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Donde cuento cuentos
Pensamientos al aire para compartir :-)
Acerca de
Pues soy Óscar, una personita más por aquí, con las alegrías y las preocupaciones de todos, pero con cierta tendencia a compartirlas.
Sindicación
 
Programando
Un, dos, tres, probando.
Hace ya tiempo que no me siento a escribir y tengo que reentrenarme en esto de contar andanzas.

Mohamed me dijo en un correo que casi nunca hablo de trabajo, y mira tú, que llevo mucho días sin hablar porque precisamente tengo mucho trabajo.
El caso es que pasé por una pequeña crisis, porque me mandaron hacer algo desde España y como buen español o como buen yo, primero protesté y después me puse manos a la obra. Y ahora resulta que estoy de lo más entretenido en el proyecto.

Por otra parte, mis trabajo de aquí va bien. Estamos intentando crear un algoritmo que reconozca en una serie de vídeos el tipo de actividad que una persona está realizando con fines de video-vigilancia. Hemos empezado por algo muy sencillito y distinguiremos entre que la persona se para (a fumarse un cigarro, a charlar con el vecino, ...), anda o corre (normalmente porque ha hecho algo malo jejeje).
Y el proyecto me gusta porque cierra un poco el ciclo de todo lo que he aprendido en el mi doctorado hasta ahora. Y además, por primera vez, me estoy peleando con la probabilidad y sus funciones, cara a cara.

Y dejando los tecnicismos a un lado, la vida sigue bien. Mónica aterrizó en estos lares el pasado viernes, y la veo tan contenta que me emociona y me recuerda a mí los primeros días. Me encanta tener a alguien en casa, y eso de dormir juntos en la misma habitación, que por cierto, es enanísima, me recuerda a mis días de campamento de verano y siempre me ha gustado.

Lo bueno de Sydney, es que siempre hay algo que ver. La bahía está salpicada de parques naturales y playas, y tomando un ferry, te plantas en 5 minutos en cualquiera de estos sitios. Así que el tiempo aquí se pasa volando.

Y poco más, que os dejo y me voy a la piscina. Ahora he cambiado mi horario de nadar a las 3.30 p.m, por eso de nadar de día, y luego vuelvo a trabajar, así que en breve vendrá mi compañera a recogerme y nos iremos.

Un abrazo a todos desde Sydney.
Y no me canso de repetir que vuestros mensajes me encantan. Gracias a todos. Besos.


 
Miro la vida pasar
“Siempre supe que es mejor
Cuando hay que hablar de dos
Empezar por uno mismo” (Shakira)

Hay veces que las cosas pasan y cuando las analizo, no sé cómo han sucedido. Antes de ayer, David y yo pusimos punto y aparte a lo que teníamos. Ha sido un mes con muchas cosas vividas muy intensamente y ahí queda, en el recuerdo, como algo muy bonito. Cada experiencia me hace conocerme más y supongo que madurar, pero como luego tengo tan mala memoria y me dejo llevar por la vida, enseguida se me olvida lo vivido y me veo en la misma tesitura una y otra vez. El caso que ahora me queda un amigo con el que tengo que empezar a construir esa amistad.

“Y en plan travesti radical
Le doy la espalda a cualquier muestra de tristeza
¿Melancolía o decepción?
¿Felicidad o tentación?
Todo podría ir a peor...". (Fangoria)

Por eso mismo, como diría mi amiga Alice, “a quemar Sydney”, que por cierto, no está muy lejos de la realidad, ya que han ardido bosques cercanos …

Sydney me sigue pareciendo igual de fascinante y aún sigo cuál explorador descubriendo nuevos sitios. Mi vida cambió para bien y radicalmente hace dos semanas. ¿Qué por qué? No fue la lotería australiana, ni mis compañeros de piso han decidido limpiar la casa o sacar la basura, o por fin he conseguido nadar tan rápido como mis compañeros de piscina, ¡¡noooo!!
¡¡¡ me compré el abono transportes por 3 meses para barcos, trenes y autobuses!!!
Soy el nuevo amo de Sydney; no hay línea de autobús que se me resista, ni tren que no haya probado. Y claro, mis hábitos han cambiado. El tradicional paseo post-cena por el barrio se ha convertido en todo un abanico de posibilidades. La que más me atrae por ahora es irme a la zona del puente y la ópera. Justo delante de la ópera, cuando ésta ya mira al mar, hay unos bancos que por la noche suelen estar vacíos. Me relaja sentarme allí, mirando al otro lado de la bahía o al puente y escuchando el mar a la vez. Hay noches que voy y me siento y no pienso en nada, simplemente estoy allí. Otras, me compro un helado para homenajearme y ahí que lo engullo de lo más feliz. Otras, interrumpo a alguna que otra pareja de enamorados, pero procurando guardar una distancia prudencial para que no se sientan intimidados.

