Cita con Esperanza
Esta cita la saqué de un libro de John Fowles, El Mago, se titulaba.
Por aquel entonces no sabía que Fowles era famoso, ni pensaba que me iba a acordar de él y su cita precisamente ahora, años después, y tirando de memoria.
Me ha venido como un flash. Y es que, maldita sea, eso es lo único que necesitamos para seguir adelante. Esperanza, joder, tener un poco de ilusión por que vaya a salir, aunque sea algo, medianamente bien.
Y.. pardiez, con esa esperanza que he transmitido me ha nacido a mí de nuevo. Como un reto que hay que superar, un bache que hay que saltar, nuestra amiga nos ha colmado.
Esperanza, hoy te alabo. Has hecho que ella y yo volvamos a luchar, cada uno por su causa. Me has dado una oportunidad para demostrarle y demostrarme realmente lo que soy capaz de hacer.
No necesito más.
Recuerdos
Me acuerdo de mi Cuaderno de Bitácora... Entrañable.
Recuerdo el Diario de un Soldado, que nunca escribí.
Me viene a la cabeza con nostalgia el Destierro, y me siento orgulloso dl producto de un notable esfuerzo intelectual.
También me ocupa la memoria el En el Rancho, que sólo tuvo dos entradas antes de fletar el Lobo Solitario
Más tarde vino el Diario del Peregrino, que tampocó terminé porque se terminó una historia personal.
Y ahora este cuaderno azul...
Sí. A veces creo que mi vida se resume en letras, y mis letras resumen mi vida. Y mientras tanto, me pregunto dóndeestarán tantos escritos, tantas vidas.... ¡¡¡qué desorden tengo en casa, Dios!!!
Manoli tiene un amante
Entró en la taberna saludando y riéndose, como siempre desde entonces, con su bata blanca de óptica, bromeando y coqueteando con el Cuñao. Por aquel entonces yo era un simple cliente que se tomaba allí su café y, las más de las veces unas doscientas siete cervezas cuando tenía tiempo libre.
Mucho ha llovido desde que Manoli y yo nos pusimos a hablar, a instacias de ese mismo Cuñao, que nos presentó. Aún recuerdo aquel día de reyes en que le propuse, medio en serio, medio en broma, irnos a una fiesta ella y yo, cosa que aceptó encantada. Han pasado meses y años y seguimos manteniendo una amistad especial teñída de bromas, coqueteos y falsas seducciones.
Manoli últimamente no venía con su eterna sonrisa, no tonteaba para sentirse más joven y más guapa conmigo o con el Pelao. Además, en una de las conversaciones que tuvimos nos dijo, más o menos, que los años no pasan en balde y que, qué leches, por qué no se iba a dar un homenaje, si se terciaba la ocasión y había discrección por medio.
Yo ahora no me tomo doscientas siete cervezas, de hecho, mientras trabajo no me tomo ni una, política de funcionamiento interno, pero ella sí que viene a tomarse su café tocao de coñac por las tardes, junto con Isa, la agradable cieguita que nos vende cupones, Amparo, que está indignadísima cuando nos decimos "cielo, cariño", o cosas similares (nunca amor, porque no lo hay), y que nos dice que se nos ve el plumero y me riñe porque Manoli tiene un hijo de mi edad, otra Isa que tiene un tic en el ojo, y otras dos señoras cuyo nombre desconozco.
El caso es que entre las marujillas (como se denominan entre ellas) y yo hay un buen rollo alimentado tal vez por la especial conexión y bromas y finuras que entre Manoli y yo nos dedicamos.
El otro día, Manoli no vino a tomar café pretextando que tenía mucha faena. El resto si que vinieron. Y me dolió. Me dolió que no confiara en mí. La noche anterior, al cerrar la taberna y mientras esperaba encontrar y enriquecer otro taxi, como los días precedentes, la vi pasar con el coche, sola. Iba hacia su casa. Inmediatamente yo, que no iba precisamente a recoger tulipanes, deduje que había decidido darse un gustazo al cuerpo y que se había echao un amante.
Ella, que no es tonta, dedujo que yo lo había adivinado, y no bajó. Dos dias después se medio armó de valor y si que vino, aunque no fue capaz de mirarme a los ojos. Seguramente no confiaba en que yo no hubiera dicho nada.
Hoy, casi una semana después de los hechos que relato, y habiéndo constatado ésta que tengo a la sin hueso atada y bien atada, sobre todo en asuntos que a mí no me conciernen, la cordialidad y chanzas que hay entre nosotros ha vuelto.
