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Historia de Borrachos
Historias de borrachos perdidos en una ciudad de pecados
Acerca de
Me gusta el Vino, porque el vino es bueno, pero cuando el agua sale pura y cristalina de la madre tierra, más me gusta el vino...(Tito Fernández, El Temucano)
Sindicación
 
Inocencia Robada
Cuando el Jota volvió a entrar, el matón golpeaba a la mujer, afirmándola del pelo en un rincón de la barra, los presentes miraban en silencio la violenta escena. El Jota enceguecido se lanzó sobre el hombre y descargó un puñetazo en la sien del agresor haciéndole tropezar y caer aparatosamente entre unas sillas. El Jota tomó de una muñeca a la mujer y la arrastró en el aire corriendo hacia la oscuridad del callejón alejándose para siempre del horrible lugar.

Fatigados después de varios minutos, ambos se sentaron en la vereda para recuperar el aliento, la mujer tenía el ojo hinchado y en el labio superior un corte que ya no sangraba. --¿Qué voy a hacer ahora?--, preguntó Antonieta para sí, --¡no puedo volver ahí, este tipo me va a mandar al hospital!--, agregó entre sollozos.

--¿De donde eres?--, preguntó el Jota, mientras se limpiaba la cara con la camisa, --de Tomé, hacia el interior, vivía en el campo hasta que me vine buscando mejor vida--, completó Antonieta entre quejidos. --Por ahora te puedes quedar conmigo--, ofreció preocupado, --pero tienes que irte mañana, la pensión no contempla compañía femenina--, agregó.

A esa hora, Marwa dormía profundamente debido a las pastillas que consumía, así que no escuchó cuando ellos llegaron aún así entraron despacio, ella se sentó en la cama mientras el Jota se bañaba y cambiaba la ropa embarrada. --Tienes que volver con tus padres, esto se va a poner peor si te quedas;, te voy a prestar plata para el pasaje, algún día me la devolverás--, dijo el hombre entre el ruido del agua de la ducha, --no puedo ayudarte de otro modo y tengo otras cosas que hacer. --, Salió de la ducha con una toalla atada a la cintura, secándose la cabeza con otra, --Ahora cuéntame que es eso de que traen chicas...--, la pregunta quedó inconclusa cuando se dió cuenta de que estaba sólo, la mujer se había ido llevándose la historia y su dinero...
 
Búsqueda en Mulchén
De un salto quedó sentado en la cama, observando la cortina en la penumbra; un frío eléctrico recorrió su espalda y se erizaron los pelos de su nuca. Todo permanecía quieto aunque podía oír el silencio y los latidos de su corazón. Se quedó vigilando aquel rincón hasta que el sueño lo venció.

El golpeteo de las gotas sobre el cristal despertó al Jota que apenas abrió los ojos dejó la tibieza de sus sueños, la ducha de agua fría lo dejó bien despierto; se vistió y bajó al comedor donde se encontró con Marwa, la dueña de la vieja casona desayunando. Ella le sirvió un café caliente, pan amasado con chicharrones y una paila de huevos que el Jota comió en silencio. Pensó romper el hielo hablando del incidente de la cortina, pero luego desechó la idea.

--¿Y qué lo trae por estas tierras?--, preguntó al Jota la rolliza mujer, --Vengo detrás de una mujer--, respondió apurando un trago de café. --¡Pero que cosa más bonita!, a mi nunca me pasó algo así...--, exclamó ella, --(Capaz que no encontraron grúa)--, pensó el Jota a la vez que le entregaba la fotografía. --¿La ha visto?--; --¡¡Pero si es sólo una niñita!!, respondió Marwa, --se ve joven--, dijo él guardándola nuevamente, --su mamá la mandó para acá para que no me viera--, dijo él. --Mire joven, si la hubiese visto la recordaría; una cara tan bonita no se olvida así como así, ¿Y por que su madre no quiere que la vea?--, preguntó ella; --Dice que no soy un buen partido--, respondió él mascando un pedazo de pan, --pero eso no importa, la voy a encontrar aunque todo el mundo se oponga--, completó dando por terminado su desayuno.

