Declaración celestial
Anoche tuve un sueño,
cuando su sonrisa
brilló en la penumbra,
algo en mí se llenó de alivio,
el sol jugaba con su cabello,
y con mi boca colmada de suspiros.
Anoche soñé con un angel,
se iluminó mi horizonte
con su cuerpo celeste,
en mis ojos
estallaban los colores,
de su ser silente.
Así de breve fué la noche de ayer. Una sensación agradable que te plena unos minutos y luega te deja derivando al despertar.
Ya de día, desayunada, arreglada y montada en mi metrobús, me regalan un periódico: ¨El Diario de Caracas¨ últimamente se están poniendo de moda los periódicos gratuitos. Personalmente me agradan, la información es precisa y no hay tantos artículos de opinión (total, tanta gente opinando de todo y NUNCA hacen nada). Me encierro en la oficina con una taza de café latte vainilla, aunque con el sabor tan distinto que no sé si sigue siendo un café propiamente dicho. Leo sobre el plan de vehículos familiares (hmmm! quizás sea tiempo de meterme en un lío de esos a ver qué tal, la vida bajo el suelo se ha vuelto excesivamente intensa para mi gusto...) dejé el periódico en mi escritorio y me voy al gym.
La clase de Pilates es algo memorable. Las personas llegan con un problema de peso o elasticidad y salen con otros: Un conjunto maltrecho de espalda, cuello, piernas y brazos adoloridos se arrastran hasta las duchas. De no ser porque el profesor está tan buenas tardes y se empeña en lo suyo (o sea, la tortura se le da muy bien) ya hubiese renunciado. Es un tipo no muy alto, bronceado, de músculos definidos, cabello liso, brillante y nombre de late-night-show: Oswald. sin embargo su sex appeal se esfuma con esa sonrisa de satisfacción cuando te ve sudar la gota gorda tratando de sostener una posición inconfesable. Le encanta anunciarse cuando llega con retraso con un saludo que dice más o menos : Y ustedes creían que se iban a salvar de mí? no se preocupen la clase de hoy está PAPITA.
Ni siquiera mis profesores de diseño me habían puesto a temblar tanto. Mis compañeras de suplicio fueron hoy mi prima y una chica de cuentas, quien se fué de espaldas y casi se parte el cuello en su primer roll-over. (lindo no? y luego cómo le explicamos a todo el mundo el percance de la nena que había bajado sin desayunar a hacer maromas.)
De regreso a las mazmorras post modernas y con ganas de bajar el telón sin más, veo que oh sorpresa! mi periódico había desaparecido. Ya saben, lo que fácil viene...ni preguntes qué le pasó. Miré por todas partes pero el resultado fué el mismo. De modo que me fuí derechita a mi escritorio haciendo pucheros a contarle este cuento a ustedes.
Así es la vida camará, te dá, te quita, te quita y te dá.
cuando su sonrisa
brilló en la penumbra,
algo en mí se llenó de alivio,
el sol jugaba con su cabello,
y con mi boca colmada de suspiros.
Anoche soñé con un angel,
se iluminó mi horizonte
con su cuerpo celeste,
en mis ojos
estallaban los colores,
de su ser silente.
Así de breve fué la noche de ayer. Una sensación agradable que te plena unos minutos y luega te deja derivando al despertar.
Ya de día, desayunada, arreglada y montada en mi metrobús, me regalan un periódico: ¨El Diario de Caracas¨ últimamente se están poniendo de moda los periódicos gratuitos. Personalmente me agradan, la información es precisa y no hay tantos artículos de opinión (total, tanta gente opinando de todo y NUNCA hacen nada). Me encierro en la oficina con una taza de café latte vainilla, aunque con el sabor tan distinto que no sé si sigue siendo un café propiamente dicho. Leo sobre el plan de vehículos familiares (hmmm! quizás sea tiempo de meterme en un lío de esos a ver qué tal, la vida bajo el suelo se ha vuelto excesivamente intensa para mi gusto...) dejé el periódico en mi escritorio y me voy al gym.