Todavía espero que me diga algo así como "¿donde ibas tú aquella vez, so golfo?" para responderle con un guiño "yo no diré nada si tú no dices nada"
Mucho ha llovido desde que Manoli y yo nos pusimos a hablar, a instacias de ese mismo Cuñao, que nos presentó. Aún recuerdo aquel día de reyes en que le propuse, medio en serio, medio en broma, irnos a una fiesta ella y yo, cosa que aceptó encantada. Han pasado meses y años y seguimos manteniendo una amistad especial teñída de bromas, coqueteos y falsas seducciones.
Manoli últimamente no venía con su eterna sonrisa, no tonteaba para sentirse más joven y más guapa conmigo o con el Pelao. Además, en una de las conversaciones que tuvimos nos dijo, más o menos, que los años no pasan en balde y que, qué leches, por qué no se iba a dar un homenaje, si se terciaba la ocasión y había discrección por medio.
Yo ahora no me tomo doscientas siete cervezas, de hecho, mientras trabajo no me tomo ni una, política de funcionamiento interno, pero ella sí que viene a tomarse su café tocao de coñac por las tardes, junto con Isa, la agradable cieguita que nos vende cupones, Amparo, que está indignadísima cuando nos decimos "cielo, cariño", o cosas similares (nunca amor, porque no lo hay), y que nos dice que se nos ve el plumero y me riñe porque Manoli tiene un hijo de mi edad, otra Isa que tiene un tic en el ojo, y otras dos señoras cuyo nombre desconozco.
El caso es que entre las marujillas (como se denominan entre ellas) y yo hay un buen rollo alimentado tal vez por la especial conexión y bromas y finuras que entre Manoli y yo nos dedicamos.
El otro día, Manoli no vino a tomar café pretextando que tenía mucha faena. El resto si que vinieron. Y me dolió. Me dolió que no confiara en mí. La noche anterior, al cerrar la taberna y mientras esperaba encontrar y enriquecer otro taxi, como los días precedentes, la vi pasar con el coche, sola. Iba hacia su casa. Inmediatamente yo, que no iba precisamente a recoger tulipanes, deduje que había decidido darse un gustazo al cuerpo y que se había echao un amante.
Ella, que no es tonta, dedujo que yo lo había adivinado, y no bajó. Dos dias después se medio armó de valor y si que vino, aunque no fue capaz de mirarme a los ojos. Seguramente no confiaba en que yo no hubiera dicho nada.
Hoy, casi una semana después de los hechos que relato, y habiéndo constatado ésta que tengo a la sin hueso atada y bien atada, sobre todo en asuntos que a mí no me conciernen, la cordialidad y chanzas que hay entre nosotros ha vuelto.
Todavía espero que me diga algo así como "¿donde ibas tú aquella vez, so golfo?" para responderle con un guiño "yo no diré nada si tú no dices nada"
Paraíso
Y heme aquí de nuevo, después de diez días durmiendo en el paraíso, dándole a mis teclas, mirando, uniendo y escribiendo mis letras, mis textos... mi vida.
Heme aquí sin nada nuevo que contar, pardiez. ¡Sin novedad en el frente, señor!. Tras las puertas del jardín del edén que compartí durante un periodo que se me antojó excesivamente breve, el mundo sigue hostil e indiferente, y no me ha costado nada reintegrarme a las falsas verdades, a los egoismos, a los caprichos, al cansancio y a las penas y al hastío que me produce tanta vileza consciente o inconsciente.
Asi pues, sin vacaciones reales aún, pero con la sonrisa en la cara por este paréntesis, agradecido como Rosendo y cansado como Sabina, me planteo, una vez más, la certeza de que el problema está en mi interior, y no en lo que me rodea. Me siento el tipo más tonto de este lado de la red y, al tiempo, me bendigo por ser como soy y tener lo único de lo que tengo de lo que me siento orgulloso: Mi honor, mis principios, mi yo.