El frío matinal tampoco lo detendría, subió el cuello de su chaqueta y con la foto en la mano, preguntó en el mercado de la ciudad a todo aquel que se cruzó en su camino, la buscó todo el día obteniendo la misma negativa respuesta. Ya tarde, en el terminal de trenes, un viejo maletero tomó la foto entre sus manos y frunció el ceño un buen rato hurgando en su memoria. --Parece que es ella, pero no estoy seguro--, murmuró al fin el viejo, --¿cuándo la vió y hacia adonde se dirigía?--, preguntó el Jota impaciente, --hace dos o tres días, se bajó en esta estación, no recuerdo muy bien, pasa tanta gente por acá, lo siento no puedo ayudarlo más--, se excusó el anciano.

La dudosa noticia dió nuevas fuerzas a la deprimida esperanza del Jota y decidió relajarse conociendo la vida nocturna del lugar. Entró en un bar y el olor a humo y vinagre lo golpeó. Pidió un "vino navegado" para paliar el frío que se apoderaba de la noche. En la barra, una pareja de borrachos discutía acalorados un partido de fútbol local elevando la voz de vez en cuando para dar peso a sus argumentos. Una prostituta se acercó sonriente y se apoyó en la barra junto a él y le dirigió una mirada coqueta, --¿no eres de acá, verdad?, ¿me invitas una caña?--, preguntó amigable la mujer. Con poco interés El Jota llamó al dependiente para pedirle otro vaso. Sacó la foto y se la mostró. Ella se puso seria y preguntó --¿eres policía?--, --es mi novia, su madre la alejó de mi, ¿la has visto?--, preguntó él a su vez. --Acá llegan a veces chicas nuevas, las traen un tiempo, luego se las llevan a otras ciudades. --¿Donde las llevan?--, preguntó más interesado esta vez. Un gorila humano lo tomó por la solapa y le acercó el rostro bombardeado por la viruela. --A ti no te importa--, le escupió la respuesta junto a su nauseabundo aliento a la vez que lo empujó a la puerta y con una patada en la espalda lo expulsó del lugar, el Jota aterrizó en el barro y de su rostro se veían sólo los ojos brillantes de rabia, --esta no la voy a a aguantar--, murmuró levantándose y apretando los puños volvió a entrar...
 
Viaje al Sur
Apenas pudo dormir, el rostro de Laurie lo atormentaba, la soñaba vestida de colegial, arriba del tren llorando y él, desnudo en el andén meciendo su mano mientras el tren se aleja; despertó con un grito angustiado, empapadas las sabanas de sudor.

No esperó que saliera el sol. Se levantó y se metió bajo el agua helada de la ducha, se vistió, llenó su mochila con ropa, vació la cajita de los ahorros y guardó un rollo de alambre junto al bolsito de herramientas con que hacía artesanías, escribió una nota para Mick y salió silencioso a la oscuridad del amanecer.

Tomó el primer bus a Mulchén a eso de las seis de la mañana, la carretera estaba envuelta en una espesa neblina que parecía devorar los vehículos que la atravesaban, pensó que se sumergía en la dimensión desconocida; arrullado por el vaivén se durmió profundamente.

Ya estaba de noche cuando llegó a la pequeña ciudad, el pavimento mojado por la lluvia devolvía el frío reflejo de las luces y un viento helado y silbante recorría la calle desierta. Trató de adivinar donde estaría ella, aunque ni siquiera sabía muy bien donde estaba él.

Caminó lento y sin rumbo, entró en un pequeño boliche donde compró cigarrillos, una gaseosa, pan y cecinas para un emparedado que devoró de dos mascadas. Preguntó al vendedor donde podía quedarse y éste le indicó una residencial a unas cuatro cuadras de la Plaza de Armas.

