Día del Amigo

Hay algo que recuerdo siempre y mas especialmente en el día del amigo. Algo que cuando puedo comparto con mis hermanos.
Fue justamente un día del amigo…
Había leído el libro “Buenos días Espíritu Santo” y cada día saludaba al Señor. Día tras día comenzaba con un “Buen día Espíritu Santo”… y no pasaba nada. Se que el Señor estaba allí y esta siempre conmigo pero no había ninguna manifestación poderosa del Señor que me haga caer postrado en su presencia u orar o alabar. Sin embargo continuaba vez tras vez con mi rutina del saludo.
Cierto día el Señor me hablo mientras meditaba en ese saludo: -Es con tus palabras- Lo sentí clarito. Me pedía que lo salude con mis propias palabras y no imitando o usando las palabras de Benny Hinn como si fueran una formula mágica.
Al otro día me desperté y resonó en mi mente lo que Dios me había dicho y lo salude con mis propias palabras. No te voy a mentir diciendo que la gloria de Dios se derramo en mi habitación pero puedo asegurarte que durante todo el día yo sentía que por donde iba o caminaba el Espíritu Santo iba conmigo.
A pesar de esto y de haberle pedido que sea mi maestro, mi guía y mi amigo intimo no caí en cuenta que Él había aceptado mi amistad hasta un hermoso 20 de Julio.
Me desperté como cualquier otro día. Inmediatamente comencé a prepararme pensando que camino al trabajo debía comprar algo para mis compañeros de oficina. Eso ocupo mi mente mientras me vestía y me aprontaba para salir. También ocupo mi mente en parte del viaje hasta que de pronto me di cuenta que algo no estaba bien. Era como un peso en mi corazón. Pensé: “¿Señor en que te falle? Peque en algo y no me di cuenta. ¿Que hice mal?”
Buscaba y buscaba en mi mente y mi corazón cual era el error en que había desagradado a Dios.
Baje del ómnibus, camine unas cuadras y de golpe mi mente se ilumino: “Perdóname Espíritu Santo. Feliz día del amigo.”
Y ese peso desapareció y algo parecido a una mezcla de gozo y paz lleno mi vida. El Espíritu Santo había estado a mi lado todo el día, desde que abrí mis ojos para saludarnos por el día del amigo. Esa era la confirmación de que había aceptado mi amistad.
Yo no soy especial o diferente a cualquier otro hijo de Dios. Soy uno más en el pueblo de Dios. Soy como vos, como otro hermano y siervo de Dios que hayas conocido.
¿Y porque acepto mi amistad el Señor? Solo porque se lo pedí y le invite a que sea mi amigo intimo. Y te aseguro que también quiere ser tu amigo. Pedicelo. Este 20 de Julio salúdalo primero a Él.
Y cuando sientas su presencia y veas su mano en tu vida te pido, cuida esa amistad. Uno puede tener muchos amigos pero ese amigo especial, tu mejor amigo, es aquel que paso por todo un periodo donde se construyo esa amistad y se le dio una base tan fuerte que nada la puede borrar. Es fácil invitar a alguien a que sea tu amigo. Lo difícil es lograr que esa amistad se mantenga y crezca pues hay que cuidarla y regarla día a día como a una flor.
Cuando le pidas su amistad, búscale. Ora, lee la Biblia, alábale, déjale que te enseñe y te ministre. Deja que te moldee. Se que llegara el día, si haces todo esto, que todos al verte reconocerán y dirán de ti: Esta/e varón o mujer es amigo de Dios.
Que Dios te re-bendiga. Y muy feliz día Espíritu Santo.
I believe in miracles, because I believe in God.

I believe in miracles, because I believe in God.
Yo creo en los milagros, porque creo en Dios.
Siempre recordaba esta frase de Kathryn Kuhlman recordándoles a los hermanos que si creemos en Dios debemos esperar también que sucedan milagros y recibir sus bendiciones cuando oramos a El, le alabamos o sentimos su presencia.
Ayer el Señor me llevo a meditar un poco más en esta frase. La hermana Kathryn tenia una fe inmensa. Ella tenía una total certeza de quien era Dios y lo que era para ella. Ella tenía una relación profunda e intima con Dios y esta fe no daba lugar a dudas ni incertidumbres. Era por eso que ella decía con total convencimiento, con fe profunda y sin titubear: "Yo creo en los milagros, porque creo en Dios."
Ella amaba profundamente a Dios y conocía su poder y su amor y que para El nada es imposible.
De pronto al pensar en todo esto comencé a mirar esta frase desde una nueva perspectiva. Creo también en Dios. ¿Pero tengo el mismo nivel de fe? ¿Tengo esa relación tan íntima con Dios como nuestra hermana la tuvo y Dios quiere y desea tener con TODOS sus hijos? ¿Siento su presencia y reconozco su vos tanto como ella? ¿Puedo pararme con la misma fuerza de fe y certeza como ella y repetir esa frase?
Nuevamente repito que si, creo en Dios. Se también que el Espíritu Santo acepto mi amistad. Se también que creo en los milagros, pero también se que aun me falta mucho por aprender, por crecer, por madurar y cultivar, por buscar, llamar y pedir. Se que debo buscar muchísimo mas a Dios. Se que necesito mucho mas de Dios… pero se también que llegara ese hermoso día en que con la misma fuerza y fuego en el corazón, sintiendo la voz del Espíritu Santo en mi oído con la misma claridad que oyes a cualquiera de tus hermanos, podre ponerme en pie y decir también: YO CREO EN LOS MILAGROS, PORQUE CREO EN DIOS.
El Espíritu Santo es mi amigo y debo día a día cultivar y cuidar esta amistad. Le doy gracias por la paciencia y amor que me tiene. Le pido perdón por las veces que lo hago entristecer o que le den ganas de agarrarme de la oreja y ponerme en penitencia. Le doy gracias por las veces que me lleva a nuestro lugar privado para orar y me habla y me ministra. Es en esos momentos donde más puedo crecer y aprender. Es el más bello seminario. ..Te amo Señor. Gracias porque preparaste todo para que pueda acercarme a ti y ser tu amigo. Enamórame de ti. Cautívame con tu presencia. Dame la sabiduría y el temor para agradarte de corazón.