Aquello que, tarde o temprano, me va a destruir, puesto que, de momento, nadie los comparte ni, por tanto, comprende
Las lágrimas del niño
Mientras me deleitaba en todos los fracasos que en un futuro próximo (y a lo mejor inmediato) he de tener por mis actitudes, he leido esto en uno de los rincones entrañables donde voy cuando me siento muy triste, o muy sólo:
"El periodismo viajero ha colmado una parte de mi vida: la necesidad de acción, el movimiento, la guerra. La literatura, la novela, siempre fueron mis grandes cazaderos, las praderas verdes y mansas en que me refugié cuando estaba cansado, cuando quería olvidar la tormenta que rugía alrededor. También es -o al menos eso espero- mi futura vejez con dignidad; el único refugio posible cuando se ha sobrevivido. Pero peregrinar, al Finis Terrae o a donde sea, sólo vale, creo, si se hace paso a paso, cumpliendo las reglas, sin ahorrarse ninguna de las casillas; con los riesgos, incertidumbres y satisfacciones que eso implica. Y es importante eso de las reglas: obligan a mantener cierta compostura, lo que nunca está de más. Además, las reglas, sean en una carga de caballería, un combate de esgrima, una partida de ajedrez o en la construcción agotadora de una novela, ayudan a ordenar ideas, a estructurar elementos. Incluso cuando se rompen: cuando se miente, cuando se falsea, cuando se hacen trampas, todo es más fácil si se hace según ciertas reglas. Y mucho más divertido"
Fuera empezó a llover, y dentro de mí nació algo, de nuevo. Y empecé a llorar.
Que grande eres, Arturo.
"El periodismo viajero ha colmado una parte de mi vida: la necesidad de acción, el movimiento, la guerra. La literatura, la novela, siempre fueron mis grandes cazaderos, las praderas verdes y mansas en que me refugié cuando estaba cansado, cuando quería olvidar la tormenta que rugía alrededor. También es -o al menos eso espero- mi futura vejez con dignidad; el único refugio posible cuando se ha sobrevivido. Pero peregrinar, al Finis Terrae o a donde sea, sólo vale, creo, si se hace paso a paso, cumpliendo las reglas, sin ahorrarse ninguna de las casillas; con los riesgos, incertidumbres y satisfacciones que eso implica. Y es importante eso de las reglas: obligan a mantener cierta compostura, lo que nunca está de más. Además, las reglas, sean en una carga de caballería, un combate de esgrima, una partida de ajedrez o en la construcción agotadora de una novela, ayudan a ordenar ideas, a estructurar elementos. Incluso cuando se rompen: cuando se miente, cuando se falsea, cuando se hacen trampas, todo es más fácil si se hace según ciertas reglas. Y mucho más divertido"
Fuera empezó a llover, y dentro de mí nació algo, de nuevo. Y empecé a llorar.
Que grande eres, Arturo.
Alone in the dark
Nada, esto no es que sea una mala racha. Esto es que debo ser el tio más tonto de este hemisferio.
Si, señores y señoras, lo reconozco públicamente. De bueno, tonto, de tonto, estúpido, de estúpido, gilipollas perdido. Sea como sea, siempre me siento utilizado, manejado, engañado....
Bien, pos heme aquí autocompadeciéndome un ratillo, pensando en que, desde que tomé la primera decisión responsable y consciente de mi vida adulta (hubo otras, pero ahora me doy cuenta de que no eran de mi vida adulta), esa vida se me ha echado encima con todo su peso. Y soy delgadito oigan. Y frágil. Y duele aquí dentro, en el plexo solar. Donde se rompen las cosas y ya no tienen arreglo.
Hace poco me decía una personita que a lo mejor tenía que ir haciendo algún sacrificio de momento para que las cosas fueran siendo progresivamente más prósperas. Ahora no estoy tan seguro de querer hacer esos sacrificios, máxime cuando el que siempre se sacrifica, el que se queda con cara de tonto y de "me están tomando el pelo" soy yo, el que no pide explicaciones y no las recibe, pero se las exigen y las da soy yo, el que se queda sólo, en la oscuridad, pensando, maldurmiendo y malviviendo, soy yo.
Y mientras tanto, esa personita, y todos los demás (afortunadamente, no meto a todo el mundo en el mismo saco) duermen bien. Y comen bien, y saben que voy a estar allí cuando me necesiten, apoyándolos. Demostrando con actos lo que no soy capaz de expresar con palabras, para ver si toman ejemplo de una puñetera vez de mis actos, para ver si callan sus falsas palabras, para ver si se dan cuenta de una vez de que yo, como en el anuncio del media mark, no soy tonto, y que me doy cuenta de cuando me engañan, o cuando me ocultan cosas, y callo y miro a los ojos, demostrando que pueden confiar en mí, que soy sincero para bien o para mal. Y sólo pido lo mismo, por Dios y por la Virgen María.
Y... bueno, todavía no he sacado toda la rabia que llevo dentro. Supongo que poco a poco iré dando rienda suelta a mi frustración.
