I still have the power! (thanks, god)
El fin de semana pasado, no hubo paseos, shopping, cine, almuerzos en restaurant, no hubo visitas familiares, ni sex-sesiones con mi pareja, no hubo tarde de sol que contemplar en la playa, no subí a la montaña ni me quedé en mi cama.
El fin de semana fué de prueba. Como diría el personaje la novela "Misery" de Stephen King, quien desvalido desde su cama, se preguntaba cómo evadir o manipular su destino. "Tengo?" "Puedo?"
son preguntas que no se pueden evadir pero aún más importante es que el silencio no nos caiga encima por toda respuesta.
En total fueron 24 horas. 24 horas hipotecando el futuro circulatorio de mis piernas a cambio de una prueba. "Todavía puedo hacer lo que quiera, cuando quiera, y en el formato que quiera en el campo de la ilustración?" ya había adquirido el compromiso con mi cliente de modo que no hay reversa en esta marcha.
Me senté meditabunda frente a la computadora. La ilustración debía cumplir los siguientes requisitos:
1- Como los mosqueteros, una ilustración para todos los tamaños y todos los tamaños para una ilustración. Sin derecho a pataleo, queja, desaveniencia, duda o postergación. Si después de este tejemaneje no iba a estar para saber como iban a marchar las cosas, debía asegurarme de que todo estuviera ok con el encargo y fuese fácilmente manipulable.
2- Debía quedar tal cual el modelo entregado. Menos pataleo aún.
3- El plazo de entrega es hasta el lunes.
Contras:
1- Hace años que mi mano no era usada para otra cosa mas que para click aqui y click allá.
2- Ni idea de crear texturas a mano.
3- Ni idea de si podía cumplir con el plazo.
La respuesta era una sola, debía hacer las ilustraciones en un programa de vectores. DIOS UNA PELOTA DE FUTBOL CON SOMBRAS Y TEXTURAS SIN EL TODOPODEROSO PHOTOSHOP OH PERO POR QUE ME METO EN ESTOS BERENJENALEEEES
También debía hacer unos cubiertos. Y unas banderas en barrido, y cientos de detalles rompecabezas.
Luego de unos momentos de resignación, me puse manos a la obra.
24 horas después, descubrí algo. Que sí puedo. Sí pude y además se vería perfecto.
Y que con el dinerito duramente ganado podía hacer muchas cosas o solo una, ahorrar.
He descubierto algo nuevo de mí y ahora pienso sacarle buen provecho.
El fin de semana fué de prueba. Como diría el personaje la novela "Misery" de Stephen King, quien desvalido desde su cama, se preguntaba cómo evadir o manipular su destino. "Tengo?" "Puedo?"
son preguntas que no se pueden evadir pero aún más importante es que el silencio no nos caiga encima por toda respuesta.
En total fueron 24 horas. 24 horas hipotecando el futuro circulatorio de mis piernas a cambio de una prueba. "Todavía puedo hacer lo que quiera, cuando quiera, y en el formato que quiera en el campo de la ilustración?" ya había adquirido el compromiso con mi cliente de modo que no hay reversa en esta marcha.
Me senté meditabunda frente a la computadora. La ilustración debía cumplir los siguientes requisitos:
1- Como los mosqueteros, una ilustración para todos los tamaños y todos los tamaños para una ilustración. Sin derecho a pataleo, queja, desaveniencia, duda o postergación. Si después de este tejemaneje no iba a estar para saber como iban a marchar las cosas, debía asegurarme de que todo estuviera ok con el encargo y fuese fácilmente manipulable.
2- Debía quedar tal cual el modelo entregado. Menos pataleo aún.
3- El plazo de entrega es hasta el lunes.
Contras:
1- Hace años que mi mano no era usada para otra cosa mas que para click aqui y click allá.
2- Ni idea de crear texturas a mano.
3- Ni idea de si podía cumplir con el plazo.
La respuesta era una sola, debía hacer las ilustraciones en un programa de vectores. DIOS UNA PELOTA DE FUTBOL CON SOMBRAS Y TEXTURAS SIN EL TODOPODEROSO PHOTOSHOP OH PERO POR QUE ME METO EN ESTOS BERENJENALEEEES
También debía hacer unos cubiertos. Y unas banderas en barrido, y cientos de detalles rompecabezas.
Luego de unos momentos de resignación, me puse manos a la obra.
24 horas después, descubrí algo. Que sí puedo. Sí pude y además se vería perfecto.
Y que con el dinerito duramente ganado podía hacer muchas cosas o solo una, ahorrar.
He descubierto algo nuevo de mí y ahora pienso sacarle buen provecho.
Esas breves verdades que se acompañan con música.
Cuenta, cuenta la leyenda
Que antes todo era mejor
Cuenta la leyenda
Que se podía caminar
Y de vez en cuando
Mirar al cielo y respirar
Pero no puedo llorar
Por un pasado que no conocí
Por eso
Dame un cuchillo para cortar el aire y besarte
Si me siento pesado es por el plomo
que llevo en la sangre
Ríos de fuego de acero de vida y de tiempo
Que van sin remedio a tumbas
que llegan al cielo
Donde se brindan con llantos de miles de liras
Como la vida les pasa de largo y los dejar ir
No me importará morir
No me importará morir
Escenas de amores perdidos en calles de luna
Que solo se encuentra en frases de un canto inútil
Camisa de fuerza
Sultana de nadie
Vivir en Caracas
Morir en Caracas
Calles de luna
Perdidos en calles de luna.
Yordano-Vivir en caracas.
Qui´n, en su sano juicio, puede racionalizar Caracas?
Los arquitectos discuten, las comunidades protestan, las vías se trancan como las débiles venas de una anciana que ha engordado mucho y trata de resistir un día más, los recogelatas buscan ávidos los restos que la "civilización" deja a su paso.
Los gobiernos prometen, parapetean, desisten.
Los cerros se vienen abajo, el agua es río buscando su cauce olvidado por los hombres siglos atrás, el verde revienta rabioso en cualquier hueco de tierra, los árboles levantan el concreto, en una guerra silente de fuerzas desmedidas, insistiendo en seguir su ciclo vital por encima de cualquier alcaldía. El sol reververa en el río de metal de las avenidas, por dentro del cual se cuecen a fuego lento, cuerpos vulnerables en estado de desesperación.
Mientras tanto, poetas como Yordano se abandonan a lo evidente y entienden realmente qué es Caracas, un big bang que no entiende de reglas, ni físicas, ni matemáticas, es un valle de (des) ilusiones, de sueños despiertos y espejismos producto del calor.
