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ENTRE EL SUEÑO Y LA VIGILIA
Registro heterogéneo de la vida despierta y dormida de una caraqueña.
Acerca de
Josie vive en Caracas desde hace veintitantos años, viajando de Este a Oeste y de punta a punta de su ciudad natal, algo que no tendría nada de especial de no ser porque la ciudad tiene varias dimensiones y es vertiginosa en más de un sentido. Es bella y terrible a la vez, donde conviven el paraíso y el caos. Es éste el motivo por el cual titulo mi blog ¨entre el sueño y la vigilia¨ porque no importa si estás despierto, drogado o dormido. El realismo mágico tiene otra dimensión en la capital de Venezuela. Vivir en Caracas o sobrevivir a la ciudad es cuestión de actitud. Hernán: Mi novio, una cuchura de hombre. Mamá: una cuchura pesada pero que haría cualquier cosa por mi. Wendy: Mi cuñada, comadre de curdas, compartimos un pasado lleno de alcohol, affairs y unas cuantas resacas oficineras. Sofi: es mi hermana. A quien dios no le da hijos, le da sobrinos, y a quien no le da hermanos le da amigos.
Sindicación
 
ME ESTRENÉ.
Hace algun tiempo he escuchado del asunto de los blogs. A pesar de haber nacido en los albores de la informática (saquen cuentas) y ser diseñadora gráfica, todo lo nuevo en este campo me da un poco de recelo. Siempre deberé pasar por aquello de comprar ¨La guía para dummies de....¨ llámese flash, dreamweaver, photoshop, y un largo etcétera de todo lo demás que tenga que ver con un programa. Eso sí, apenas entiendo los fundamentos me meto de cabeza al asunto. Como en este caso.
Pero la razón fundamental del asunto es que me cansé de escribir en papelitos lo que pienso o lo que se me ocurre cuando no tengo a nadie a la mano para comentárselo o a Sofía, mi amiga confidente desde mis primeros granitos en la cara, de modo que para terminar de desembarazarme del pánico publicaré todo lo que se me ocurra tomando la filosofía de un antiguo amigo: escribo sin filtro. Sin pompas, sin ceremonias y con la menor cantidad de errores posibles. (me disculpan si de pronto ven una palabra a la que le falta la vocal, el acento o el sentido común.)
Sin más aspavientos me dispongo a hablarles de lo que soñé anoche. Soñé que estaba sumergida en una piscina, piña colada en mano con un calor sofocante (creo que anoche no abrí la ventana antes de acostarme...mmm)el sol brillaba en un cielo sin nubes cuando del fondo de los vestidores veo que aparecen unos hombres de buen aspecto (o como decimos aquí, tienen ¨buen lejos¨) con músculos notorios, pectorales duros, abdomen de acero, cara de modelo, corte de cabello a la moda, bueno pues. Pero a medida que se acercan a la piscina con sus sonrisas brillantes, los pechos se inflan a proporciones sospechosas, los pezones se agrandan, los musculos parecen producto más de las hormonas inyectadas que del sudor, sus caras están como muy operadas, sus pieles muy depiladas...estaba en medio de una horda metrosexual. Mi entusiasmo inicial disminuyó. No sé qué parte de mí buscaba un desperfecto, un detalle como una barba incipiente o algunas pecas caprichosas sobre los hombros, la sombra de una pequeña cicatriz en algún dedo que demostrara que alguna vez se dedicó a otra cosa aparte del culto al cuerpo. El espécimen de mis sueños se parece mucho a lo que abunda en la vida real, hombres de zarcillos brillantes, mousse en el cabello, poses de quien espera recibir el disparo de una cámara en cualquier momento, compitiendo con la muy conocida coquetería de la mujer venezolana. Frecuentan los bares, los clubs, los restaurantes, las oficinas, el metro, las páginas de la farándula, la pantalla de la tv y hasta la sopa. Y aunque yo no aspiro a compartir mi vida con un camionero de cervecera barriga, algunas cosas me aturden. No sé, es como una cuestión de cultura o es mi ya descrita incapacidad de amoldarme sin remilgos a la nueva fauna urbana.
Mi padre, un hombre a quien nunca le conocí la barba dominguera, ni los zapatos sucios, ni toleraba una mancha en su pantalón, el usuario del ¨after shave¨ no pasó más tiempo frente a un espejo que mi mamá (mucho menos pensó en usar su laca para atajar el cabello). El tenía ciertos parámetros de lo imprescindible y hasta de lo elegante pero con una naturalidad varonil que prescindía de lo falso, de lo excesivamente presuntuoso, brilloso, cargado o kitsch. Claro, la estética cambia con las décadas y hoy no tiene nada que ver con el padre del metrosexualismo, Beckham, más famoso por sus tintes que por sus goles en el Real Madrid.
 
Comentario:
He leido sobre caracas, he estado en Cali viviendo tres meses sola, pero no puedo encontrar similitud entre los peores barrios de Cali con los de Caracas, pues nunca he estado. Me da morbo la cosa, me han dicho que hay lugares que esta prohibida la entrada... y la verdad tambien me has resultado interesante tu... te continuare leyendo... paseate por mi nave cuando mas quieras... para que conozcas mis pensamientos, mis viencias...
No