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EN MI CABEZA
viviendo en este mundo de caos... ¿Quién tiene claros los conceptos básicos?
Acerca de
Hell es un apodo. Me lo llama a veces un amigo porque dice que soy un infierno. Más concretamente dice: "¿Porqué no te estás quietecita un rato?". Más bien: "Deja de ser tan impaciente y en lugar de intentar acelerar las cosas deja que estas ocurran..." Muy sabio mi amigo.
Sindicación
 
Recordando a U
No sé cómo empezar. Sólo sé que quería dedicarte algo y ahí va mi intento:

Llegaste como una brisa fresca, una noche con todo tu atrevimiento. Eras tan joven... Yo te envejecí.

Me conquistaste. Bueno, tu sonrisa lo hizo. Reconozco que yo al principio nunca creí que llegáramos muy lejos... Tenías tanta vitalidad y yo me sentía un poco escaldada y resabida. Tú tenías diecinueve años y yo veinticuatro. Pensé que estabas experimentando conmigo y yo no quería pasar por ello aunque no tenía opción. Todo estaba escrito ya.

Cuando apareciste al día siguiente no me lo podía creer. No podía creer que alguien como tú pudiera interesarse por alguien como yo. Pero ahí estabas. Yo rodeada de amigas, que por edad, te correspondían más que yo, y sin embargo parecías estar allí por mí.

Yo pensaba que duraría poco tu entusiasmo y te irías con una brisa más fresca. Y ahí empezó mi odisea por parecer una niña a tus ojos.

Tú me salvaste cuando necesitaba ser salvada. Llenaste mi casa y mi corazón de flores. Siempre llegabas con tus grandes ramos y tu empeño por conquistarme día a día. Necesitaba conocer el amor y tú me lo descubriste. Me dolía mirarte de tanto que te quería y te anelaba y tu ausencia era un martirio que me hacía contar las horas hasta volver a encontrarte...

De todo eso hace ya mucho tiempo, pues hablo de un principio de una historia de casi ocho años. Las cosas fueron cambiando.

Recuerdo cómo estuviste a mi lado en los momentos más duros de mi vida cuando mi madre pasó por la larga enfermedad que la llevó a la muerte.

Recuerdo nuestro viaje a Tenerife en plan luna de miel en el que nos reimos hasta llorar. Recuerdo todo lo bueno. Es con lo que quiero quedarme.

Admiro tu valentía y el porte que tuviste cuando te dije que quería dejarlo; que necesitaba tiempo para aclarar mis sentimientos.

La rutina se fue instalando despiadada y cruel en nuestros corazones, y no supimos darnos cuenta a tiempo para frenarla. El amor se fue, meciéndose como una pluma que se eleva despacio hacia el infinito, al planeta adonde van los sentimientos perdidos.

Me alegro de poder contar hoy por hoy contigo, como el gran amigo y la gran persona que eres. Me alegro de que en los recuerdos de la mejor época de mi vida hasta ahora, dónde las energías, la amistad verdadera y las ganas de comerme el mundo eran los motores de mi vida, estés tú como recuerdo principal. Me alegro de que en los momentos más tristes de mi vida también pudiera contar con alguien como tú.

Los sentimientos, como la materia, ni se crean ni se destruyen, se transforman.

Este post va dedicado a ti. Llenaste mi vida de flores, buenos recuerdos y de esperanza. Siempre podrás contar conmigo.


 
Tengo resaca
¿Dónde quedaron aquellos días en los que a pesar de haber dormido sólo un par de horas te levantabas fresca como una rosa?, ¿qué podías ir de fiesta y aún así levantarte temprano para ir a currar o lo que fuera? Ahora necesito mínimo un dia entero para recuperarme de una noche de fiesta.

Anoche me pasé un poco. Para empezar fuimos J, Joe y yo (o sea, los de siempre) a cenar a un sitio nuevo que nos gustó bastante. El suelo era rojo y tenía flores blancas dibujadas y las paredes eran de un tono verde pistacho. Cenamos unas tapas que nos salieron muy bien de precio - no sé si fue muy buena idea mezclar una tapa de gambas con una de caracoles...-.

