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Donde cuento cuentos
Pensamientos al aire para compartir :-)
Acerca de
Pues soy Óscar, una personita más por aquí, con las alegrías y las preocupaciones de todos, pero con cierta tendencia a compartirlas.
Sindicación
 
El color de la tardes
Disfruto con las tardes de verano.
Paseando por la calle Delicias o por Jaime el Conquistador camino a casa, soy partícipe de escenas cotidianas que me llenan de alegría.

Me encanta ver a los grupos de ancianas charlando animosamente en los bancos.
El otro día, esperando al autobús, elegí sentarme junto a ellas (y no en la parada) para escuchar su conversación. La una hablaba de su marido muerto, que era un santo. Según ella, porque jamás iba al bar. La compañera decía que cuando su marido le decía "¡Vamos a por una caña!", ella dejaba el delantal o las tareas domésticas que estuviera haciendo por irse a la calle con él.
Inevitable fue el momento de decir que las parejas de hoy en día no profesan amor como lo hacían ellas.
La mujer del buen marido les contaba a las otras que nunca había salido de Madrid, salvo para ir a un apartamentito que tenían en Valencia a pasar las vacaciones de verano.
En aquel momento, alguien advierte a una de las ancianas que su hija está buscándola. La mujer, inmediantamente, se levanta y va al bar contiguo. Y justo llega la hija de la mano de su pareja, pero no del bar, sino por la calle. Las personas del banco de al lado empiezan a llamar a voces a la hija y decirle que su madre se ha metido al bar a ver si estaba allí.
Me encantan estas escenas tan cotidianas.
Pero llegó el autobús y me tuve que subir.

Luego están los niños jugando. Qué energía y vitalidad, por dios, me agota verlos. Había tres chiquillos jugando al fútbol en una plaza cerca de mi casa. Lanzaban la pelota de un extremo a otro y ellos corre que te corre detrás del balón. Yo no recuerdo correr tanto de pequeño.

Y yo, paseando o sentado observando, disfruto ese momento en el que sol empieza a caer y la oscuridad se va adueñando poco a poco de la ciudad. La luz pasa por una serie de tonalidades anaranajadas y rojizas que son un espectáculo.

Y me pregunto ¿Cómo sabemos que la tarde es tarde y la mañana mañana sin hacer uso del reloj?
Supongo que son infinidad de detalles, pero últimamente me paro a pensarlos. Por una lado está la luz. La de la mañana va de más oscura a más clara, al contrario que la de la tarde.
Por otro, los sonidos. En la naturaleza los pájaros; en la gran ciudad, los coches y los autobuses. La temperatura, la humedad, la posición del sol, y sobre todo las personas.
Por las mañanas, la gente desperezándose, yendo a su puesto de trabajo, lo que le da a sus expresiones un matiz de "este tipo o esta señora va a trabajar". Por la tarde nos relajamos, caminamos más despacio, bebemos unas cervezas en la terrazas, etc.

No sé, es bonito pensar que cada momento del día está compuesto por una serie de características y cada uno es distinto a otro, único.
Me quedo con todos.

Un abrazo para todos.





 
Decibelios
La falta o ausencia de respeto es una de las cosas que más me molesta.

Tolero un lenguaje más o menos formal, una actitud seca, una sinceridad hiriente o un despiste que puede causar trastornos. Pero cualquier gesto contra mi respeto despierta al más fiero yo que llevo dentro.

Y no es la primera vez que en mi puesto de trabajo debo defender lo que a mi juicio es fundamental.

Se nos avisó de que se iban a instalar en un nuestro despacho-laboratorio-trastero una serie de máquinas. No se nos preguntó, se nos impuso. Pero el colmo ha sido cuando descubro esta mañana que dichas máquinas hacen un ruido insoportable. Para más inri, el técnico que las ha montado me advierte de que estos equipos se ponen en salas cerradas lejos de las personas. Elemental. Ya lo creía, pero no quise desconfiar de mis superiores.

¿Es que nadie piensa en nosotros y nuestro trabajo? ¿Acaso nuestra opinión no importa? Bueno, y ya no es nuestra opinión únicamente, es nuestra salud.

Siempre he sido del parecer de que las personas funcionamos con motivación y no con palos. Todos somos al fin y al cabo como niños grandes.
¡Jefes del mundo! ¡Despertad!

Un abrazo para todos.