Suerte (y no es la canción de Shakira)
Siempre me digo que los demás tienen suerte. Que en la carrera siempre aprobaban, que a la hora de encontrar pareja no les costaba nada, que el trabajo a muchos les vino en bandeja, que que que ...
Pero, ¿me he parado a pensar alguna vez que yo soy una persona que también tiene esos golpes de suerte? Sí, alguna vez lo he hecho, y reconozco, que a veces me asombro. Supongo que no le quiero dejar al destino todo el protagonismo y quiero arrebatarle algo en cuanto a que la suerte, muchas de las veces, también te la ganas a pulso. ¿Qué cómo? Pues el ejemplo más sencillo que se me ocurre, es tan simple como ser buena gente. Los amigos, los conocidos, la familia, los vecinos, muchas veces están más que dispuestos a echar una mano.
Cuento esto porque el domingo me sucedió algo que me hizo reflexionar sobre este tema. Iba caminando con un par de amigos por la calle Fuencarral y en la otra acera vi a un viejo conocido, Roberto. Le grité y enseguida comenzamos a charlar. Al principio, lo típico:
- “¿Tú qué tal?”
- “Yo bien.”
- “¿Dónde estás currando?”
- “En el mismo sitio”
(…)
En un momento de la conversación, me dijo.
- “ Me apetecería irme al extranjero”
Yo respondí.
- “¡Ah! Yo me voy a Sydney el próximo agosto”
- “¡Sydney! Tengo allí una amiga" – me dijo Roberto – "si quieres te pongo en contacto con ella".
Dicho y hecho. Al día siguiente tengo un correo de la amiga, que se ha ofrecido a preguntar si alguien necesita compañero de piso para los meses que esté allí, me ha hablado de la ciudad, de los precios, etc. No sé qué resultará al final, pero me tranquiliza saber que trabajaré en una zona animada de Sydney, que la comida es un poco más barata que en Legazpi y que hay una chica que se llama Betty y que se ofrece a sacarme un día a tomar una cerveza.
Vamos, que también soy un tipo con suerte. O yo lo veo así.

No soy zurdo
No soy zurdo porque "no tengo mano izquierda".
¿Por qué me cuesta decir que no? Y cuando quiera decirlo, ¿por qué tengo que ser tan tajante?
Hoy he dicho que "no", pero como un guerrero troyano defiendo mis murallas. Al menos he dicho lo que quería, pero enseguida me he echado atrás. Vamos, que con personas como yo, Troya habría caído en un día.
Titta på mig [tita po mei]
‘Titta’ es el verbo ‘mirar’ en sueco. ‘På’ es la preposición mimada del idioma. Todo, o quizás sea la ignorancia del que no conoce, se construye con ‘po’. ‘Mig’ es el pronombre personal ‘me’. ‘Mírame’. Siempre me ha encantado esta frase, primero, porque suena muy sueco y segundo, porque me encantaba ver cómo los niños pequeños reclamaban la atención de sus mayores con el ‘Titta på mig’. Supongo que en parte, yo también reclamo vuestra atención escribiendo esto y reconozco, que en ese aspecto, siempre me he visto un poco niño. Necesito cuidados.
Volviendo al sueco, el regreso a Lund fue especial. Especial porque me gustó la sensación de volver a un lugar que me es familiar y a la vez, está tan lejos. No sé, eso le da otro ingrediente más. Me gusta saber que conozco amigos y lugares en un sitio que no es remotamente mi lugar de origen. Me gusta comprobar que puedo comunicarme en otro idioma, comprar en el supermercado, reírme de las bromas o participar con mi pequeña presencia de la vida de Suecia.
Fue especial reencontrarme con las personas especiales que hicieron precisamente que mi estancia allí fuera especial. Pero también fue especial reencontrarme con Alberto, que siendo de aquí, hacía mucho tiempo que no pasaba unos días con él. Maravilloso comprobar qué buenos amigos me regala la vida.
