LA FUERZA DEL DIEZ

Puedo contar hasta diez, esperando que el fuego en mi mente fallezca. Cada número que sucede al otro mortifica mis trémulas manos, mis ojos humedecidos, mis labios ensangrentados y mi cabello descompuesto.
Cuento uno: para que tal hipócrita me deje en paz.
Cuento dos: para que caiga el mundo en pedazos sobre él.
Cuento tres: para no salir corriendo de este lugar y entregarme a la suerte. Y así sucesivamente hasta llegar al diez, cuando digo: es mejor así, no caeré en sus palabras incoherentes.
Aunque la fuerza del diez, en muchas ocasiones, se vuelve insignificante contra mi ira.
Me marcharía hacia donde estas tú, besaría tus labios hasta extinguir esta impotencia, sé que me arrullarías con tu calor, desvestirías mi cuerpo y lo cubrirías con tus caricias multicolores. Nos encerraríamos en nuestro mundo, en donde sólo tú y yo somos, estamos, existimos, sólo para amarnos. Pero sé que no es así, sé que no te veré y sé que eso te duele y sientes que yo soy la culpable, así como todos creen.
Sólo me queda escribirte, porque la ira, el dolor, la melancolía y esta hambre de amor no se podrán saciar de otra forma.
AL MARGEN

Los atrapó la noche, mezclando sus pieles, fundiéndolas entre pasión y temor. Sus cuerpos cautivos, libres de existencia, fluyen el uno por el otro, lo que les causa éxtasis pero a la vez dolor.
Cuando el mundo los ve, se ocultan cual caracol en su concha, temerosos de la humillación, del rechazo, dagas que hieren las últimas fibras del ser.
En el comienzo de su historia, en el éxodo hacia la vida, ellos erran una y otra vez sus rumbos, tropezando con cada mirada, esquivando cada burla.
Si demuestran su verdadera faz, piedras caerán sobre ellos, piedras arrojadas por el mundo. Cremados serán sus rostros. Ni quienes les dieron el ser, los reconocerán.
¡Y cuánto debe arder esa llaga que margina hacia la sombra!
Ambos, juntos, pero a la vez solos frente al mundo, delinean el sendero hacia una vida marcada con la cruz , pues aún no son dueños de sí mismos, aún no pueden manejar por completo su futuro y es por eso que deben silenciar...
PROFANACION

No mires a quien ha sido dañado este dia, no la mires a los ojos, ya que tampoco te mirará, pues siente dentro de sí la escoria más repulsiva, infecta y nahuseabunda. Míralo a él, mira como se aleja de aquí, sus manos van impregnadas con dolor ageno.
Profanó un templo inexplorado, cavó un foso en tierra virginal. ¡Y cómo se aleja! mira como se lo traga el horizonte, convirtiendose en cómplice de esta fuga.
Quien dolor carga en sí, en quien las llagas absorven rencor, también emana aquel terror a las miradas curiosas y juzgadoras. Mas su cuerpo muta cada día, se divide en dos seres. Cuando ella respira, ese engendro roba su aire sin querer, cuando ella bebe, esta criatura también sorbe parte de aquel elixir.
Dos vidas ligadas por un error, dos entes torturados, uno ya maduro, pero el otro ni siquiera ha emergido de las entrañas de su portador. Ninguno es culpable del destino del otro, pero ambos estan destinados a vivir juntos, pues la vida así lo quiso.
¿Y que es de él? Él es aun la fábrica de dolores, de engendros del error, de vergüenzas inextingibles, de rencores inhumanos...No hay fronteras que lo limiten, pues los superiores no tienen control sobre ellos...
"El 60% de las violaciones ocurre en el hogar por individuos a quienes la víctima conoce y ése es también el caso cuando se trata de niños, porque los que causan el 90% de las violaciones infantiles son parientes o gente conocida. Una persona es violada cada vez que se la fuerza a hacer algo contra su voluntad, aunque no sea de forma violenta. Según las estadísticas, en el 55% de las violaciones no se hace uso de arma o violencia de ningún tipo.Vemos a muchas mujeres que viven amenazadas, porque se le hace creer que es inferior. Él es quien trabaja y quien controla el dinero, aísla a la mujer de familia y amigos y la coacciona a tener relaciones sexuales, porque sino 'iré a buscar fuera lo que no tengo en casa' se le dice. Ella cree entonces que ha de doblegarse..."
(Jeanette Castillo, encargada del programa de Defensa Personal de Young Women’s Christian Association (YWCA) de Compton)
LA PUERTA

Nunca olvidaré aquella noche en la cual perdí la cordura.
Agosto desparramaba sus lluvias frías y penetrantes, dolientes como agujas que atraviesan la piel hasta congelar los huesos. De regreso a casa ella rasgaba mi mejor sweter aunque algo roído por el tiempo e impregnado de vetún para zapatos, herramienta impresindible para mi oficio.
Ya en mi insignificante e ínfima casa, me esperaba Ángel, lo único me hacía seguir besando los pies a la vida y no rebelarme a ella, desatando mi orgullo y unirme al bando de la muerte, era mi pequeño hermano, Ángel, quien me pedía en ese instante uno de mis dibujos en su cuadernito infantil.
¡Una gato! yo trazaba unas curvas para la cabeza y trazos rectos para los bigotes. Él lo miraba sonriente. ¡ Un sol! sé que deseaba tanto regresar a las calles inundadas de luz cálida y no de agua mezclada con desperdicios de ciudad. Tracé un sol para mi pequeño.
Acaricié su rostro pálido, sus cabellos rubios, y su frentecita ¡Fiebre! ¡No, otra vez no, por favor! La tos desgarraba su pequeño pecho y su piel de nieve hacían visible su enfermedad, para la cual no hay cura.
¡Una puerta! Con lágrimas en los ojos dibujé una puerta, el dibujo más real que he hecho en mi vida. Estiró su manita para alcanzar mi obra de arte, la tocó ¡Está cerrada!La puerta está cerrada, hermano. Le dije que estaba cerrada para que no entrara la lluvia. ¡Pero yo quiero salir! Tomó la manilla de la puerta, la abrió y escapó a través de ella...





