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Otras Historias de Otra Taberna
Personajes, vivencias, miedos, alegrias... de todo hay en esta taberna
Acerca de
Billy Boy, Aprendiz de Tabernero, recogió los Apuntes del Lobo Solitario y empezó su propia historia continuando una anterior, desde su particular visión de las cosas
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Personajes Entrañables
Rincones Entrañables donde acudo cuando estoy muy sólo o muy triste
Mis sueños entrañables, que no podían faltar.... mi rincón pirata
Sindicación
 
La Rebelión de los Medios
Ordenador en fase terminal.
Internet funcionando un mes no y un día si.
Mi tiempo se reduce, básicamente al que dedico a mis necesidades biológicas (léase orinar y defecar).
Mi salud física, aparte de unos kilos de mas, anda bien.
Mi salud mental, debido a sobrecarga laboral (empresario pequeño, empresario pringao), se deteriora.
Aún así, cuando tengo un hueco, escribo, leo, pienso, miro........
 
Espejismo....
Dícese de blog sin actualizar por causa directa del trabajo y los arranques estúpidos del ordenador, que se niega a encenderse en momentos dados.

Sin ser la mejor, ni estar todavía organizado como a Billy Boy le gustaría, el trabajo en el bar se iba desarrollando mal que bien, en un tira y afloja que, por temporadas, hacía que hubiese mucha faena o hubiese poca.

Así pues, el pobre Billy Boy, cuya máxima aspiración era (en esos momentos) pagar a proveedores y trabajadores, sufría lo indecible para llegar a final de mes mientras esperaba, pobre, la enoooooorme cantidad y acumulación de trabajo que tendría en verano, cuando realmente pudiese ganar algo de dinero que fuese para él y que fuese significativo.

Por lo demás, y aún teniendo la sensación de que todavía le faltaba ese punto de terminar de arrancar al bar, Billy Boy era feliz con la vida que le había tocado vivir, y con quien había decidido compartirla.

Esperaba que esa vida, y su diario, no fuesen un espejismo.
 
Ellos nunca se fueron
En mi mente, a veces, recuerdo gente. Gente con la que en otro tiempo y otra vida compartí cosas, buenas y malas. Vivencias, supongo.

Es curioso, lo recuerdo todo como si fuese un sueño muy lejano, o como si fuese otra vida.

El caso es que el otro día me llamó mi amiga de Mallorca. Y antes mi amigo de Ceuta, y antes Manolo, y unos y otros, que siguen allí, que no han desaparecido, que me recuerdan que el que se fue de casa a buscarse la vida fui yo.
 
Y me contó mi marido (mi ex-marido ya) que se fueron a bucear a Cullera, con...
Otra noche insómnica de esas que me dan a mí y que hacía tiempo que no tenía, maldita sea. Una noche de esas en que el cuerpo te pide descanso, y lo tiene, pues toda la semana, de lunes a domingo, durante más o menos un mes y la última semana, (la pasada), de forma intensiva, de 8 a 2 de la mañana, en el bajo, en el trabajo y frente al ordenador tratando de diseñar rótulos, tarjetas y cartas de precios, han sido suficientes para dejar el antaño llamado BelaCuerpo (inventos del Manolo, que ayer me llamó y me localizó por fin y me contó se "saechao novia" y se ha comprado un piso) hecho un cromo en lugar de una "máquina de precisión perfecta" (Manolo dixit).

Pero la mente sigue despierta, agudísima, apurando los últimos momentos de catársis y llenando los huecos que el consciente no ha podido registrar con datos, momentos y recordatorios que me tienen zumbando las neuronas con un ruido similar al de mi lavadora cuando centrifuga.

Entre esos momentos y recuerdos me he acordado de cuando he telefoneado a mi socio, al que llamé mi marido porque el negocio que íbamos a llevar a medias era como un matrimonio en el cual alguno de los dos tenía que ceder en algún momento.

Y en el subconsciente, me contó mi marido (mi ex-marido, puesto que me ha traspasado su parte del negocio) que se fueron a bucear a Cullera, con Paco, el de las persianas, y ha rebullido en mi interior la voz de El Listo, que cuando he llegado con mi chica al bar a entregar una documentación importante para dicho negocio me ha llamado "vividor", sólo porque ya no trabajo con ellos,

Y cuando he ido a explicarle que yo ahora trabajo más que antes (mañanas y tardes y noches a piñón fijo en el local) y más que ellos porque durante dos meses sólo abren por las tardes-noches, se ha ido, el muy listo, a atender.

Pero luego ha vuelto, pues tenía ganas de cháchara, y cuando ha dicho que molaba mucho el buceo, nos hemos mirado mi chica y yo y he comentado que para ser yo un vividor estaban todos ellos muy morenos, de playita, menos yo, que estaba muy blanco, tipo lámpara de bajo de heladería.