De momento, estoy demasiado deprimido para ello. Y lo peor es que no quiero hablar mucho del tema. Como esto me lo busqué sólo, me lo tendré que tragar sólo.
Que ustedes tengan un buen día
Un día cualquiera
Llegó a la casa herido de muerte, buscando una mano amiga que le diera pronta muerte para acabar con tanto sufrimiento. Mas no siendo así, y dado que hacía mucho tiempo que había tirado las botellas de Cardhu a reciclar, se quitó las zapatillas con furia y estampó los calcetines contra la pared de enfrente.
Lo peor no era sentirse sólo en medio de un lugar de gente, no. Lo peor era llegar a la soledad de su frío hogar, encender el ordenador, ponerse a escribir mientras una taza de café humeaba en la mano y saber que nunca había nadie para darle un beso cuando su ánimo bajaba por debajo de la línea de flotación y se hundía, se hundía......
¡¡Ánimo Campeón!!
(estracto del diario del pequeño billy boy):
04:00 de la madrugada:
Mi cada vez más odiado cuñaico me ha fastidiado, por no decir otra cosa, hoy a base de bien. No sé si lo habrá hecho a propósito y no, pero el caso es que no podía haberme destruido tanto los planes. Por supuesto, sus hermanos no me han defendido ni me han agradecido ni me han compadecido...... se ve que eso es lo "normal"
Abrió el bar a regañadientes a las 9.15, cuarto de hora después de lo que le correspondía, para irse a dormir unos 20 minutos antes de mi hora de entrada, (los sábados entro a las 12).
Teniendo en cuenta que hoy he llegao una media hora antes, eso hace que mi cuñaico haya trabajado la friolera de.... 1 hora por la mañana.
Eso quiere decir, dadas las escasas ganas de trabajar del jefe desde que es padre, y que cuando el gato no está, los ratones bailan, que prácticamente he estado sólo (salvo los momentos de excesivo agobio) con el listo, que a la que podía también se escaqueaba.
A las 20.00 volvió a bajar mi compañero de turno. Espectacular, llegó sólo unos pasos por delante del jefe, su hermano y mi marío. Y luego se fue a comprar las cosas que nos hacían falta desde las 18.00.
Dado que la primera cena ha empezado a las 20.30, el tiempo que me correspondía para descansar, cambiarme de calzado y pegarme una relajante ducha se ha ido con el sueño del cuñao, pegado a su almohada, y en las charlas con las amables trabajadoras y clientas del mercadona, puesto que hasta las 21.30 no ha vuelto de las compras. Así pues, hastiado, cansado y dolorido, he dado lo mejor que he podido esperando que alguien me dijera, "qué putada, hoy no te duchas" para poder responderle yo, como los tres o cuatro últimos sábados "no pasa na......"
Y a las 4.00 de la mañana, tras más de 16 horas de trabajo, (con parada y fonda a la hora de comer), me he tenido que levantar yo, cansando, dolorido, hastiado, fastidiado, porque el amigo no quería poner los cafés de todos. He finalizado mi jornada...... poniéndole un café al cuñao, que estaba muy cansado.
Y mientras limpiaba la mesa (él se fue hábilmente a charlar con el novio de su hermana) me daban ganas de escupir en el trapo todos mis silencios, todas mis ofuscaciones, y decirle a mi marío "oye, compañero, es tu hermano y, de acuerdo, tú tienes que aguantarle, pero yo no, no hace falta que me pagues, pero no vengo más". Y encima, responsable como soy, he dejado los vasos en el fregadero, como corresponde, no encima de la barra, como me apetecía, convertidos en un millar de cristales.....
¡¡Ánimo cuñao, campeón!!! todavía no has roto todo mi ser, todavía no me he doblegado a la increíble permisividad para contigo, que no me dejan ni decirte cuatro cosas, puesto que me coartan en mis comentarios, pero nuevamente ¡¡ánimo!! si sigues por ese camino vas a conseguir destruir por completo mis ilusiones
04:00 de la madrugada:
Mi cada vez más odiado cuñaico me ha fastidiado, por no decir otra cosa, hoy a base de bien. No sé si lo habrá hecho a propósito y no, pero el caso es que no podía haberme destruido tanto los planes. Por supuesto, sus hermanos no me han defendido ni me han agradecido ni me han compadecido...... se ve que eso es lo "normal"
Abrió el bar a regañadientes a las 9.15, cuarto de hora después de lo que le correspondía, para irse a dormir unos 20 minutos antes de mi hora de entrada, (los sábados entro a las 12).