La clase de Pilates es algo memorable. Las personas llegan con un problema de peso o elasticidad y salen con otros: Un conjunto maltrecho de espalda, cuello, piernas y brazos adoloridos se arrastran hasta las duchas. De no ser porque el profesor está tan buenas tardes y se empeña en lo suyo (o sea, la tortura se le da muy bien) ya hubiese renunciado. Es un tipo no muy alto, bronceado, de músculos definidos, cabello liso, brillante y nombre de late-night-show: Oswald. sin embargo su sex appeal se esfuma con esa sonrisa de satisfacción cuando te ve sudar la gota gorda tratando de sostener una posición inconfesable. Le encanta anunciarse cuando llega con retraso con un saludo que dice más o menos : Y ustedes creían que se iban a salvar de mí? no se preocupen la clase de hoy está PAPITA.
Ni siquiera mis profesores de diseño me habían puesto a temblar tanto. Mis compañeras de suplicio fueron hoy mi prima y una chica de cuentas, quien se fué de espaldas y casi se parte el cuello en su primer roll-over. (lindo no? y luego cómo le explicamos a todo el mundo el percance de la nena que había bajado sin desayunar a hacer maromas.)
De regreso a las mazmorras post modernas y con ganas de bajar el telón sin más, veo que oh sorpresa! mi periódico había desaparecido. Ya saben, lo que fácil viene...ni preguntes qué le pasó. Miré por todas partes pero el resultado fué el mismo. De modo que me fuí derechita a mi escritorio haciendo pucheros a contarle este cuento a ustedes.
Así es la vida camará, te dá, te quita, te quita y te dá.
MARTES DE PASION...
Martes. Lo empecé acostandome a las tres de la mañana haciendo la portada de un semanario gratuito de mi tema favorito, Caracas. Se trata de un concurso de diseño para reflejar algo de lo que ya les he planteado en mi blog: mi ciudad es el límite entre el cielo y el infierno. La alguna vez llamada ¨La sucursal del cielo¨¨La ciudad de los techos rojos¨ etc, etc, mutó en una region fronteriza de enormes contrastes, donde a una orilla del Guaire vive la opulencia y al otro la miseria.
Petare resguarda el título de ser el barrio más grande de latinoamérica, sus secretos de muerte, vida y sangre entre el callejón y la acera podrían causarle un insomnio de por vida a Stephen King, el escritor de novelas de terror. Los motorizados pasan como ráfagas amenazantes, la anarquia en la estacion del metro es un auténtico pandemonium...el piso es pegajoso, el aire no existe (se lo comieron los tubos de escape de los autobuses, donde hay un terminal) y el campo visual es nulo por los ¨buhoneros¨ que aprovechan cada centímetro cuadrado para extender su mercadería...qué mercado persa ni qué mercado persa. Los persas no nacieron aqui por error.
Para ser franca yo a Caracas he aprendido a tolerarla en ciertos sitios y a refugiarme en otros. Por otra parte no hay lugar más silencioso y que brinde tanta paz gratuita como el museo de Bellas Artes, su jardincito interior, sus columnatas blancas, los pasillos de mármol tranquilos con sus muebles de cuero negro, las reflexivas estatuas inclinadas (una llora eternamente y sin consuelo) junto al arbol de ¨cepillo rojo¨con sus frágiles penachos cayendo en cascada sobre el pequeño estanque artificial cubierto de flores acuáticas, el cielo azul de caprichosas nubes blancas en lo alto...ajá.
Te paras, sales del panzoneo y afuera estan los saltimbanqui en la plaza de los museos practicando sus trucos (me quedo viendo como lela...) para ponerse más tarde a las orillas de las carreteras o en los semáforos a ver quién les da algo por sus esfuerzos, ves a los vendedores ambulantes de artesanías ofreciendo sus tesoros con manos expertas, morenas, callosas, y justo al lado, el bosque feroz, la jungla temeraria...El Parque Los Caobos, donde los lobos son de dos piernas y con los mismos escrúpulos que el lobo del cuento de la caperucita... y que estaría arruinado de no ser porque a la naturaleza se empeña en darle verdor todo el año.
