Tarde de lluvia
La tarde era lluviosa y gris. Esas tardes que me hacen pensar y relajan. El plan era perfecto: cenar juntos en el restaurante y ponernos al día de nuestras vidas.
Mientras la esperaba, me dediqué a observar a la gente, su ir y venir, escuchando los trozos de conversaciones que me llegaban.
Cuando Amy llegó, fue como si la hubiera visto antes de ayer, y no hace dos años.
Por aquél entonces, hace dos años y pico, coincidimos en el autobús que unía Alcalá con Madrid. La escuché despedirse de su amiga en la cola del autobús, y supongo que me llamó la atención que lo hiciera en inglés, así que me puse a hablar con ella.
Acababa de llegar a España procedente de Turquía. Y se quedó aquí un año enseñando inglés. Tenía deseos de viajar, de conocer mundo y nuevos amigos y no un objetivo muy claro de qué hacer con su vida.
Y es curioso porque entonces formaba parte de nuestros inmigrantes ilegales, que no por ser del país más poderoso del mundo te conceden visado de trabajo o permiso de residencia así como así.
Entre rollito y rollito de primavera me fue contando sus novedades. Y lo hacía con una sonrisa tan sincera que me alegré yo también sinceramente de comprobar que era feliz. Tenía al otro lado de mi mesa a una Amy que sabía muy claramente qué quería, y no me refiero a lo que quería de postre, sino para ella. Y sentí una pequeña envidia que se siente cuando ves que alguien ha encontrado lo que tú también esperas.
Ha conocido a un chico estupendo y se casan. Sabe en qué le apetece trabajar, donde quiere vivir y qué le hace feliz.
Y yo me quedo con esa sensación que a veces me invade de que nunca se hacia dónde voy, que no me termino de estabilizar o no me paran de surgir nuevas ideas para renovar mi vida o mi trayectoria. No sé si esta sensación es fundada o no, justa o injusta o buena o mala, pero ahí está.
Es una pequeña sensación que me viene también a la cabeza con pequeñas cositas como cuando un amigo me enseña su casa nueva, o su coche o me cuenta sus progresos profesionales o que se casa, ...
Pero mientras escribo esto, también me doy cuenta de que soy feliz con lo que me está tocando vivir, así que bueno, sensación por sensación.
Cuando queráis, compartimos una cena.
Mientras la esperaba, me dediqué a observar a la gente, su ir y venir, escuchando los trozos de conversaciones que me llegaban.
Cuando Amy llegó, fue como si la hubiera visto antes de ayer, y no hace dos años.
Por aquél entonces, hace dos años y pico, coincidimos en el autobús que unía Alcalá con Madrid. La escuché despedirse de su amiga en la cola del autobús, y supongo que me llamó la atención que lo hiciera en inglés, así que me puse a hablar con ella.
Acababa de llegar a España procedente de Turquía. Y se quedó aquí un año enseñando inglés. Tenía deseos de viajar, de conocer mundo y nuevos amigos y no un objetivo muy claro de qué hacer con su vida.
Y es curioso porque entonces formaba parte de nuestros inmigrantes ilegales, que no por ser del país más poderoso del mundo te conceden visado de trabajo o permiso de residencia así como así.
Entre rollito y rollito de primavera me fue contando sus novedades. Y lo hacía con una sonrisa tan sincera que me alegré yo también sinceramente de comprobar que era feliz. Tenía al otro lado de mi mesa a una Amy que sabía muy claramente qué quería, y no me refiero a lo que quería de postre, sino para ella. Y sentí una pequeña envidia que se siente cuando ves que alguien ha encontrado lo que tú también esperas.
Ha conocido a un chico estupendo y se casan. Sabe en qué le apetece trabajar, donde quiere vivir y qué le hace feliz.
Y yo me quedo con esa sensación que a veces me invade de que nunca se hacia dónde voy, que no me termino de estabilizar o no me paran de surgir nuevas ideas para renovar mi vida o mi trayectoria. No sé si esta sensación es fundada o no, justa o injusta o buena o mala, pero ahí está.
Es una pequeña sensación que me viene también a la cabeza con pequeñas cositas como cuando un amigo me enseña su casa nueva, o su coche o me cuenta sus progresos profesionales o que se casa, ...
Pero mientras escribo esto, también me doy cuenta de que soy feliz con lo que me está tocando vivir, así que bueno, sensación por sensación.
Cuando queráis, compartimos una cena.
Madrid 42
Esto podría ser el nombre de una discoteca, al estilo de Estudio 54, o la ciudad y el año en que nació mi madre. Pero los tiros no van por ahí.
Siempre hemos oído que hay cosas a hacer al menos una vez en la vida.
Plantar un árbol; ya lo hice. Javi (mi ex) y yo cogimos bellotas y plantamos unos 5 robles de los que me viven 3 que mis padres cuidan con esmero y a los que cariñosamente se les conoce en la familia como a "mis hijos".
Escribir un libro; ¡me encantaría!. Por ahora, voy practicando con este diario.