Teniendo en cuenta que hoy he llegao una media hora antes, eso hace que mi cuñaico haya trabajado la friolera de.... 1 hora por la mañana.
Eso quiere decir, dadas las escasas ganas de trabajar del jefe desde que es padre, y que cuando el gato no está, los ratones bailan, que prácticamente he estado sólo (salvo los momentos de excesivo agobio) con el listo, que a la que podía también se escaqueaba.
A las 20.00 volvió a bajar mi compañero de turno. Espectacular, llegó sólo unos pasos por delante del jefe, su hermano y mi marío. Y luego se fue a comprar las cosas que nos hacían falta desde las 18.00.
Dado que la primera cena ha empezado a las 20.30, el tiempo que me correspondía para descansar, cambiarme de calzado y pegarme una relajante ducha se ha ido con el sueño del cuñao, pegado a su almohada, y en las charlas con las amables trabajadoras y clientas del mercadona, puesto que hasta las 21.30 no ha vuelto de las compras. Así pues, hastiado, cansado y dolorido, he dado lo mejor que he podido esperando que alguien me dijera, "qué putada, hoy no te duchas" para poder responderle yo, como los tres o cuatro últimos sábados "no pasa na......"
Y a las 4.00 de la mañana, tras más de 16 horas de trabajo, (con parada y fonda a la hora de comer), me he tenido que levantar yo, cansando, dolorido, hastiado, fastidiado, porque el amigo no quería poner los cafés de todos. He finalizado mi jornada...... poniéndole un café al cuñao, que estaba muy cansado.
Y mientras limpiaba la mesa (él se fue hábilmente a charlar con el novio de su hermana) me daban ganas de escupir en el trapo todos mis silencios, todas mis ofuscaciones, y decirle a mi marío "oye, compañero, es tu hermano y, de acuerdo, tú tienes que aguantarle, pero yo no, no hace falta que me pagues, pero no vengo más". Y encima, responsable como soy, he dejado los vasos en el fregadero, como corresponde, no encima de la barra, como me apetecía, convertidos en un millar de cristales.....
¡¡Ánimo cuñao, campeón!!! todavía no has roto todo mi ser, todavía no me he doblegado a la increíble permisividad para contigo, que no me dejan ni decirte cuatro cosas, puesto que me coartan en mis comentarios, pero nuevamente ¡¡ánimo!! si sigues por ese camino vas a conseguir destruir por completo mis ilusiones
Si yo me muero
Si yo me muero, quiero que sepas que, no de forma consciente ni voluntaria, he muerto por tí.
Si yo me muero, quiero que sepas que, en un momento dado de forma consciente y voluntaria, he vivido por tí.
Si no me muero en breve, quiero que sepas que vivo por tí.
Si no me muero en breve, quiero que sepas que moriré por tí.
Si vivo sin decirte todo esto, moriré por tí.
Si muero sin decirte nada de esto, no habré vivido de verdad.
Te quiero
Brazos
El Brazo Armado Cartaginés apoya la hoja de la espada en el hombro derecho. Con el codo doblado, un puño nervudo sujeta una empuñadura de madera recubierta con tiras de cuero y cáñamo. Un pomo de desgastado acero emite un fulgor apagado, idéntico al reflejo de los ojos del guerrero.
El Brazo Desarmado Cartaginés, el izquierdo, está extendido, con todos los músculos en tensión. Los dedos apuntan hacia abajo, y un peculiar cosquilleo recorre este brazo, cubierto de una pieza metálica desde el dorso de la mano hasta el hombro.
Los ójos sin ánimo Cartagineses miran al frente, hacia los dos luchadores que, conrientes y traidores, han aparecido para relevar a los otros dos que yacen en la arena del circo, muertos.
Mientras arremeten, el Brazo Desarrmado Cartaginés se dobla, los ojos cobran vida, el instinto de supervivencia sustituye al cansancio y el Brazo Armado Cartaginés describe un arco de muerte y desesperanza.
Herencia Genética
El Cielo nunca es del todo negro en Valencia. Incluso en las tormentosas y oscuras noches invernales, cerrado por completo la bóveda celestial a la clemencia, duro y desapacible como pocos con un temporal desatado, el cielo conserva un gris luminoso especial, como dando origen a la esperanza.