Este otro punto es verdad. No hay clima más loco ni reconfortante como el de Caracas. Ricos o pobres, estirados o vulgares, todos en la calle tenemos la lluvia o el calor aplastante. Pero muchas veces a eso de las 5 de la tarde el cielo tiene esa luz que acentúa todos los colores, las hojas de los arboles brillan bajo el sol, las texturas se enriquecen, el clima no es muy caluroso ni hay frio... en esos dias prácticamente aquí la gente se viste como le da la gana.
Pero a lo que iba. Hoy haría spinning en el gym...esa clase que me pone al borde de un pasmo sobre una bicicleta...pero sentarme todo el dia de ayer mas toda lo noche, mas todo el dia de hoy en una silla me ha dejado con las piernas agarrotadas. Primero hay que sacarlas del trauma con un leve paseo, luego ya se verá. (dios, si no me pongo en movimiento pronto ya no volveré!!!) Pero prometo por este puño de cruces, que mañana iré obediente, tomaré agua, haré dieta, haré ejercicio el sábado y me olvidaré de los excesos al menos, por un rato. Lo de la ¨pasión¨ no es un desenfreno con mi novio, no. Es que ya llevo como 14 horas despierta contra tres de sueño y ya me siento como pagando una promesa. Qué tiempos aquellos de mis trasnochadas en la universidad, me está pegando mi recién estrenado cumpleaños y no voy ni por el tercer piso. Faltan 6 horas para arrastrame a mi camita. Sólo falta que me vista de violeta nazareno.
Petare resguarda el título de ser el barrio más grande de latinoamérica, sus secretos de muerte, vida y sangre entre el callejón y la acera podrían causarle un insomnio de por vida a Stephen King, el escritor de novelas de terror. Los motorizados pasan como ráfagas amenazantes, la anarquia en la estacion del metro es un auténtico pandemonium...el piso es pegajoso, el aire no existe (se lo comieron los tubos de escape de los autobuses, donde hay un terminal) y el campo visual es nulo por los ¨buhoneros¨ que aprovechan cada centímetro cuadrado para extender su mercadería...qué mercado persa ni qué mercado persa. Los persas no nacieron aqui por error.
Para ser franca yo a Caracas he aprendido a tolerarla en ciertos sitios y a refugiarme en otros. Por otra parte no hay lugar más silencioso y que brinde tanta paz gratuita como el museo de Bellas Artes, su jardincito interior, sus columnatas blancas, los pasillos de mármol tranquilos con sus muebles de cuero negro, las reflexivas estatuas inclinadas (una llora eternamente y sin consuelo) junto al arbol de ¨cepillo rojo¨con sus frágiles penachos cayendo en cascada sobre el pequeño estanque artificial cubierto de flores acuáticas, el cielo azul de caprichosas nubes blancas en lo alto...ajá.
Te paras, sales del panzoneo y afuera estan los saltimbanqui en la plaza de los museos practicando sus trucos (me quedo viendo como lela...) para ponerse más tarde a las orillas de las carreteras o en los semáforos a ver quién les da algo por sus esfuerzos, ves a los vendedores ambulantes de artesanías ofreciendo sus tesoros con manos expertas, morenas, callosas, y justo al lado, el bosque feroz, la jungla temeraria...El Parque Los Caobos, donde los lobos son de dos piernas y con los mismos escrúpulos que el lobo del cuento de la caperucita... y que estaría arruinado de no ser porque a la naturaleza se empeña en darle verdor todo el año.
Este otro punto es verdad. No hay clima más loco ni reconfortante como el de Caracas. Ricos o pobres, estirados o vulgares, todos en la calle tenemos la lluvia o el calor aplastante. Pero muchas veces a eso de las 5 de la tarde el cielo tiene esa luz que acentúa todos los colores, las hojas de los arboles brillan bajo el sol, las texturas se enriquecen, el clima no es muy caluroso ni hay frio... en esos dias prácticamente aquí la gente se viste como le da la gana.