Caracas es una excusa para distraernos de los mosquitos, el calor, la vegetación rebelde y hermosa, las lluvias torrenciales e imprevisibles. Caracas con su gris trata de matizar el excesivo azul del cielo. Con su ruido de ciudad trata de callar a las guacamayas, a los loros, a los pajaritos puntuales (lo único puntual) que cantan a las 5.30 de la mañana. Con sus quebradas de aguas negras trata de ahogar las rebeldes flores de colores brillantes que crecen a su alrededor. Con su humo trata de manchar el blanco traje de las garzas, que vuelan indiferentes sobre las cabezas de la humanidad.
Que antes todo era mejor
Cuenta la leyenda
Que se podía caminar
Y de vez en cuando
Mirar al cielo y respirar
Pero no puedo llorar
Por un pasado que no conocí
Por eso
Dame un cuchillo para cortar el aire y besarte
Si me siento pesado es por el plomo
que llevo en la sangre
Ríos de fuego de acero de vida y de tiempo
Que van sin remedio a tumbas
que llegan al cielo
Donde se brindan con llantos de miles de liras
Como la vida les pasa de largo y los dejar ir
No me importará morir
No me importará morir
Escenas de amores perdidos en calles de luna
Que solo se encuentra en frases de un canto inútil
Camisa de fuerza
Sultana de nadie
Vivir en Caracas
Morir en Caracas
Calles de luna
Perdidos en calles de luna.
Yordano-Vivir en caracas.
Qui´n, en su sano juicio, puede racionalizar Caracas?
Los arquitectos discuten, las comunidades protestan, las vías se trancan como las débiles venas de una anciana que ha engordado mucho y trata de resistir un día más, los recogelatas buscan ávidos los restos que la "civilización" deja a su paso.
Los gobiernos prometen, parapetean, desisten.
Los cerros se vienen abajo, el agua es río buscando su cauce olvidado por los hombres siglos atrás, el verde revienta rabioso en cualquier hueco de tierra, los árboles levantan el concreto, en una guerra silente de fuerzas desmedidas, insistiendo en seguir su ciclo vital por encima de cualquier alcaldía. El sol reververa en el río de metal de las avenidas, por dentro del cual se cuecen a fuego lento, cuerpos vulnerables en estado de desesperación.
Mientras tanto, poetas como Yordano se abandonan a lo evidente y entienden realmente qué es Caracas, un big bang que no entiende de reglas, ni físicas, ni matemáticas, es un valle de (des) ilusiones, de sueños despiertos y espejismos producto del calor.
Caracas es una excusa para distraernos de los mosquitos, el calor, la vegetación rebelde y hermosa, las lluvias torrenciales e imprevisibles. Caracas con su gris trata de matizar el excesivo azul del cielo. Con su ruido de ciudad trata de callar a las guacamayas, a los loros, a los pajaritos puntuales (lo único puntual) que cantan a las 5.30 de la mañana. Con sus quebradas de aguas negras trata de ahogar las rebeldes flores de colores brillantes que crecen a su alrededor. Con su humo trata de manchar el blanco traje de las garzas, que vuelan indiferentes sobre las cabezas de la humanidad.
BONDAD: esa dificil cualidad.
Aquí nuevamente josie narrando los acontecimientos desde el foso de los caimanes, ubicado en mi oficina.
Los juegos de poder son el tema del día. Cuánto de nuestro poder usamos para lograr lo que queremos? Cuántos de a los que se les ha conferido un poder ligeramente mayor están dispuestos a pisotear, coaccionar y azuzar para lograr sus objetivos o simplemente alimentar el ego? vivimos tiempos realmente maquiavélicos.
Esta mañana me siento a trabajar en el cálido ambiente que me proporcionan los bossa n' stones vol. 2, tratando de hacer de mi preaviso un paseo por el litoral en un día de sol (en las partes de carretera en que esto es posible).
Ah, no lo había comentado? renuncié a mi trabajo. El motivo? mejoras salariales, entre muchas otras cosas que había comentado anteriormente, y a las cuales les añado el siguiente escrito.
Jorge es mano derecha de uno de los chivos. Se presenta a mi oficina con cara de circunstancias, es como la típica frase: "tenemos que hablar" pero como esta servidora ni la debe ni la teme, le devolví una ceja alzada e interrogante.
"necesito los insumos x y z" "donde están?? los necesito para HOY"
AHORA LA DE LA CARA DE CIRCUNSTANCIAS SOY YO.
Ni pertenezco al departamento de administración, ni me encargo de ese tema, ni siquiera pertenezco ya a este lugar. Sólo encogí los hombros en ademán de: "y qué hacemos" le dije: "yo me imagino que la gente a cargo de eso ya está enterada, ya sabe lo que tiene que hacer". Creo que soy de esos bizarros casos en que a los empleados les reclaman la mala administración de sus jefes. Pero la intención estaba precisamente allí, él con su poder PRETENDIA presionarme a mi para a la vez desahogar su ansiedad. Pero no le otorgué el gusto.
Para mi la idea no es devolver una bofetada sino esquivar el swing que hace la mano.
Cosa que mi amigo JC no entendió. Cuando le conté aquello me preguntó por qué había perdido la oportunidad de mandarlo al carrizo, reírme en su cara en toda justicia y sin miramientos, total, ya era una persona prácticamente sin compromisos para con nadie ahí. "cómo dejaste pasar la oportunidad, dónde te guardaste ese carácter tan bravo que tú tienes???
JC me da sentimiento. Está pasando por tiempos especialmente turbulentos en este momento, por motivos que no vienen al caso, pero tenía que responder.
Con toda la serenidad del caso le dije:
"Apartando el tema de que aún estamos hablando de una persona de poder, te recuerdo que yo soy una buena persona. Las buenas personas no revuelcan a los que pueden en el piso, no lo haría con él ni con nadie, las buenas personas son aquellas que, teniendo la oportunidad de hacer el mal, no lo hacen. Esa es la diferencia entre Jorge y yo. El con todo su poder que tiene en la empresa no puede hacer que yo mueva un músculo para ayudarlo mientras me hostigue y me coaccione. Si hubiese sido de otra manera, yo habría hecho algo. Pero tampoco voy a devolverle la mala educación con más mala educación."
"O tal vez seas pendeja" sugirió.
