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El espejo de vuestras promesas
Detras de cada promesa hay una historia
Acerca de
¿mis gustos? pero si no los se ni yo. Depende del día. Bueno pondre los perennes.... Leer (devorar) libros. Fotografiar lo decrepito. Escuchar música de lo más variada (en la variedad esta el gusto). Chocar con todas las paredes.
Sindicación
 
Hoy toca: En dos


Como un globo se escaparon de mis manos, yo solo podía verlas volar, perseguirlas desde el suelo conteniendo la respiración cada vez que rozaban la copa de los árboles. No perdía la esperanza de que me fueran devueltas por el viento. Y así veo desaparecer las cosas que deseo, siempre prometiéndome que mañana no abriré la mano.
Y me duermo buscando el sueño de la amnesia, pero al despertar las pesadillas siguen abrazadas a mi cuerpo. Me quito la ropa impregnada con su olor pero mi piel ya hace tiempo que huele a ellas, se colaron por mis poros y ahora galopan por mis venas y duermen en mis ojos. Siempre a la espera del momento, cuando el velo de mis párpados las cubre de noche y son libres para robar mis sueños.
Cada amanecer estoy más vacía y ya no puedo hacer las mismas cosas, me falta el valor, la fuerza y las ganas de seguir deseando.
Una vez más he abierto las manos para mirar lo que contenían y una vez más descubro que no se puede retener el ayer, que la esencia de los recuerdos se escurre por los dedos como el agua formando ríos sin orillas.
De qué me sirve pasar horas caminando, si luego cuando escribo mis palabras siempre me llevan al mismo sitio. A un laberinto de espejos que solo reflejan el pasado encerrado en un cuerpo que ya no es el mío.
Es imposible recuperar lo que ya no existe, lo que solo vive en una parte de mí. No puedo volver a ser la niña que miraba el globo con la esperanza de recuperarlo, hoy he descubierto que no puedo cerrar siempre los ojos para ver sus colores. Esa es la magia del mañana, poder descubrir nuevos tonos y ser yo la que escape de las manos del ayer rozando los árboles envuelta en sus hojas.
Y me acuesto una noche más con la ilusión de que mañana lo conseguiré, encontraré el valor para recuperar los días que perdí, pero suena el despertador y lo primero que noto es la presión de su abrazo y me doy cuenta de que hoy tampoco la encontraré.
 
Hoy toca: Te observo
Sentada en la cornisa del mundo puedo oler el aroma de las flores que pisa. Ver como sus manos se aferran a la cintura de las cosas en un vano intento de retenerlas a su lado, sin darse cuenta de que todo lo que toca se transforma en piedra arrastrándolo.
Desde esta altura puedo notar el dolor que siente, me retuerce el alma y me hace llorar. No puedo ayudarle está demasiado lejos de mí. Intento entender por qué no puede dejar de pensar en ese momento se agarra al dolor como si fuera la única manera de vivir.
Le envío mensajes con las nubes pero nunca mira al cielo, tiene miedo de ver la lluvia que amenaza con borrarlo todo. Sus pasos son lentos y con cada huella pierde algo de su vida, un momento, un recuerdo, un sueño. Pero sigue hacía delante sin darse cuenta de que todo en él está cambiando, que pronto solo será un hombre atormentado y no logrará leer las señales que le fui dejando a mi paso.
Y yo solo puedo mirar como su cuerpo se va desvaneciendo y cada vez me cuesta más seguir sus pasos. Será una sombra que camina por las orillas sin saber que perseguía o como llegó hasta allí.
No quiero dejar que desaparezca perdido en sus ideas, pero sé que si salto el abismo que nos sapara no podré volver a la cima de esta montaña donde el aire me envuelve y la nieve me refresca la piel. Corro el peligro de volverme piedra a su lado y caer sin remedio.
Este era nuestro sueño, queríamos llegar juntos, ahora estas perdido y yo te miro desde aquí paralizada por el miedo a perderme contigo. Y dejo que el tiempo siga marcando sus horas escondida en el deseo de que algún día encuentres la manera de llegar hasta mí. Soy una cobarde por no intentar ayudarte, pero me ha costado demasiado alcanzar la cima y fuiste tu el que soltó mi mano dudando de mi fuerza.
Esperaré sentada en la cornisa del mundo a que me cojas de la mano y saltemos juntos a la eternidad.
Te observo.
 
