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Otras Historias de Otra Taberna
Personajes, vivencias, miedos, alegrias... de todo hay en esta taberna
Acerca de
Billy Boy, Aprendiz de Tabernero, recogió los Apuntes del Lobo Solitario y empezó su propia historia continuando una anterior, desde su particular visión de las cosas
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Personajes Entrañables
Rincones Entrañables donde acudo cuando estoy muy sólo o muy triste
Mis sueños entrañables, que no podían faltar.... mi rincón pirata
Sindicación
 
Amargo

Me levanto a las 7.30 de la mañana. Perdido. Ayer me acosté a las 5. No se engañen, no estuve de fiesta.

La impresora sigue sin querer hacer su trabajo con la declaración de la renta, con lo cual la copio, íntegramente y a boli, en un impreso que me compraron ayer a tal efecto.

8.15 Me detengo en un bar a tomar un café. Hay tiempo de sobra.

8.30 A la hora de apertura del banco estoy allí. Espero mi turno rodeado de jubiletas que actualizan sus cartillas y esperan para cobrar su pensión.

8.53 Sigo esperando. Oigo las voces y las discusiones que forman los jubiletas siempre que hay una fila. Es increíble. Aparece la Maringa. Hermana de un amigo mío. Empiezo a recordar todo lo que se está diciendo de ella. Seguramente no lo sabe. Espero que no lo sepa nunca. Pueden hacerle mucho daño.

Empiezo a comerme la bola yo solito con mis temas.

El Banquero me llama amablemente. Es mi turno.

Presento mi declaración de la renta y la del Raúl. No hay problema en ninguno de los dos casos.

Voy a la Taberna a dejar la copia de la declaración del Raúl. Esta tarde pasará a recogerla. El jefe me pone un café. Yo sigo pensando en mis cosas.

El café me sabe amargo.

Vuelvo a pedir un deseo. Un barco. Mil millas mar adentro. O en su defecto un rincón perdido del mundo. Con una casita que tenga un lecho donde descansar.

Me voy a dormir. Señores y señoras. Hoy no atenderé a ninguna llamada.

 
Gaudeamos Igitur (o como se escriba)
Yo no estaba allí cuando dijeron su nombre. Pero lo ensoñé. Ella sabía que le iba a tocar en breve. Al fin y al cabo, el orden de la lista era inequívoco. A medida que se iban acercando a las letras de su apellido, las pulsaciones se aceleraban. La Jota, La Ele, las primeras Letras de la M....

Sonó su nombre. Y ella cerró los ojos, con una mezcla de entre alivio y tensión. Si le hubieran tomado las pulsaciones en ese momento, habría destrozado el pulsómetro. A su lado, su amiga le tocó con cariño el brazo. Fue un instante breve, al igual que el cierre de sus ojos. La miró y la vio sonriente, con los ojos un tanto lacrimosos.

Se levantó y con cuidado, se alisó un poco la falda del vestido que había escogido para la ocasión y con el que esperaba alguna vez poder ir a cenar a un sitio caro.

Mientras andaba por el pasillo, los focos arrancaron destellos a las pequeñas lentejuelas negras de los zapatos a juego con el vestido y a los pendientes también escogidos ex-profeso para aquel momento. La cadena, más discreta, aunque negra también, no daba ningún brillo.

Bajó (luego me dijo que subió) los escalones de uno en uno, con las piernas temblorosas. Sabía que todo el pabellón la estaba mirando. Se preguntaba si estaría guapa, si ese vestido glamouroso le sentaría realmente bien. Si habría acertado con la elección del maquillaje. Si no tendría una carrera en las medias o algo similar que supusiera el ridículo más espantoso.

Yo no estaba allí, pero escuchaba comentar a las madres de sus compañeras lo discreta y elegante de su porte, los nervios que se adivinaban en cada uno de sus gestos, de sus pasos. No sabia por qué, pero les caía bien esa chica dulce y agradable que siempre sonreía, que siempre tenía ese punto de timidez que a todas las madres gusta.