Luego fuimos a un pub chiquitín en el que tenemos confianza con los que lo llevan y nos pusimos finos de cerveza y chupitos. La dueña se sentó un rato con nosotros. Es una mujer noruega de cuarenta y nueve años, aún muy atractiva y de apariencia juvenil y lleva una espesa melena pelirroja que le llega hasta donde la espalda pierde su nombre. Es una mujer que sabe ser "joven" sin parecer una Ana Obregón. No lleva jamás una pizca de maquillaje pero tiene una piel envidiable y la verdad es que no se lo echas en falta. Yo nunca he pensado que fuese desarreglada.

Hay gente que sabe llevar su edad. En cambio hay una mujer de edad parecida a la anterior, que frecuenta los bares a los que nosotros vamos a veces, que es todo lo contrario. Creo que es porqué se esfuerza demasiado en parecer más joven y lo único que consigue es ser grotesca. Se divorció hace unos años e intenta recuperar su juventud perdida o algo así. Pero la juventud se vive sólo una vez y hay que aceptarlo y vivir feliz con los años que pasan y la experiencia adquirida con ellos. La llamamos "La madre de José" por la canción del canto del loco y porque intenta ligar con yogurines que son demasiado jóvenes hasta para mí.

La noruega es una mujer que vivió su vida disfrutándola al máximo, sin pensar en los años que iba cumpliendo y sin dejarse llevar por convencionalismos sociales. No tuvo hijos, porque no necesitó jamás tenerlos y se casó hace dos años con un hombre holandés trece años menor que ella al que conoció en el lugar al que ambos solían ir de vacaciones (o sea, mi tierra). Decidieron venir a España, al lugar donde se conocieron y montar un pub de rock, de esta manera iniciaban una vida juntos en un lugar neutral (ni holanda ni noruega, ni pa tí ni pa mí), de este modo ninguno de los dos estaba en desventaja. Se adoran y da gusto ver la complicidad que tienen el uno con el otro.

Con lo obsesionada que estoy yo con la edad me viene bien hablar con ella. No puedo evitar sentir cierto estress con el paso del tiempo, y es que pasa tan rápido que no da tiempo ni a vivirlo.

Para rematar ya la noche nos acercamos al Coloma. La verdad es que yo ya llegué allí bastante mareada.

Y hoy pago las consecuencia de los excesos de alcohol y tabaco. Creo que llevo peor el exceso de tabaco. Me noto el pecho pesado, la garganta irritada y la lengua acartonada. Sí, ya sé que se llama resaca, pero cuantos más años cumplo más crueles se vuelven, con lo cual voy reduciendo esos excesos a moderados, aunque a veces sin querer te lias y...



 
¿Es romántico?
- Por poner un ejemplo: chica sale de facultad o del trabajo (pal caso es lo mismo). Está lloviendo a cántaros. Ella espera que su chico vaya a recogerla, pero el chico piensa que no es necesario sacar el coche ya que ella vive a dos calles. Entonces la chica piensa: " si me quisiera lo suficiente vendría a recogerme aunque sólo fuera por dos calles... ¡Qué poco romántico es!"- argumenta Joe.

La conversación versa sobre lo que entendemos por romanticismo las mujeres a diferencia de los hombres. Fuimos J y yo a cenar a un restaurante invitados por Joe, para celebrar el día de San José. Hacía un viento del demonio pero aún así salimos. Comimos bastante bien y los temas de conversación fluyeron variopintos hasta llegar a las copas y con ellas a este tema.

- ¡Hombre! hay que reconocer que hubiera quedado bonito que él hubiera ido a recogerla, que se hubiera tomado esa molestia. Imagina la alegría de la chica al ver a su chico esperándola a la puerta. Eso sería todo un detalle romántico. Esas cosas ayudan a uno a sentirse querido- digo yo.
- Ahí está la cuestión- me ataja Joe.- Nos teneis que ver sufrir por vosotras para que algo os parezca romántico. Imagina al pobre chico, todo empapado por tener que sacar el coche del garaje que está a más distancia que ella de su casa, esperándola muerto de frío bajo una farola...
- ¡Qué mono!- le interrumpo yo.
- ¿Lo ves? A ti te parece mono ver al chico ahí en actitud sacrificada, calado hasta los huesos por ti, y a mi me parece hacer sufrir a alguien sin necesidad- sigue Joe.
- Joder es que lo pones de un dramático... Tampoco es para tanto, sólo es lluvia...- le quito importancia al hecho.
- Pues si sólo es lluvia para él, entonces sólo es lluvia también para la chica ¿no crees?, ¿porqué ha de pensar entonces que por no ir a recogerla es un desconsiderado?- pregunta Joe.
- Sólo digo que son bonitos detalles. Igual que aparezca con flores o te deje una notita antes de irse a trabajar en la nevera con un "te amo"...
- Ya, ya... Pero cuánto más sufre el tío por vosotras más romántico y "mono" lo encontrais-. Lo de "mono" dicho con rintintín.