Hoy toca: Mi deporte favorito
Estoy pasando unos días en un lugar donde puedo ver amanecer mientras tomo un café, relajandome en mi compañía. Mientras permíteme que vuelva a poner uno de mis primeros post, en el que tomé palabras prestadas para expresar lo que más me gusta.


Es un deporte que procuro practicar a todas horas. Voluntaria o involuntariamente. Lo practico en todas sus modalidades, risa a carcajadas, disimulada, nerviosa, con hipo, incontrolable, pegadiza, irónica...

De pronto oigo un sonido que parece chatarra despeñandose ladera abajo de un precipicio al borde del mar.
Pongo más atención, abro los ojos, momentáneamente cegada y todos mis sentidos alerta, hasta que descubro de dónde procede el ruido. El lugar exacto está situado entre mi ombligo y mi epiglotis.
Creo que me estoy riendo.
Es más: me estoy descojonando aunque no posea todos los recursos naturales necesarios para lograr tamaña hazaña. Sí, me río a carcajada limpia. Me mondo como una patata, emito risitas de perro, de hiena, de soldado borracho, de idiota que está contenta. Me río de la riqueza y la pobreza, del caos, de la vida que nos regalan sin habernos preguntado antes, de los impuestos municipales, de mi colitis de hace unos días. Me río con franqueza, con entusiasmo, con una técnica exquisita. No creo que nadie sepa reírse tan bien como yo, en este continente al menos. Me río seriamente y con firmeza; soy una náufraga encantada de serlo en el mar de la risa. Tengo una crisis de risa. Me río de costado, de frente, de perfil, en decúbito y en postura sedente. Estoy delirando de risa. La risa me da un masaje en las meninges y me refriega los dientes. Mi risa es restrospectiva, aunque tiene vocación de futuro y desea lo venidero, se quedará hasta mañana pasado y al otro. Tiene trapío mi risa, no se disipará ni aunque se me acabe el aire que respiro. Ni cuando esparzan al viento mis cenizas me habré quedado sin risa.

A la caza del último hombre salvaje. De Angela Vallvey. (Medalla olimpica en esta modalidad)
 
Hoy toca: De ti.
Sabes que miento cuando digo que nunca he amado, hay veces que lo hago con tanta fuerza que rompo algunas cosas. Me siento culpable y dejo de creer en mí. Pero ahí estas tu retándome a vivir, utilizando las derrotas a mi favor. Sabes que por llevarte la contraria soy capaz de sonreír.
Me levanto del suelo, reinterpreto las señales y embisto a la vida con fuerza.
Algunas veces lees mis historias buscando algo de ti en sus frases, no te das cuenta de que no tienes que ir tan lejos para verte, solo mira mis ojos cuando te sonrío. Reflejan todo lo bueno que me das, esas verdades como puños que me enseñaste a esquivar. Me coges de la mano y me levantas una y otra vez, siempre atento a cada gesto que delate como me siento. Estirando de mis orejas cuando me rindo.
De ti aprendí a coger la pena por las solapas y decirle que tiene el tiempo justo para huir. Que en plena noche puede haber una luz que te deslumbre y que los días de lluvia solo hay que abrir el paraguas y dejarse mojar.
A veces guardamos en los trasteros las cosas más importantes y no podemos evitar sentir que aún están vivas detrás de la puerta. Que el tiempo lo cura todo pero también lo hace más real. Ya no escondo la cara cuando me hablan de vida y salgo a buscar cada segundo para retenerlo a mi lado. He perdido el tiempo escuchando la voz equivocada, la que hablaba desde el rencor y el miedo a romperme de nuevo. La que me ataba al dolor y a estas paredes donde solo se respira el humo contaminado de falsos recuerdos. He abierto las ventanas para que entre aire nuevo lo inunde todo y arrastre el polvo del pasado. Lo intentaré de nuevo, te prometo que esta vez la apuesta la ganaré yo. Y tu fingirás ser perdedor con tu sonrisa y me guiñaras un ojo invitándome a un abrazo.
Porque hoy estoy segura que en cada cruce hay miles de caminos que me haran dudar, pero ya no me preocupa, ahora sé que todos llevan a mí.