Cuando por fin terminó de descender (ascender) los escalones y avanzó por el pasillo, ya estaba más tranquila. La hilera de profesores esperaba para darle la enhorabuena. No había sido un año especialmente brillante, pero lo había conseguido. No se había quedado en el camino. Tal vez ella no lo comprendiera, pero yo sí, y me sentía orgulloso de estar teniendo esa ensoñación. Su profesora de talla fue la que le dio el diploma (confirmado, un algo escrito por el Decano). Sonriente, le dijo:

"Anda que no me has dado quebraderos de cabeza, D. que casi ni me acordaba de tí de lo que has faltado a clase. Por eso te he tenido que dar un poco de caña también, pero ya está. Ya pasó lo peor. Este es tu momento. Enhorabuena. Disfrútalo."

Sonriente, la muchacha le dio las gracias. Saludó por turnos a cada uno de los profesores que conformaban la hilada, siguiendo el protocolo mientras le daban el diploma (escrito del Decano) y le colgaban la banda.. Después, regalando una gran sonrisa al personal y, aún un poco nerviosa, saludó brevemente con la mano al auditorio. Como solía hacer, agitando la mano dos veces muy rápido. Izquierda, derecha, Izquierda, derecha. Mientras agachaba brevemente la cabeza y se ponía colorada.

Yo no estaba allí cuando se puso en la fila con el resto de graduados, esperando a que terminase la ceremonia y se hicieran la foto de rigor. Pero me pareció que miraba hacia el lugar donde en mi ensoñación me había colocado, y que sus ojos brillaban brevemente y sus labios lanzaban un disimulado beso en mi dirección.

"Qué guapa y que elegante está, leches" - Pensé

Y como yo había vivido ya una graduación (la mía) y me acordaba del himno. Canté, como siempre bajito y en falsete, con ellos:


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Vuelta rápida.
No me llamo Fernando Alonso, ni tengo un apellido impronunciable en Alemán o Finlandés.

Simplemente me dejo caer por aquí un momentico para decir que, a veces estoy muy cansado, que si, que puede que sea un cobarde, o un conformista, pero que el mundo que me rodea se vuelve hostil y agresivo y, en ocasiones te fallan las fuerzas.

Eso es lo que me pasa. Así que, que sea lo que Dios (si existe) quiera, o lo que el Diablo (ídem) disponga. Me dejo llevar y marear y cuando pase el oleaje tiro porque me toca.

Y es que la vida, señores y señoras, es una tómbola, como decía una niña pequeña y coletuda que con el tiempo se hizo llamar Pepa Flores. Pero no compras las papeletas, te las regalan. Sólo tienes que comprobar tu premio y ver si naces con estrella o naces estrellao (frase grandísima de la Antonia, que para mí es la mejor madre que hay)

En fin, por lo menos, hay una cosa, aunque sólo sea una, que me hace sonreir cada día, o cada noche, o una vez al día y por la noche.

Aleeeeeeeeeeeee me retiro a mis aposentos, sólo pasaba por aquí a limpiar un poco el polvo de esta alma enfermiza que de vez en cuando se atasca en consideraciones pseudo filosóficas, y ..... por qué no?? a saludaros..
 
Punto y Seguido
Para el futuro del antihéroe basta la más mínima esperanza, el simple seguir existiendo; dejadle, dice nuestra era, dejadle en la misma situación en que se encuentra la humanidad en su historia, en la encrucijada, en el dilema constante, con todo que perder y nada que ganar que no sean más que encrucijadas y dilemas; dejadle sobrevivir, pero no le deis pistas ni premios, porque también nosotros estamos esperando, en nuestras solitarias habitaciones donde el teléfono nunca suena, dejadle que espere el regreso de esa chica, de esa verdad, de ese cristal de humanidad, de esa realidad perdida por culpa de la imaginación; decir que ella regresa es decir una mentira.

Pero el laberinto no tiene centro. Un final no es más que otro punto en una secuencia de la vida, un tijeretazo en ese mismo final, que conduce a un nuevo principio.

John Fowles
"El Mago"

Ummm con este post voy a parar un poco y, como decía una ex-amiga, sentarme a pensar y dejar que las cosas fluyan. Tal vez así recupere un poco la tranquilidad y la expresividad, puesto que digo las cosas de forma que parecen otra cosa, y mezclo conceptos, conversaciones, momentos y paranoias con cierta alegría franciscana, lo cual induce (seguro) a confusión a aquellos que me leeis y aquellos de los que hablo (que alguno hay por aquí perdido). Pero sobre todo me induce a confusión a mí.