Y viendo todo desde cierta distancia, me gusta saber que aquella época ya se pasó y que mi vida actual me hace sentir bien. Es decir, añoro a las personas, los lugares y los yogures suecos (sobre todo el de vainilla), pero no el periodo Erasmus en sí. Procuro siempre mirar la vida hacia delante y como dice Thalia siempre “arrasando”. Cada etapa tiene su momento y me gusta aprovechar al máximo el que tenemos en el presente. Supongo que al oír a mis compañeros decir qué volverían atrás, por mi cabeza pasó todo esto que os cuento. Y no sé, llamadlo madurez o paz interior o pensamiento momentáneo. El caso es que me gusta tener buenos recuerdos del pasado, pero no volver atrás.
God natt sov gött! (buenas noche, dormid bien)



A bote pronto
"La hipocresía es un vicio, pero no estoy tan convencido de que la franqueza sea siempre una virtud"
Mario Benedetti
Ponía esta frase a un amigo en su blog (a Magu) y quiero dedicársela a una de las personas que no piensa nunca en las consecuencias de su franqueza. Por eso, la adoro, la quiero.
Y lo que aún me gusta más de ella, es que, después de su ráfaga de "gruñidos", como ella ya cariñosamente los llama, se calma y vuelve a ser el remanso de paz que siempre es.
Y lo que aún me gusta más, es que tiene muy mala memoria, y a los dos segundos ya se le ha olvidado.
A ti, que ahora no lo estás pasando bien por tu franqueza, te dedico esto. Un beso guapa. Para F.
Mario Benedetti
Ponía esta frase a un amigo en su blog (a Magu) y quiero dedicársela a una de las personas que no piensa nunca en las consecuencias de su franqueza. Por eso, la adoro, la quiero.
Y lo que aún me gusta más de ella, es que, después de su ráfaga de "gruñidos", como ella ya cariñosamente los llama, se calma y vuelve a ser el remanso de paz que siempre es.
Y lo que aún me gusta más, es que tiene muy mala memoria, y a los dos segundos ya se le ha olvidado.
A ti, que ahora no lo estás pasando bien por tu franqueza, te dedico esto. Un beso guapa. Para F.
Hej!!
"Hej" no es más que hola en sueco. A pesar de esa jota, se pronuncia "jei", con una jota suave al estilo latino americano.
Este fin de semana vuelvo a Lund, a Suecia, a aquel lugar donde terminé mi carrera, al que le guardo un cariño, quizás desmesurado, pero justificado.
Fue la primera vez que me enfrentaba al mundo por mí mismo, sin padres, sin amigos, en un lugar que ya conocía de una visita previa, pero que al fin y al cabo era desconocido.
Recuerdo mis primeras sensaciones.
Mi obsesión principal era saber si alguien iba a venir a recogerme a la estación de tren o por el contrario tendría que buscar el lugar donde me daban las llaves de mi casa por mí mismo. Ahora lo recuerdo y me rio, porque no hay ni 500 metros entre la estación y la oficina de alojamiento de la universidad.
El caso es que allí me planté, y en cuanto puse un pie en el andén oí un grito que decía : International students!!!! Allá que fui!!!
Cuando me hubieron dejado en mi habitación, lo primero que hice fue llamar a mis padres y decirles que estaba bien, muy contento y feliz. En ese momento era mentira, pero no quería preocuparles. Estaba un poco perdido. Recuerdo que recibí un par de mensajes al móvil que me hicieron echar ya un poco de menos Madrid.
La primera noche fue bien, pero al despertar, me senté en la cama y me pregunté a mí mismo por qué había decidido irme tan lejos a terminar la carrera, por qué no quedarme en mi casa, en mi ciudad. ¡Quién te manda Óscar meterte en complicaciones!
Salí a la calle en busca de la parada de autobús. Iba a mi primera lección de sueco. Mi congoja y mi aislamiento duró poco. Una chica me observó desde la parada y me preguntó "Are you Italian??" Esa frase marcó el comienzo de mis relaciones sociales, el principio de las amistades que se convertirían en compañeros de viaje, de vida.
Me aventuré en el juego de "redecorar mi vida", como dice la frase de Ikea. Y me doy cuenta, de que cuando llegué me dije a mí mismo que podría ser la persona que yo quisiera, aquélla que siempre había deseado y nunca había sido. El tiempo no me dió la razón. Uno es uno en Kampala o en Vallecas. Sí que cambias y maduras, pero ahí está tu esencia, eso que has mamado desde que eres chiquito.
