logotipo

img_google
Escrito te lo dejo
Disquisiciones variopintas sobre
la personalidad múltiple de un haragán
Acerca de
Soy yonki de la escritura y no entiendo nada. Y ya no quiero entenderlo. Vivo a gusto en la absoluta incomprensión. Escribo sobre ella, para pasar el mono y para entender menos.
Sindicación
 
Excusas
Mis queridas y contadas lectoras:

Siento no haber dado señales de vida, no haber pulsado teclas para construir esas historias que sólo cuando las veo rematadas con un punto y final alcanzo a comprender. He estado ocupado, cierto, pero nunca tanto como para no forzarme un poco a sentar mi culo frente al ordenador. Soy vago y estoy disperso, así son las cosas, así os las cuento yo.

De repente, tengo un trabajo cómodo pero de responsabilidad, de esos que sin que te des cuenta empieza a monopolizar algunas de tus conversaciones. Nunca hablaba de mi trabajo, pero ahora lo encuentro recurrente por interesante y divertido. Y eso me produce sentimientos contradictorios. Por una parte, me da rabia pensar que me ocupa tanto tiempo que me cuesta arrinconarlo en mi cabeza una vez concluida la jornada laboral. Como un cachorro con el que juegas un rato, que luego no quiere dejarte tranquilo. Pero como no muerde… Y por otra parte, pues qué coño, creo que es difícil encontrar un curro que no te haga odiar al tipo que inventó el sonido del despertador. Así que, ahí estoy, inmerso en esa paradoja. Siempre encontré patéticos a los que no consiguen desconectar después del trabajo, y ahora me veo enchufado y no a disgusto por ello. Qué cosas…
Y como ahora tengo un trabajo que me da dinerito, pues me he ido de casa ya por fin. Una habitación libre por un año en la casa donde viven mis amigos de siempre. Y allá, aquí, que me fui, que me vine. Escribo ahora en un ordenador que no es el mío porque ya se sabe, las mudanzas en realidad no terminan nunca.

En un principio no las tenía todas conmigo, que la convivencia es dura y puede pudrir las mejores relaciones, pero me vine, confiando, niño, en la amistad, y también sabiendo que en un año me tocará buscar casa, por primera vez en mi vida, que hasta ahora las casas se me han ofrecido como palacios a los príncipes. Porque tengo una flor en el culo que no riego pero que se empeña en mantenerse fresca. Un trabajo y una casa que aparecen cuando tenía que empezar a buscar un trabajo y una casa. El tema es que me causa un cierto desasosiego el hecho de que el azar me regale oportunidades que no tengo yo tan claro que me merezca. En fin, eso es otra historia, que será contada, claro, pero no sabemos cuando.

Y entre unas cosas y otras, pues me creo más saturado de lo que en realidad estoy.

Podría escribir mucho, sobre el trabajo y sobre vivir aquí, en esta calle antigua del centro castizo, yo que vivía en calles anchas en el centro empresarial. Podría también intentar reconstruir mis constantes monólogos internos, que versan mucho sobre mis ansias sexuales que luego resulta que no son tantas como yo me esfuerzo por creer. Cuando consigo tenerlo a huevo con alguna, pues me deja de apetecer. Es curioso. No me conozco, o sí, la verdad, que tampoco es algo tan nuevo. Follar por follar, pues resulta que como que no. Pero yo me ofusco y digo no, no, no, quiero follar más y más. En fin, esquizofrenia, tratar de imponerme un carácter que no parece el mío.

Así que nada, ya os iré contando, espero que de una manera más periódica, aunque no prometo nada. Mi mundo debería de estabilizarse en breve, así que tendré menos excusas.

Esta noche quedaré con los novios que ya no lo son porque son marido y mujer, que volvieron de un lugar llamado Islandia y aún no he visto, ni a ellos ni a Islandia, claro, y no les he dicho que qué gran boda la suya. La volveremos a liar recordando y bebiendo y fumando y riendo y vacilando y quien sabe si esnifando, es probable, y entonces tendré que volver a quedar con ellos dentro de un par de semanas, que al final será un mes, para decirles que qué gran noche aquella. Y así una y otra vez, y cada vez más divertido.

