De lo bonito de la vida
Pensaba poner en este espacio una cruda reflexión sobre los maltratos hacia la mujer, pero mi madre se acerca y dice, ¿por qué no escribes algo bonito, de lo bueno de la vida, de lo que te sucede?
Lo bonito de la vida es la gracia de poder sentir. De reconocerse en el espejo, de despertar cada dia y saber que el ayer, con todo lo bueno y lo malo ya se ha ido y lo que hay por delante queda de ti. Mirar Caracas es similar, una tiene la noción de que es un caos, pero está enclavado en un paraíso: tiene un clima envidiable, una diversidad cultural, e incluso una fauna únicas. El cerro avila sigue verde y con su penacho blanco nube, las guacamayas se hacen oír por encima del tráfico, las flores se asoman sin importar la estación, El Centro Cultural La Estancia sigue siendo un oasis en medio del concreto, los artesanos siguen vendiendo tesoros exóticos en la plaza de los museos los domingos, la gente joven sigue soñando con inventar otro país al margen de las disputas. A las cinco de la tarde la luz vuelve todo hermoso, mágico, ideal para respirar. El verde de los árboles brilla con intensidad y el azul del cielo es increíble. Pero nada de esto nos consuela si la crueldad de lo que leemos a diario matiza nuestras emociones, si vemos desidia en la gente y desinterés en el paraíso. No basta que vivamos en el jardín del Edén. Pero nuevamente esta allí está la familia, la pareja, los amigos, el arte, la literatura, la música, la pasión de nuestras vidas y hasta el bendito calor de todos los días para recordarnos que en el trópico, no hay luto que sobreviva mucho tiempo, siempre habrá un momento para volver a sonreír.
Lo bonito de la vida es la gracia de poder sentir. De reconocerse en el espejo, de despertar cada dia y saber que el ayer, con todo lo bueno y lo malo ya se ha ido y lo que hay por delante queda de ti. Mirar Caracas es similar, una tiene la noción de que es un caos, pero está enclavado en un paraíso: tiene un clima envidiable, una diversidad cultural, e incluso una fauna únicas. El cerro avila sigue verde y con su penacho blanco nube, las guacamayas se hacen oír por encima del tráfico, las flores se asoman sin importar la estación, El Centro Cultural La Estancia sigue siendo un oasis en medio del concreto, los artesanos siguen vendiendo tesoros exóticos en la plaza de los museos los domingos, la gente joven sigue soñando con inventar otro país al margen de las disputas. A las cinco de la tarde la luz vuelve todo hermoso, mágico, ideal para respirar. El verde de los árboles brilla con intensidad y el azul del cielo es increíble. Pero nada de esto nos consuela si la crueldad de lo que leemos a diario matiza nuestras emociones, si vemos desidia en la gente y desinterés en el paraíso. No basta que vivamos en el jardín del Edén. Pero nuevamente esta allí está la familia, la pareja, los amigos, el arte, la literatura, la música, la pasión de nuestras vidas y hasta el bendito calor de todos los días para recordarnos que en el trópico, no hay luto que sobreviva mucho tiempo, siempre habrá un momento para volver a sonreír.
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