CON LA ORACIÓN EJERCITAS EL OÍDO ESPIRITUAL (San Juan 6:16-21)
6:16 Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar,
6:17 y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos.
6:18 Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba.
6:19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo.
6:20 Mas él les dijo: Yo soy; no temáis.
6:21 Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban.
Bendiciones. El otro día les hablaba sobre este pasaje pero haciendo hincapié en las palabras “en seguida” del versículo 21. Ahora quiero hablarles sobre el versículo 20 y la primera parte del 21.
Vemos aquí una particularidad hermosa en la relación entre los discípulos y Jesús. ¿Cuál? A ellos les basto escuchar la voz para reconocer a su maestro.
Este grado de conocimiento de su maestro lo llegaron a tener por la continua comunión que tenían con Él. Yo soy, no temáis basto para reconocerlo. ¿Tú lo hubieras reconocido o te hubieras tirado por la borda al grito de “un fantasma”? Causa gracia imaginárselo pero es una posibilidad.
¿Es importante reconocer su voz? Rotundamente si.
Es importante reconocer la voz de tu Padre para recibir su amor en sus bendiciones, su guía y sus promesas.
Y además nadie entiende la palabra como aquel que ora. Pues aquel que ora al leer la palabra puede recibir sabiduría, entendimiento, revelación e inspiración ya que su Padre le hablara a través de su Santo Espíritu.
En la intimidad de la oración, en la comunión intima comenzamos a conocer y conocemos la voz de Dios.
Para reconocer esa voz necesitas comunión, necesitas orar que es hablar con Dios ¿Como reconocerás la voz de tu Señor si no le permites un instante en el cual te pueda hablar? ¿Cómo llegaras a reconocerla si no te acostumbras a escucharla ni buscarle?
La voz de Dios puede venir a ti en forma audible, a través de un siervo, en su palabra, susurrada a tu mente o tu corazón pero siempre será inconfundible si estas acostumbrada a la comunión con tu Papá. Mi Papá. Nuestro Señor. Porque si, Dios es tu Papá.
Las ovejas, dice la palabra, conocen la voz de su pastor y por eso responden cuando son llamadas. Analicemos un poco esto. Ellas conocen, saben quien es y pueden reconocer a su pastor. Obedecen a su llamado. ¿Pero como saben que es su pastor? Porque ya lo han conocido. Ya han tenido un trato con Él a diario. Él esta con ellas. Ellas saben que es bueno y si hablaran dirían a su llamado:
“Es la voz de mi pastor. La puedo reconocer y me esta llamando. Voy a Él, mi pastor me ama y es bueno conmigo, me cuida y alimenta, me guía al mejor lugar a los mejores pastos. Se que es lo mejor para mi.
Yo también le amo por eso le respondo. Conozco que es bueno y no me escondo ni escapo de Él.
Y todo esto es porque llegue a conocerlo y se que es bueno. LLEGUE A CONOCERLO. LE CONOZCO.”
Reconocer la voz en una comunión intima, profunda y desde el corazón es lo que debemos anhelar y lograr.
Un niño nace. Llora. La madre lo toma y lo pone junto a su pecho. El niño lentamente se va calmando al oír el latido del corazón de su madre y luego sonríe mientras duerme en paz al escuchar la voz de su madre.
Talvez ninguna voz lo calmara en su llanto y solo lo logre la voz de su madre a quien en sus largos nueve meses de íntima comunión y amor ha logrado conocer.
Como el niño, como el pequeño bebe siente desde su cuna el canto de la madre, la voz de la madre y duerme Dios quiera que lleguemos a reconocer su voz a través de la intima relación de la oración.
Como el niño sigue el sonido de la voz de su mamá y sonríe al encontrarla oigamos también nosotros la voz de Dios y sigámosle con gozo y alegría.
Dios les bendiga grandemente.
Gracias Espíritu Santo
6:17 y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos.
6:18 Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba.
6:19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo.
6:20 Mas él les dijo: Yo soy; no temáis.
6:21 Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban.
Bendiciones. El otro día les hablaba sobre este pasaje pero haciendo hincapié en las palabras “en seguida” del versículo 21. Ahora quiero hablarles sobre el versículo 20 y la primera parte del 21.
Vemos aquí una particularidad hermosa en la relación entre los discípulos y Jesús. ¿Cuál? A ellos les basto escuchar la voz para reconocer a su maestro.