Muchos besos, fieles lectoras. Me quito el sombrero que nunca llevo como muestra de agradecimiento por vuestra atención, cuando yo os cuido poco porque soy egoísta y no hay más que hablar. El egoísmo. Otro tema que hace que me hierva la cabeza de repente, intuyendo el jugo que le podría sacar si encontrara la historia correcta. Y luego no me pongo a buscarla, y espero que, como el trabajo y la casa, me llueva del cielo. A tanto no llega mi flor en el culo, parece.

Etiquetas:     
 
Mariscales de campo
Una cena de 50 euros por cabeza en un restaurante en el que nos abrió la puerta un negro de dos metros vestido de blanco, zapatos, pantalón, camisa, pajarita, chaqué, bombín, chaleco, guantes, todo níveo e impoluto. Mucho vino exquisito muriendo en nuestras incultas gargantas y manjares desconocidos explorando nuestras tripas. Camareros atentos y de trato anglosajón, somos señores y no sólo clientes, cualquier cosa nos es concedida. El resto de comensales escrutándonos al desfilar entre las mesas camino del reservado que aguarda, seguro que tembloroso si fuera ser animado. Sabiéndonos observados, reímos en alto, lo comentamos, les devolvemos a todos la mirada de susto, y un buenas noches y que aproveche a las niñas guapas. Sabemos que ese no es nuestro elemento, peces fuera del agua. Pero esta vez estamos dispuestos a arruinarnos para ser tiburones en Madrid.

Con los brindis entrañables hechos, entre el revuelto de morcilla y la espuma de salmón, decidimos que aquella noche bien se merecía farlopa en cantidad. J. era el primero que se casaba, y su despedida debía ser recordada por los 15 rabos que allí estábamos reunidos… y por todo el que se cruzara en nuestro camino, qué pelotas, que seguro que esta noche somos lo mejor de la ciudad.

Tres llamadas y en veinte minutos nos traían el tema, tiempo de sobra para ventilarnos la mejor tarta de chocolate que hemos probado nunca, pagar una cantidad que nos dejará turulatos diez segundos y salir de allí escopetados en busca de aventuras. Joder, como putos amos del cotarro. Cenando en reservado, pidiendo botellas y botellas sin preocuparnos el coste, y con un telecamello a nuestra disposición recorriendo la calles iluminadas con tres gramos en la guantera. Qué nivel, ya no somos los diecisieteañeros que se ponían nerviosos pillando droga y que tenían que mover cielo y tierra, kilómetros mediante, para encontrar cualquier cosa parecida a la perica.

Y empezó la noche de verdad.

De bar en bar. Tiros por doquier, amigos en cada esquina, la policía presionando cauta, Madrid a nuestros pies.

La mandíbula de J. describiendo arcos de herradura, mis ojos absorbiendo un mundo por segundo, nuestras risas compitiendo contra el ruido capitalino, gente que reconoce a J. y a algún otro actor que va en el grupo y no se lo puede creer y más risas y vacile y el argentino que se nos escapa.

Las putas de Montera acosándonos y nosotros que no queremos nada, que nuestra despedida se basa en risas, alcohol y perico y toda una villa para recorrer.

Cerramos bares y antros. Visitamos demasiados cajeros y empleamos demasiados contenedores de basura como mesas improvisadas, mientras la filosofía alcohólica va ganando terreno en las conversaciones.

Reclutamos algún voluntario nocturno. Hablamos con pijas y con punkis y discutimos de política con borrachos apolíticos. Parlamentamos con porteros y camareros, que tenían mala fama entre la clientela que conocimos pero que acabaron riendo nuestras gracias y reconociendo que aquella era nuestra noche y que ningún rumano o mulato o madrileño musculoso iba a poder hacer nada por impedirlo.

Era la noche de J. Él lo pasaba bien, todos lo pasábamos bien. De los 15 que éramos, empecé la noche conociendo a 5 y terminé siendo máximo colega de todos. En la boda nos vemos, y en las mismas circunstancias. Y me voy para casa que ya es de día desde hace demasiado rato, me duelen los pies, he vomitado sólo porque no me cabía más alcohol y eso no podía ser, tengo un examen en tres días y el sueño es algo que no conozco.

