Cenizas.
Se meten en la habitación acabadita de barrer. Ensucian los muebles y como quien no quiere la cosa, se posan sobre la falda blanca nueva. Ennegrecen cortinas, envician el aire y dejan su grisácea huella en todas las cabezas. El incendio está a kilómetros de distancia, pero pareciera que tuvieras un horno a leña en vez de una cocina de gas. El cerro está reseco y los calores del día no están como para estar en ningún lugar excepto en la playa. Así parece que nos recibe Marzo disfrazado de Junio, repleto de sol y fuego. El ávila tiene pocos accesos y todos los días se prende en una región distinta, pero el clima político está bajo cero. El eterno debate parece haber cedido en una dirección (roja, rojita) en el que todos tratan de subirse a la ola o al menos que la marea no los arrastre. La calle está calurosa, pero no encendida, no como aquel 2002.