Pero a lo que iba. Hoy haría spinning en el gym...esa clase que me pone al borde de un pasmo sobre una bicicleta...pero sentarme todo el dia de ayer mas toda lo noche, mas todo el dia de hoy en una silla me ha dejado con las piernas agarrotadas. Primero hay que sacarlas del trauma con un leve paseo, luego ya se verá. (dios, si no me pongo en movimiento pronto ya no volveré!!!) Pero prometo por este puño de cruces, que mañana iré obediente, tomaré agua, haré dieta, haré ejercicio el sábado y me olvidaré de los excesos al menos, por un rato. Lo de la ¨pasión¨ no es un desenfreno con mi novio, no. Es que ya llevo como 14 horas despierta contra tres de sueño y ya me siento como pagando una promesa. Qué tiempos aquellos de mis trasnochadas en la universidad, me está pegando mi recién estrenado cumpleaños y no voy ni por el tercer piso. Faltan 6 horas para arrastrame a mi camita. Sólo falta que me vista de violeta nazareno.
ME ESTRENÉ.
Hace algun tiempo he escuchado del asunto de los blogs. A pesar de haber nacido en los albores de la informática (saquen cuentas) y ser diseñadora gráfica, todo lo nuevo en este campo me da un poco de recelo. Siempre deberé pasar por aquello de comprar ¨La guía para dummies de....¨ llámese flash, dreamweaver, photoshop, y un largo etcétera de todo lo demás que tenga que ver con un programa. Eso sí, apenas entiendo los fundamentos me meto de cabeza al asunto. Como en este caso.
Pero la razón fundamental del asunto es que me cansé de escribir en papelitos lo que pienso o lo que se me ocurre cuando no tengo a nadie a la mano para comentárselo o a Sofía, mi amiga confidente desde mis primeros granitos en la cara, de modo que para terminar de desembarazarme del pánico publicaré todo lo que se me ocurra tomando la filosofía de un antiguo amigo: escribo sin filtro. Sin pompas, sin ceremonias y con la menor cantidad de errores posibles. (me disculpan si de pronto ven una palabra a la que le falta la vocal, el acento o el sentido común.)
Sin más aspavientos me dispongo a hablarles de lo que soñé anoche. Soñé que estaba sumergida en una piscina, piña colada en mano con un calor sofocante (creo que anoche no abrí la ventana antes de acostarme...mmm)el sol brillaba en un cielo sin nubes cuando del fondo de los vestidores veo que aparecen unos hombres de buen aspecto (o como decimos aquí, tienen ¨buen lejos¨) con músculos notorios, pectorales duros, abdomen de acero, cara de modelo, corte de cabello a la moda, bueno pues. Pero a medida que se acercan a la piscina con sus sonrisas brillantes, los pechos se inflan a proporciones sospechosas, los pezones se agrandan, los musculos parecen producto más de las hormonas inyectadas que del sudor, sus caras están como muy operadas, sus pieles muy depiladas...estaba en medio de una horda metrosexual. Mi entusiasmo inicial disminuyó. No sé qué parte de mí buscaba un desperfecto, un detalle como una barba incipiente o algunas pecas caprichosas sobre los hombros, la sombra de una pequeña cicatriz en algún dedo que demostrara que alguna vez se dedicó a otra cosa aparte del culto al cuerpo. El espécimen de mis sueños se parece mucho a lo que abunda en la vida real, hombres de zarcillos brillantes, mousse en el cabello, poses de quien espera recibir el disparo de una cámara en cualquier momento, compitiendo con la muy conocida coquetería de la mujer venezolana. Frecuentan los bares, los clubs, los restaurantes, las oficinas, el metro, las páginas de la farándula, la pantalla de la tv y hasta la sopa. Y aunque yo no aspiro a compartir mi vida con un camionero de cervecera barriga, algunas cosas me aturden. No sé, es como una cuestión de cultura o es mi ya descrita incapacidad de amoldarme sin remilgos a la nueva fauna urbana.