"Las buenas personas no son lo mismo que los malentendidos "panas". Un "pana" puede ayudarte en un momento de necesidad aunque no tenga que hacerlo, pero por otro lado la gente lo entiende como alguien que encubre cosas indebidas, ilegales, irresponsables, que hacen de palanca o con quien hacen una componenda, por una pretendida "amistad". Esas sí son acciones de una persona pendeja, y además, inmoral y farsante. Yo tengo amigos o conocidos pero en ambos casos sigo siendo una buena persona. Difícilmente soy "pana" de alguien. "
Tomo aire. Y prosigo.
"de modo que depende del punto de vista, y nuevamente, es un caso de educación. De todos modos, el del problema es él, y aún está buscando quién se lo resuelva. Creo que cuando estás desesperado y alguien simplemente se encoje de hombros te deja aún más desesperado"
Esa es la raíz de la idiosincracia del venezolano. Una idiosincracia causada por la acción del "poder" que degenera en rabia, en rencor, y en algunas úlceras gástricas por parte de mis colegas. Una idiosincracia dictada desde la incultura de las grandes corporaciones deshumanizadas para con su propio motor de productividad, no importa cuánto dinero gasten en publicidad para anunciar con bombos y platillos su "acción social", cuántos masters en recursos humanos estén a cargo de la situación, la verdadera acción empieza desde adentro. Es entonces cuando vemos el sembradío de pasividad e indiferencia que envuelve a los individuos frente al desastre. Pero es responsabilidad de los individuos, de los ciudadanos, no dejar que ninguna de las dos cosas nos arrebate la personalidad, la decisión y la fortaleza. Algo que me parece a mí que conforma la integridad del ser.
Los juegos de poder son el tema del día. Cuánto de nuestro poder usamos para lograr lo que queremos? Cuántos de a los que se les ha conferido un poder ligeramente mayor están dispuestos a pisotear, coaccionar y azuzar para lograr sus objetivos o simplemente alimentar el ego? vivimos tiempos realmente maquiavélicos.
Esta mañana me siento a trabajar en el cálido ambiente que me proporcionan los bossa n' stones vol. 2, tratando de hacer de mi preaviso un paseo por el litoral en un día de sol (en las partes de carretera en que esto es posible).
Ah, no lo había comentado? renuncié a mi trabajo. El motivo? mejoras salariales, entre muchas otras cosas que había comentado anteriormente, y a las cuales les añado el siguiente escrito.
Jorge es mano derecha de uno de los chivos. Se presenta a mi oficina con cara de circunstancias, es como la típica frase: "tenemos que hablar" pero como esta servidora ni la debe ni la teme, le devolví una ceja alzada e interrogante.
"necesito los insumos x y z" "donde están?? los necesito para HOY"
AHORA LA DE LA CARA DE CIRCUNSTANCIAS SOY YO.
Ni pertenezco al departamento de administración, ni me encargo de ese tema, ni siquiera pertenezco ya a este lugar. Sólo encogí los hombros en ademán de: "y qué hacemos" le dije: "yo me imagino que la gente a cargo de eso ya está enterada, ya sabe lo que tiene que hacer". Creo que soy de esos bizarros casos en que a los empleados les reclaman la mala administración de sus jefes. Pero la intención estaba precisamente allí, él con su poder PRETENDIA presionarme a mi para a la vez desahogar su ansiedad. Pero no le otorgué el gusto.
Para mi la idea no es devolver una bofetada sino esquivar el swing que hace la mano.
Cosa que mi amigo JC no entendió. Cuando le conté aquello me preguntó por qué había perdido la oportunidad de mandarlo al carrizo, reírme en su cara en toda justicia y sin miramientos, total, ya era una persona prácticamente sin compromisos para con nadie ahí. "cómo dejaste pasar la oportunidad, dónde te guardaste ese carácter tan bravo que tú tienes???
JC me da sentimiento. Está pasando por tiempos especialmente turbulentos en este momento, por motivos que no vienen al caso, pero tenía que responder.
Con toda la serenidad del caso le dije:
"Apartando el tema de que aún estamos hablando de una persona de poder, te recuerdo que yo soy una buena persona. Las buenas personas no revuelcan a los que pueden en el piso, no lo haría con él ni con nadie, las buenas personas son aquellas que, teniendo la oportunidad de hacer el mal, no lo hacen. Esa es la diferencia entre Jorge y yo. El con todo su poder que tiene en la empresa no puede hacer que yo mueva un músculo para ayudarlo mientras me hostigue y me coaccione. Si hubiese sido de otra manera, yo habría hecho algo. Pero tampoco voy a devolverle la mala educación con más mala educación."
"O tal vez seas pendeja" sugirió.
"Las buenas personas no son lo mismo que los malentendidos "panas". Un "pana" puede ayudarte en un momento de necesidad aunque no tenga que hacerlo, pero por otro lado la gente lo entiende como alguien que encubre cosas indebidas, ilegales, irresponsables, que hacen de palanca o con quien hacen una componenda, por una pretendida "amistad". Esas sí son acciones de una persona pendeja, y además, inmoral y farsante. Yo tengo amigos o conocidos pero en ambos casos sigo siendo una buena persona. Difícilmente soy "pana" de alguien. "
Tomo aire. Y prosigo.
"de modo que depende del punto de vista, y nuevamente, es un caso de educación. De todos modos, el del problema es él, y aún está buscando quién se lo resuelva. Creo que cuando estás desesperado y alguien simplemente se encoje de hombros te deja aún más desesperado"
Esa es la raíz de la idiosincracia del venezolano. Una idiosincracia causada por la acción del "poder" que degenera en rabia, en rencor, y en algunas úlceras gástricas por parte de mis colegas. Una idiosincracia dictada desde la incultura de las grandes corporaciones deshumanizadas para con su propio motor de productividad, no importa cuánto dinero gasten en publicidad para anunciar con bombos y platillos su "acción social", cuántos masters en recursos humanos estén a cargo de la situación, la verdadera acción empieza desde adentro. Es entonces cuando vemos el sembradío de pasividad e indiferencia que envuelve a los individuos frente al desastre. Pero es responsabilidad de los individuos, de los ciudadanos, no dejar que ninguna de las dos cosas nos arrebate la personalidad, la decisión y la fortaleza. Algo que me parece a mí que conforma la integridad del ser.
El fondo no existe.
Mi amiga K trabajó con nosotros hasta hace unos dias. Entre Jc, K, y yo nos la apañamos para llenar de violentas carcajadas el insípido ambiente de la oficina. (Aunque JC lleva la batuta)
Ella es un raro hallazgo para mí. Una persona culta, decente, educada, incisiva cuando tiene que serlo, pero a la vez paciente y conciliadora. Su tono de voz no es suave ni chillón, tiene una voz grave y femenina que habla con toda claridad. Mi pronunciación (y a veces mi dicción) a veces deja mucho que desear, bien sea porque se me atropellen las palabras o no se me escucha la voz o porque he dejado de leer la cantidad de libros que solía. El caso es que con todas sus virtudes anteriores, ella conserva el don de la humildad.
