Lapsus
Hablando con JC de cualquier cosa, el se queda mirando un dibujito mio de escritorio y comenta "esto se parece a Picasso" y si, es el pasado el que siempre me acompaña.
Todos los seres humanos (hasta el mas "estresado") tienen una zona de paz y comfort en su interior. Ahí escapamos a las preocupaciones,
a las pequeñas frustraciones cotidianas, a los grandes problemas, como para reencontrarnos con nosotros mismos y preguntarnos -Aquí estarás bien verdad?-
Para mí ese lugar ha sido y será siempre la suite Vollard de Pablo Picasso del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber.
Los espacios del museo claros y limpios, adornados por la calidez de elementos de bronce, tenían modernos muebles que constituían en sí mismos una obra de arte. Cada detalle estaba hecho con el esplendor de otros tiempos, y en sus salas todo tipo de expresiones de arte encontraron su lugar. Allí lo eterno permanecía inmutable con el pasar de las décadas en la suite Vollard. Las litografías en blanco y negro con el tema mitológico eran la recreación de la sensualidad y la elegancia en un mundo aún hoy en día pacato e incongruente con sus auténticos deseos.
Sus dibujos despiertan mis sentidos. Cada trazo de violencia, o de pasión, cada esbozo proyectaba directamente sus sentimientos sobre blancas paredes, cada detalle del museo me llevaba a la contemplación, al mutis absoluto, a un silencio sin tiempo. El museo como estructura me recordaba que allí sólo podía encontrar galaxias distantes, fragmentos de tiempo en pequeñas pero sólidas muestras. Podía pasar horas en la suite Vollard y no las sentía pasar.
Mucho tiempo ha pasado desde la última vez que estuve en la suite Vollard. Sólo Dios sabe si las muestras que siguen allí son auténticas,
si las cuidarán con esmero, si están completas, si el museo puede seguir como un patrimonio peremne. Porque un día abrí el periódico y me enteré que la "revolución cultural" había llegado. Sofía Imber salió despedida como directora del museo y desde entonces el rumbo del museo es incierto, con escándalos de obras robadas (tal como el caso Matisse y el propio Picasso) con cierres de varias salas, con la torre Oeste de Parque Central carbonizada, como un gigante con un brazo quemado. Desde entonces muchas obras de la ciudad se han perdido en la miseria, en el caos, en la desidia y en la destrucción. Mucho ha cambiado Caracas, de ciudad-jardín a ciudad-centrocomercial, donde el espacio de disfrute es un fenómeno cada vez más centrípeto, donde el placer es un vende y paga, amenazada por la inseguridad, desplazada por los buhoneros, ensuciada hasta la costumbre, saqueada sin piedad.
Pero allí, incrustrada en mi ser, está la suite Vollard. Están el minotauro, la danza, las estrellas, la doncella, el dios, la amante, la sacerdotisa, la violencia, el sexo, el amor y la muerte. Es contemplar sin preguntas ni cuestionamientos las verdades e ilusiones que nos presenta la vida con todas sus contradicciones y verdades, en el espacio impoluto y sereno de mi memoria.
Todos los seres humanos (hasta el mas "estresado") tienen una zona de paz y comfort en su interior. Ahí escapamos a las preocupaciones,
a las pequeñas frustraciones cotidianas, a los grandes problemas, como para reencontrarnos con nosotros mismos y preguntarnos -Aquí estarás bien verdad?-
Para mí ese lugar ha sido y será siempre la suite Vollard de Pablo Picasso del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber.
Los espacios del museo claros y limpios, adornados por la calidez de elementos de bronce, tenían modernos muebles que constituían en sí mismos una obra de arte. Cada detalle estaba hecho con el esplendor de otros tiempos, y en sus salas todo tipo de expresiones de arte encontraron su lugar. Allí lo eterno permanecía inmutable con el pasar de las décadas en la suite Vollard. Las litografías en blanco y negro con el tema mitológico eran la recreación de la sensualidad y la elegancia en un mundo aún hoy en día pacato e incongruente con sus auténticos deseos.