Mi padre, un hombre a quien nunca le conocí la barba dominguera, ni los zapatos sucios, ni toleraba una mancha en su pantalón, el usuario del ¨after shave¨ no pasó más tiempo frente a un espejo que mi mamá (mucho menos pensó en usar su laca para atajar el cabello). El tenía ciertos parámetros de lo imprescindible y hasta de lo elegante pero con una naturalidad varonil que prescindía de lo falso, de lo excesivamente presuntuoso, brilloso, cargado o kitsch. Claro, la estética cambia con las décadas y hoy no tiene nada que ver con el padre del metrosexualismo, Beckham, más famoso por sus tintes que por sus goles en el Real Madrid.
Pero la razón fundamental del asunto es que me cansé de escribir en papelitos lo que pienso o lo que se me ocurre cuando no tengo a nadie a la mano para comentárselo o a Sofía, mi amiga confidente desde mis primeros granitos en la cara, de modo que para terminar de desembarazarme del pánico publicaré todo lo que se me ocurra tomando la filosofía de un antiguo amigo: escribo sin filtro. Sin pompas, sin ceremonias y con la menor cantidad de errores posibles. (me disculpan si de pronto ven una palabra a la que le falta la vocal, el acento o el sentido común.)
Sin más aspavientos me dispongo a hablarles de lo que soñé anoche. Soñé que estaba sumergida en una piscina, piña colada en mano con un calor sofocante (creo que anoche no abrí la ventana antes de acostarme...mmm)el sol brillaba en un cielo sin nubes cuando del fondo de los vestidores veo que aparecen unos hombres de buen aspecto (o como decimos aquí, tienen ¨buen lejos¨) con músculos notorios, pectorales duros, abdomen de acero, cara de modelo, corte de cabello a la moda, bueno pues. Pero a medida que se acercan a la piscina con sus sonrisas brillantes, los pechos se inflan a proporciones sospechosas, los pezones se agrandan, los musculos parecen producto más de las hormonas inyectadas que del sudor, sus caras están como muy operadas, sus pieles muy depiladas...estaba en medio de una horda metrosexual. Mi entusiasmo inicial disminuyó. No sé qué parte de mí buscaba un desperfecto, un detalle como una barba incipiente o algunas pecas caprichosas sobre los hombros, la sombra de una pequeña cicatriz en algún dedo que demostrara que alguna vez se dedicó a otra cosa aparte del culto al cuerpo. El espécimen de mis sueños se parece mucho a lo que abunda en la vida real, hombres de zarcillos brillantes, mousse en el cabello, poses de quien espera recibir el disparo de una cámara en cualquier momento, compitiendo con la muy conocida coquetería de la mujer venezolana. Frecuentan los bares, los clubs, los restaurantes, las oficinas, el metro, las páginas de la farándula, la pantalla de la tv y hasta la sopa. Y aunque yo no aspiro a compartir mi vida con un camionero de cervecera barriga, algunas cosas me aturden. No sé, es como una cuestión de cultura o es mi ya descrita incapacidad de amoldarme sin remilgos a la nueva fauna urbana.
Mi padre, un hombre a quien nunca le conocí la barba dominguera, ni los zapatos sucios, ni toleraba una mancha en su pantalón, el usuario del ¨after shave¨ no pasó más tiempo frente a un espejo que mi mamá (mucho menos pensó en usar su laca para atajar el cabello). El tenía ciertos parámetros de lo imprescindible y hasta de lo elegante pero con una naturalidad varonil que prescindía de lo falso, de lo excesivamente presuntuoso, brilloso, cargado o kitsch. Claro, la estética cambia con las décadas y hoy no tiene nada que ver con el padre del metrosexualismo, Beckham, más famoso por sus tintes que por sus goles en el Real Madrid.