Enhorabuena, J., que seas muy feliz, que cuides mucho a R. y que ella cuide de ti, y en una semana te veo vestido de pingüino y diciendo “sí, qué cojones, quiero”.

40 pavos en la cuenta hasta fin de mes, pero mereció la pena. Deseando que llegue la boda, olvidando el puto examen, un día es un día, la vida me sonríe, voy a tocarle un poco los cojones, y a liarla en una finca de Alcalá, donde sí habrá mujeres esta vez, donde estarán los mismos que no las querían para nada el finde pasado, y donde volverá a ver cocaína, y basta ya, que no podemos con todo.

A mis pies, mundo. Chicos, el sábado más. Descansad, preparad el papel en blanco y la pluma, o el Word y el cursor parpadeando, que habrá que escribir sobre ello, porque no sé qué pasara, pero algo seguro.

 
Biodramina por un tubo, por favor
Y palma un chaval de 22 años jugando al fútbol y todos boquiabiertos delante de la tele porque a eso no estamos acostumbrados, seres felices.
Me ofrecen un curro que no me merezco y yo alucinando.
Hablo con ella, la que ya es mi ex, y sale mal, y me dice que necesita borrarme de la agenda y del Messenger y de su rutina, y que el tiempo dirá, y me desespero porque ya no confío en que el tiempo sepa hablar.
Con la emancipación como primer objetivo, porque el curro ya me ha llovido del cielo, mis amigos de toda la vida se quedan con un cuarto libre, y yo a cuadros y mirando hacia arriba preguntándome qué he hecho yo para merecer este chaparrón.

Siempre digo que la suerte no existe, se crea.

Hace dos días, veía un futuro con un curro cualquiera, buscando casa y terminando la uni.
Hace dos días me imaginaba que, unos meses mediante, ella y yo podríamos volver a hablar sin que nos sangrase la lengua.
Hace dos días, un lateral del Sevilla creía tenerlo todo en la vida.

Hoy tengo un curro que no he buscado y que me supone un serio avance profesional, con dos cojones y pánico escénico.
Hoy tengo una casa para mudarme ya, ahora, cuando quiera, con mis amigos del alma, sin haber hojeado el Segunda Mano, sin meterme en www.alquilaunacasa.com, y sin recorrer farolas y paredes buscando números de teléfono que arrancarle a Madrid.

Hoy dudo de que, estando la pelota en su tejado, ella vaya a querer saber nada de mí nunca. Entiendo que soy la persona que más daño le ha hecho y que toda cicatriz requiere de mucho sol para ser disimulada. Pero yo era optimista y creía que no pasaría esto, que el recuerdo bueno vencería al malo y que íbamos a querer mantener el contacto. Y ella necesita que la Tierra dé más vueltas de las que creía para lograrlo, pero lo mismo para entonces ya estamos mareados y todo deja de tener sentido y yo paso a ser sólo una experiencia a la que sonreír. Yo no quiero eso, pero no puedo hacer nada, así que Biodramina para no vomitar.

Hoy, un tipo de pelo negro, lacio y ocultando la nuca, con perilla fina y afilada, la cara chupada y los ojos mirando a cualquier sitio menos a la muerte, deja de existir porque sí. Sin motivo, sin suerte.

Hoy hace que todo lo pasado resulte incomprensible, haciendo incierto el momento que vivimos. Visto y no visto, todo ha cambiado. Momento de crisis, etimológicamente hablando. Puerta no pasará a la Historia. De mi no se acordarán más que mis conocidos. Del día de hoy, de hace dos días, se recordarán muchas más cosas que éstas aquí escupidas.

Por eso yo las esculpo y las exculpo en estos mis dominios, para que queden constancia al menos a mis ojos, y así cuando sea mayor me cueste más asesinar lo que paso hace dos días, cómo era yo hace dos días, lo que me esperaba de la vida hace dos días, lo que un tipo como el 16 sevillista podía esperar del mañana, de hoy.

Porvenir tranquilo y atractivo, proyectos llamativos, lo inimaginable realizándose,… escrito me lo dejo, susurrándole al destino que propicie lo que sea para que yo no tenga que recurrir a leerme para recordar, recordarte, recordarnos.