Los seis meses se pasaron volando entre fiestas, excursiones, cenas, comidas, visitas al supermercado, cervezas, proyecto de fin de carrera (que también trabajé allí, ¿eh?), etc.
Supongo que la lejanía de lo tuyo y de los tuyos, te hace aferrarte con más fuerza a lo que tienes a tu alcance. Además, el saber que hay una fecha de fin, también moldea tu comportamiento para que aproveches al máximo cada momento. Creo que por eso, todo lo sentía multiplicado por 3 o 4. Por eso Maura se convirtió en un pilar de mi vida, Luca en mi confidente, Nick en el novio ideal, Nico en mi mano derecha, Afke en mi amiga del alma, y así, hasta una lista de unos cuantos más ...
Ya os contaré cómo es la vuelta. Hoy, por el momento, vuelvo a estar nervioso. Lo bueno, es que ya sé que esta vez, alguien me viene a buscar a la estación.


Este fin de semana vuelvo a Lund, a Suecia, a aquel lugar donde terminé mi carrera, al que le guardo un cariño, quizás desmesurado, pero justificado.
Fue la primera vez que me enfrentaba al mundo por mí mismo, sin padres, sin amigos, en un lugar que ya conocía de una visita previa, pero que al fin y al cabo era desconocido.
Recuerdo mis primeras sensaciones.
Mi obsesión principal era saber si alguien iba a venir a recogerme a la estación de tren o por el contrario tendría que buscar el lugar donde me daban las llaves de mi casa por mí mismo. Ahora lo recuerdo y me rio, porque no hay ni 500 metros entre la estación y la oficina de alojamiento de la universidad.
El caso es que allí me planté, y en cuanto puse un pie en el andén oí un grito que decía : International students!!!! Allá que fui!!!
Cuando me hubieron dejado en mi habitación, lo primero que hice fue llamar a mis padres y decirles que estaba bien, muy contento y feliz. En ese momento era mentira, pero no quería preocuparles. Estaba un poco perdido. Recuerdo que recibí un par de mensajes al móvil que me hicieron echar ya un poco de menos Madrid.
La primera noche fue bien, pero al despertar, me senté en la cama y me pregunté a mí mismo por qué había decidido irme tan lejos a terminar la carrera, por qué no quedarme en mi casa, en mi ciudad. ¡Quién te manda Óscar meterte en complicaciones!
Salí a la calle en busca de la parada de autobús. Iba a mi primera lección de sueco. Mi congoja y mi aislamiento duró poco. Una chica me observó desde la parada y me preguntó "Are you Italian??" Esa frase marcó el comienzo de mis relaciones sociales, el principio de las amistades que se convertirían en compañeros de viaje, de vida.
Me aventuré en el juego de "redecorar mi vida", como dice la frase de Ikea. Y me doy cuenta, de que cuando llegué me dije a mí mismo que podría ser la persona que yo quisiera, aquélla que siempre había deseado y nunca había sido. El tiempo no me dió la razón. Uno es uno en Kampala o en Vallecas. Sí que cambias y maduras, pero ahí está tu esencia, eso que has mamado desde que eres chiquito.
Los seis meses se pasaron volando entre fiestas, excursiones, cenas, comidas, visitas al supermercado, cervezas, proyecto de fin de carrera (que también trabajé allí, ¿eh?), etc.
Supongo que la lejanía de lo tuyo y de los tuyos, te hace aferrarte con más fuerza a lo que tienes a tu alcance. Además, el saber que hay una fecha de fin, también moldea tu comportamiento para que aproveches al máximo cada momento. Creo que por eso, todo lo sentía multiplicado por 3 o 4. Por eso Maura se convirtió en un pilar de mi vida, Luca en mi confidente, Nick en el novio ideal, Nico en mi mano derecha, Afke en mi amiga del alma, y así, hasta una lista de unos cuantos más ...
Ya os contaré cómo es la vuelta. Hoy, por el momento, vuelvo a estar nervioso. Lo bueno, es que ya sé que esta vez, alguien me viene a buscar a la estación.


Amor, a nuestro pesar
“¿Te han hablado de amor alguna vez, María de Fátima?”
