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Vuelo de una incrédula
Lugar anónimo donde el pensamiento vuele y la palabra aterrice.
Sindicación
 
Muñecas rotas







Hay ocasiones en que la vida se nos escapa entre las manos y otras a través de ellas, momentos de angustia donde ya no nos importa nada, sólo poder terminar con el sufrimiento.

Ana siempre había sido alegre, pero la vida poquito a poco le había ido arrancando sonrisas con el tiempo, fue algo paulatino de lo que no se percató en el día a día, sino cuando de pronto se vio cubierta por una pertinaz angustia, aquella que no la dejaba relacionarse de modo natural con el su hasta entonces " entorno cotidiano", aquella que como regalo diario le dejaba todos los días una desazón que la carcomía y unas ganas de llorar que la dejaban muda.
Se dio cuenta de que algo no marchaba bien, pero a pesar de que intentó por todos medios razonar sus por qués, su lucidez ya estaba en entredicho.
Pasear era una hazaña ya casi imposible, apreciar el sol, un castigo, sólo quería sumergirse en un sueño profundo, adorar su oscuridad interior y no escuchar los trinos de toda la gente que había a su alrededor.
Nadie comprendíamos nada, Ana siempre había sido el alma de las fiestas, nada hacía presagiar esta terrible depresión y más cuando no había motivo " aparente " alguno.

Ana, despertó un buen día y se dio cuenta que el regalo que había encontrado al final de su vida, era algo tan preciado que ésta ya no tenía ningún sentido para ella. Fiel a sus principios obró en consecuencia, un corte limpio y rápido, un nombre en sus labios " Nan" y en ese preciso instante su preciada sonrisa, elige el momento de aflorar de nuevo.

Bendito amor, maldito amor, en ocasiones nos eleva, en otras arremete con tal fuerza que nos nokea, pero a la postre es lo que sigue haciendo al mundo girar, no siempre en el sentido debido, cierto es, pero lo hace.

Unos lo llaman cobardía, otros lo llamamos desesperación, otros valentía, al final el nombre es lo que cuenta?

Ojalá tu amor hay merecido la pena " Ana".
 
Comentario:
Un corte limpio y rápido, dejarse caer por la pendiente o lanzarse por ella, romper los decorados y actuar sobre pared nuda, o retomar la cuerda para seguir tirando de ella.

Ana, si fuiste la alegría del lugar, si el entorno te esperaba para llenar de sentido las horas, si tu sonrisa era la divisa a la que todo el mundo aspiraba, si ibas siempre acompañada de amigos y la gente te rodeaba en todos los lugares, reescribe la historia y hazlo en presente, saca de tu baul aquellas raidas faldas, los colgajos de a diez duros y el libro de Tagore con el que viajabas. Vuelve a mirar el crepúsculo que ahora te decae y recuerda cuantas rimas salieron de aquellos mismos momentos.

Límpiate completamente de potingues en el rostro y que el agua fresca saque de tus ojos cuantas lágrimas tengas contenidas, al terminar, sécalas y observate de nuevo en el espejo, te sentirás renovada, seguirás siendo Ana.

Recuerda los pasos recorridos y mira el cielo imperturbable, sigue ahí, tu fiel compañero.
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