut. Jeje, es una broma fácil, lo siento. La comida es mala, pero no tan tan mala.
Fui con Dinko y Alex, dos chicos supermajetes.
La verdad que no es nada trascendente. Creeréis que se me han acabado las historias y esto es un diario. Bueno, casi casi, pero esta vez no.
Recuerdo cuando estaba en la secundaria lo difícil que me resultaba tener amigos, amigos chicos. No sé si se debía a mí, es decir, a que como yo me encontraba mejor entre las chicas, no me relacionaba con ellos o a que ellos, al verme algo afeminado y mariquita no querían relacionarse conmigo. Eso me preocupaba y me entristecia. Sentía una barrera que me aislaba.
Y de repente, en tercero, conocí a Néstor: tan ajeno a todas esas cosas, tan natural en sí mismo, tan en su mundo que quiso compartir conmigo, que me hizo sentir bien y romper ese muro. Encima Néstor estaba considerado como uno de los malotes del instituto (liceo).
Pasó el tiempo y llegué a la universidad. Me sorprendió muy gratamente que los chicos no tuvieran esa distancia que años antes sufrí. Supongo que era cuestión de edad y madurez por ambas partes.
Y por primera vez en mi vida, esa parte de mí se normalizó. No solo me sentía bien entre hombres, sino que poco a poco se han convertido en grandes amigos.
Luego vinieron los voluntarios de la Once, Suecia, el trabajo en Madrid, Australia, y ahora Estados Unidos. Y como ya es algo normal, pues ni pienso en ello y me voy de cena al Pizza Hut o a tomar unas cervezas o a correr por Colmenarejo.
Un abrazo para todos.
Fui con Dinko y Alex, dos chicos supermajetes.
La verdad que no es nada trascendente. Creeréis que se me han acabado las historias y esto es un diario. Bueno, casi casi, pero esta vez no.
Recuerdo cuando estaba en la secundaria lo difícil que me resultaba tener amigos, amigos chicos. No sé si se debía a mí, es decir, a que como yo me encontraba mejor entre las chicas, no me relacionaba con ellos o a que ellos, al verme algo afeminado y mariquita no querían relacionarse conmigo. Eso me preocupaba y me entristecia. Sentía una barrera que me aislaba.
Y de repente, en tercero, conocí a Néstor: tan ajeno a todas esas cosas, tan natural en sí mismo, tan en su mundo que quiso compartir conmigo, que me hizo sentir bien y romper ese muro. Encima Néstor estaba considerado como uno de los malotes del instituto (liceo).
Pasó el tiempo y llegué a la universidad. Me sorprendió muy gratamente que los chicos no tuvieran esa distancia que años antes sufrí. Supongo que era cuestión de edad y madurez por ambas partes.
Y por primera vez en mi vida, esa parte de mí se normalizó. No solo me sentía bien entre hombres, sino que poco a poco se han convertido en grandes amigos.
Luego vinieron los voluntarios de la Once, Suecia, el trabajo en Madrid, Australia, y ahora Estados Unidos. Y como ya es algo normal, pues ni pienso en ello y me voy de cena al Pizza Hut o a tomar unas cervezas o a correr por Colmenarejo.
Un abrazo para todos.