 
Hoy toca: Mirando una foto de Bassaï..
Me di cuenta de que cada día es idéntico al siguiente..
Y sigo esperandote sin saber por qué.
 
Hoy toca: El té de las muñecas
Y si un día descubro que esta casa no tiene salida y que por más puertas que abra nunca llegaré al jardín.
Qué el sonido del piano es solo el eco de la lluvia en los cristales.
El reloj siempre marca aquella hora y campanea sin cesar el mismo minuto. Las muñecas toman el té mientras hablan de mí, se ríen de mis intentos por salir.
Algunas habitaciones están vacías, del techo cuelgan bombillas rodeadas por el vaho que se escapa de mi boca.
Los muebles del salón están tapados con sabanas, inmóviles fantasmas huyendo del tiempo y sus caprichos. Sigo subiendo, los escalones crujen a mi paso astillándose tras cada decisión.
En la siguiente habitación hay una ventana desde la que puedo ver el jardín lleno de flores, donde los pájaros vuelan a sus nidos de alambre. Intento salir lazando una silla, pero antes de llegar a las rejas se rompe en mil pedazos de cristal azul.
El crepitar de un fuego me hace reaccionar, corro en esa dirección, alguien encendió la chimenea. Un escalofrío se apodera de mi cuerpo, ahora sé que no estoy sola. Él me observa y disfruta con mi angustia. Me siento delante del fuego, necesito el calor de sus llamas.
Ahora más que nunca deseo escapar.
En la última planta hay una cama con dosel del que cuelgan unas cortinas que el polvo vistió de ocre.
Sentada sobre un almohadón hay una muñeca con manos de trapo, pidiéndome un abrazo. La recuerdo muy bien, dormíamos juntas iluminadas por la tormenta, la apretaba contra mí cuando el trueno descargaba su puño. Quiero cogerla pero me enredo en las cortinas que se me aferran como un ejercito de manos. Cuando consigo liberarme de sus brazos ya no está y una nube de horas flota sobre mí.
La biblioteca está llena de libros con páginas en blanco esperando la pluma que los llene de olvidos. De las paredes cuelgan cuadros, la humedad ha borrado sus rostros pero recuerdo todos los paisajes. Hay puertas cerradas con llave esperando su momento y otras por las que se filtra la niebla del pasado.
Al fondo del pasillo hay una balconada, la abro despacio y el aire me araña la cara, salgo a una terraza desde donde puedo ver el mar.
Las gotas de lluvia resbalan por mi pelo, he llegado al final. Solo hay una salida, despliego mis alas mojadas y planeo sobre esta casa de muñecas. En la que vive el tiempo y de la que no se puede escapar.
 