Sus dibujos despiertan mis sentidos. Cada trazo de violencia, o de pasión, cada esbozo proyectaba directamente sus sentimientos sobre blancas paredes, cada detalle del museo me llevaba a la contemplación, al mutis absoluto, a un silencio sin tiempo. El museo como estructura me recordaba que allí sólo podía encontrar galaxias distantes, fragmentos de tiempo en pequeñas pero sólidas muestras. Podía pasar horas en la suite Vollard y no las sentía pasar.
Mucho tiempo ha pasado desde la última vez que estuve en la suite Vollard. Sólo Dios sabe si las muestras que siguen allí son auténticas,
si las cuidarán con esmero, si están completas, si el museo puede seguir como un patrimonio peremne. Porque un día abrí el periódico y me enteré que la "revolución cultural" había llegado. Sofía Imber salió despedida como directora del museo y desde entonces el rumbo del museo es incierto, con escándalos de obras robadas (tal como el caso Matisse y el propio Picasso) con cierres de varias salas, con la torre Oeste de Parque Central carbonizada, como un gigante con un brazo quemado. Desde entonces muchas obras de la ciudad se han perdido en la miseria, en el caos, en la desidia y en la destrucción. Mucho ha cambiado Caracas, de ciudad-jardín a ciudad-centrocomercial, donde el espacio de disfrute es un fenómeno cada vez más centrípeto, donde el placer es un vende y paga, amenazada por la inseguridad, desplazada por los buhoneros, ensuciada hasta la costumbre, saqueada sin piedad.
Pero allí, incrustrada en mi ser, está la suite Vollard. Están el minotauro, la danza, las estrellas, la doncella, el dios, la amante, la sacerdotisa, la violencia, el sexo, el amor y la muerte. Es contemplar sin preguntas ni cuestionamientos las verdades e ilusiones que nos presenta la vida con todas sus contradicciones y verdades, en el espacio impoluto y sereno de mi memoria.
Comentario:
bueno niña espero q cuiden la sala q tanto te gusta. Además picasso lo merece.. besss
Comentario:
Dudo mucho, que alguien pueda interesarle tanto cuidar ese tipo de patrimonio, tal como lo hizo Doña Sofia.
Reconozco mi poca cultura en relación a las exposiciones, pero también reconozco, que entrar en el Museo, era entrar en otro mundo, sereno y elegante.
Ahora dirigido por personas que nunca llegarán a entender el arte que vive allí, (o mejor dicho, el arte que sobrevive alli), y es por eso que les da lo mismo que "desaparezcan", y es una verguenza que Caracas, se haya convertido en lo que es hoy.
PD: Justo ayer tuve que ir a la Capital, (a 20 min. de donde vivo), y que tristeza sentimos mi madre y yo, al ver, como se ha convertido en la sombra de lo que fue, la pobre ciudad que un día nos cobijó ahora está invadida de buhoneros, basura y caos.
Mis Saludos, desde esta orilla del Mar Caribe.
;)
Reconozco mi poca cultura en relación a las exposiciones, pero también reconozco, que entrar en el Museo, era entrar en otro mundo, sereno y elegante.
Ahora dirigido por personas que nunca llegarán a entender el arte que vive allí, (o mejor dicho, el arte que sobrevive alli), y es por eso que les da lo mismo que "desaparezcan", y es una verguenza que Caracas, se haya convertido en lo que es hoy.
PD: Justo ayer tuve que ir a la Capital, (a 20 min. de donde vivo), y que tristeza sentimos mi madre y yo, al ver, como se ha convertido en la sombra de lo que fue, la pobre ciudad que un día nos cobijó ahora está invadida de buhoneros, basura y caos.
Mis Saludos, desde esta orilla del Mar Caribe.
;)