“Me han dicho muchas estupideces al oído, como a todas las mujeres bonitas que los hombres consideran su presa.”
“Eso no es hablar de amor.”
“¿Vas a hacerlo tú?”
“No, porque no te amo. Me atraes, lo confieso, pero tu mirada levanta entre los dos una valla que no me atrevo a saltar. Sin ella, acaso llegase a amarte. Es lo más probable, y no me consideraría feliz, porque tú no me amarías jamás …”
Me interrumpió:
“¿Para qué? Yo te sería fiel y pondría mi cuerpo a tu disposición para que engendrases hijos y para que te saciases, si eso era lo que necesitabas.”
“¿Sin compartir sentimientos?”
“¿A qué llamas sentimientos?”
“A sentir que cada uno de los dos es necesario al otro y a vivir juntos la felicidad de la necesidad cumplida.”
“¿Eso incluye el placer de la cama?”
“Sí, compartido, como todo lo demás”.
Movió serenamente la cabeza.
“No lo necesito, no lo entiendo, no me interesa.”
Sacar en aquel momento, del paquete de tabaco, un cigarrillo fue como buscar un punto de apoyo en el vacío. Le ofrecí, lo rechazó, encendí el mío.
“¿No te parece que ha sido una suerte que llegásemos a esta conversación?”
“¿Por qué?”
“Podíamos seguir engañándonos como hasta aquí; podíamos llegar a casarnos. Hubiéramos sido muy desdichados.”
“Yo no.”
“Yo sí. No concibo la convivencia de un hombre y una mujer sin amor. Pero como yo llegaría a amarte, de eso estoy seguro, es posible que sólo fuera yo el desdichado.”
[…]
"Estoy segura de que en poco tiempo haría de ti otro hombre. Te enseñaría a desear lo verdaderamente deseable, y no esas ilusiones del amor y de la poesía. ¿Sabes lo que son la riqueza, el poder, el ser alguien en el mundo? A mi lado lo aprenderías"
[...]
"... yo he conocido a parejas que vivían en una buhardilla e irradiaban luz"
“A eso le llamo yo mediocridad. Y, en cuanto a la felicidad, esa de que me hablas, o a la que aspiras, jamás he pensado en ella. Como te habrás dado cuenta, pico más alto.”
“¿Por qué?”
Se me quedó mirando, sin respuesta. Repetí la pregunta:
” ¿Por qué?”
Y como siguiera sin responderme, añadí:
“Si tú me hicieras esa pregunta, no me quedaría mudo, como tú. Por lo pronto te diría: porque lo siento así, o porque lo necesito. Por debajo de las razones, siempre hay algo más fuerte y más explicable. Ahí es donde tocamos la vida”
“Pero no todos viven igual”, dijo entonces, aunque con la voz menos segura.
“Es cierto. Es algo a lo que todos tenemos derecho, tú a picar más alto, yo a quedarme donde estoy, quién sabe si solo para siempre. La diferencia está en que tú vives de esperanza y a mí es muy probable que me toque vivir de recuerdos. Pero observa la diferencia: yo no intento convencerte de que renuncies a tus esperanzas. Me basta con que sepas que, en ese viaje, no me creo con ánimos para acompañarte. Exigiría de mí un esfuerzo para el que no estoy preparado, acaso porque nada de lo que puedas ofrecerme me seduzca o simplemente me atraiga. Salvo tú misma”
“Sí. Lo comprendo. Me equivoqué contigo. Pero sé perder, ¿sabes? – añadió con una alegría súbita -.Lo único que te pido es que lo olvides todo, o hagas como que lo has olvidado. Yo haré otro tanto …”
Me tendió la mano. No la rechacé. Y mientras la acompañaba hasta la salida, pensé por primera vez que era una lástima que no nos hubiéramos entendido. También lo era que yo no pudiese imaginar el modo de bajarle los humos, de traerla a la realidad humilde de la gente que llamaba mediocre. Ante todo, de enseñarle a amar. ¡Era tan bonita, tenía un cuerpo tan deseable! Y, en el fondo, no creía que fuera mala persona.
Fragmento del libro "Filomeno, a mi pesar" de Gonzalo Torrente Ballester.
