Retorno a 100 mm.
El puente lo aproveché para hacer catarsis.
Ya hace dos años que estoy trabajando en esta oficina y la rutina me estaba intoxicando.
Lunes a Viernes de carrera de la casa al trabajo con el destino incierto por los designios de la hora en que pasa el metrobús, apretujones en masa dentro del vagón, llegada a "estación: Quinta Paila" ir al gym, aplastar mi trasero contra una silla por más de 8 horas diarias...luego breve brake por cortesía de Her y su cálida persona, maravillosa, sensual, placentera...
Sábados y domingos express con cosas pendientes por hacer, compras por hacer, arreglos por hacer, traducción: sábado de carrera también. Salidas al final de la tarde por allí a distraer la mente, ver que hay de nuevo y enterarse de la nueva película requeteversionada que Hollywood vende como si el amor lo hubieran inventado ayer.
Domingos catatónicos: Josie en slow-motion. Arrastrase a comprar el periódico, arrastrarse hasta el sofá, hundirse en las profundidades de una limonada o cervecita...y de pronto, lunes otra vez, y tarde, otra vez.
Mi vida como tal se había tomado unas vacaciones y pese a la variedad seguía siendo una rutina: salud, novio, casa, trabajo, distracción, descanso, comida, ejercicio, familia...qué estaba pasando entonces qué me faltaba, quéeee?
Ah y entonces lo encontré como con una sonrisa en mi gaveta.
Era un pincel.
Con el pincel, mis acuarelas, y junto a ellas, mis recuerdos.
Claro, hacía años que no tocaba una pintura! allí, en ese cajón de madera, estaba el retorno a mí, a 100 mm de distancia.
Entonces, hasta ese dia, hasta ese momento, habían excusas. Que si el tiempo, que si el cansancio, que si las obligaciones, la rutina y el motivo perfecto: no hay real como para darle el regalo que quiero a mi mamá el dia de la madre, de modo que le daré algo único. Algo que cubra la pared del salón esa que está como la canción de La Voe: "triste y vacía", y de paso le doy ese anhelo que tiene tiempo en el corazón de ella, añejándose y añejándose.
Tras los interminables preparativos y una inversión, me metí de lleno en una actividad que consume mi ser con agrado, concentración y a veces, buenos resultados. (Pero para mí la sensación es única).
JC tiene razón. A nosotros se nos enseña a desprendernos del fruto de nuestras manos apenas está terminado. A pesar de hacer, y de amar lo que se hace, sabemos que estamos destinados a dejar ir ese quehacer para dedicarnos a algo nuevo. No pensamos más en ellas sino como una linda experiencia, un recuerdo agradable. Es como parir y dejar que los hijos ya crecidos, ese hijo que llevas tanto tiempo formando y estructurando dentro de ti, lo dejes libre a la vida, que otros lo vean, que otros se maravillen de su ser también.
Por eso con ese pincel me explico muchas cosas: por qué mi actitud crítica, por qué me parece que los detalles son tan importantes,
por qué los colores del día son como mi aliciente, por qué me da escalofrío ver una obra de arte lacerada, destruída.
Es como sentir un vacío en el estómago. El fruto del amor por el deseo de crear es al creador como el fruto del amor por el deseo carnal es a una madre. Es sentir un vacío por Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez, Narváez, y tantos otros artistas cuyos hijos desaparecen o agonizan a la vista de todos, sus depositarios.
Entretanto eso se deposite en la conciencia de cada ciudadano, yo seguiré, imbuída en lo más profundo de mí, soltando colores, luchando por las texturas y recreando microcosmos, sobre un papel en blanco.
Ya hace dos años que estoy trabajando en esta oficina y la rutina me estaba intoxicando.
Lunes a Viernes de carrera de la casa al trabajo con el destino incierto por los designios de la hora en que pasa el metrobús, apretujones en masa dentro del vagón, llegada a "estación: Quinta Paila" ir al gym, aplastar mi trasero contra una silla por más de 8 horas diarias...luego breve brake por cortesía de Her y su cálida persona, maravillosa, sensual, placentera...
Sábados y domingos express con cosas pendientes por hacer, compras por hacer, arreglos por hacer, traducción: sábado de carrera también. Salidas al final de la tarde por allí a distraer la mente, ver que hay de nuevo y enterarse de la nueva película requeteversionada que Hollywood vende como si el amor lo hubieran inventado ayer.
Domingos catatónicos: Josie en slow-motion. Arrastrase a comprar el periódico, arrastrarse hasta el sofá, hundirse en las profundidades de una limonada o cervecita...y de pronto, lunes otra vez, y tarde, otra vez.
Mi vida como tal se había tomado unas vacaciones y pese a la variedad seguía siendo una rutina: salud, novio, casa, trabajo, distracción, descanso, comida, ejercicio, familia...qué estaba pasando entonces qué me faltaba, quéeee?
Ah y entonces lo encontré como con una sonrisa en mi gaveta.
Era un pincel.
Con el pincel, mis acuarelas, y junto a ellas, mis recuerdos.
Claro, hacía años que no tocaba una pintura! allí, en ese cajón de madera, estaba el retorno a mí, a 100 mm de distancia.
Entonces, hasta ese dia, hasta ese momento, habían excusas. Que si el tiempo, que si el cansancio, que si las obligaciones, la rutina y el motivo perfecto: no hay real como para darle el regalo que quiero a mi mamá el dia de la madre, de modo que le daré algo único. Algo que cubra la pared del salón esa que está como la canción de La Voe: "triste y vacía", y de paso le doy ese anhelo que tiene tiempo en el corazón de ella, añejándose y añejándose.
Tras los interminables preparativos y una inversión, me metí de lleno en una actividad que consume mi ser con agrado, concentración y a veces, buenos resultados. (Pero para mí la sensación es única).
JC tiene razón. A nosotros se nos enseña a desprendernos del fruto de nuestras manos apenas está terminado. A pesar de hacer, y de amar lo que se hace, sabemos que estamos destinados a dejar ir ese quehacer para dedicarnos a algo nuevo. No pensamos más en ellas sino como una linda experiencia, un recuerdo agradable. Es como parir y dejar que los hijos ya crecidos, ese hijo que llevas tanto tiempo formando y estructurando dentro de ti, lo dejes libre a la vida, que otros lo vean, que otros se maravillen de su ser también.
Por eso con ese pincel me explico muchas cosas: por qué mi actitud crítica, por qué me parece que los detalles son tan importantes,
por qué los colores del día son como mi aliciente, por qué me da escalofrío ver una obra de arte lacerada, destruída.
Es como sentir un vacío en el estómago. El fruto del amor por el deseo de crear es al creador como el fruto del amor por el deseo carnal es a una madre. Es sentir un vacío por Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez, Narváez, y tantos otros artistas cuyos hijos desaparecen o agonizan a la vista de todos, sus depositarios.
Entretanto eso se deposite en la conciencia de cada ciudadano, yo seguiré, imbuída en lo más profundo de mí, soltando colores, luchando por las texturas y recreando microcosmos, sobre un papel en blanco.
Comentario:
Muchas gracias! ustedes me impulsan a seguir creando y a seguir escribiendo.
Besitosss
Besitosss
Comentario:
Que bonito, que manera tan maravillosa de envolver con letras. Llegue a ti por J-lia y la verdad, ha sido un placer.
Besos
Besos
Comentario:
Creativa no pares de crear.Disfruta tu momento.
Marcos
Marcos