Y en mi sueño subconsciente le daba, en plan maestro un tanto indignado, dos collejas al Listo, así, plas plas, diciéndole: "Liiiiiiiiiiiiiiiiisto, que eres un listo", y me he despertado, un poco mejor, la verdad, que algo de basurilla expulsa este tipo de cosas.

Pero me he quedado con ganas de dárselas de verdad, fíjate tú
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P.D.: Entre tanto ella duerme y sueña con cosas de chocolate, y yo la miro y la admiro y la quiero, y trato y procuro no hacer mucho ruido al teclear, aunque no sé si con la luz de la pantalla y el ruido de mi desvelo estará, como yo, insomne perdida y con ganas de dar dos collejas (plas, plas) a alguien, así que cierro por ahora este momento reflexión, le doy un besico y me voy a leer un rato al salón.

Buenas noches
 
Lo que te conté mientras dormías
La miró largamente y le dio un beso en la mejilla.

No quería despertarla, aunque y a pesar de ello su búsqueda de unos papeles le llevó por toda la habitación dando vueltas y generando algún que otro ruido molesto. No quería despertarla, digo. Lo más que se le ocurría eran palabras de agradecimiento y de dicha, de felicidad y suerte, de sensación de estar, por fin, completo.

Mientras anotaba los gastos del día en su libreta, creada a tal efecto, ella se rebulló un poco en la cama. Y él, mirándola de nuevo, pensó: -"ójala despertases en este mismo momento y yo tuviera un maravilloso regalo que darte para compensar, aunque sea mínimamente, el que supone que estés hoy, aquí, conmigo, sonriendo mientras duermes"
 
Y va y llega el amigo Gilipollas.... (El Nuevo Perro del Hortelano)
En ocasiones, al despertarme, el bohemio que dentro de mi se halla agazapado pega un golpe en la mesa y me hace, pletórico de energía, bajarme a una cafetería cercana a desayunar (siempre café sólo y croissant o como quiera que se escriba) mientras leo el periódico deportivo, El Marca de toda la vida, vamos.

No es que me agrade mucho el periódico, y de hecho, cada día me gusta menos su información partidista y parcial, que atufa desde mi casa, pero bueno, es una forma de empezar bien el día y, ciertamente, aquellos días que madrugo y no realizo ese pequeño ritual me cuesta un poco más.

Bien, hoy me he dado fiesta y me he levantado (fiuuuuuuuuu) a las diez y media de la mañana. Para alguien que se ha acostumbrado a dormir a las 3 de la mañana y levantarse a las siete, es un pasote que la flipas, como dice el Listo. Y el bohemio ha dicho que ale, a por el Marca, ración vomitiva de prensa, a ver cómo desprestigian a alguien.

Normalmente soy el primero (o el segundo) sin contar a los cientos que ojean el periódico sin comprarlo, los gorrones españoles, que es un gran especímen. que lo lee. Pero normalmente es a las 7.30 u 8.00 cuando lo cojo. Hoy, a las 11 y pico, había un muchacho, sin nada en la mesa, leyéndolo.

Así, a ojo, he calculado que le quedarían unos 3 minutos, pues ya iba por el tercio final del periódico, (son muchos desayunos), así que he pedido el desayuno y he esperado, espectante.

Al rato, he constatado, desolado, que le llevaban a él, mi enemigo, su desayuno. Unas tostadas con aceite y sal y un gigantesco tazón de café con leche. -¡Ay vá, Billy Boy! la hemos liado, hoy no lees el periódico... -me he dicho, medio en risa, medio cabreado.

Luego, como soy optimista por naturaleza, aunque tenga mis bajones (ahora mismo trabajo perdiendo dinero, y eso a veces me machaca) he dicho: -Bua, como le queda poco para terminar y no se puede comer una tostada (de aceite y sal) y beber un café con leche enterándose al mismo tiempo de lo que lees, seguro que lo deja a un lado y lo puedo coger yo ahora.

Y va y llega el amigo Gilipollas, con G mayúscula, el que me lo distrae, el amigo que hace que ni lea, ni desayune, ni deje el periódico ni nada, el Perro del Hortelano, vamos, que ni come ni leer deja. Solo que en este caso, el amigo Gilipollas se ha pedido un café con leche y, en cuando se lo han traido, le ha quitado el periódico al otro (que tras 5 minutos de mareo, lo ha dado por perdido), y se ha puesto a leerlo, el Pollo, sin complejos, ale.

Así que al final, hemos sido dos los amigos gilipollas.
 