“Me han dicho muchas estupideces al oído, como a todas las mujeres bonitas que los hombres consideran su presa.”
“Eso no es hablar de amor.”
“¿Vas a hacerlo tú?”
“No, porque no te amo. Me atraes, lo confieso, pero tu mirada levanta entre los dos una valla que no me atrevo a saltar. Sin ella, acaso llegase a amarte. Es lo más probable, y no me consideraría feliz, porque tú no me amarías jamás …”
Me interrumpió:
“¿Para qué? Yo te sería fiel y pondría mi cuerpo a tu disposición para que engendrases hijos y para que te saciases, si eso era lo que necesitabas.”
“¿Sin compartir sentimientos?”
“¿A qué llamas sentimientos?”
“A sentir que cada uno de los dos es necesario al otro y a vivir juntos la felicidad de la necesidad cumplida.”
“¿Eso incluye el placer de la cama?”
“Sí, compartido, como todo lo demás”.
Movió serenamente la cabeza.
“No lo necesito, no lo entiendo, no me interesa.”
Sacar en aquel momento, del paquete de tabaco, un cigarrillo fue como buscar un punto de apoyo en el vacío. Le ofrecí, lo rechazó, encendí el mío.
“¿No te parece que ha sido una suerte que llegásemos a esta conversación?”
“¿Por qué?”
“Podíamos seguir engañándonos como hasta aquí; podíamos llegar a casarnos. Hubiéramos sido muy desdichados.”
“Yo no.”
“Yo sí. No concibo la convivencia de un hombre y una mujer sin amor. Pero como yo llegaría a amarte, de eso estoy seguro, es posible que sólo fuera yo el desdichado.”
[…]
"Estoy segura de que en poco tiempo haría de ti otro hombre. Te enseñaría a desear lo verdaderamente deseable, y no esas ilusiones del amor y de la poesía. ¿Sabes lo que son la riqueza, el poder, el ser alguien en el mundo? A mi lado lo aprenderías"
[...]
"... yo he conocido a parejas que vivían en una buhardilla e irradiaban luz"
“A eso le llamo yo mediocridad. Y, en cuanto a la felicidad, esa de que me hablas, o a la que aspiras, jamás he pensado en ella. Como te habrás dado cuenta, pico más alto.”
“¿Por qué?”
Se me quedó mirando, sin respuesta. Repetí la pregunta:
” ¿Por qué?”
Y como siguiera sin responderme, añadí:
“Si tú me hicieras esa pregunta, no me quedaría mudo, como tú. Por lo pronto te diría: porque lo siento así, o porque lo necesito. Por debajo de las razones, siempre hay algo más fuerte y más explicable. Ahí es donde tocamos la vida”
“Pero no todos viven igual”, dijo entonces, aunque con la voz menos segura.
“Es cierto. Es algo a lo que todos tenemos derecho, tú a picar más alto, yo a quedarme donde estoy, quién sabe si solo para siempre. La diferencia está en que tú vives de esperanza y a mí es muy probable que me toque vivir de recuerdos. Pero observa la diferencia: yo no intento convencerte de que renuncies a tus esperanzas. Me basta con que sepas que, en ese viaje, no me creo con ánimos para acompañarte. Exigiría de mí un esfuerzo para el que no estoy preparado, acaso porque nada de lo que puedas ofrecerme me seduzca o simplemente me atraiga. Salvo tú misma”
“Sí. Lo comprendo. Me equivoqué contigo. Pero sé perder, ¿sabes? – añadió con una alegría súbita -.Lo único que te pido es que lo olvides todo, o hagas como que lo has olvidado. Yo haré otro tanto …”
Me tendió la mano. No la rechacé. Y mientras la acompañaba hasta la salida, pensé por primera vez que era una lástima que no nos hubiéramos entendido. También lo era que yo no pudiese imaginar el modo de bajarle los humos, de traerla a la realidad humilde de la gente que llamaba mediocre. Ante todo, de enseñarle a amar. ¡Era tan bonita, tenía un cuerpo tan deseable! Y, en el fondo, no creía que fuera mala persona.
Fragmento del libro "Filomeno, a mi pesar" de Gonzalo Torrente Ballester.