No creo que sea tanto así como lo expone Joe pero ¿tendrá parte de razón? ¿Cuánto más vemos a un chico desvivirse por nosotras más pensamos que nos quiere?

- Y luego hay que tener pasta, porque si el chico en cuestión en vez de llevaros a cenar a un sitio bonito os lleva a un McDonalds...- dice Joe.
- Pues el otro día J y yo fuimos al Burguer King ("burrikin" le llamamos nosotros), y nos llevamos comida a casa, puse unas velitas y cenamos en penumbra y a mi me pareció la mar de romántico...- repuse yo.

Recordé a una compañera de trabajo cuyo novio le había regalado por su aniversario de dos años, dos días en un lujoso hotel de las afueras con jacuzzi en la habitación y todo. Nos contó emocionadísima cómo se habían bañado en la piscina climatizada por la noche, y las delicias de pasión de la cama al jacuzzi. Pensé que las facilidades económicas ayudan aunque no lo son todo. Ser romántico va en la persona.

Las miradas emotivas, una caricia en el pelo cuando no te la esperas, algo que te escriben con cariño, unas flores silvestres cogidas por el camino, una fiesta de cumpleaños sorpresa, una mesa preparada con esmero en tu propia casa, decirte lo guapa que eres cuando estás con catarro y la nariz roja... y...¿porqué no? Que te recojan en un día lluvioso aunque estés a dos calles de tu casa.

Cada uno tiene su propia forma de entender el romanticismo...




 
Mi hermano, mi amigo
Cuando "hermano" era un niño yo era una adolescente con granos encerrada en mi cuarto.

Él siempre quería jugar, yo a veces lo echaba de mi "guarida". Quería estar sola con mis pensamientos confusos, en esa soledad autoimpuesta de los adolescentes. En ese "nadie me entiende" cuando en realidad eres tú el que no entiende nada.

Recuerdo cuando él empezó en la guardería del cole. Ambos fuimos a un colegio de monjas -malas,malas...- y obligaban a los padres que querían que sus hijos estudiaran en ese colegio a entrar desde la guardería. No admitían a niños mayores de tres años, con lo cual no había posibilidad de que niños nuevos entraran en aulas más avanzadas y tenías los mismos compañeros toda tu vida escolar, a no ser que repitieras curso.

Era muy duro pues los niños eran muy pequeños y ya tenían que soportar una jornada escolar completa dentro de un aula y ni siquiera al principio dejaban entrar a los padres para que los niños se habituasen. Los niños entraban a las nueve y no veían a sus mamis hasta la una del mediodía.

Como decía, recuerdo cuando "hermano" empezó en la guardería del colegio. Yo entonces cursaba cuarto de e.g.b del mismo colegio. Cuando era mi hora de patio pasaba por la puerta de su aula. Los primeros días él permanecía de pie ante la puerta, con su maletita en la mano, llorando, esperando que alguien lo rescatara de allí. Cuando me veía era un drama. Aporreaba la puerta llamándome "tataaaaaa... tataaaaaaaaa..." y yo, muerta de pena permanecía al otro lado de la puerta intentando consolarlo.

Su profesora se apiadó de nosotros y me dejaba pasar a estar con él durante mi media hora de recreo. Yo lo sentaba en mis rodillas y le ayudaba a beberse el zumito que llevaba en su maletita. La media hora pasaba rápida y la despedida era un drama: se aferraba a mi cuello y no quería dejarme marchar, llorando como un desconsolado. Yo volvía a clase todos los días llorando pensando en mi hermanito.

Siempre nos peleábamos mucho, pero nos duraban poco los enfados porque nos queríamos mucho. Muchas veces yo tenía que bañarlo y llevarlo conmigo de paseo, cosa que me irritaba mucho.
-¿Porqué me tengo que llevar al enano mamá? Yo voy con mis amigas. No, él no puede venir...- Pero al final siempre me lo llevaba a regañadientes.

Nos inventábamos juegos (como el de "minuto, minuto", ¿te acuerdas nene?).