Ir a la Patagonia, ser papá, terminar la tesis, vivir una temporada en Nueva York, ligarme a un futbolista, hacer parapente, ver a Alicia sin rímel, aprender italiano y portugués, una casa, ...
Pero hay uno que salió de la lista el pasado domingo: correr una maratón o lo que es lo mismo 42,195 km.
Fue duro, pero la sensación de estar a 500 metros de la meta, viendo a todo el mundo que me animaba, jaleaba y gritaba "campeón, que lo has conseguido" fue espectacular. Me sentí realmente orgulloso.
Mención especial para mi compañero de entrenamiento y carreras, que me anima siempre a seguir y me compra azúcar de sabores.
Su frase "cabeza alta y mirada al frente" se ha convertido en todo un lema para mí.
Un abrazote a Luis.
Y otro a César, por siempre echarme un cable y dos.
Recorrido Maratón de Madrid map - Tagzania
Siempre hemos oído que hay cosas a hacer al menos una vez en la vida.
Plantar un árbol; ya lo hice. Javi (mi ex) y yo cogimos bellotas y plantamos unos 5 robles de los que me viven 3 que mis padres cuidan con esmero y a los que cariñosamente se les conoce en la familia como a "mis hijos".
Escribir un libro; ¡me encantaría!. Por ahora, voy practicando con este diario.
Ir a la Patagonia, ser papá, terminar la tesis, vivir una temporada en Nueva York, ligarme a un futbolista, hacer parapente, ver a Alicia sin rímel, aprender italiano y portugués, una casa, ...
Pero hay uno que salió de la lista el pasado domingo: correr una maratón o lo que es lo mismo 42,195 km.
Fue duro, pero la sensación de estar a 500 metros de la meta, viendo a todo el mundo que me animaba, jaleaba y gritaba "campeón, que lo has conseguido" fue espectacular. Me sentí realmente orgulloso.
Mención especial para mi compañero de entrenamiento y carreras, que me anima siempre a seguir y me compra azúcar de sabores.
Su frase "cabeza alta y mirada al frente" se ha convertido en todo un lema para mí.
Un abrazote a Luis.
Y otro a César, por siempre echarme un cable y dos.
Recorrido Maratón de Madrid map - Tagzania
¿Recuerdas?
¿Recuerdas nuestros paseos por el parque?
Ese parque tenía algo mágico para mí. No sé exactamente qué lo hacía tan especial. Quizás fuera la pequeña bahía salpicada de embarcaciones; o quizás que siempre se respiraba tranquilidad y sosiego. O la brisa que soplaba en las claras noches de primavera. Y tú, y mi vida allá.
Para acceder a él teníamos que recorrer pequeñas calles y bajar unas estrechas escaleras repletas de vegetación alrededor. Era como acceder a un sitio escondido, que estaba ahí solo para ti y para mí.
¿Recuerdas cuándo me enseñaste por primera vez el embarcadero?
Desde ese momento se convirtió en parte de mí, un trozo de ciudad que me pertenía. Nos gustaba sentarnos ahí, con la vista al mar y a la ciudad. Mi imaginación volaba y volaba. Y pensaba lo afortunado que era. Afortunado por tenerte, por haber tenido la oportunidad de estar allí y disfrutar de aquel lugar. Afortunado por haber elegido viajar y conocer nuevas personas.
Y me imaginaba, como sigo imaginando, mi futuro. Pero no como uno, sino muchos futuros, muchas posibilidades. Hay tantos caminos que podemos elegir.
Solíamos bromear diciendo que tendríamos hijos, donde viviríamos, en qué trabajaríamos, quién conduciría o quién haría las labores del hogar.
¿Recuerdas? Yo lo recuerdo como algo muy especial.
Muchas veces después de cenar, me decías: "¿Qué te apetece Óscar?"
Y yo, casi siempre respondía: "Vamos al parque, quiero ver agua".
Ese parque tenía algo mágico para mí. No sé exactamente qué lo hacía tan especial. Quizás fuera la pequeña bahía salpicada de embarcaciones; o quizás que siempre se respiraba tranquilidad y sosiego. O la brisa que soplaba en las claras noches de primavera. Y tú, y mi vida allá.
Para acceder a él teníamos que recorrer pequeñas calles y bajar unas estrechas escaleras repletas de vegetación alrededor. Era como acceder a un sitio escondido, que estaba ahí solo para ti y para mí.
¿Recuerdas cuándo me enseñaste por primera vez el embarcadero?
Desde ese momento se convirtió en parte de mí, un trozo de ciudad que me pertenía. Nos gustaba sentarnos ahí, con la vista al mar y a la ciudad. Mi imaginación volaba y volaba. Y pensaba lo afortunado que era. Afortunado por tenerte, por haber tenido la oportunidad de estar allí y disfrutar de aquel lugar. Afortunado por haber elegido viajar y conocer nuevas personas.
Y me imaginaba, como sigo imaginando, mi futuro. Pero no como uno, sino muchos futuros, muchas posibilidades. Hay tantos caminos que podemos elegir.
