El salmón, la foto, la ciudad y él
Y tuvo la sensación de que el otoño volvía. De que las hojas caían de nuevo al suelo, apretando sus mejillas contra la tierra, volviendo a querer ser moho o humus o barro o un gusano. Y sintió cómo el cielo gruñía y enseñaba los dientes, y como los pájaros, asustados, no querían volar y habían aprendido a andar sin dar saltitos, arrastrando los pies sobre el suelo, como hacen los viejos y, le parecía, como ahora hacían también los jóvenes y los niños. Y vio derretirse las caras de sus amigos, desfiguradas, líquidas, sin expresión, sin ojos, sin cara, sin cejas, sin boca con la que quejarse del sinuoso camino que también les llevaba a compartir el suelo con las hojas y los pies de los pájaros y de los viejos y de los jóvenes y de los niños. Y la biblioteca ardía, o eso pensó él, con todos dentro. Y un salmón crudo devoraba los estómagos, y una foto de carné se desvanecía, y la ciudad ardía en un papel del Pictionary. Quiso gritar y no pudo, y entonces se dio cuenta de que él también se estaba derritiendo.
Comentario:
Yo me cambio ahora mismo por un mayo. Y por un caramelo de fresa, que siepre son los mas populares y los que tienen el corazon mas rojo. Y me cambio por mi misma el septiembre pasado, y vuelvo a repetir esto con vosotros, igual, no mas que diferente. Si me necesitas, silba.
Comentario:
Como llueve.
Pero no es otoño.
Ahora el agua cae para empujar a los brotes, abrir las semillas y rasgar la tierra.
En otoño, sin embargo, llueve para joder, con la rabia de un verano acabado y el hastio de la rutina y la ciudad.
Pregunta a cualquier octubre si se cambiaria por tu mayo. Lo haria, no los dudes.
Pero no es otoño.
Ahora el agua cae para empujar a los brotes, abrir las semillas y rasgar la tierra.
En otoño, sin embargo, llueve para joder, con la rabia de un verano acabado y el hastio de la rutina y la ciudad.
Pregunta a cualquier octubre si se cambiaria por tu mayo. Lo haria, no los dudes.