Este grado de conocimiento de su maestro lo llegaron a tener por la continua comunión que tenían con Él. Yo soy, no temáis basto para reconocerlo. ¿Tú lo hubieras reconocido o te hubieras tirado por la borda al grito de “un fantasma”? Causa gracia imaginárselo pero es una posibilidad.
¿Es importante reconocer su voz? Rotundamente si.
Es importante reconocer la voz de tu Padre para recibir su amor en sus bendiciones, su guía y sus promesas.
Y además nadie entiende la palabra como aquel que ora. Pues aquel que ora al leer la palabra puede recibir sabiduría, entendimiento, revelación e inspiración ya que su Padre le hablara a través de su Santo Espíritu.
En la intimidad de la oración, en la comunión intima comenzamos a conocer y conocemos la voz de Dios.
Para reconocer esa voz necesitas comunión, necesitas orar que es hablar con Dios ¿Como reconocerás la voz de tu Señor si no le permites un instante en el cual te pueda hablar? ¿Cómo llegaras a reconocerla si no te acostumbras a escucharla ni buscarle?
La voz de Dios puede venir a ti en forma audible, a través de un siervo, en su palabra, susurrada a tu mente o tu corazón pero siempre será inconfundible si estas acostumbrada a la comunión con tu Papá. Mi Papá. Nuestro Señor. Porque si, Dios es tu Papá.
Las ovejas, dice la palabra, conocen la voz de su pastor y por eso responden cuando son llamadas. Analicemos un poco esto. Ellas conocen, saben quien es y pueden reconocer a su pastor. Obedecen a su llamado. ¿Pero como saben que es su pastor? Porque ya lo han conocido. Ya han tenido un trato con Él a diario. Él esta con ellas. Ellas saben que es bueno y si hablaran dirían a su llamado:
“Es la voz de mi pastor. La puedo reconocer y me esta llamando. Voy a Él, mi pastor me ama y es bueno conmigo, me cuida y alimenta, me guía al mejor lugar a los mejores pastos. Se que es lo mejor para mi.
Yo también le amo por eso le respondo. Conozco que es bueno y no me escondo ni escapo de Él.
Y todo esto es porque llegue a conocerlo y se que es bueno. LLEGUE A CONOCERLO. LE CONOZCO.”
Reconocer la voz en una comunión intima, profunda y desde el corazón es lo que debemos anhelar y lograr.
Un niño nace. Llora. La madre lo toma y lo pone junto a su pecho. El niño lentamente se va calmando al oír el latido del corazón de su madre y luego sonríe mientras duerme en paz al escuchar la voz de su madre.
Talvez ninguna voz lo calmara en su llanto y solo lo logre la voz de su madre a quien en sus largos nueve meses de íntima comunión y amor ha logrado conocer.
Como el niño, como el pequeño bebe siente desde su cuna el canto de la madre, la voz de la madre y duerme Dios quiera que lleguemos a reconocer su voz a través de la intima relación de la oración.
Como el niño sigue el sonido de la voz de su mamá y sonríe al encontrarla oigamos también nosotros la voz de Dios y sigámosle con gozo y alegría.
Dios les bendiga grandemente.
Gracias Espíritu Santo
Cuando levanto mis manos (de Samuel Hernandez)
Quiero compartir contigo en esta oportunidad una alabanza que es de mucha bendición para mi y es mi oración que también lo sea para ti. Primero les dejo la letra y luego pueden ver el video. (Gentileza de http://www.youtube.com)
Levanto mis manos, aunque no tenga fuerzas, levanto mis manos, aunque tenga mil problemas..
Cuando levanto mis manos comienzo a sentir una unción que me hace cantar, cuando levanto mis manos comienzo a sentir el fuegooooooo....
Cuando levanto mis manos mis cargas se van, nuevas fuerzas tú me das, todo esto es posible, todo esto es posible cuando levanto mis manos... "se repite y repite"
Levanto mis manos, aunque no tenga fuerzas, levanto mis manos, aunque tenga mil problemas..
Cuando levanto mis manos comienzo a sentir una unción que me hace cantar, cuando levanto mis manos comienzo a sentir el fuegooooooo....
Cuando levanto mis manos mis cargas se van, nuevas fuerzas tú me das, todo esto es posible, todo esto es posible cuando levanto mis manos... "se repite y repite"
El camino correcto.
