Dejando Oz
Desde el primer momento en que Dorothy puso un pie en la tierra de Oz su deseo era volver a casa. A pesar de que la tierra en la que aterrizó estaba llena de árboles con frutas, colores y gente amable, ella deseaba volver a Kansas con sus tíos. Un Kansas gris, plano y sin la variedad cromática de Oz. Alguien le pregunta el por qué de volver a un sitio así, y ella, sin dudarlo, responde:
- Porque es mi hogar y es donde viven mis tíos.
Esta respuesta, me dejó un rato pensando cuando leí el libro. La verdad que no sé si tiene sentido si la analizas tal cuál.
- "Chica, ¡quédate en Oz, que te van a tratar como a una reina! - fue mi primera impresión.
Pero claro, esa simple frase da para mucho. Y es que el concepto hogar no es nada trivial y hay un hogar porque cada personita.
Pues en estos pensamientos me veo a veces cuando voy por la calle o cuando hablo con gente de estos lares y pienso si sería capaz de vivir en este Oz tan lejano de mi meseta. Y todavía creo que no tengo una respuesta. No lo sé.
El caso es que hoy me siento como Dorothy y me alegro de volver a casa en 20 días. Primordialmente por mi familia y por vosotros, que dan y dáis sentido a lo que yo llamo hogar. Supongo que no he estado el suficiente tiempo aquí para formar una vida como la de allá. Y además, mi hogar es maravilloso. Y os echo de menos ya. Y echo de menos el pincho de tortilla de patata con el café.
Y cuál Dorothy, aquí dejo a mi hombre de hojalata con un corazón de oro, a mis espantapájaros y a un puñado de muy buenos amigos. Eso es el lado peor y está en el otro lado de la balanza. Las personas que conoces cuando estás lejos tienen el poder de ser cercanas en poco tiempo. Además dejo una ciudad preciosa, un jefe que me ha enseñado a creer en mí, el restaurante chino de 10 dólares, mi piscina al lado de casa, el soniquete de la mujercilla que me recuerda que el “next train in platform 25 goes to Bondi Junction”, los cafelitos con Susana, las llamadas de Betty para ver cómo estoy, los despistes de Rita, las comidas con Marc y sobre todo, a David.
Y así, cuando pienso en la fecha de vuelta, se me revuelve el estómago y no puedo pensarlo. ¿Es que siempre estoy lleno de contradicciones? Y lo mejor a veces, es no pensar.
Y no César, no he tenido que ponerme unos zapatos de tacón y dar tres taconazos para volver a casa como Dorothy, simplemente he comprado un billete de avión con Qantas.
Un abrazo para todos, para los de aquí y para los de allí, que pronto os lo daré en persona.

- Porque es mi hogar y es donde viven mis tíos.
Esta respuesta, me dejó un rato pensando cuando leí el libro. La verdad que no sé si tiene sentido si la analizas tal cuál.
- "Chica, ¡quédate en Oz, que te van a tratar como a una reina! - fue mi primera impresión.
Pero claro, esa simple frase da para mucho. Y es que el concepto hogar no es nada trivial y hay un hogar porque cada personita.
Pues en estos pensamientos me veo a veces cuando voy por la calle o cuando hablo con gente de estos lares y pienso si sería capaz de vivir en este Oz tan lejano de mi meseta. Y todavía creo que no tengo una respuesta. No lo sé.
El caso es que hoy me siento como Dorothy y me alegro de volver a casa en 20 días. Primordialmente por mi familia y por vosotros, que dan y dáis sentido a lo que yo llamo hogar. Supongo que no he estado el suficiente tiempo aquí para formar una vida como la de allá. Y además, mi hogar es maravilloso. Y os echo de menos ya. Y echo de menos el pincho de tortilla de patata con el café.
Y cuál Dorothy, aquí dejo a mi hombre de hojalata con un corazón de oro, a mis espantapájaros y a un puñado de muy buenos amigos. Eso es el lado peor y está en el otro lado de la balanza. Las personas que conoces cuando estás lejos tienen el poder de ser cercanas en poco tiempo. Además dejo una ciudad preciosa, un jefe que me ha enseñado a creer en mí, el restaurante chino de 10 dólares, mi piscina al lado de casa, el soniquete de la mujercilla que me recuerda que el “next train in platform 25 goes to Bondi Junction”, los cafelitos con Susana, las llamadas de Betty para ver cómo estoy, los despistes de Rita, las comidas con Marc y sobre todo, a David.
Y así, cuando pienso en la fecha de vuelta, se me revuelve el estómago y no puedo pensarlo. ¿Es que siempre estoy lleno de contradicciones? Y lo mejor a veces, es no pensar.
Y no César, no he tenido que ponerme unos zapatos de tacón y dar tres taconazos para volver a casa como Dorothy, simplemente he comprado un billete de avión con Qantas.
Un abrazo para todos, para los de aquí y para los de allí, que pronto os lo daré en persona.