Nadie sospecharía jamás de su carácter fuerte.
Ayer en la mañana mientras entraba en el cuasi-eterno ritual de vestirme pongo la radio del Ateneo. En eso oigo que Carlos Coste, el apneísta, batió el récord mundial al alcanzar los 107 metros de profundidad (la marca anterior, de 102 metros, es también de su propiedad.) y estaba en Egipto a punto de ser recibido por las autoridades para felicitarlo por su proeza y agradecerle el haber escogido el lugar para la inmersión.
Termino de vestirme, me maquillo, constato de que todo este en su lugar y me voy. A mitad de camino, le mando a K un mensaje: Me acabo de enterar de que tu hermano acaba de batir el récord mundial y el gobernador lo va a recibir ahora mismo.
K: Cuando??
Josie: Ahorita mismo, pasaron la noticia por la radio.
K: AAAAhhh que buenoooo
Josie: Felicitaciones, espero que pronto tengan noticias de él.
Y me detengo a pensar: se necesita una inmensa preparación fisica y mental para hacer eso. Sobre todo, lo que hace es el arte de arriesgarse.
Vivir para mí es también el arte de arriesgase. El mundo nos ofrece las opciones y queda de nosotros elegir. Elegir es arriesgarse. Elegir adquiere visos de compromiso con la integridad del ser y la coherencia de las ideas que guían nuestras acciones. O reacciones.
Todos elegimos en la vida. K decidió tomar otra oportunidad en otra empresa mas grande, tiene la libertad de hacer lo que considere pertinente con su vida. Yo también estoy en una etapa de trancisión, que pronto me despejará el camino para hacer un salto más de los muchos que he hecho en mi carrera.(y en mi vida)
Dependiendo de la libertad con que nos desenvolvamos en la vida, apostando a ganar aunque sacrifiquemos la rutina y una somera seguridad, iremos viajando, viajando, hacia el fondo de nuestras habilidades, al centro de nosotros mismos, explorándonos en profundidad.
Y quién sabe si algún día, como Coste, percibamos que en realidad, tal fondo no existe.
Ella es un raro hallazgo para mí. Una persona culta, decente, educada, incisiva cuando tiene que serlo, pero a la vez paciente y conciliadora. Su tono de voz no es suave ni chillón, tiene una voz grave y femenina que habla con toda claridad. Mi pronunciación (y a veces mi dicción) a veces deja mucho que desear, bien sea porque se me atropellen las palabras o no se me escucha la voz o porque he dejado de leer la cantidad de libros que solía. El caso es que con todas sus virtudes anteriores, ella conserva el don de la humildad.
Nadie sospecharía jamás de su carácter fuerte.
Ayer en la mañana mientras entraba en el cuasi-eterno ritual de vestirme pongo la radio del Ateneo. En eso oigo que Carlos Coste, el apneísta, batió el récord mundial al alcanzar los 107 metros de profundidad (la marca anterior, de 102 metros, es también de su propiedad.) y estaba en Egipto a punto de ser recibido por las autoridades para felicitarlo por su proeza y agradecerle el haber escogido el lugar para la inmersión.
Termino de vestirme, me maquillo, constato de que todo este en su lugar y me voy. A mitad de camino, le mando a K un mensaje: Me acabo de enterar de que tu hermano acaba de batir el récord mundial y el gobernador lo va a recibir ahora mismo.
K: Cuando??
Josie: Ahorita mismo, pasaron la noticia por la radio.
K: AAAAhhh que buenoooo
Josie: Felicitaciones, espero que pronto tengan noticias de él.
Y me detengo a pensar: se necesita una inmensa preparación fisica y mental para hacer eso. Sobre todo, lo que hace es el arte de arriesgarse.
Vivir para mí es también el arte de arriesgase. El mundo nos ofrece las opciones y queda de nosotros elegir. Elegir es arriesgarse. Elegir adquiere visos de compromiso con la integridad del ser y la coherencia de las ideas que guían nuestras acciones. O reacciones.
Todos elegimos en la vida. K decidió tomar otra oportunidad en otra empresa mas grande, tiene la libertad de hacer lo que considere pertinente con su vida. Yo también estoy en una etapa de trancisión, que pronto me despejará el camino para hacer un salto más de los muchos que he hecho en mi carrera.(y en mi vida)
Dependiendo de la libertad con que nos desenvolvamos en la vida, apostando a ganar aunque sacrifiquemos la rutina y una somera seguridad, iremos viajando, viajando, hacia el fondo de nuestras habilidades, al centro de nosotros mismos, explorándonos en profundidad.
Y quién sabe si algún día, como Coste, percibamos que en realidad, tal fondo no existe.
Que qué es eso de allá? el destino.
El sábado fué intenso. A las 9.30 de la mañana ya estaba enfundada en mis licras, mi suéter y mi protector solar rumbo a la cumbre del cerro Ávila. Tenía entrada para la tercera jornada deportiva que iba a tener lugar en el gran salón del casi mítico hotel Humboldt, pero no iba yo a escalar o cosa parecida, (un ser tan sedentario como yo debe pensarlo más de 2 docenas de veces en ese caso) sino a entrar allî por medio del mundo ingrávido del teleférico.
Desde la estación de Maripérez, pegadita de la cota mil, se podían apreciar las nubes que cubrían la mitad del Ávila, y recordé la frase de un amigo amante de los deportes extremos: "nunca subas el cerro si más de la mitad está cubierta de nubes...NUNCA" hmmm...el instinto me decía que diera vuelta en "U" derechito a mi casa pero ya que estaba ahí, no me iba a echar para atrás. No me gustaba el sentimiento de quedarme vestida, alborotada, con los crespos hechos...y de perder 80.000 Bolívares. Sentimiento tonto, verdad?
De modo que allá agarré mi funicular junto a una familia. De Caracas he dicho muchas cosas, que si es un desastre, que si la delincuencia, que las obras, que...pero no les he comentado de lo cálida que puede ser la gente cuando se permite relajarse en el trajín del día a día. Te adoptan inmediatamente. Te toman fotos, te preguntan tu nombre, que si viniste sola, que si...y de pronto, una bruma blanca nos envuelve y el silencio es total. Las líneas del funicular se pierden de vista a menos de dos metros, los que van de bajada pasan por nuestro lado como apariciones fantasmales, algún pico de los árboles más altos se asoma difuso e irreal y el chipilín del grupo es todo ojos, suspendido entre el asombro y el espanto, con el alma en un hilo. Es la súbita incertidumbre de si en realidad nos estamos moviendo.
