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Donde cuento cuentos
Pensamientos al aire para compartir :-)
Acerca de
Pues soy Óscar, una personita más por aquí, con las alegrías y las preocupaciones de todos, pero con cierta tendencia a compartirlas.
Sindicación
 
Amor, a nuestro pesar
“¿Te han hablado de amor alguna vez, María de Fátima?”
“Me han dicho muchas estupideces al oído, como a todas las mujeres bonitas que los hombres consideran su presa.”
“Eso no es hablar de amor.”
“¿Vas a hacerlo tú?”
“No, porque no te amo. Me atraes, lo confieso, pero tu mirada levanta entre los dos una valla que no me atrevo a saltar. Sin ella, acaso llegase a amarte. Es lo más probable, y no me consideraría feliz, porque tú no me amarías jamás …”

Me interrumpió:
“¿Para qué? Yo te sería fiel y pondría mi cuerpo a tu disposición para que engendrases hijos y para que te saciases, si eso era lo que necesitabas.”
“¿Sin compartir sentimientos?”
“¿A qué llamas sentimientos?”
“A sentir que cada uno de los dos es necesario al otro y a vivir juntos la felicidad de la necesidad cumplida.”
“¿Eso incluye el placer de la cama?”
“Sí, compartido, como todo lo demás”.

Movió serenamente la cabeza.
“No lo necesito, no lo entiendo, no me interesa.”

Sacar en aquel momento, del paquete de tabaco, un cigarrillo fue como buscar un punto de apoyo en el vacío. Le ofrecí, lo rechazó, encendí el mío.
“¿No te parece que ha sido una suerte que llegásemos a esta conversación?”
“¿Por qué?”
“Podíamos seguir engañándonos como hasta aquí; podíamos llegar a casarnos. Hubiéramos sido muy desdichados.”
“Yo no.”
“Yo sí. No concibo la convivencia de un hombre y una mujer sin amor. Pero como yo llegaría a amarte, de eso estoy seguro, es posible que sólo fuera yo el desdichado.”

[…]

"Estoy segura de que en poco tiempo haría de ti otro hombre. Te enseñaría a desear lo verdaderamente deseable, y no esas ilusiones del amor y de la poesía. ¿Sabes lo que son la riqueza, el poder, el ser alguien en el mundo? A mi lado lo aprenderías"

[...]

"... yo he conocido a parejas que vivían en una buhardilla e irradiaban luz"

“A eso le llamo yo mediocridad. Y, en cuanto a la felicidad, esa de que me hablas, o a la que aspiras, jamás he pensado en ella. Como te habrás dado cuenta, pico más alto.”
“¿Por qué?”

Se me quedó mirando, sin respuesta. Repetí la pregunta:
” ¿Por qué?”

Y como siguiera sin responderme, añadí:
“Si tú me hicieras esa pregunta, no me quedaría mudo, como tú. Por lo pronto te diría: porque lo siento así, o porque lo necesito. Por debajo de las razones, siempre hay algo más fuerte y más explicable. Ahí es donde tocamos la vida”
“Pero no todos viven igual”, dijo entonces, aunque con la voz menos segura.

“Es cierto. Es algo a lo que todos tenemos derecho, tú a picar más alto, yo a quedarme donde estoy, quién sabe si solo para siempre. La diferencia está en que tú vives de esperanza y a mí es muy probable que me toque vivir de recuerdos. Pero observa la diferencia: yo no intento convencerte de que renuncies a tus esperanzas. Me basta con que sepas que, en ese viaje, no me creo con ánimos para acompañarte. Exigiría de mí un esfuerzo para el que no estoy preparado, acaso porque nada de lo que puedas ofrecerme me seduzca o simplemente me atraiga. Salvo tú misma”

“Sí. Lo comprendo. Me equivoqué contigo. Pero sé perder, ¿sabes? – añadió con una alegría súbita -.Lo único que te pido es que lo olvides todo, o hagas como que lo has olvidado. Yo haré otro tanto …”

Me tendió la mano. No la rechacé. Y mientras la acompañaba hasta la salida, pensé por primera vez que era una lástima que no nos hubiéramos entendido. También lo era que yo no pudiese imaginar el modo de bajarle los humos, de traerla a la realidad humilde de la gente que llamaba mediocre. Ante todo, de enseñarle a amar. ¡Era tan bonita, tenía un cuerpo tan deseable! Y, en el fondo, no creía que fuera mala persona.

Fragmento del libro "Filomeno, a mi pesar" de Gonzalo Torrente Ballester.
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