ENTRE SUS OJOS Y LAS HOJAS

Tras esa mirada enmarcada están las imágenes de una tierra limpia, una casa humilde, las letras un sinfin de libros que nutren su mente de fantasías, verdades y sabiduría.
Y si lo miras sólo encontrarás a un hombre entrando a la vejez, una frente que crece cada año queriendo llegar hasta la nuca, el cabello aun ennegrecido, unos pasos cortos, unos pies pequeños, la espalda algo encorvada y las mejillas caídas, la panza tensa el delantal de profesión, los zapatos bien lustrados y la corbata como sujetando la cabeza a los hombros.
Así lo recuerdo y lo recordaré. Yo, allí, en el último rincón, el más silencioso, el más palpitante, recreaba sus palabras en acuarela, y él en el escenario recitaba su clase como una poesía. Transformaba cada gesto, cada paso en una obra teatral.
Él nos regalaba su mundo los martes y miércoles de cada semana después de la clase de Historia.
Él guardaba en su alma el niño campesino que aun juega entre los huasitos de Chillán.
Así, Luis, lo recuerdo yo a usted, que desde mi rincón el silencio deseaba convertirse en lira.
Con dinero se le paga a un profesor, pero no a un maestro como usted.
Eterno enamorado de la familia, sus raíces y los libros, le doy las gracias por su paciencia, sus sonrisas y sus chistes que nunca hicieron reír.
A mi profesor Luis quien me inspiró con sus enseñanzas a escribir, a leer y a descubrir que la vida es un arte.