De pronto, una sombra gris se acerca, rápidamente se perfila como una boca a donde llegan los funiculares, y nos damos cuenta de que hemos llegado. Tanto para subir como para bajar son como 20 minutos pero en realidad este es uno de los telefericos más largos de suramérica. Son 2100 metros sobre el nivel del mar.
Como los funiculares no se detienen, hay que bajar con cuidado. Me despido entre sonrisas de mis compañeros de viaje y me interno una vez más en la neblina espesa que cae como un velo sobre las caminerías de piedra hacia mi próximo destino, abro mis brazos, expandiendo todos mis alveolos pulmonares para llenarlos del olor a musgo, de piedras humedecidas, de verde paraíso, de pétalos frescos, y mi piel recibir el rocío de las ramas de los árboles. A lo lejos, en algún lugar del espacio blanco e infinito, se escucha ondear furiosamente la enorme bandera de Venezuela, como tratando de sacudirse esa octava estrella que recién le acaban de pegar. Cerca estaba el lugar.
El imponente hotel Humboldt.
Acerca de este hotel, sé que como casi todo lo que resiste impertérrito el paso del tiempo y los gobiernos en Caracas, fué construído durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez e inaugurado el 29 de diciembre de 1956.
El Hotel debe su nombre al geógrafo y naturalista alemán Alejandro Humboldt (1769-1859) quien recorrió las montañas de El Ávila y dejó escrito el testimonio de sus observaciones. Su arquitectura está compuesta por una torre circular de sesenta metros de altura, que permite una vista de 360º. Cuenta con catorce pisos y setenta habitaciones que ofrecen una espectacular vista de la ciudad de Caracas. Ya sé que son poquitas habitaciones para llamarlo "imponente" pero creo que en un sitio así, ése constituye un detalle menor. En estos momentos está en fase de remodelación pero las áreas sociales dan buena cuenta de su belleza art-déco. Nunca lo había visitado y creo que ningún caraqueño debería perderse esa visita.
Yo no tengo más palabras para describirlo sino como "espectacular" : las chimeneas de bronce, los muebles enmarcados propiamente en el término "moderno" , los pisos de granito, las paredes construídas con piedras traídas del amazonas, (dícese, la otra punta del país, en los años 50!!! qué proeza) los salones elegantes y acogedores. Caracas vivía el boom petrolero y aunado con ello, de la arquitectura inspirada en las propuestas de arquitectos como Le Corbusier, y la grandiosidad de un sueño llamado "civilización" nos sacudió lo que quedaba de la ruralidad colonial para entrar por la puerta grande en el término "cosmopolita" al menos en cuanto a infraestructura se refiere.
Recuperada apenas de la primera impresión, sigo rumbo al gran salón. La gente poco a poco se pone en filas, una tras la otra, de frente a la tarima. Un enorme afiche de "Fit Combat" adorna la pared. El equipo está a todo volumen y poco a poco los patrocinantes hacen sus presentaciones y se inicia la jornada con una clase de baile que gocé como nunca. Cha-cha-chá, salsa, hip hop, y (ejem! que me disculpen mis compadres rockers) regguetón.
2 horas y media después me sorprendí vivita, coleando, animada y con ganas de más. Me encuentro con una amiga del gym y nos ponemos en fila para iniciar mi disciplina favorita: Fit Combat.
Los instructores van desfilando en una demostración de diversas técnicas y llega el momento en que Román, mi instructor de los viernes, se monta en escena.
El es un hombre moreno, alto, guapo y fornido pero sin llegar a la exageración, todo su cuerpo es un culto a la flexibilidad y la armonía.
Es simpático como pocos, sonriente y motivador. Brillaba en su uniforme blanco pero le noté nervios, allí, paradito antes de su presentación. Se puso unos lentes oscuros. Entonces busqué su mirada y cuando me vió levanté mis dos pulgares hacia arriba. "Román" -le grité- "tú eres el mejor" me sonrió y se le olvidó todo aquello por un microsegundo.
Empezó la clase, un,dos,tres,cuatro. Izquierda, derecha, patada, esquivar, punch, up y directo. Yo era pura adrenalina. Ni estómago, ni conciencia, ni preocupaciones.
2 horas y media después noté un dolor de cadera. Luego sentí claramente todos mis órganos internos. Supe que había llegado a mi límite, debía parar y recuperarme.
Acabó la clase y me acerqué a Román, nos tomamos fotos, hablamos un poco y luego miré por casualidad la hora. Eran las 5 de la tarde.
Luego miré la ventana. Pronto las temperaturas caerían en picada y la niebla ya no me parecerá tan romántica. 13 años viviendo en una montaña me enseñaron algo.
Me monté mi morralito al hombro con los obsequios de los organizadores y me apresuré a regresarme a la estación. A mitad del camino algo le recordó a mi organismo que no había comido nada desde las 8 de la mañana. Apreté el paso y me metí en un restaurant "wannabe" alemán. Empezó a lloviznar.
Luego de media hora comiendo y mirando videos de Guns N' Roses (ah! qué tiempos aquellos) salí del local y compré unas flores de Galipán para mi mamá, quien entre sus mensajes y los de Hernán habían tapusado mi buzón del celular. Llego a la salida encontrándome con dos grandes contratiempos: La cola para bajar era inmensa y la tormenta eléctrica era inminente.
En la cola encuentro a un grupo encantador de 10 adolescentes (si, a lo mejor "encantador" no rima con "adolescentes" pero créanme que existen) todos abrazados tiritando de frío pero aún con ganas de reír y cantar la canción de moda.
A las 7 de la noche la tormenta amainó un poco y empezamos a bajar.
Me tocó un grupo de 4 muchachas del grupo y una madre con su hijita de 6. Las muchachas me hacían olvidar que afuera la tormenta volvió a arreciar y que el funicular no tenía ni una luz. Hablaban de sus planes de estudio y me dí cuenta de que hoy en día los jóvenes son más concientes y ambiciosos que cuando yo estudié bachillerato. Calculaban promedios, hablaban de prepararse para la prueba del CNU, de sus posibilidades de ingresar a la exclusivísima Universidad Simón Bolivar (santuario de muchas de las mentes más brillantes del país) pero seguían tan alegres y campantes.
Y el funicular se detuvo.