Así pues, me tomo una temporada sabática de blog. Espero que me entendais. No estoy mal, simplemente quiero seguir haciendo las cosas bien.
 
Angustias, mi compañera de cama, y el Lugar Donde Empezó Todo

Palpó el pequeño colgante de plata que se había escapado de entre los pliegues de la camiseta.

Aquí es -pensó con nostalgia - Este es el lugar. Y ahora lo sé. Aquí moran los pingüinos. Y los sueños. Y las esperanzas. Y las ilusiones. Aqui se guardan desengaños, secretos compartidos a medias. Aquí hay migas de bocatas, y risas, y suspiros. Y bromas.

-No ha pasado mucho, pero a mí me ha parecido una eternidad -dijo ella- Y ahora parece que me tengo que conformar con esto, y no quiero, no soy capaz de disfrutar de esos pequeños detalles que me dices.

-A mí también me duele, a veces mucho -respondí -pero tomé mi decisión

Las palabras desfilaban ante sus ojos como si hubieran sido dichas la noche anterior. Sabía que a la mañana siguiente no me llamaría, ni me enviaría mensaje alguno -A mí si que me parece una eternidad desde el último -pensé en la orilla del lago -pero ni quiero, ni puedo, ni soy quien para obligarte, o siquiera sugerírtelo.

Así que Angustias se instaló en mi cama y no me dejó, nuevamente, dormir. A las 6.00 ya estaba armado con papel, boli y cámara. Dispuesto una vez más a trepar muros y escalar cuerdas en una loca carrera para despistarla y llegar aquí. Al Lugar Donde Empezó Todo.
 
Paz

"Por fin... ¡Paz!"

La orilla del lago era una pequeña ladera verde, apenas escarpada, en la que montaban guardia cuatro esmirriados arbolitos.

El ruido de los grillos, los patos alterados por mis pasos, y los demás habitantes de la zona hacían sosegar el inquieto e intranquilo espíritu que, desde las 8.30 de la mañana, hora en la que me desperté tras haber dormido la escandalosa y nada desdeñable (nótese la ironía) cantidad de 120 minutos, me había hecho dar vueltas y más vueltas a mi gólgota particular, camino de polvo y piedras que conformaba el antiguo cauce del rio, transitadísimo a esa hora del día, pese al calor, vueltas cuyo objetivo primordial era agotarme, llegar cansado y dolorido a casa para, al fin, dormir algo, aunque fuera un sueño sin sueños de los que tenía antes.

No pudo ser, y a las 23 horas me hallaba destrepando muros, escalando cuerdas de columpios, subiendo colinillas, corriendo casi, mientras deseaba que alguien clavara ya de una vez los clavos de mi cruz y apareciera un Longinus que me atravesara un costado con una lanza. Mientras deseaba que esa tortura llegase ya a su fin.

Había llegao el peligroso momento en que casi se pierde el juicio y, en esa verde pradera hallé, ya sí, una paz momentánea que no era peor que mi guerra.
 
La Maldición de Merlín
Sabía que sería por una mujer. Sabía que sería por una callada, discreta, sabia y funesta.

Sabía que la perdición de su cuerpo, su alma y su cordura tendría nombre femenino.

Así, durante mucho tiempo, todas las noches Ella se encargó, de forma metódica, lentamente, en un proceso de cocción largo y duro, de alterar sus estados de conciencia, de irritarlo y volverlo loco. Quedaba poco para el fin de todas las cosas, como todo siguiera igual.

Sabía que sería así, lo que no sabía es que llegaría en forma de insomnio y se llamaría Angustias.
 
En sólo un segundo (por el Hermanísimo)
12.45 de la noche. 22 mesas fuera con gente cenando y 9 dentro. Además, la barra hasta arriba. El Marido, el listo y Billy Boy haciendo la marathón desde la terraza a la cocina ida y vuelta desde las 20.30.

Aparece el hermanísimo con la segunda Laura de la tarde.

- Hola hermano, tienes tres segundos para decirme todo lo que quieras mientras recupero el resuello... dos... uno....

- Una cerveza

- Se acabó tu tiempo, voy.

Jamás el joven aprendiz de tabernero había mantenido una conversación con su hermano tan breve y, al mismo tiempo, tan cargada de sinceridad por parte de uno y otro.
 