Solíamos bromear diciendo que tendríamos hijos, donde viviríamos, en qué trabajaríamos, quién conduciría o quién haría las labores del hogar.
¿Recuerdas? Yo lo recuerdo como algo muy especial.
Muchas veces después de cenar, me decías: "¿Qué te apetece Óscar?"
Y yo, casi siempre respondía: "Vamos al parque, quiero ver agua".
Astenia Primaveral
Estoy últimamente con la moral un poco baja. Yo lo achaco a mi trabajo, a la forma de ser de mis tutores (tan pasotas ellos) y a mi de por sí baja autoestima para temas profesionales.
Pero no estoy tan seguro ya, desde que alguien me dijo "tú tranquilo, que seguro que se debe a la "astenia" primaveral".
¡¡¡Vaya!!! Yo nunca lo había oído, pero me quedé más tranquilo de saber que la responsable de mi estado de ánimo es la tal astenia, nada que ver conmigo, sino factores externos.
Desde que ese alguien me explicó lo que dicha palabra significaba, no he parado de oírla, en los medios de comunicación, en los correos de mis amigos, en las conversaciones de las señoras en el autobús, etc.
Aún así, yo erre que erre, sigo convencido que se debe más a factores laborales.
Os explico. Hace ya algunos años, hizo su aparición el lenguaje de programación "C", sí sí, como la tercera letra del abecedario, aunque mi compañero cubano me lo pronuncie como "SE". "C" era infernal y además "C" se quedo pequeño para ciertas cosas. Y entonces evolucionó a "C++" (C más más o C plus plus (plasplás)). Pues yo la culpa de todo se la echo a madre e hijo, es decir a "C" y "C++" que me hacen mi día a día insufrible. ¡¡¡No puedo con ellos chicos!!!
Pero ayer iba en el metro camino a Delicias leyendo entretenidamente mi libro. A mi lado se sentó un chico con rasgos asiáticos y con el libro de aprender a conducir. El chico, abrió su libro y se puso a leer; pero inmediatamente sacó una traductora y ahí el chico chinito iba escribiendo "moticicleta" y aparecía una palabrota en chino, "pendiente" y otra palabra, "ceda" y otra, ...
Y claro, eso fue una prueba del destino. Yo miraba al chino admirado, pero en serio. Sentí unas ganas irrefrenables de hablarle y decirle que le ayudaba y que le admiraba, pero no me atreví.
Y me dije interiormente: Si este chino tiene tal fuerza de voluntad para sacarse el carné de conducir, yo aprendo "C++" (C plasplás).
Y con ánimos renovados me hallo.
Y eso me hizo en pensar en las pequeñas realidades que están tan cerca de nosotros y que no percatamos. A todos los inmigrantes, que sin saber el idioma se plantan en otros países y ponen todas sus fuerzas en aprender.
Un abrazo para todos.
Pero no estoy tan seguro ya, desde que alguien me dijo "tú tranquilo, que seguro que se debe a la "astenia" primaveral".
¡¡¡Vaya!!! Yo nunca lo había oído, pero me quedé más tranquilo de saber que la responsable de mi estado de ánimo es la tal astenia, nada que ver conmigo, sino factores externos.
Desde que ese alguien me explicó lo que dicha palabra significaba, no he parado de oírla, en los medios de comunicación, en los correos de mis amigos, en las conversaciones de las señoras en el autobús, etc.
Aún así, yo erre que erre, sigo convencido que se debe más a factores laborales.
Os explico. Hace ya algunos años, hizo su aparición el lenguaje de programación "C", sí sí, como la tercera letra del abecedario, aunque mi compañero cubano me lo pronuncie como "SE". "C" era infernal y además "C" se quedo pequeño para ciertas cosas. Y entonces evolucionó a "C++" (C más más o C plus plus (plasplás)). Pues yo la culpa de todo se la echo a madre e hijo, es decir a "C" y "C++" que me hacen mi día a día insufrible. ¡¡¡No puedo con ellos chicos!!!
Pero ayer iba en el metro camino a Delicias leyendo entretenidamente mi libro. A mi lado se sentó un chico con rasgos asiáticos y con el libro de aprender a conducir. El chico, abrió su libro y se puso a leer; pero inmediatamente sacó una traductora y ahí el chico chinito iba escribiendo "moticicleta" y aparecía una palabrota en chino, "pendiente" y otra palabra, "ceda" y otra, ...
Y claro, eso fue una prueba del destino. Yo miraba al chino admirado, pero en serio. Sentí unas ganas irrefrenables de hablarle y decirle que le ayudaba y que le admiraba, pero no me atreví.
Y me dije interiormente: Si este chino tiene tal fuerza de voluntad para sacarse el carné de conducir, yo aprendo "C++" (C plasplás).
Y con ánimos renovados me hallo.
Y eso me hizo en pensar en las pequeñas realidades que están tan cerca de nosotros y que no percatamos. A todos los inmigrantes, que sin saber el idioma se plantan en otros países y ponen todas sus fuerzas en aprender.
Un abrazo para todos.





