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ENTRE EL SUEÑO Y LA VIGILIA
Registro heterogéneo de la vida despierta y dormida de una caraqueña.
Acerca de
Josie vive en Caracas desde hace veintitantos años, viajando de Este a Oeste y de punta a punta de su ciudad natal, algo que no tendría nada de especial de no ser porque la ciudad tiene varias dimensiones y es vertiginosa en más de un sentido. Es bella y terrible a la vez, donde conviven el paraíso y el caos. Es éste el motivo por el cual titulo mi blog ¨entre el sueño y la vigilia¨ porque no importa si estás despierto, drogado o dormido. El realismo mágico tiene otra dimensión en la capital de Venezuela. Vivir en Caracas o sobrevivir a la ciudad es cuestión de actitud. Hernán: Mi novio, una cuchura de hombre. Mamá: una cuchura pesada pero que haría cualquier cosa por mi. Wendy: Mi cuñada, comadre de curdas, compartimos un pasado lleno de alcohol, affairs y unas cuantas resacas oficineras. Sofi: es mi hermana. A quien dios no le da hijos, le da sobrinos, y a quien no le da hermanos le da amigos.
Sindicación
 
Otra vez Abril
Perdóname abril,
si en tu idilio de primavera salí desafiante un día
perdóname por mi actitud naif ante la vida
¡he caído en la confusión tantas veces!
pero aún cuando voy por ahí,
tropezando, tropezando,
mi corazón...¡sigue aquí adentro!
empujando, deseando.

Un día tal como hoy hace 5 años el sol sembró gorras en la frente de todos...las autopistas vacías no sentían el paso de los carros, el tráfico no se comía nuestra cotidianidad. Tal día como hoy, hace 5 años, me uní con mis vecinos a una insólita caminata, una cruzada por las ideas en las que creímos. Las urbanizaciones se unían en un deslave de kilómetros de personas a pie, las vías principales sentían el peso de muchos pasos calzados en zapatos de goma. Tal día como hoy miré las motas de un cielo gris que no daba ni la menor señal de lo que iba a ocurrir.
Llegamos juntos desbordando las estrechas vías que conducen a la antigua PDVSA de Chuao, y entre la emoción y el paroxismo, alguien empujó una ficha de dominó que creó una reacción en cadena cuyas consecuencias son ampliamente conocidas. Pero la verdad, esa que se quedó grabada en mi memoria, no será documentada nunca por nadie, porque lo que pasó en ese día excede cualquier explicación, deshace cualquier lógica, las contradicciones de ese día convirtieron a la realidad en algo imposible de creer.
La historia que aparece en los libros será una minúscula faceta pulida y observada por una mente igual de minúscula y es algo que sólo entiendo hoy, a la luz de los años, el paso del tiempo sobre la impune tumba de los muertos.
Porque a estas alturas los muertos de ambos bandos no han sido reivindicados, los agitadores y responsables de ambos lados siguen libres, en la calle y ejerciendo altos cargos públicos o se han cobijado en la discretísima sombra de la desinformación. Las familias siguen rotas, las mentes siguen perturbadas por el recuerdo. Una parte de mí se acuerda de este nuevo aniversario pero sigue acurrucada, en un rincón, asombrada por la sangre y el fuego, atormentada por la televisión, asediada por los acontecimientos. Una parte de mí sigue aterrada ante el recuerdo de la barbarie, del humo que no dejaba ver nada, de los gritos que surgen de la niebla lacrimógena, de la sangre en el pavimento, de las banderas destrozadas por las balas, de los cuerpos caídos en el pavimento, los que no se volvieron a levantar jamás, entre los cuales pude estar yo. ¿Hay motivos para sentirse rudos o victoriosos ante la tragedia de ese día? Para mí sólo afirma una sencilla y cruda verdad: en el medio de la guerra, todos pierden.
Yo perdí una importante parte de mí ese día, la que creía ciegamente y sin cuestionar en las personas, la que ingenuamente se paseaba por las marchas como si fuera una gigantesca verbena escolar, la que alguna vez pensó que marchar era un divertido y fructífero pasatiempo.

Este día para mí es luto, por todas las familias que sienten la ausencia de alguien en su casa o en su corazón.
A ellos, les dedico este sentimiento que aún me embarga.
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