Normal
"Lo que más me jode es que puedes estar haciéndolo bien mucho tiempo. Un cliente, de 5 años. Toda la puta vida haciéndolo bien, un día le fallas y lo pierdes. ¡¡Es que lo pierdes!!. "

La Historia. Billy Boy presente: Un mal día. Un señor manco que ha venido varias veces y se pide un bombón descafeinado de sobre con la leche de bote. Lógicamente, no puede abrir el sobre de leche condensada (de ahí lo del bote), ni el del café descafeinado.

Javier, un tipo correcto y educado está en la barra, tomando su café con hielo. Billy Boy está a la espera de entrar a trabajar. El jefe está nervioso y nadie sabe por qué. Se aturulla un poco y no sabe qué le han pedido.

Javier (tratando de ayudar y con muy buenos modales: Un bombón descafeinado de sobre, creo que ha dicho, con la leche de bot.....

Jefe (Con muy mala ostia): No me toques los huevos, ¿eh? Javi, sobre todo no me toques los huevos.

Javier (azorado): .......

Jefe: Que hay mucho listo por ahí, pero que mucho, y todo el mundo quiere saber de todo....

Javier: ......

Le pone el café, pero al señor manco no le abre el sobre de azúcar. Billy Boy va a abrirselo, puesto que el mismo no puede. Javier se va sin decir ni adiós, tragando saliva y orgullo.

Billy Boy: Jefe, estás con las pelotas tocadas, ¿no?
Jefe: Si
Billy Boy (también con buena intención): es que se te ha olvidado abrirle el sobre del...
Jefe (en la misma cara del señor manco): ¡Pues que lo abra con los cuernos!¡Con los cuernos, joder! ¡Y no me toquéis los huevos ya!

El Jefe desaparece. Va a tratar de librarse del mal humor. Javier también. El primero vuelve, al segundo no le he vuelto a ver el pelo y, francamente, en ocasiones me dan ganas de imitarle.

"Un día le fallas......" Joer, pues normal que no vuelva. Puedes fallar al cliente, pero no falles ni faltes a la persona. Un día puede que no tengas hielo, o azucar. Eso se perdona, pero lo que no se perdona es que no tengas modales, ni educación, señor yo-reconozco-aun-cojo-sentado. Y más cuando no es la primera vez (ni será la última, seguro) que te pasa.

B.S.O. de Hoy (me he levantando cantándola)



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Amanece muy temprano
Lo que más molestaba al jóven aprendiz de tabernero era que lo prejuzgasen. Sin consultas, sin preguntas, sin informarse, aquellos que le rodeaban emitían opinión, juicio, veredicto y condena sin posibilidad de réplica o explicación. Y actuaban en consecuencia, hablando, rumoreando y aplicando su ley y sus castigos en función de aquello que habían juzgado.

Como tampoco le preguntaban, él no se defendía. Como odiaba esos comportamientos, no los reproducía. Llegaba, aguantaba lo que le tuvieran que decir, sacaba sus conclusiones y cerraba la boca. Siempre había preferido a la persona que habla poco y actúa mucho que a aquella que se le va la fuerza por la boca. Y ese era su comportamiento.

"Cuanto más alto defendía su honor" -pensaba parafraseando algo leído en un sobre de azúcar- "más veces contábamos los cubiertos de plata"

Y como quien no llora no mama. Y él hacía tiempo que tenía seco el lagrimal, no disfrutaba de los beneficios y ventajas que pudieran tener otros compañeros de trabajo.

Y así, pensando que de todo tenía que aprender en este periodo de aprendizaje, que el mismo era temporal y que, de todos aquellos con quienes se relacionaba de forma más o menos amistosa, ninguno se daba cuenta de que Billy Boy no era tonto, y que aunque no hablase de ciertas materias, o de ciertos secretos, sabía que existían, así fue pasando el tiempo y, cada uno con sus propios misterios que, o bien no se atrevían a contar, o bien no era el momento más adecuado para ello, fueron situándose en cada una de las casillas del inmenso tablero de ajedrez que era el mundo de aquel aprendiz...
 
Soliloquio
"No sé, la verdad, qué narices hago aquí, en lo alto de un andamio. Sentado. Fumando espero, al hombre que yo quiero. Al hombre que quiero que llegue, digo, no que quiero de querer. Paco. El Persianas, ya lleva más de dos horas de retraso. Y la que cae hoy es de justicia. Menos mal que finalizaron las lluvias de ayer. Si no, estaría bajo los efectos de un futuro catarro increíble.

