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ENTRE EL SUEÑO Y LA VIGILIA
Registro heterogéneo de la vida despierta y dormida de una caraqueña.
Acerca de
Josie vive en Caracas desde hace veintitantos años, viajando de Este a Oeste y de punta a punta de su ciudad natal, algo que no tendría nada de especial de no ser porque la ciudad tiene varias dimensiones y es vertiginosa en más de un sentido. Es bella y terrible a la vez, donde conviven el paraíso y el caos. Es éste el motivo por el cual titulo mi blog ¨entre el sueño y la vigilia¨ porque no importa si estás despierto, drogado o dormido. El realismo mágico tiene otra dimensión en la capital de Venezuela. Vivir en Caracas o sobrevivir a la ciudad es cuestión de actitud. Hernán: Mi novio, una cuchura de hombre. Mamá: una cuchura pesada pero que haría cualquier cosa por mi. Wendy: Mi cuñada, comadre de curdas, compartimos un pasado lleno de alcohol, affairs y unas cuantas resacas oficineras. Sofi: es mi hermana. A quien dios no le da hijos, le da sobrinos, y a quien no le da hermanos le da amigos.
Sindicación
 
Véngase mamasota, vamos a hacer el rencor...
Se las buscan humilditas. Jóvenes de dos, máximo tres menstruaciones cumplidas, preferiblemente solas es decir, sin familia, amigos, afectos arraigados que le recuerden el gusto de vivir. Sin estudios, y de haberlos, interrumpidos convenientemente con una barriga en lo que se pueda (Total, el sexo o la salud es lo de menos, quien va a cargar con el muchacho es ella.) Son altamente deseables con todos estos puntos de vulnerabilidad para una máxima tolerancia a los abusos. Las opiniones propias se limitarán al menú del día, cualquier otro tema será severamente censurado.
Es imprescindible que prescindan por completo de sueños formulados o metas profesionales en la vida, así como deseos de ser amada o de insinuar cualquier otra aspiración diferente al avasallamiento, el servilismo y la franca humillación.

No, no estoy hablando de un clasificado de amor ¨se busca pareja¨ en Afghanistán. No.

Hablo de las necesidades de ciertos tipos con pinta de seres humanos que van por la calle. Las necesitan porque buscan inflamarse el ego, así sea a punta de golpes, los cuales descargan sobre el pobre ser que tienen al lado. Recubren su vacío con cada moretón que dejan en la pareja, la revisten de manipulaciones y lascivas caricias, de pestilencias de alcohol, de todo lo que implica la insoportable experiencia que supone para ellos seguir vivos. Lo único que ellos identifican por amor son sus arranques de celos, infundados o no, suerte de luz verde, de excusa menor para darles el golpe definitivo. ¨Porque si no eres mía, ya no serás de nadie.¨ Es como la sentencia de que llegó la hora de botar la muñeca vieja. Eso sí, nada de exigir fidelidades, porque lo de los cuernos es un asunto de ¨machos¨.

Aquí en esta orilla del siglo XXI aún es posible abrir el periódico un día cualquiera, leer cómo encuentran a una adolescente embarazada, encadenada a un oxidado catre de algún rancho en algún pueblo de mi tierra, aún podemos encontrar a mujeres, de todas las edades, de todas las razas, de todos los estratos económicos ser cosificadas, como un elegante y frágil adorno de Lladró el cual pueden romper, o como la lata de sardinas vacía que pueden patear.

Así que si tú, mujer, que lees esto, te sientes identificada, de alguna manera, con la descripción del clasificado de amor, prepárate. Puedes ser la protagonista de otro reportaje de sucesos, convertirte en pasto del cotilleo, transformarte en obituario.

Y si tú, hombre, respondes a cualquiera de las características que concuerdan como el enamorado de Afghanistán necesitado de mujer con burka, prepárate. No importa cuántas vidas seas capaz de arruinar, el vacío seguirá en tu ser. El alcohol será tu única anestesia y seguramente terminarás en la página de sucesos, en la columna de al lado.
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