Las Tribulaciones de Billy Boy
Cansado hasta lo indecible, frustrado, a veces decepcionado y siempre ilusionado, Billy Boy pasó cerca de ocho o nueve meses de su vida sin poder, debido a ciertos problemillas técnicos y financieros, poner sus pensamientos en sus preciados papeles. Mas todo tiene solución, pensó cuando, por fin, solucionó varios de los asuntos (uno detrás de otro, como le decía un cliente llamado Valero), y pudo, por fin, tanto escribir como acceder a sus escritos y a los del Lobo Solitario.

En esos escritos venía constancia de las vivencias de cada uno de ellos, amén de alguna en común, y le gustaba compararse con los protagonistas de tan triste final. Además, estudiaba fragmentos, historias, retazos, e investigaba todo lo que les pasaba, poniendo, no cabe duda, mucho de su imaginación y romanticismo en ciertas historias.

Así pues, pudo desvelar lo que ocurrió un día como hoy, 20 de Junio, en el que la primavera decía "hasta el año que viene" y Takker sonreía agradecido porque veía el final de su agonía con la alergia.

Ese día, según pudo colegir Billy Boy, el Capitán se hallaba acodado en la borda, mirando al mar, que estaba un poco picado y que hacía que leves olitas se levantaran y saludaran al paso de los osados marinos.

Ese día, que casualmente era el mismo en el que se hallaba Billy Boy, el pasajero 122 y el grumete se acercaron, a hablar con él, encontrando un hueco entre sus obligaciones. Y entre la cháchara, y según lo que pudo descifrar de los húmedos y estropeados escritos que quedaron, el Capitán abrió, una vez más, su corazón, con palabras como estas:

- Yo antes miraba el mar y veía un largo, soiltario y monótono destino, un lugar que recorrer con sus peligros y aventuras inciertos, un lugar que se componía de azul y de millas y millas de agua donde refugiarse, donde no había nada más que yo y mi barco.....

- ¿Y ahora? -preguntó el grumete (o algo similar, está clara su intervención, pero no se sabe muy bien qué dijo, aunque se supone por la respuesta.

- Ahora el mar es un conjunto de alegrías y tristezas alegres, es un lugar amplio y maravilloso que oculta en su fondo algas, y peces, y vida, y en su superficie miles y miles de olas, y de crestas de olas, y de reflejos, y más vida, y muchos colores, desde el azul hasta el verde pasando por todas y cada una de las tonalidades y mezclas. Antes el mar era yo, ahora el mar y yo somos uno, somos un equipo, compañeros, amantes y amados, con mil historias que vivir y que contar si el tiempo nos deja y no nos aburre o nos cansa el uno del otro, si no nos decepcionamos y nos dejamos la piel en el esfuerzo

- La amas - dijo el pasajero 122

- Si -respondió el Capitán -Hoy es su cumpleaños, y aunque no puedo estar cerca ahora mismo besándola y abrazándola una y otra vez dándole los regalos que quiero y se merece, por falta de tiempo y de dinero, sé que la amo, y que ella lo sabe, y sólo quiero gritarle, a través del mar y de las olas, y del aire y el tiempo y la distancia cuánto la quiero, y decirle "Feliz Cumpleaños, amor"

Al otro lado del escrito, Billy Boy, sonriendo, dijo: Feliz Cumpleaños, amor", pues también coincidía.

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Y yo también quiero desearte el mejor de los cumpleaños posibles, amor. Así que felicidades, y no cambies nunca.
 
ANDAIS LISTOS, FARLOPILLAS

Farlopillas, macho:

Me dirijo a tí porque me han dado una información escalofriante, farlopillas. Estás jodido. Pero que bien jodido. En realidad llevas (lleváis) mucho tiempo así, y seguro que hasta lo sabes; pero bueno, yo por si acaso te lo recuerdo.

Te comento todo esto a modo introductorio, farlopillas, porque este Domingo me contaron una cosa que me dejó, ya que soy un ignorante para lo tuyo, muy sorprendido.

Resuuuuuuuuuuuuulta que hay una moza, cuyo nombre y edad no voy a revelar por pura discrección, que trapichea con lo tuyo, farlopillas. Le dan coca al 50% y la corta al 40% con ibuprofeno.

Ese 10%, me imagino, es su porcentaje de beneficio, aunque acaba metiéndoselo por el mismo sitio que tú, y no es "el pasillo de los olores", como decía mi amigo Pipo, de Ceuta.

Como siempre, farlopillas, para que alguien gane, alguien tiene que perder y... bueno, te ha tocado, farlopillas, qué remedio.

Me imagino que ese 50% inicial era antes un 60, y antes de eso un 70, y antes un 80, un 90 y un 100% incluso, pero el caso es que se ha ido cortando y mezclando, perdiendo su pureza.