Lluvia.... melancolía de lluvia tras las ventanas, podría haberse titulado el día de ayer. El típico que es mejor no levantarse de la cama y dejar que corra. La verdad es que no sé aún por qué estaba tan sumamente triste ayer, por qué toqué fondo y dudé y desconfié de todos, absolutamente todos, los que me rodeaban, por qué estuve a punto de llorar con esa canción, que ahora la escucho y me saca una sonrisa, por qué me daba absolutamente todo igual. Bueno, en realidad si que lo sé.... este fantasma está tratándome de tirar del andamio.

No, huye, fantasma. Esas palabras fueron sólo eso, palabras. No pueden ser en serio. Han de ser una pesada broma. Vete, agonía, llevas tres dias instalada en mi cama y no necesito de tí. Escapa, tristeza no me acoses.

Ummmm no llega el persianas, este día voy a ir de culo. Ya tendría que estar en el trabajo. Está quedando chulo el local... espero que coloquen hoy la persiana y no tenga que estar toda la noche vigilando que no se cuele nadie por el enooooooooooooooorme hueco que han dejado para instalar la misma. En cuando llegue, me ducho y, aunque entre más tarde, me aplicaré más y trabajaré con más esmero.

Esmero... como si no dedicara el suficiente dentro y fuera del trabajo... Y mira que me lo dicen, te la van a dar, que de bueno que eres, eres tonto. Y mira que yo insisto, no soy tan bueno. Y mira que sé que me la van a dar. Y mira que no hago más que darle vueltas a lo mismo...

ug! como tarde media hora más voy a estar derretido. La gente se pregunta qué hago aquí subido. Y yo también. Podría estar dentro, a la sombra, pero no, estoy a dos metros del suelo, en pleno sol, en un triste andamio. Pero estoy bien. Aquí no va a venir nadie a interrogarme, ni a preguntarme, ni a saludarme. Aquí podré dedicar el tiempo a los pensamientos que me agobian. Y en cierto modo, lo estoy consiguiendo. Ya no tengo miedos, bueno, en realidad sí, pero los he aceptado. Serán unos incómodos compañeros para trabajar, mas.... es lo que hay. Mira, allí llega el persianas. Menos mal, ya no tengo que vigilar mi planta baja. Mi futuro negocio está a salvo, nadie ha entrado por el boquete del ventanal. Puedo irme con la satisfacción del deber cumplido"
 
Otra noche más, otra noche menos
Un poco más calmado, pero todavía bulléndome la cabeza de ideas, sensaciones, palabras, actos y pensamientos propios y ajenos, empecé a sentir el calor del sueño sobre las 4.30 de la mañana. El de hoy había sido un día agitado, no removido, tanto en la taberna como en mi interior.

No obstante, aún tuve la suficiente presencia de ánimo para dar un beso de buenas noches, ritual que cumplía escrupulosamente por placer y no por obligación, y para revisar y ordenar ciertas fotos tomadas el día del hundimiento del barco
 
me estará afectando tanta lluvia
- ¿Qué te pasa, pequeño Billy Boy? - preguntó la Cuñada en un momento de la tarde.

- ¿A mí? ¿por? -El aprendiz de tabernero se consideraba todo un experto eludiendo preguntas sin responderlas, pero esta vez no dio con la fórmula adecuada -¿qué me pasa?

- No sé..... te noto estos días como más triste, como más apagado... ¿estás desmotivado?

- El tiempo.... me estará afectando tanta lluvia -mintió muy malamente mientras agachaba la cabeza el chico.

- Si, claro, debe ser el tiempo. Si, te creo, eso es.... el tiempo -Mintió a su vez la Cuñada, clavando el dardo de sus ojos azules en la coronilla del chico que, inquieto, se miraba la punta de los zapatos.

No volvieron a hablar del tema en lo que quedaba de jornada laboral, aunque de reojillo, cada vez que entraba a llevar platos a la cocina, notaba la mirada curiosa y la preocupación de la Cuñada-
Claro que puedes entrar y mirar y comentar, La Lore... y si quieres un hombro donde verter lágrimas, también lo tienes. Gracias por tu comment y por quitarte la máscara. Ánimo al resto!!!