Hoy toca: El día entero
El mejor momento del día es cuando me siento con mi gata en el regazo y la acaricio mientras ella ronronea. El mundo deja de importarnos y nos dedicamos mimos hasta quedarnos dormidas. Soñamos con ratones, enredadas en ovillos gigantes y nos afilamos las uñas en un sofá rojo.
También disfruto escribiendo, plagiando momentos de mi vida, haciendo palabras con los trozos. Desviando la mirada de lo cotidiano, expiando la culpa por besar otros labios. Ya sabes, nunca fuimos ángeles...
Dame un papel y te dibujare una sonrisa. Pero no me pidas que escriba mentiras aunque te duela lo que lees.
Otra cosa con la que disfruto son los cafés, con leche y en compañia, hablando de los días que vivimos y como no, arreglando el mundo a nuestra manera. Bombardeándolo a carcajadas.Como los que tomo en el sunset al borde del mar entre amigos.
La música me acompaña siempre, cada minuto tiene su canción. Me gusta escucharla cuando camino por la calle, todos forman parte de un musical y fantaseo con un final feliz en letras grandes. Me pongo los auriculares y la sonrisa aparece en mi cara. Suena Exit de U2, que apaguen el sol!! necesito escucharla a oscuras.
La vida necesita de estos momentos, donde no hay cabida para la pena, poder relajarme y sentir como todo fluye. Las palabras sobran, todo tiene su ritmo, si me tocas puedes notar como la felicidad recorre mi cuerpo.
-Y los sueños? Te he hablado de los sueños?
En ellos soy ligera y vuelo, nunca me rindo aunque el pasillo sea interminable. Las margaritas siempre dicen sí y no pierden sus pétalos. Puedo ir de la noche al día con solo desearlo, ver el amanecer fundido en el ocaso. Cada mañana me das un beso para despertarme. Me gustan estas despedidas, porque sé que te volveré a soñar. Para las noches en que los sueños no quieren llegar, tengo un granito de arena guardado debajo de la almohada, regalo de un amigo.
Y qué me dices cuando recorro la casa a gatas detrás de mi sobrino, viendo el mundo con sus ojos. Con la cámara en la mano intentando plasmar su sonrisa por si mañana la necesita. Vivimos aventuras construidas con piezas de colores, conducimos coches sin ruedas. Su pelo rubio lo deslumbra todo a su paso, tiene el don de hacerme feliz y acabo agotada, tirada en el sofá pidiendo clemencia, pero con una foto que jamás se borrará. Adoro su mirada al entrar su madre, es tan sincera...Y deseo tanto que algún día alguien me mire así.
Ojalá todos los días estuvieran llenos de estos momentos, pero tengo que confesar que necesito de la tristeza para poder expresar lo que siento. En mí todo tiene su lugar.
 
Hoy toca: No te das cuenta?
No quiero nada de ti.
No necesito tus besos recorriendo mi espalda, tus manos deslizándose por mi piel, tus piernas atrapadas en las mías. Ya no me arqueo de placer con sólo pensarte. Quédate con tus palabras, que por falsas perdieron color. Te devuelvo las tardes de lluvia, rodando por el suelo en abrazos húmedos de sudor. Las caricias que robabas por debajo de mi falda enredándote en mis medias. La suavidad de tus dedos pasando por mi pecho, el sonido de tu cuerpo sobre el mío. De qué me sirve guardar esos recuerdos, para qué quiero más lágrimas.
Ahora nado desnuda en el mar, mecida por la brisa, dejándome llevar por las olas a orillas solitarias.
Escribiendo en la arena todos mis nombres. Aullando a la luna, borracha de libertad. Riéndome a carcajadas de la sombra que me sigue, porque sé lo que quiere y nunca lo tendrá. Y tropiezo con las botellas vacías, que contenían tus mentiras y bebí sin pensar. Bailo junto al fuego que prendí con tus promesas, el humo llega a las estrellas que se unen formando un camino de baldosas amarillas. Corro hasta quedarme sin aliento, para poder sentir el placer de volver a respirar.
Esta noche quiero cambiarlo todo, saber qué se siente cuando el tiempo no duele. Espiar a la vida sin notar sus golpes. Domar una ola que me lleve lejos.
-Qué quieres ahora, que viniste a buscar?
Me dices que los días son más largos sin nosotros. Veo tristeza en tu mirada, descubro que tu también puedes sufrir. Sé que debería estarte agradecida por los sueños que cree con tus mentiras. Siento pena y te ofrezco el último regalo...
-Abre las manos, te daré todo lo que queda de nosotros.
....
-Como, qué no hay nada?
 