Leía los versículos 16 al 21 del capitulo 6 del evangelio de san Juan y me llamo la atención especialmente el ultimo versículo. Más específicamente dos palabras: En seguida.
Uno cuando lee estos versículos es muy probable que los compare con los de Pedro caminando sobre las aguas, puede que piense sobre la fe y también sobre reconocer la voz de nuestro maestro así como la Biblia dice que las ovejas conocen la voz de su pastor. Seguramente la fe seria el tema que más resaltaría. Sin embargo el versículo 21 tiene también un secreto más que importante.
Nos dice la palabra que cuando le recibieron con gozo en la barca, esta llego enseguida a su destino, a la tierra donde iban.
Enseguida, pronto, sin rodeos, derechito y sin errar el camino. En cuanto se recibió a Cristo en la barca es como que esta encontró el rumbo perfecto o los mejores vientos o lo que haya sido necesario para llegar.
¿Cuántas veces nosotros andamos como barquitos perdidos sin saber como llegar a la meta?
Puede ser que no encuentres la paz en tu vida o no encuentres el rumbo y has llegado a un lugar donde no sabes como continuar. Ya no puedes ser el capitán de ese barco que es tu vida. Sabes que te hace falta algo.
También hay veces que tenemos proyectos o sabemos donde queremos ir, donde queremos llegar pero se nos complica el como alcanzar esa meta.
O puede que también tengas muchos proyectos o tengas que tomar decisiones importantes y no sepas como tomarlas y aun mas no sepas cual es la voluntad de Dios y tu alma esta turbada.
Al leer este pasaje se nos rebela que hay un solo camino, una sola manera de alcanzar ese destino y es recibiendo a Cristo.
El único camino a Dios es Cristo. El único camino a la victoria es Cristo. La única manera de llegar a la meta es Cristo.
Recibámosle en nuestro corazón, confiemos nuestra vida a El. Entreguémosle nuestra vida a El y esperemos tranquilamente en Dios.
Primeramente si no has recibido a Cristo en tu corazón y andas en busca de paz, de una esperanza, déjame decirte que Dios te ama y quiere recibirte como a su hijo. No importa tu pasado si estas dispuesto a dejarlo atrás y pedir perdón por tus pecados y entregarle tu vida a Cristo y recibirlo como Señor y Salvador. Todos somos pecadores y la palabra nos enseña que la paga del pecado es muerte, vida eterna lejos de Dios en ese lugar tan horrendo llamado infierno. Pero hay un regalo hermoso, una dadiva como la llama la palabra y es que si recibimos a Cristo, si creemos en su nombre, si nos reconocemos pecadores y pedimos perdón a Dios arrepintiéndonos de esos pecados, se nos da la potestad (el derecho) de ser llamados hijos de Dios.
Y si ya eres un hijo de Dios y necesitas una guía dice la Biblia en el libro de los salmos que si encomendamos nuestra obras a Dios, el afirmara nuestros pensamientos. También nos dice que Él endereza las sendas del justo.
Tenemos y no debemos olvidar, la posibilidad de orar a nuestro Papá para que nos guié y nos guarde. Para que cierre las puertas que el enemigo quiera poner en nuestro camino junto con las piedras de tropiezo y que solo permita que se abran aquellas que son su voluntad.
Si queremos agradarle debemos estar seguros que El nos guiara y no permitirá que nos desviemos. Si oramos y confiamos en El y buscamos agradarle y cumplir su voluntad el se manifestara bendiciendo nuestro camino.
Yo oro porque Dios administre mi tiempo, el laboral, el descanso y aun la diversión. Tengo muchos proyectos pero quiero hacer la voluntad de Dios y moverme en ella y en sus tiempos.
Y ahora si, leamos el pasaje entero meditando en el por completo y pensemos en la fe pues con ella podremos alabar a Dios mientras caminamos sabiendo que Cristo al mando de nuestra vida, ya en nuestro barco, nos guiara en seguida a la tierra donde nos dirigimos.
Yo le recibí. Soy un feliz hijo de Dios. Él me ayuda en mi vida. En los momentos buenos y malos siempre esta conmigo. Por eso le alabo y le doy gracias. Soy salvo, tengo vida eterna en Cristo.
