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Vuelo de una incrédula
Lugar anónimo donde el pensamiento vuele y la palabra aterrice.
Sindicación
 
Un atardecer cualquiera









Un atardecer cualquiera, Berta abrió la puerta de casa, su primera idea era irse de compras, su nuevo piso le causaba una gran ilusión, su vida era completa, no echaba de menos nada, al menos nada que de modo consciente le faltara. Enfundó la gabardina y bajo un orbayu pertinaz se dirigió a su coche, al bajar las escaleras que conducían a su plaza de garaje, se cruzó con un hombre bastante desaliñado en su aspecto, pero no sucio, no le duró más que un atisbo de mirada y continuó su camino, una tarde de compras útiles, esos detalles que van surgiendo cuando uno se muda y que siempre por mucho que planeemos al final nos faltan. Como resultado de todo ello, cuando termina una plena satisfacción, en dos horas toda la lista en el carro, sólo queda sacar la tarjetita mágica y pagar la compra.
Berta realiza el trayecto feliz, con la ilusión de ir poquito a poco con cada detalle configurando un espacio vacío en algo cálido, impregnado de su gusto y persona, las velas perfumadas, los cojines, las alfombras tan particulares y que tanto trabajo le costó encontrar, van cobrando forma, aunque sabe que aún queda mucho por hacer.
Aparca el coche delante de casa y poco a poco va bajando todo lo adquirido, lo deposita primero en el portal y después todo al ascensor y llegada a casa, en la entrada queda apilado para ir guardar el coche ya que hasta mañana no lo necesita.
Bajando hacia el garaje volvió a cruzarse con el mismo hombre que a su partida y sucedió que lo imposible se hizo inevitable, de nuevo un cruce de miradas de soslayo, en los ojos del extraño pudo ver un compañero de los náufragos de diario, pero con algo distinto y era la vivacidad de su mirada, un decir, “aquí estoy yo”, un escaparse a los paraísos incontrolables de su imaginación, y se asustó. Berta por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo.
La lluvia cesaba y ahora el cielo se desangraba de modo increíble. Siente que no querer ser rehén de sueños nuevos, se olió, y su perfume le recordó a la tristeza, quizás por hondo, por persistente y por misterioso; se dijo que era importante la fugacidad, quiere seguir acumulando proyectos, trazando itinerarios de viajes y esconder su cabeza bajo la almohada, ocultándola de la mirada de aquel extraño desaliñado, que por un minuto hizo que recordara, que tenía un corazón.
Vuelve a la casa, sus pies le pesan toneladas, sus hombros inclinados hacia delante, se tumba en la mecedora, y coloca un cd en la mini cadena, suena “ What you´re Made Of” Lucie Silvas y Antonio Orozco.
 
Muñecas rotas







Hay ocasiones en que la vida se nos escapa entre las manos y otras a través de ellas, momentos de angustia donde ya no nos importa nada, sólo poder terminar con el sufrimiento.

Ana siempre había sido alegre, pero la vida poquito a poco le había ido arrancando sonrisas con el tiempo, fue algo paulatino de lo que no se percató en el día a día, sino cuando de pronto se vio cubierta por una pertinaz angustia, aquella que no la dejaba relacionarse de modo natural con el su hasta entonces " entorno cotidiano", aquella que como regalo diario le dejaba todos los días una desazón que la carcomía y unas ganas de llorar que la dejaban muda.
Se dio cuenta de que algo no marchaba bien, pero a pesar de que intentó por todos medios razonar sus por qués, su lucidez ya estaba en entredicho.
Pasear era una hazaña ya casi imposible, apreciar el sol, un castigo, sólo quería sumergirse en un sueño profundo, adorar su oscuridad interior y no escuchar los trinos de toda la gente que había a su alrededor.
Nadie comprendíamos nada, Ana siempre había sido el alma de las fiestas, nada hacía presagiar esta terrible depresión y más cuando no había motivo " aparente " alguno.

Ana, despertó un buen día y se dio cuenta que el regalo que había encontrado al final de su vida, era algo tan preciado que ésta ya no tenía ningún sentido para ella. Fiel a sus principios obró en consecuencia, un corte limpio y rápido, un nombre en sus labios " Nan" y en ese preciso instante su preciada sonrisa, elige el momento de aflorar de nuevo.

Bendito amor, maldito amor, en ocasiones nos eleva, en otras arremete con tal fuerza que nos nokea, pero a la postre es lo que sigue haciendo al mundo girar, no siempre en el sentido debido, cierto es, pero lo hace.

Unos lo llaman cobardía, otros lo llamamos desesperación, otros valentía, al final el nombre es lo que cuenta?

Ojalá tu amor hay merecido la pena " Ana".
 
Mi Caleidoscopio





Cuando era niña, alguien me regaló, el que yo considero, fue el más bonito obsequio, que he recibido en mi vida. Se trataba de un caleidoscopio.
Ante mis ojos se abrió un mundo nuevo, lleno de colores y fantasías.
Aprendí, que con un leve movimiento, los colores y formas podían variar casi impercerptiblemente., pero dando un sentido completamente nuevo a la visión.
A medida que fuí creciendo, me di cuenta que la vida es así, que cada uno damos vuelta a nuestros caleidoscopios particulares y obtenemos así diferentes colores y visiones (o sea, cada uno hacemos con nuestro caleidoscopio lo que nos da la gana).
Asi que no culpemos a nadie de nuestros días nublados tal vez sea sólo cuestión de sensibilidades, el que algunos disfruten la belleza, más que otros.
Como el Quijote de Cervantes, queremos ver castillos donde tal vez sólo se encuentren edificios decadentes, Dulcineas en la vecina de al lado, o Romeos en el compañero pecoso.
Yo tengo la fortuna de que en la mayor parte del tiempo, veo los colores más bellos que puedo encontrar a mi alrededor, y sino los hay, los invento, e intento no perder los pequeños detalles que adornan el día a día y que hacen que mi mundo sea más luminoso, que el de mucha gente que se empeñan en ver la vida sólo por el lado oscuro.
Estas letras no pretenden ser un manual de como ver la vida más hermosa, a pesar de los muchos conflictos y problemáticas que enfrentamos en ella, sólo pretenden llevar la idea de que quizás si giramos el caleidoscopio unos grados, veamos las cosas de otro color y con otro sentido..
Hasta el negro, tiene su lado hermoso, y es probable que cuando la oscuridad sea más densa, es porque seguramente se aproxima la claridad.
 
CONFIESO



Siento no tener el equipaje
que exigen todas las absurdas circunstancias.
Me excuso por las cien torpezas diarias,
por los errores grandes y chiquitos,
por la bella tontería,
por la cuerda voluntad de mi vergüenza.
Soy aldea pequeña, de diminutos espacios,
selvas y llanuras adornadas
con flores que tiemblan silenciosas.
Soy la dulce respuesta de la pregunta que no nace.

VIVIANE NATHAN