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Vuelo de una incrédula
Lugar anónimo donde el pensamiento vuele y la palabra aterrice.
Sindicación
 
El espejo de feria
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Me levanto de la cama y tengo que pasar frente al espejo para salir al pasillo, me miro de soslayo y con miedo, como todos los días; no me gusta lo que veo, una persona triste, no muy atractiva, sola... muy sola, ante mí se abre otro día repleto de la misma rutina, mes tras mes y sin aliciente alguno que permita poner ese toque de color que deja de hacernos sentir anodinos.
El primer café y a la parada del metro, los mismos cientos de personas día tras día, ni una sonrisa matutina para cruzar, ni un buenos dias para regalar... sólo veo sombras.
La jornada transcurre y termina sin más, es un ciclo que se repite de modo inexorable y que hace mella por su cotidianeidad.
Vuelta a casa y al posarme del metro, alguien se cruza conmigo y me da un ligero empujón de modo totalmente fortuíto, al levantar el rostro, escucho una voz que acaricia decirme " perdón Señorita", le miro de modo arrebolado, respondo: " no ha sido nada", él me da su mano y se presenta : " Encantado, me llamo Luis", mucho gusto, mi nombre es Berta, un cruce de palabras intrascendente y una despedida.
Una ducha y cena frugal e irme a dormir, al acostarme el consabido paso frente al espejo, pero ¡ qué curioso!, ahora veo una persona sonriente, de mirada pícara y a la que su día no le ha resultado nada pesado.
Moraleja, no necesitamos proezas para cambiar nuestro estado, basta un simple gesto para hacernos sentir " distintos".
También podríamos tener en cuenta que no todos los espejos nos hacen vernos del mismo modo ( acordarse de los espejos de feria que tantas y tantas risas nos han sacado de pequeños), quizás muchas veces cuando no nos vemos agraciados, no seamos nosotros, tal vez... sea el espejo.
 
Comentario:
Cambio espejo de feria por autocomplacencia mal aprendida.
No