El caso, farlopilla, por el que digo que tú y los tuyos andáis listos que que me gustaría que cada finde que te metes un tirito, cada mañana que te levantes con mucha energía y ánimo y te de por "chuflarte" una raya, o porque no tengas tanto ánimo y energía y lo necesites para activarte como yo el café. Me gustaría que pensaras en cada cumpleaños, boda, bautizo, celebración de un gol o victoria de tu equipo de basket, en cada ocasión absurda que te buscas como excusa, en todos esos momentos vividos y que te quedan por vivir, cacho enganchao, aparte de coca de mayor o menor calidad, te metes medicamentos, harina, sal, arena blanca, detergente y toda la mierda que los intermediadrios (malditos), consideren necesaria para ganar su beneficio, que a la postre, se meten también por la tranca.

Y piensa, farlopillas, que haces el tonto más de lo normal, y que tal vez no merezca la pena
 
Las jardineras de la avenida y esos pobres viejos
- Joe.... esas jardineras... creo que hace una semana que las pusieron ¿no? -preguntó el pequeño y entrañable Billy Boy con una pícara sonrisa en el rostro.

- ¿Cuales, las nuevas? ¿Las de la avenida donde colocamos la terraza?

- Sip, esas

- Tres días, creo -respondió el listo sin, como siempre, saber la respuesta -Lástima que no esté aquí ninguno de los jubilaos, que como se dedican a mirar obras, pues nos lo dirían con exactitud.

- Si, joe... los jubilaos... miedo me dan, compañero. Primero fue Isidro, el joyero, en cuanto se jubiló, al hoyo. Después le siguió el Tío Isidro, trabajador donde los haya, el joío, que murió trabajando a lo bestia, igual que vivió, por cierto. Después fue el Quiles, entrañable viejecito que sonreía con cada comentario. Hace una semana, Arturo, y Anselmo que lleva dos en el hospital le va a seguir en breve... joe, cuando pienso la cantidad de gente que se nos va quedando a seis palmos bajo tierra me asusto. En un año que llevo aquí han sido seis o siete, y los que quedan, Genaro, el Abuelo, Victor y su señora, la Tere que nos dará el disgusto, Julián la sorpresa (este nos entierra a todos, el cabrón)... en cierto modo me da pena no haberles dado un último adiós, una palabra de aliento, que hayan pasado por aquí y que nadie, en dos o tres meses, los recuerde.

- Sí, tio, el pobre Quiles no te enteraste de su muerte hasta una semana o dos después y porque no venía ¿eh?.


- Así es, Listo, así es

- Bueno, y ¿por qué me preguntabas lo de las jardineras, compañero?

- Bueno, nada.... -Billy Boy volvió a sonreirse con esa mueca descreída de las trastadas - ¿Ves la piedra esa que sujeta la sombrilla?

-Sip

-¿Notas algo distinto en ella?

- Si, antes estaba más cerca, ¿no? de nosotros, quiero decir

- Si, es que la acerqué con mucha fuerza a la jardinera y me cargué el azulejo, así que la he movido para que no se note que hemos sido mosotros.

- Joe, Billy.... jajajajajjajaja -carcajeóse el Listo- eso es digno de mí, no de ti.... ¡ay! si hubiesen estado los jubilados... ¡pobre de tí, te hubieran dicho de todo!

- Los jubilados.... joe, pobrecillos, se hubieran reído un rato.
 
La Ajorca de Oro
Buenas de nuevo ;-)

Debido a problemas informáticos, he de escribir (un poco de estrangis, todo hay que decirlo), en casa y ordenador ajenos.

La verdad es que he estado demorando este momento un poco más de la cuenta por si podía arreglar mis problemillas con la red y mi superordenador-Carraca, pero bueno... yendo en el metro me he acordado de un párrafo de una de las Leyendas de Bécquer y, si lo dejo para más adelante no lo hago.

Mentiría si dijera que no sé por qué me he acordado de eso.

Saludines y hasta pronto.... y esta vez si que será pronto

Ella era hermosa, hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo; hermosa con esa hermosura que no se parece en nada a la que soñamos en los ángeles, que, sin embargo, es sobrenatural; hermosura diabólica, que tal vez presta el demonio a algunos seres para hacerlos sus instrumentos en la tierra.

Él la amaba; la amaba con ese amor que no conoce freno ni límites; la amaba con ese amor en que se busca un goce y sólo se encuentran martirios; amor que se asemeja a la felicidad, y que, no obstante, parece infundir el cielo para la expiación de una culpa.

Ella era caprichosa, caprichosa: y extravagante como todas las mujeres del mundo.

Él, supersticioso, supersticioso y valiente, como todos los hombres de su época.

Ella se llamaba María Antúnez.

Él, Pedro Alfonso de Orellana.

Los dos eran toledanos, y los dos vivían en la misma ciudad que los vio nacer.




Evidentemente, hay similtudes, o yo quiero verlo así. Pero también hay unas diferencias más que palpables