INDELEBLE

Caminaba triste bajo la falsa luz de La Luna. Su cabello despeinado formaba ondas que danzaban al son de la nocturna brisa y sus ojos, que poseían un mirar algo triste, sostenían la imagen indeleble de la mujer que nunca logró amar y que aquella noche la había hecho suya.
Miró fijo al cielo y en su mente giraba el recuerdo de su cuerpo inhalando la virginidad de la cual él no era digno.
Cayeron, incontrolables, en el lecho. Él le quitó la blusa, botón por botón, dejando caer su cabello entre sus pechos. Al igual, ella, nerviosa, desarma la camisa y por su mente atraviesa una tenue frase: no debo. Pero la olvida, se olvida de sí misma y se deja desnudar por su compañero. Él mira a los ojos a la muchacha y un segundo de lucidez lo sacude, un escalofrío que lo condena, pero escucha los leves gemidos de placer de su compañera y el calor lo embriaga nuevamente. Toca sus senos suavemente con sus dedos, los besa, los lame y poco a poco la locura se apodera de él, la muerde, aprieta con firmeza sus caderas, sujeta las piernas de la mujer y entra, ella se queja un poco más, un leve dolor la ha perturbado, pero el extasis la hace olvidar. Ella lo mira, mas él ha cerrado sus ojos, observa como sus cuerpos se agitan ritmicamente. Descubre a la luna asomada entre las cortina husmeando en su intimidad lo que la avergüenza y decide dirigir su mirada al techo y se deja llevar.
Él ya no responde de sí, la locura lo ha transformado. Sólo desea su sangre, sus pechos, su cuerpo de una manera enfermiza. Al besarla arranca además de un beso, sus labios sangrientos, se alimenta de sus blando senos, la engulle parte por parte.
Ella despierta, le cuesta trabajo respirar y un dolor intolerable la embarga por completo, no puede escapar, los metros de tierra húmeda sobre ella la han cautivado para siempre.
LA SEÑORA M

Esta mañana miraba yo por la ventana de un edificio, en el tercer piso. En la calle que se extendía frente a mi había una pila de cajas, en ellas, una pila de perros sarnosos y famélicos. Se acerca luego la loca de la ciudad y los acaricia sin más ni más, los besa en la nariz y los alimenta con un pan que recién robó del almacén.
Ella, la señora M, se para junto a las cajas y comienza con su monólogo casi eterno, mueve las manos, levanta los brazos y se arregla el poco pelo que le va quedando.
Pasa cerca suyo, un tímido estudiante de uniforme azul. La señora M, le comienza a conversar, el joven se detiene y la ayuda a mover las cajas hacia una galería que había al lado. La loca le da como pago un pedazo de pan remojado con la humedad de sus manos. El chico lo recibe y se marcha rápidamente ya que se ha dado cuenta que lo observa la gente, llega a la esquina y arroja el pan al basurero.
La señora M se mueve de allá para acá, de esquina a esquina, se acerca una muchacha, la loca le grita mil y una locura, locuras,locuras... ¿Quién dijo que eran locuras?, y sigue la señora vociferando garabatos al los oídos agenos y a la avergonzada muchacha la golpea en la nuca... ¿Quién dijo que eran locuras?
Se aleja la joven y se pierde, sonrojada, al doblar la esquina.
Comienza la lluvia a caer y suena el trimbre que me avisa que todo esto para mi a acabado, me despido, en silencio desde mi ventana, de la señora M, pero no me ve, pues la policía la a descubierto desnuda tomando un baño en la pileta de la plaza.... ¿Quién dijo que eran locuras?
CONOZCAN A MI AMIGO EL TROVADOR