Balanceándonos cual hoja en el aire de la tormenta, nos habíamos detenido a menos de 10 minutos de Maripérez, en tierra firme, y una de las muchachas (la más callada de todas) amenazaba con entrar en una crisis nerviosa y desatar el pánico en el microespacio de 2x2 mts cuadrados.
Mi mamá llamó, la voz se sentía llorosa.
"dónde estás???"- "Aquí, suspendida en la nada"- las muchachas se relajaron un poco con una risita nerviosa. "Justo sobre la falla de San Sebastián, a menos de 10 minutos, pero tranquila, yo voy a llegar. No te preocupes"
Cuando colgué, supe que las muchachas se habían olvidado un poco de la tormenta.
"disculpa" dijo una "qué es la falla de San Sebastián?"
Les expliqué que estábamos entre dos grandes placas tectónicas que daban forma al valle de Caracas y al Ávila al mismo tiempo. Constituye una de las tres grandes fallas geológicas que atraviesan Venezuela, el sistema de fallas de Bocon-San Sebastián-El Pilar, los cuales constituyen el límite principal entre la placa del Caribe y la placa de América del Sur y es el causante de los sismos más severos que han ocurrido en el territorio nacional. La misma que se conecta con varias fallas que vienen desde la Patagonia, atraviesa la cadena montañosa de los Andes, atraviesa Caracas por el este, el Ávila, y sigue hacia California conectada por la falla de San Andrés, llegando a todo el continente, dándole su particular silueta a todo el oeste del continente norte y suramericano.
Entre charla y charla me dí cuenta de que ellas estudiaban en el mismo liceo que yo había estudiado hace años.
Cuando más distraída estaba de la tormenta, vi un fogonazo zigzagueante a menos de 1 kilómetro. Me tapé los oídos.
El estruendo fué tal que ahora sí la muchacha y la niña se pusieron a llorar pero justo entonces el funicular empezó a moverse.
En pocos minutos llegamos a Maripérez, al fin.
Mi mamá me recibió con los ojitos llorosos. -"Le pedí tanto a San Miguel que te protegiera con su espada de luz"...-
-"Sí, yo sé, allá arriba se hizo sentir la espada esa" - " dile que muchas gracias, pero la próxima vez no arme tanto escándalo, casi mata del susto a dos personas allá arriba". Y le dí las flores, las cuales casi me pone por la cabeza.
-"La próxima vez que me digas que subes al Ávila, te doy una paliza"
y sonrió.
Momento Freak: En el desespero por salir del aparato, dejé mi cooler nuevecito en el funicular.
Desde la estación de Maripérez, pegadita de la cota mil, se podían apreciar las nubes que cubrían la mitad del Ávila, y recordé la frase de un amigo amante de los deportes extremos: "nunca subas el cerro si más de la mitad está cubierta de nubes...NUNCA" hmmm...el instinto me decía que diera vuelta en "U" derechito a mi casa pero ya que estaba ahí, no me iba a echar para atrás. No me gustaba el sentimiento de quedarme vestida, alborotada, con los crespos hechos...y de perder 80.000 Bolívares. Sentimiento tonto, verdad?
De modo que allá agarré mi funicular junto a una familia. De Caracas he dicho muchas cosas, que si es un desastre, que si la delincuencia, que las obras, que...pero no les he comentado de lo cálida que puede ser la gente cuando se permite relajarse en el trajín del día a día. Te adoptan inmediatamente. Te toman fotos, te preguntan tu nombre, que si viniste sola, que si...y de pronto, una bruma blanca nos envuelve y el silencio es total. Las líneas del funicular se pierden de vista a menos de dos metros, los que van de bajada pasan por nuestro lado como apariciones fantasmales, algún pico de los árboles más altos se asoma difuso e irreal y el chipilín del grupo es todo ojos, suspendido entre el asombro y el espanto, con el alma en un hilo. Es la súbita incertidumbre de si en realidad nos estamos moviendo.
De pronto, una sombra gris se acerca, rápidamente se perfila como una boca a donde llegan los funiculares, y nos damos cuenta de que hemos llegado. Tanto para subir como para bajar son como 20 minutos pero en realidad este es uno de los telefericos más largos de suramérica. Son 2100 metros sobre el nivel del mar.
Como los funiculares no se detienen, hay que bajar con cuidado. Me despido entre sonrisas de mis compañeros de viaje y me interno una vez más en la neblina espesa que cae como un velo sobre las caminerías de piedra hacia mi próximo destino, abro mis brazos, expandiendo todos mis alveolos pulmonares para llenarlos del olor a musgo, de piedras humedecidas, de verde paraíso, de pétalos frescos, y mi piel recibir el rocío de las ramas de los árboles. A lo lejos, en algún lugar del espacio blanco e infinito, se escucha ondear furiosamente la enorme bandera de Venezuela, como tratando de sacudirse esa octava estrella que recién le acaban de pegar. Cerca estaba el lugar.
El imponente hotel Humboldt.
Acerca de este hotel, sé que como casi todo lo que resiste impertérrito el paso del tiempo y los gobiernos en Caracas, fué construído durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez e inaugurado el 29 de diciembre de 1956.
El Hotel debe su nombre al geógrafo y naturalista alemán Alejandro Humboldt (1769-1859) quien recorrió las montañas de El Ávila y dejó escrito el testimonio de sus observaciones. Su arquitectura está compuesta por una torre circular de sesenta metros de altura, que permite una vista de 360º. Cuenta con catorce pisos y setenta habitaciones que ofrecen una espectacular vista de la ciudad de Caracas. Ya sé que son poquitas habitaciones para llamarlo "imponente" pero creo que en un sitio así, ése constituye un detalle menor. En estos momentos está en fase de remodelación pero las áreas sociales dan buena cuenta de su belleza art-déco. Nunca lo había visitado y creo que ningún caraqueño debería perderse esa visita.
Yo no tengo más palabras para describirlo sino como "espectacular" : las chimeneas de bronce, los muebles enmarcados propiamente en el término "moderno" , los pisos de granito, las paredes construídas con piedras traídas del amazonas, (dícese, la otra punta del país, en los años 50!!! qué proeza) los salones elegantes y acogedores. Caracas vivía el boom petrolero y aunado con ello, de la arquitectura inspirada en las propuestas de arquitectos como Le Corbusier, y la grandiosidad de un sueño llamado "civilización" nos sacudió lo que quedaba de la ruralidad colonial para entrar por la puerta grande en el término "cosmopolita" al menos en cuanto a infraestructura se refiere.