La habitación no era tan cómoda como la mujer que lo recibió la había descrito, aunque estaba limpia y seca, tenía olor a añejo y el alto cielo raso le daba una sensación de fría antiguedad. Se tiró en la cama y un cansado letargo se apoderó de él; Cuando estaba por dormirse, sintió un leve ruido a sus pies que le hizo abrir los ojos sobresaltado al tiempo que una sombra se desvanecía tras las cortinas...
 
Balde de Agua
La ventana se abrió e inmediatamente un balde de agua fría cayó sobre el desprevenido Jota a la vez que el rostro de la madre de Laurie se asomaba furibundo soltando toda clase de insultos y descalificaciones. --¡¡No vuelvas a molestarla nunca más!!--, gritó con los ojos desorbitados, --¡ella no te quiere ver!--, gritó cerrando la ventana de un golpe. Humillado, mojado e insultado, el hombre sintió cómo la sangre llenaba su cabeza y en una explosión de rabia, tiró la botella estrellándola contra la ventana, los vidrios reventaron estrepitosamente y el silencio reinó desde ese momento. Tiritando volvió al departamento goteando su ira y mascullando su impotencia.

De la fiesta quedaban las cenizas y algunos rezagados dormidos sobre los sillones roncaban sus respectivas borracheras. Se dejó caer en uno de los sillones, tomó otra botella con restos de ron y se la empinó de una vez. Vencido por el cansancio se durmió y soñó corriendo sobre el agua de la mano de Laurie mientras los seguía la Gata vestida de policía.

El dolor de cabeza se apoderó de él y contribuyó con su mal humor, anduvo cabizbajo todo el día y apenas respondía con monosílabos cuando le dirigían la palabra. Ni siquiera la marihuana le quitaba la desoladora sensación que lo abatía.

Laurie se paseó por su mente todo el día, él sólo quería estar con ella, no pensaba en otra cosa que en su rostro, se martirizó pensando en su sonrisa y lloró en silencio su ausencia.

Al final del día la Gata apareció en el departamento trayéndole noticias de su amada. Ansioso la arrastró adentro y sin dejarla respirar, la bombardeó con preguntas que la Gata respondió asustada. Según la chica, Laurie lo amaba con locura y haría lo que fuese por él y después del incidente del Cajón del Maipo todavía más. Las malas noticias eran que sus padres la habían mandado al sur del país, según los rumores, a un lugar llamado Mulchén...
 
Liberación Etílica
Apenas asomó por la puerta de la comisaría, varios gritos y aplausos salieron de sus amigos y familiares que con euforia demostraban su apoyo; con palmadas en la espalda y abrazos lo recibieron, también hubo lágrimas entre sus hermanas. La mezcla de emociones se habría coronado de alegría si hubiese estado ella.

El Jota alquilaba a medias un pequeño departamento junto a Mick, artista visual y gran amigo con quien además compartía su adicción por la marihuana y las fiestas improvisadas con su grupo de amigos. Unidos por el impulso de celebrar, el numeroso grupo se dirigió hacia allá.

El "portazo" pegó dos papeles engomados para duplicar su ancho y en seguida vació el contenido de un paquete, lió un cigarro de unos tres centímetros de diámetro y lo encendió inundando el ambiente del característico olor. Luego de tres cigarrillos similares, todos reían relajados por el sopor de la droga y bebían sin pudor, en especial el Jota, celebrando su libertad y su masculina integridad.

Con el paso de las horas, la distorsión era total y algunos se transformaron a tal punto que vagaban entre la realidad y la fantasía, como suele suceder en esas fiestas.

El alcohol sensibilizó los ánimos y el Jota no podía dejar de pensar en Laurie, sabía que lo sucedido los días antes la alejarían de él, ensimismado, no oía ni veía lo que pasaba a su alrededor y la fiesta transcurrió con un Jota emocionalmente ausente.

Absolutamente borracho y trastabillando con una botella de ron a medio vaciar, salió al frío amanecer sin que los demás lo notaran, casi inconsciente y como un defectuoso autómata caminó varias cuadras hasta la casa de la chica. Apenas estuvo bajo su ventana comenzó a susurrar su nombre hasta que esta se abrió.