Ojos así
… viaje de Bahrein hasta Beirut
fui desde el Norte hasta el polo sur
y no encontre ojos asi
como los que tienes tu …
(Shakira)
Supongo que las tragedias son en sí mismo y tristemente tragedias, pero se convierten en personales, no sólo por la magnitud de las mismas, sino por el grado con el llegan a afectarte.
Es mi caso cuando oí por primera vez que se estaba bombardeando Líbano. Y cuando ya oí que concretamente la ira se cebaba en el sur del país, todos mis sentidos se pusieron alerta. Estaba en Italia, pero tuve que llamar por teléfono a Laura para comprobar si su familia se encontraba bien. Llevamos unos días con el corazón en vilo, escuchando y leyendo cada noticia, esperando una llamada de teléfono que nos confirme que su familia está bien. Sabemos que han tenido que marcharse de su casa, que tienen miedo, mucho miedo, que no han parado de oír el ruido de bombas que yo sólo imagino por alguna película de nuestra guerra civil y que lo están pasando mal. ¡Qué injusto! Personas como tú y como yo, que a lo que aspiran es a ser felices cada día, a simplemente vivir, que se tengan que ver en esta situación.
Laura para mí, como ella dice de vez en cuando es “como mi hermana pequeña”. Cuando pronuncia estás palabras se me hincha el corazón de orgullo. Pero es así. Me he criado con ella, la recuerdo desde que tengo memoria. Mis primeros juegos eran con una pelota de plástico en la puerta de mi casa del pueblo, ella más arriba y yo abajo de la calle, y la pelota yendo y viniendo de uno a otro. Y desde ahí, desde que teníamos menos de un año, hasta hoy. Discutimos mucho (aunque ahora que lo pienso, cada vez menos), pero siempre éste fue un toque de nuestra relación. De hecho, recuerdo que alguien me dijo una vez: “Laura y tú sois amigos de verdad, porque después de veros discutir como lo hacéis, es increíble que sigáis manteniendo ese lazo de unión”. Y es cierto, ahí está mi Lauri, persona cuyo grado de fuerza en las emociones es capaz de arrasar el concepto de “intensidad” hasta convertirlo en algo minucioso. Ella no se conforma con vivir simplemente las cosas. Cada actividad o pensamiento se convierte en un huracán que arrastra todo a su paso.
Y por eso, esta tragedia me llega tan adentro y me tiene preocupado. Y por eso me sentí raro cuando antes de ayer, metido en mi mundo, camino de la piscina, hablaba con ella por teléfono. Me describía cómo se estaban viviendo las cosas al sur de Beirut, con la energía y carácter que ella imprime a sus palabras. Y a la vez, mientras yo caminaba con mi móvil en el oído, veía a las parejas besarse tranquilamente, a las ancianas del barrio hablar, pasear al perro, y a los niños chutar el balón. ¿No podría ser así también en el Líbano y en Israel, en todo el mundo, seamos lo que seamos, judíos, cristianos o budistas? Ante todo, todos somos seres humanos.
A esos ojos llenos de vida. Un abrazo.

fui desde el Norte hasta el polo sur
y no encontre ojos asi
como los que tienes tu …
(Shakira)
Supongo que las tragedias son en sí mismo y tristemente tragedias, pero se convierten en personales, no sólo por la magnitud de las mismas, sino por el grado con el llegan a afectarte.
Es mi caso cuando oí por primera vez que se estaba bombardeando Líbano. Y cuando ya oí que concretamente la ira se cebaba en el sur del país, todos mis sentidos se pusieron alerta. Estaba en Italia, pero tuve que llamar por teléfono a Laura para comprobar si su familia se encontraba bien. Llevamos unos días con el corazón en vilo, escuchando y leyendo cada noticia, esperando una llamada de teléfono que nos confirme que su familia está bien. Sabemos que han tenido que marcharse de su casa, que tienen miedo, mucho miedo, que no han parado de oír el ruido de bombas que yo sólo imagino por alguna película de nuestra guerra civil y que lo están pasando mal. ¡Qué injusto! Personas como tú y como yo, que a lo que aspiran es a ser felices cada día, a simplemente vivir, que se tengan que ver en esta situación.
Laura para mí, como ella dice de vez en cuando es “como mi hermana pequeña”. Cuando pronuncia estás palabras se me hincha el corazón de orgullo. Pero es así. Me he criado con ella, la recuerdo desde que tengo memoria. Mis primeros juegos eran con una pelota de plástico en la puerta de mi casa del pueblo, ella más arriba y yo abajo de la calle, y la pelota yendo y viniendo de uno a otro. Y desde ahí, desde que teníamos menos de un año, hasta hoy. Discutimos mucho (aunque ahora que lo pienso, cada vez menos), pero siempre éste fue un toque de nuestra relación. De hecho, recuerdo que alguien me dijo una vez: “Laura y tú sois amigos de verdad, porque después de veros discutir como lo hacéis, es increíble que sigáis manteniendo ese lazo de unión”. Y es cierto, ahí está mi Lauri, persona cuyo grado de fuerza en las emociones es capaz de arrasar el concepto de “intensidad” hasta convertirlo en algo minucioso. Ella no se conforma con vivir simplemente las cosas. Cada actividad o pensamiento se convierte en un huracán que arrastra todo a su paso.
Y por eso, esta tragedia me llega tan adentro y me tiene preocupado. Y por eso me sentí raro cuando antes de ayer, metido en mi mundo, camino de la piscina, hablaba con ella por teléfono. Me describía cómo se estaban viviendo las cosas al sur de Beirut, con la energía y carácter que ella imprime a sus palabras. Y a la vez, mientras yo caminaba con mi móvil en el oído, veía a las parejas besarse tranquilamente, a las ancianas del barrio hablar, pasear al perro, y a los niños chutar el balón. ¿No podría ser así también en el Líbano y en Israel, en todo el mundo, seamos lo que seamos, judíos, cristianos o budistas? Ante todo, todos somos seres humanos.
A esos ojos llenos de vida. Un abrazo.