Recuperada apenas de la primera impresión, sigo rumbo al gran salón. La gente poco a poco se pone en filas, una tras la otra, de frente a la tarima. Un enorme afiche de "Fit Combat" adorna la pared. El equipo está a todo volumen y poco a poco los patrocinantes hacen sus presentaciones y se inicia la jornada con una clase de baile que gocé como nunca. Cha-cha-chá, salsa, hip hop, y (ejem! que me disculpen mis compadres rockers) regguetón.
2 horas y media después me sorprendí vivita, coleando, animada y con ganas de más. Me encuentro con una amiga del gym y nos ponemos en fila para iniciar mi disciplina favorita: Fit Combat.
Los instructores van desfilando en una demostración de diversas técnicas y llega el momento en que Román, mi instructor de los viernes, se monta en escena.
El es un hombre moreno, alto, guapo y fornido pero sin llegar a la exageración, todo su cuerpo es un culto a la flexibilidad y la armonía.
Es simpático como pocos, sonriente y motivador. Brillaba en su uniforme blanco pero le noté nervios, allí, paradito antes de su presentación. Se puso unos lentes oscuros. Entonces busqué su mirada y cuando me vió levanté mis dos pulgares hacia arriba. "Román" -le grité- "tú eres el mejor" me sonrió y se le olvidó todo aquello por un microsegundo.
Empezó la clase, un,dos,tres,cuatro. Izquierda, derecha, patada, esquivar, punch, up y directo. Yo era pura adrenalina. Ni estómago, ni conciencia, ni preocupaciones.
2 horas y media después noté un dolor de cadera. Luego sentí claramente todos mis órganos internos. Supe que había llegado a mi límite, debía parar y recuperarme.
Acabó la clase y me acerqué a Román, nos tomamos fotos, hablamos un poco y luego miré por casualidad la hora. Eran las 5 de la tarde.
Luego miré la ventana. Pronto las temperaturas caerían en picada y la niebla ya no me parecerá tan romántica. 13 años viviendo en una montaña me enseñaron algo.
Me monté mi morralito al hombro con los obsequios de los organizadores y me apresuré a regresarme a la estación. A mitad del camino algo le recordó a mi organismo que no había comido nada desde las 8 de la mañana. Apreté el paso y me metí en un restaurant "wannabe" alemán. Empezó a lloviznar.
Luego de media hora comiendo y mirando videos de Guns N' Roses (ah! qué tiempos aquellos) salí del local y compré unas flores de Galipán para mi mamá, quien entre sus mensajes y los de Hernán habían tapusado mi buzón del celular. Llego a la salida encontrándome con dos grandes contratiempos: La cola para bajar era inmensa y la tormenta eléctrica era inminente.
En la cola encuentro a un grupo encantador de 10 adolescentes (si, a lo mejor "encantador" no rima con "adolescentes" pero créanme que existen) todos abrazados tiritando de frío pero aún con ganas de reír y cantar la canción de moda.
A las 7 de la noche la tormenta amainó un poco y empezamos a bajar.
Me tocó un grupo de 4 muchachas del grupo y una madre con su hijita de 6. Las muchachas me hacían olvidar que afuera la tormenta volvió a arreciar y que el funicular no tenía ni una luz. Hablaban de sus planes de estudio y me dí cuenta de que hoy en día los jóvenes son más concientes y ambiciosos que cuando yo estudié bachillerato. Calculaban promedios, hablaban de prepararse para la prueba del CNU, de sus posibilidades de ingresar a la exclusivísima Universidad Simón Bolivar (santuario de muchas de las mentes más brillantes del país) pero seguían tan alegres y campantes.
Y el funicular se detuvo.
Balanceándonos cual hoja en el aire de la tormenta, nos habíamos detenido a menos de 10 minutos de Maripérez, en tierra firme, y una de las muchachas (la más callada de todas) amenazaba con entrar en una crisis nerviosa y desatar el pánico en el microespacio de 2x2 mts cuadrados.
Mi mamá llamó, la voz se sentía llorosa.
"dónde estás???"- "Aquí, suspendida en la nada"- las muchachas se relajaron un poco con una risita nerviosa. "Justo sobre la falla de San Sebastián, a menos de 10 minutos, pero tranquila, yo voy a llegar. No te preocupes"
Cuando colgué, supe que las muchachas se habían olvidado un poco de la tormenta.
"disculpa" dijo una "qué es la falla de San Sebastián?"
Les expliqué que estábamos entre dos grandes placas tectónicas que daban forma al valle de Caracas y al Ávila al mismo tiempo. Constituye una de las tres grandes fallas geológicas que atraviesan Venezuela, el sistema de fallas de Bocon-San Sebastián-El Pilar, los cuales constituyen el límite principal entre la placa del Caribe y la placa de América del Sur y es el causante de los sismos más severos que han ocurrido en el territorio nacional. La misma que se conecta con varias fallas que vienen desde la Patagonia, atraviesa la cadena montañosa de los Andes, atraviesa Caracas por el este, el Ávila, y sigue hacia California conectada por la falla de San Andrés, llegando a todo el continente, dándole su particular silueta a todo el oeste del continente norte y suramericano.
Entre charla y charla me dí cuenta de que ellas estudiaban en el mismo liceo que yo había estudiado hace años.
Cuando más distraída estaba de la tormenta, vi un fogonazo zigzagueante a menos de 1 kilómetro. Me tapé los oídos.
El estruendo fué tal que ahora sí la muchacha y la niña se pusieron a llorar pero justo entonces el funicular empezó a moverse.
En pocos minutos llegamos a Maripérez, al fin.
Mi mamá me recibió con los ojitos llorosos. -"Le pedí tanto a San Miguel que te protegiera con su espada de luz"...-
-"Sí, yo sé, allá arriba se hizo sentir la espada esa" - " dile que muchas gracias, pero la próxima vez no arme tanto escándalo, casi mata del susto a dos personas allá arriba". Y le dí las flores, las cuales casi me pone por la cabeza.
-"La próxima vez que me digas que subes al Ávila, te doy una paliza"
y sonrió.
Momento Freak: En el desespero por salir del aparato, dejé mi cooler nuevecito en el funicular.
Retorno a 100 mm.
El puente lo aproveché para hacer catarsis.
Ya hace dos años que estoy trabajando en esta oficina y la rutina me estaba intoxicando.
Lunes a Viernes de carrera de la casa al trabajo con el destino incierto por los designios de la hora en que pasa el metrobús, apretujones en masa dentro del vagón, llegada a "estación: Quinta Paila" ir al gym, aplastar mi trasero contra una silla por más de 8 horas diarias...luego breve brake por cortesía de Her y su cálida persona, maravillosa, sensual, placentera...