No sé si a ustedes les ha sucedido que hay ciertas pesonas que te llaman profundamente la atención, no por su físico esvelto, ni su ropa muy a la moda, ni por su rostro deslumbrantemente bello, sino que son personas que tienen en su voz o en su mirada un destello de paz, una sombra de misterio o una huella de ternura, un tinte de sabiduría que los años le han consagrado.
Hoy volví a ver a aquel personaje que me intriga, por su voz profunda, sus cantos folkloricos, siempre armonioso, llenando cada rincón con sus ecos imponentes. Hace mucho que no se aparecía ante mis ojos y mis oídos. Es un tipo de larga trenza negra y a ella pone fin un rizo juguetón, su barba mestiza (cana y ennegrecida) le otorgan un aire de sabiduría, como si conociera todos los dolores de la vida. Casi siempre lo vemos con un poncho marrón y sus pantalones desteñidos, sus zapatos de invierno, una camisa a cuadrillé. Tiene una frente muy amplia que denota una oscura mancha azul en la piel. Enmarcando sus ojos negros, unos anteojos oscuros y ovoides le brindan ese tono de adultez joven, de exquisitas e inimaginables historias de la vida.
Cuando sube a tocar a los buses, mi trovador lo hinunda todo con sus tonos nortinos, sureños, ritmos típicos chilenos. Su voz crispa los pelos de la nuca, es una bebida escalofriante, henchida de notas vestidas de eterna pasión. Y luego de sus tonadas, que escucho mientras contemplo la ciudad que desaparece para dar lugar al río y luego a los cerros, me ofrece su mano para pagar su trabajo (nada en esta vida es gratis), de la mía brota una cobriza moneda (la que no cubre ni la mitad de lo que su arte vale), de sus labios exhala un "gracias, muchachita" y yo devuelvo a su sonrisa, la mia feliz de darle, aunque sea un poquito, lo que me pertenecía.
Él se voltea y desciende del bus para continuar con su labor de eterno trovador chileno.
REALUTOPIA

Aquella noche, mientras nuestros pies nos llevaban en el escape, me sentía completamente viva.
Tú, la luna, el hálito frío de la noche, las calles semidesiertas, el cielo parpadeando sobre nuestras cabezas que explotaban con cada idea que fabricaría la continuación de esta fuga, crispaban mi espíritu en éxtasis al saber que todos los límites habían quedado atrás ¡A la mierda con los demás! Sólo estabamos los dos allí, juntos, viviendo y respirando el ahora que me alusinaba.
Pasan las horas, pero cada una recuerda a mi cuerpo la necesidad de ti, de tu piel desnuda, de tus labios húmedos, de tus manos ágiles. Por mi mente desfila la idea de ser tuya y siento esa corriente que atraviesa cada zona de mi cuerpo, cada parte de él que te desea y pide a gritos mudos la desnudez del tuyo.
Quiero escapar esta noche hacia tus brazos descubiertos, sentir tu sudor en mi rostro, tu respiración caliente y agitada, tu lengua sedienta de mí, tus uñas clavandose en mi espalda, quiero sentirte dentro de mí, bailando un vals inventado por los dos, por nuestros cuerpos unidos completamente...
..."Son las 6.30 am", dice una voz en la radio, la que me despierta cada mañana...
CORDURA

"Muy buenas noches, bienvenidos a este miserable club, sin más preambulos dejamos con ustedes a Oscar y Lucas..."
La noche guardaba, silenciosa, sus palabras entre las estrellas saltarinas. No recuerdo bien la fecha, pero sé que todo sucedió mientras , en el firmamento, La Luna entonaba sus típicas melodías, que me tienen algo aburrida.
En el club había sólo un espectador, además de mí, aunque no sé si realmente observó el show, ya que la motaña de botellas de cerveza vacías que se hayaban en su mesa, le presentaban un obstáculo.
Oscar y su títere, hablaban sobre el tío que aparece en la tele y reían a la par. En mi mano tenía cuatro canicas para que nadie pensara que yo venía del sur y en la otra un trozo de nube para que no pensara que venía del norte. Saqué, de mi pantufla rosada, la foto del expresidente y lloré sobré mi cabello por la mancha que tenía el tapete del escenario. En fin, al observar nuevamente el show, Lucas, el títere, que se doblaba de la risa cada vez que Oscar contaba un nuevo chiste, me pareció extraño que durante años nadie me ha visitado en mi nuevo hogar, quizas no les gusta el color, es completamente blanco y vive allí mucha gente que no conocía. Todas las noches me escapo de mi casa mientras duermo y vengo a este lugar.
Ahora Lucas golpea al ventrilocuo con su sólida mano de madera, Oscar sangra por la nariz y cierra sus ojos. El títere salta de las piernas del hombre y me grita "Ya no los hacen como antes" yo le contesté "Es que el viento votó anoche un nogal". Lucas me sonrie y mueve su pequeño cuerpecillo de madera hacia Oscar para arrastrarlo por el escenario. Cuando por fin se fueron, el tipo de la motaña de botellas se voltea hacia mi y me susurra estruendosamente "Mientras un loco sueña, el mundo toma la forma del soñador"