La jóven está sentada en un banco de madera, en el balcon de su casa. Acaba de masturbarse pensando en su novio y no se siente completamente satisfecha. Ha decidido una vez más que, por escaso que sea él a veces en la cama, es infinitamente mejor que la soledad de sus dedos fríos en una cama que en ocasiones se hace demasiado grande.
A lo lejos se enciende la luz de una vivienda. Curiosamente, siempre ocurre esto cuando alguno de los dos (él está fuera, de viaje), sale al balcón. A su derecha se enciende otra luz en otra vivienda. Alguien va al baño.
La jóven mira al cielo. Reprime las ganas de fumar, aunque su garganta está seca precisamente por esas ganas.
El cielo es, en esta noche del verano que se acaba sin remedio, entre violeta y azul, y luminoso en su parte más baja. "Nunca es oscuro del todo", repite intrigada las palabras de Martita.
Mentalmente, repasa una vez más el recorrido de evasión-fuga-inspección que su parte más aventurera (mi parte kender, como dice su novio), detectó desde el primer día:
Bajada desde la parte derecha del balcón hasta el tejado de uralita del cobertizo del vecino de abajo. No habrá ni medio metro de descenso.
Desde allí, y pisando por los bordes con cuidado para no hundir la uralita por el centro, se accede al murete que separa esa terraza de la del vecino. Seis metros andando en equilibrio sobre un muro de unos 30 cm. de ancho no sería problema, piensa ella.
Y después podría correr agazapada por el inmenso tejado que tiene justo enfrente, mirar, explorar, tal vez incluso saltar al tejado contiguo, que tiene forma de triángulo y no es liso, como este.
Tal vez llegar hasta el final y ver otro tejado, o la ventana que siempre se enciende.
Pero se abstiene, de momento. Casi se ha dejado llevar por su herencia genética. Sonríe. "al fin y al cabo" -piensa- "Soy una gata buena".
Y mientras vuelve a mirar a ese cielo que ninguna noche ha visto completamente negro en esa ciudad. la hija de Arsénico Lupin observa como, nuevamente, se enciende esa luz a lo lejos y, provocadora, levanta su puerpo cubierto sólo por unas minúsculas braguitas, se estira como la gata buena que es y se va de nuevo hacia el interior de la vivienda

La jóven está sentada en un banco de madera, en el balcon de su casa. Acaba de masturbarse pensando en su novio y no se siente completamente satisfecha. Ha decidido una vez más que, por escaso que sea él a veces en la cama, es infinitamente mejor que la soledad de sus dedos fríos en una cama que en ocasiones se hace demasiado grande.
A lo lejos se enciende la luz de una vivienda. Curiosamente, siempre ocurre esto cuando alguno de los dos (él está fuera, de viaje), sale al balcón. A su derecha se enciende otra luz en otra vivienda. Alguien va al baño.
La jóven mira al cielo. Reprime las ganas de fumar, aunque su garganta está seca precisamente por esas ganas.
El cielo es, en esta noche del verano que se acaba sin remedio, entre violeta y azul, y luminoso en su parte más baja. "Nunca es oscuro del todo", repite intrigada las palabras de Martita.
Mentalmente, repasa una vez más el recorrido de evasión-fuga-inspección que su parte más aventurera (mi parte kender, como dice su novio), detectó desde el primer día:
Bajada desde la parte derecha del balcón hasta el tejado de uralita del cobertizo del vecino de abajo. No habrá ni medio metro de descenso.
Desde allí, y pisando por los bordes con cuidado para no hundir la uralita por el centro, se accede al murete que separa esa terraza de la del vecino. Seis metros andando en equilibrio sobre un muro de unos 30 cm. de ancho no sería problema, piensa ella.
Y después podría correr agazapada por el inmenso tejado que tiene justo enfrente, mirar, explorar, tal vez incluso saltar al tejado contiguo, que tiene forma de triángulo y no es liso, como este.
Tal vez llegar hasta el final y ver otro tejado, o la ventana que siempre se enciende.
Pero se abstiene, de momento. Casi se ha dejado llevar por su herencia genética. Sonríe. "al fin y al cabo" -piensa- "Soy una gata buena".
Y mientras vuelve a mirar a ese cielo que ninguna noche ha visto completamente negro en esa ciudad. la hija de Arsénico Lupin observa como, nuevamente, se enciende esa luz a lo lejos y, provocadora, levanta su puerpo cubierto sólo por unas minúsculas braguitas, se estira como la gata buena que es y se va de nuevo hacia el interior de la vivienda