Ya le recibí en mi corazón, le invite a subir a mi barco y ser el capitán. ¿Qué harás tú?
Gracias Espíritu Santo

Uno cuando lee estos versículos es muy probable que los compare con los de Pedro caminando sobre las aguas, puede que piense sobre la fe y también sobre reconocer la voz de nuestro maestro así como la Biblia dice que las ovejas conocen la voz de su pastor. Seguramente la fe seria el tema que más resaltaría. Sin embargo el versículo 21 tiene también un secreto más que importante.
Nos dice la palabra que cuando le recibieron con gozo en la barca, esta llego enseguida a su destino, a la tierra donde iban.
Enseguida, pronto, sin rodeos, derechito y sin errar el camino. En cuanto se recibió a Cristo en la barca es como que esta encontró el rumbo perfecto o los mejores vientos o lo que haya sido necesario para llegar.
¿Cuántas veces nosotros andamos como barquitos perdidos sin saber como llegar a la meta?
Puede ser que no encuentres la paz en tu vida o no encuentres el rumbo y has llegado a un lugar donde no sabes como continuar. Ya no puedes ser el capitán de ese barco que es tu vida. Sabes que te hace falta algo.
También hay veces que tenemos proyectos o sabemos donde queremos ir, donde queremos llegar pero se nos complica el como alcanzar esa meta.
O puede que también tengas muchos proyectos o tengas que tomar decisiones importantes y no sepas como tomarlas y aun mas no sepas cual es la voluntad de Dios y tu alma esta turbada.
Al leer este pasaje se nos rebela que hay un solo camino, una sola manera de alcanzar ese destino y es recibiendo a Cristo.
El único camino a Dios es Cristo. El único camino a la victoria es Cristo. La única manera de llegar a la meta es Cristo.
Recibámosle en nuestro corazón, confiemos nuestra vida a El. Entreguémosle nuestra vida a El y esperemos tranquilamente en Dios.
Primeramente si no has recibido a Cristo en tu corazón y andas en busca de paz, de una esperanza, déjame decirte que Dios te ama y quiere recibirte como a su hijo. No importa tu pasado si estas dispuesto a dejarlo atrás y pedir perdón por tus pecados y entregarle tu vida a Cristo y recibirlo como Señor y Salvador. Todos somos pecadores y la palabra nos enseña que la paga del pecado es muerte, vida eterna lejos de Dios en ese lugar tan horrendo llamado infierno. Pero hay un regalo hermoso, una dadiva como la llama la palabra y es que si recibimos a Cristo, si creemos en su nombre, si nos reconocemos pecadores y pedimos perdón a Dios arrepintiéndonos de esos pecados, se nos da la potestad (el derecho) de ser llamados hijos de Dios.
Y si ya eres un hijo de Dios y necesitas una guía dice la Biblia en el libro de los salmos que si encomendamos nuestra obras a Dios, el afirmara nuestros pensamientos. También nos dice que Él endereza las sendas del justo.
Tenemos y no debemos olvidar, la posibilidad de orar a nuestro Papá para que nos guié y nos guarde. Para que cierre las puertas que el enemigo quiera poner en nuestro camino junto con las piedras de tropiezo y que solo permita que se abran aquellas que son su voluntad.
Si queremos agradarle debemos estar seguros que El nos guiara y no permitirá que nos desviemos. Si oramos y confiamos en El y buscamos agradarle y cumplir su voluntad el se manifestara bendiciendo nuestro camino.
Yo oro porque Dios administre mi tiempo, el laboral, el descanso y aun la diversión. Tengo muchos proyectos pero quiero hacer la voluntad de Dios y moverme en ella y en sus tiempos.
Y ahora si, leamos el pasaje entero meditando en el por completo y pensemos en la fe pues con ella podremos alabar a Dios mientras caminamos sabiendo que Cristo al mando de nuestra vida, ya en nuestro barco, nos guiara en seguida a la tierra donde nos dirigimos.
Yo le recibí. Soy un feliz hijo de Dios. Él me ayuda en mi vida. En los momentos buenos y malos siempre esta conmigo. Por eso le alabo y le doy gracias. Soy salvo, tengo vida eterna en Cristo.
Ya le recibí en mi corazón, le invite a subir a mi barco y ser el capitán. ¿Qué harás tú?
Gracias Espíritu Santo