Sábados y domingos express con cosas pendientes por hacer, compras por hacer, arreglos por hacer, traducción: sábado de carrera también. Salidas al final de la tarde por allí a distraer la mente, ver que hay de nuevo y enterarse de la nueva película requeteversionada que Hollywood vende como si el amor lo hubieran inventado ayer.
Domingos catatónicos: Josie en slow-motion. Arrastrase a comprar el periódico, arrastrarse hasta el sofá, hundirse en las profundidades de una limonada o cervecita...y de pronto, lunes otra vez, y tarde, otra vez.
Mi vida como tal se había tomado unas vacaciones y pese a la variedad seguía siendo una rutina: salud, novio, casa, trabajo, distracción, descanso, comida, ejercicio, familia...qué estaba pasando entonces qué me faltaba, quéeee?
Ah y entonces lo encontré como con una sonrisa en mi gaveta.
Era un pincel.
Con el pincel, mis acuarelas, y junto a ellas, mis recuerdos.
Claro, hacía años que no tocaba una pintura! allí, en ese cajón de madera, estaba el retorno a mí, a 100 mm de distancia.
Entonces, hasta ese dia, hasta ese momento, habían excusas. Que si el tiempo, que si el cansancio, que si las obligaciones, la rutina y el motivo perfecto: no hay real como para darle el regalo que quiero a mi mamá el dia de la madre, de modo que le daré algo único. Algo que cubra la pared del salón esa que está como la canción de La Voe: "triste y vacía", y de paso le doy ese anhelo que tiene tiempo en el corazón de ella, añejándose y añejándose.
Tras los interminables preparativos y una inversión, me metí de lleno en una actividad que consume mi ser con agrado, concentración y a veces, buenos resultados. (Pero para mí la sensación es única).
JC tiene razón. A nosotros se nos enseña a desprendernos del fruto de nuestras manos apenas está terminado. A pesar de hacer, y de amar lo que se hace, sabemos que estamos destinados a dejar ir ese quehacer para dedicarnos a algo nuevo. No pensamos más en ellas sino como una linda experiencia, un recuerdo agradable. Es como parir y dejar que los hijos ya crecidos, ese hijo que llevas tanto tiempo formando y estructurando dentro de ti, lo dejes libre a la vida, que otros lo vean, que otros se maravillen de su ser también.
Por eso con ese pincel me explico muchas cosas: por qué mi actitud crítica, por qué me parece que los detalles son tan importantes,
por qué los colores del día son como mi aliciente, por qué me da escalofrío ver una obra de arte lacerada, destruída.
Es como sentir un vacío en el estómago. El fruto del amor por el deseo de crear es al creador como el fruto del amor por el deseo carnal es a una madre. Es sentir un vacío por Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez, Narváez, y tantos otros artistas cuyos hijos desaparecen o agonizan a la vista de todos, sus depositarios.
Entretanto eso se deposite en la conciencia de cada ciudadano, yo seguiré, imbuída en lo más profundo de mí, soltando colores, luchando por las texturas y recreando microcosmos, sobre un papel en blanco.
Ya hace dos años que estoy trabajando en esta oficina y la rutina me estaba intoxicando.
Lunes a Viernes de carrera de la casa al trabajo con el destino incierto por los designios de la hora en que pasa el metrobús, apretujones en masa dentro del vagón, llegada a "estación: Quinta Paila" ir al gym, aplastar mi trasero contra una silla por más de 8 horas diarias...luego breve brake por cortesía de Her y su cálida persona, maravillosa, sensual, placentera...
Sábados y domingos express con cosas pendientes por hacer, compras por hacer, arreglos por hacer, traducción: sábado de carrera también. Salidas al final de la tarde por allí a distraer la mente, ver que hay de nuevo y enterarse de la nueva película requeteversionada que Hollywood vende como si el amor lo hubieran inventado ayer.
Domingos catatónicos: Josie en slow-motion. Arrastrase a comprar el periódico, arrastrarse hasta el sofá, hundirse en las profundidades de una limonada o cervecita...y de pronto, lunes otra vez, y tarde, otra vez.
Mi vida como tal se había tomado unas vacaciones y pese a la variedad seguía siendo una rutina: salud, novio, casa, trabajo, distracción, descanso, comida, ejercicio, familia...qué estaba pasando entonces qué me faltaba, quéeee?
Ah y entonces lo encontré como con una sonrisa en mi gaveta.
Era un pincel.
Con el pincel, mis acuarelas, y junto a ellas, mis recuerdos.
Claro, hacía años que no tocaba una pintura! allí, en ese cajón de madera, estaba el retorno a mí, a 100 mm de distancia.
Entonces, hasta ese dia, hasta ese momento, habían excusas. Que si el tiempo, que si el cansancio, que si las obligaciones, la rutina y el motivo perfecto: no hay real como para darle el regalo que quiero a mi mamá el dia de la madre, de modo que le daré algo único. Algo que cubra la pared del salón esa que está como la canción de La Voe: "triste y vacía", y de paso le doy ese anhelo que tiene tiempo en el corazón de ella, añejándose y añejándose.
Tras los interminables preparativos y una inversión, me metí de lleno en una actividad que consume mi ser con agrado, concentración y a veces, buenos resultados. (Pero para mí la sensación es única).
JC tiene razón. A nosotros se nos enseña a desprendernos del fruto de nuestras manos apenas está terminado. A pesar de hacer, y de amar lo que se hace, sabemos que estamos destinados a dejar ir ese quehacer para dedicarnos a algo nuevo. No pensamos más en ellas sino como una linda experiencia, un recuerdo agradable. Es como parir y dejar que los hijos ya crecidos, ese hijo que llevas tanto tiempo formando y estructurando dentro de ti, lo dejes libre a la vida, que otros lo vean, que otros se maravillen de su ser también.
Por eso con ese pincel me explico muchas cosas: por qué mi actitud crítica, por qué me parece que los detalles son tan importantes,
por qué los colores del día son como mi aliciente, por qué me da escalofrío ver una obra de arte lacerada, destruída.
Es como sentir un vacío en el estómago. El fruto del amor por el deseo de crear es al creador como el fruto del amor por el deseo carnal es a una madre. Es sentir un vacío por Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez, Narváez, y tantos otros artistas cuyos hijos desaparecen o agonizan a la vista de todos, sus depositarios.
Entretanto eso se deposite en la conciencia de cada ciudadano, yo seguiré, imbuída en lo más profundo de mí, soltando colores, luchando por las texturas y recreando microcosmos, sobre un papel en blanco.