Hoy toca: En una caja de galletas
La primera vez que te ví tarde dos segundos en darte mi corazón, el primero lo necesite para recuperar el aliento y el segundo para arrancarlo de mi pecho. Nunca dudes de que me di cuenta de que era una trampa, aún así me tiré sin mirar dentro. Condenada a sentir lo que nadie sentirá por mí.
Me lo devolviste roto, envuelto en hielo una tarde de invierno. Lo guardé en algún lugar escondido y me olvide de él para siempre.
Hasta ayer... cuando sentada en un banco ví pasar unos ojos con todos los colores de la noche en su interior. Corrí en su busca,
-Dónde lo dejé?
Busqué en los armarios, pero solo encontré recuerdos, debajo de la cama, pero solo habían monstruos. Abrí todos los cajones, pero solo contenían secretos.
Desesperada empecé a llorar,
-Qué será de mí si ya nunca más puedo amar?
Y te maldije y desee no haberte conocido, grite, patalee, nada podía calmar mis lágrimas. Y perdí la capacidad de sorprenderme, y todas las palabras olían a mentira perfumada en naftalina.
Volví a ese banco y me senté a esperar, pasaron días, meses y estaciones. Y sin corazón ni esperanza empecé a deambular. Atravesé calles, subí montañas, cruce ríos, escalé edificios y me dejé caer en vuelos imposibles.
Y un día me encontré de nuevo con aquellos ojos, bajé la mirada avergonzada.
-Que te puedo dar si ya no tengo corazón?
Le ofrecí lo único que me quedaba, vacíe mis bolsillos y le di todo lo que había. Una canción triste, un espejo roto y una caja de galletas vacía.
Llenó la caja de nuevas promesas, me cambió la canción por la melodía más bella jamás escrita y reflejó mi sonrisa en el espejo. Y por un instante supe lo que se siente cuando eres querido , las palabras tienen todo su poder y los besos saben a nuevo.
Y me sentí aliviada de no tener corazón, porque esta vez nada pararía mi caída.
 
Hoy toca: El estado puro.
Camino por la espiral del miedo, de espaldas a todo lo que ví. Llevada por la mano de las pesadillas que me tapan los ojos para que no pueda recordar el camino de vuelta.
Con la cobardía en una mano y el desespero en la otra intento mantener el equilibrio de mis pensamientos.
Sé que es tarde para salir de este cuarto oscuro, pero lo intentaré una y mil veces, hasta que alguien abra el tapón de esta bañera y caiga sin remedio por el desagüe del olvido.
Aprendí tarde la lección que querías enseñarme, ante las dudas opte por no contestar, escondí el miedo con la mascara del engaño.
Escudada en tu cariño te conté mil mentiras, deseando que las descubrieras y me sacaras de allí.
Ahora ya es tarde, abro los ojos y estoy aquí, sola. Siento envidia de mi misma, de aquella que fui, la valiente, la optimista, la que se quedo en el camino y nunca llegó hasta esta bañera de aguas oscuras, donde me sumerjo para no sentir la cordura que se me escapa.
Soy incapaz de abrir las manos para sujetarme al borde, no encuentro el fondo donde poner los pies para coger impulso. Estoy rodeada de barro resbaladizo y estoy cansada de caer. Aún así hay días en los que me sorprendo intentándolo y durante unos segundos creo que lo conseguiré. Pero ahí está el miedo para empujarme de nuevo al abismo de la desesperación. Y asumo mi destino y vivo de los recuerdos de momentos que viví cuando yo no era yo.
Si estoy muy asustada le robo al viento unas notas y canto una canción de cuna, mientras lágrimas de plata viva caen por mi cara formando surcos a su paso.
Me perderé en un susurro, volaré en un suspiro y un día encontraré el camino de vuelta. Necesito creerlo para no tener la tentación de estirar del tapón.
Y aquí me tienes escribiendo estas palabras en un papel mojado con manos temblorosas y la sonrisa irónica de quien ya no tiene nada que perder.