911 PARA EL ALMA (Salmo 146)

1 Alaba, oh alma mía, a Jehová.
2 Alabaré a Jehová en mi vida;
Cantaré salmos a mi Dios mientras viva.
3 No confiéis en los príncipes,
Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.
4 Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra;
En ese mismo día perecen sus pensamientos.
5 Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob,
Cuya esperanza está en Jehová su Dios,
6 El cual hizo los cielos y la tierra,
El mar, y todo lo que en ellos hay;
Que guarda verdad para siempre,
7 Que hace justicia a los agraviados,
Que da pan a los hambrientos.
Jehová liberta a los cautivos;
8 Jehová abre los ojos a los ciegos;
Jehová levanta a los caídos;
Jehová ama a los justos.
9 Jehová guarda a los extranjeros;
Al huérfano y a la viuda sostiene,
Y el camino de los impíos trastorna.
10 Reinará Jehová para siempre;
Tu Dios, oh Sion, de generación en generación.
Aleluya.
Hay momentos en la vida en que todo parece sacudirse y miras para todos lados buscando de donde sostenerte o vanamente (como en las películas de terremotos) buscas sostener todo con tus propias fuerzas o tus propios medios pero ves que todo comienza a derrumbarse.
Es en esos momentos en que necesitamos que alguien, como en este caso el salmista, nos recuerde quien es capaz de socorrernos, quien tiene el poder, quien tiene el amor para fijarse en nosotros.
El versículo 5 dice “bienaventurado” aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob. Bienaventurado significa doblemente bendecido.
¿Amas y buscas la bendición de Dios? Bueno, si confías en él tu bendición será doble.
Abandónate en sus brazos, búscale, clama a él. No mires ni esperes en vanas promesas de hombre. Él es quien administra justicia, quien alimenta al hambriento, quien sana a los enfermos, quien liberta a los cautivos y quien ama a los justos.
¿Pero quien es justo? ¿Cómo seré hecho justo si soy pecador?
Cristo murió por ti y por mí en la cruz del calvario cargando él con el peso de nuestro pecado. Ya pago de una vez y para siempre por nosotros. Y lo hizo por amor.
Si nosotros nos arrepentimos de nuestros pecados y le pedimos perdón Dios por ellos y si reconocemos que Jesús es el Hijo de Dios y le abrimos nuestro corazón recibiéndolo como Señor y Salvador somos hechos hijos de Dios. Somos santificados y justificados ante Dios.
A través del sacrificio de Jesús fuimos reconciliados con Dios. Ahora ya habiendo aceptado a Jesús debemos buscar la santidad y andar en ella buscando cada día agradar más a Dios.
Dios te ama y quiere ayudarte. El esta esperando a que le invites a entrar en tu vida y que le dejes tomar el control de la situación. Él quiere darte la paz, el amor, el gozo, la vida, la sanidad, la liberación que tanto tiempo estuviste buscando.
¿Cómo no alabar a un Dios tan grande y amoroso como el nuestro? ¿No lo crees así?
Dios te bendiga grandemente.







