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Donde cuento cuentos
Pensamientos al aire para compartir :-)
Acerca de
Pues soy Óscar, una personita más por aquí, con las alegrías y las preocupaciones de todos, pero con cierta tendencia a compartirlas.
Sindicación
 
¡¡¡Vamos de paseo pi pi pi, en un metro lleno pi pi pi!!!


Madrid, Príncipe Pío, 8.40 de la mañana. Andén de la línea 6 dirección Moncloa.

Al menos 7 minutos esperando al metro. El andén hasta la bandera. Llega el metro y nos espachurramos unos contra otros para formar un puzzle de personas y conseguir que las puertas cierren. El calor del vagón, unido al calor de estos días, hace que el ambiente sea irrespirable. Una mujer se abanica, y yo me pongo detrás de ella para robar el poco aire que se le escapa. Por fin llego a Moncloa (menos mal que son solo dos paradas).

Y me siento estafado. Soy de los ingenuos que usa el transporte público, no sólo por economía sino por convencimiento. Porque creo en otro tipo de ciudades más habitables para todos. Y además, soy de los que me creo que "metro de Madrid vuela" y que nuestra red de transportes es maravillosa porque lo dicen los periodicos una y otra vez. Joder, esta mañana, he salido de mi "vuelo" por metro de Madrid con una sensación de engaño.

Sé que Esperanza no va a leer mi blog, ni Gallardón, pero dejen de mentir, metro de madrid no pasa cada 3 minutos y mi ideal de viaje no es empujar cada mañana para poder entrar en un vagón.

 
Deseo

Fue una simple frase en el transcurso de la comida en el trabajo. Algo así como “este libro le gustaría mucho a tu…“ y entonces tu nombre. Bastó con oírlo otra vez para que pensara en ti, para que no dejara de pensar en ti en todo el día. Me sorprendió que mi compañera utilizara un posesivo delante de tu nombre. Quizás no he dejado de hablar de ti como si aún siguieras a mi lado.
No pude acabar el día sin llamarte, sin oír tu voz, sin verte. Cogí el autobús y me planté donde me dijiste, dispuesto a darte un abrazo del que ni siquiera yo estoy seguro del significado.
Te vi, te abracé, te besé y regresé a casa, recordándome el ya rutinario esquema de las razones por las que te dejé. No es que me sienta confuso, pero irremediablemente, por un instinto irracional, me siento arrastrado hacia ti, atraído.

Me veo como el interlocutor que da charlas a sus amigos de cómo se deben hacer las cosas, pero cuando se trata de aplicarlas a mí mismo, me tiro al río y me dejo llevar por la corriente, pero hasta el mar, nada de términos medios.