Otro de los momentos esperados de mis días consiste en nadar. Cuando nado, me siento realmente bien, no sé, es cómo que todos los problemas o preocupaciones se me van con cada brazada. Además, estoy hasta orgulloso de mí. He logrado mantener una velocidad media que me deja en un honroso puesto frente a mis australianos. Ellos y ellas siguen siendo más rápidos, pero ya no voy con la lengua fuera.
Socialmente también voy progresando. Tengo dos nuevos amigos de Holanda que viven muy cerca de mí: Thiele y Steven. Además, son superactivos y hacen muchas cosas, con lo que más de un día me he acoplado literalmente a sus planes. Sin ir más lejos, ayer fuimos a cenar a un restaurante superchulo de menú a 5 dólares. Me encantó, un pollo con patatas buenísimo.

El caso es que Thiele decidió ir a Canberra el pasado domingo y yo me adherí a su plan. Dio la casualidad que un chico del trabajo iba con su novia también (Vinh y Kim) y se ofreció a llevarnos a los dos. Salimos a las 6 de la mañana de Sydney. Yo traté de llevar mis ojos abiertos por el camino para mirar el paisaje e intentar ver a algún canguro en libertad, pero cuál excursión a Colmenarejo, no me desperté hasta Canberra. Me dijeron que habían visto 4 canguros, pero muertos y aplastados en la carretera. Así que creo que me alegré de haber dormido. Canberra, más que una ciudad es un parque con algún edificio, con avenidas anchas y espacios muy amplios. Me pareció un sitio frío, sin gente en las calles y para nada con la energía de Sydney o Melbourne. Lo único que me gustó fue el Museo Nacional de Australia, donde había muchas cosas de la historia del país y me entretuve mucho leyendo y viendo como el conejo europeo ha invadido el país desde su introducción en el año mil ochocientos y algo.
Pero lo que quiero resaltar de esta excursión es la bondad de la gente, aún a costa de pareceros un pesado. Vihn y Kim son dos emigrantes vietnamitas que vinieron a Sydney hace ya unos años. Conozco a Vihn del club del táper de todos los días. No sólo nos llevaron y nos trajeron desde nuestra puerta a Canberra, sino que habían comprado agua para el camino, traído mapas de la ciudad y música que creían nos iba a gustar. Y no esperaban nada a cambio, ni pagar gasolina a medias, ni una invitación que yo me empeñaba en darles en algún bar, ni nada. Se les veía encantados de tenernos en el asiento trasero. Me encanta la gente así y me gustaría ser de este modo. Yo creo que soy un poco menos bueno jejeje.

¡¡¡Y al día siguiente no había que trabajar porque el lunes era fiesta aquí!!! Así que Susana y yo nos cogimos el ferry camino a una de las playas del norte, Manly. El día prometía, pero se acabó estropeando. La primavera ya se va notando, pero aún queda algo de frío del invierno. Nos juntamos con Betty y con Rita y fuimos a una pequeña playa o cala que me encantó, y allí plantamos nuestra toalla y a charlar. Y descubrir la vida de las personas es algo que me fascina. Rita es una mujer de Brasil que se vino aquí hace 7 años, con un niño que entonces tenía 11. Da clases de portugués y español y anteriormente estuvo en España un tiempo terminando su tesis. ¡Qué energía y qué valor! Y Betty, es igual de interesante. Con 28 años, dejó su Grecia natal por España; terminó y amplió sus estudios allí y ahora está aquí haciendo el doctorado. Además, ambas me parecen muy buena gente.
El sábado que viene hemos planificado una barbacoa en una de las playas del norte con el resto del “grupo”. Bueno, no sé si llamarlo grupo, pero el caso es que ya hemos quedado un par de veces y me lo he pasado genial con ellos. Estoy emocionado con el plan.

Y si sigo, os contaría más y más cosas, pero creo que es demasiado.

Un abrazo a todos. No sabéis lo que os agradezco vuestros correos, comentarios o llamadas telefónicas. Espero que estéis bien.

Estas fotos son de la excursión que hice con David a Melbourne. Fue un fin de semana estupendo, en un hotel lujosísimo. La ciudad me encantó.




Aquí un atarceder en una de mis playas preferidas: Coogee



La expedición de Canberra:



Sydney desde el ferry:



Y por último, tarde de charla en Manly (Susana, Rita y Betty):