Siempre estuvimos bastante unidos pese a nuestra diferencia de edad. Incluso en su adolescencia, a veces, venía con sus amigos al bar dónde estaba yo con los mios a jugar futbolines con nosotros.

Me arrepiento mucho de no haber estado más con él en mi época adolescente, de no haber sido más familiar, de estar siempre avergonzada por todo y no haber sido cariñosa.

Ahora es todo un hombre. Se ha comprado un piso y en breve se irá a vivir más lejos de nosotros. Ahora vivimos mi padre, mi tio con su familia, mi hermano y su novia y J y yo, en el mismo edificio familiar. Estamos juntos pero no revueltos. Sé que lo veré mucho menos cuando se mude y que lo echaré mucho de menos, porque aunque no nos juntemos demasiado siempre nos cruzamos en la escalera y sé que está ahí al ladito. Lo oigo entrar y salir.

Es un carpintero excepcional y un manitas. Admiro mucho cómo sabe hacer las cosas, a veces es un poco despiste (hace casi un año que espero que ponga los embellecedores de los marcos en mi casa, pero ya se sabe, en casa del herrero...)

Siempre recordaré cómo se ponía papel higiénico enrollado en las piernas con celo para hacerse el herido, sus muñecos colgados con blue-tack en el mueble del salón haciendo de prisioneros, cuando se mosqueaba porque se le calentaban las orejas y se le ponían rojas, su momento de envolver con papel de embalar cualquier objeto que encontrara en casa con la consiguiente dificultad de los demás miembros de la família a la hora de encontrar algo y tener que ir desenvolviendo los dichosos paquetitos... y muchas otras cosas más que de ponerlas se haría el post mucho más largo de lo que ya está siendo.

Aunque él no lo crea, porqué no sé demostrárselo, deseo que todo le vaya muy bien en la vida y que sea muy feliz con su querida niña a la que ama con locura y ella a él. Me alegro de que haya encontrado en ella el amor que tanto deseaba.

En fin hermanito, que siempre me tendrás para lo que quieras. Un beso y pronto inauguraremos ese pisazo.



 
La gotita de sangre
Una gotita de sangre brillaba en la escalera.
Me fijé cuando subía y la rodeé para no pisarla. Había ido al centro médico a recoger el resultado de unos análisis que me había hecho. La consulta está en el segundo piso.

Yo ya conozco la consulta de mi médico. No te libras de mínimo dos horas de espera. Aún así suelo ser bastante puntual por si coincide que él no está, de manera que la gente mayor que suele visitarle casi a diario se retira en bandada (no quieren otro que no sea su médico), y de este modo entrar a consulta a mi hora, o si por algún milagro no ha habido muchas urgencias y las visitas han sido cortas... No fue el caso ese día. Además había escasez de médicos con lo cual la espera se incrementó a tres horas.

Yo ya iba mentalizada, tranquila y preparada para esperar sin impacientarme. Llevaba el libro que me estoy leyendo en este momento (Rachel se va de viaje de Marian Keyes), me senté en los asientos de otra consulta cercana menos concurrida después de cerciorarme que me quedaba muuucho tiempo de estar por allí. Leí durante una media hora, interrumpida de vez en cuando por los conocidos que aparecen por allí. Lo típico:
- ¡Hombre hola! ¿Qué haces por aquí?
- Pues ya ves, a por unos análisis ¿y tu?

Encuentras gente que hacía siglos que no veías, y es que en eso si que somos todos iguales. Ricos, pobres... ¿Quién es el guapo que se escapa de las visitas al médico alguna vez?

Después de un ratito pensé "voy a bajar a por un cafecito a la máquina de la planta baja". Bajé la escalera y me fijé otra vez en la gotita de sangre. Seguía intacta. Nadie la había pisado todavía.

Encontré a varios conocidos y charlé unos minutos con cada uno de ellos, me tomé el café y volví a subir los dos pisos. La gotita de sangre seguía allí.

Leí otra media horita, levantando la vista de vez en cuando y observando la gente que pululaba por allí. Me llamó J:
- ¿Has entrado ya?- me pregunta.
- No, todavía no, y me queda un buen rato...-. Eran las once y media. Me llamó en el descando del curso de inglés que está haciendo.- Creo que acabarás la clase y aún estaré aquí-. Le digo. Él termina a la una y media, así que fijaos si iba mentalizada a tener que esperar...

Pasó un rato más y bajé para salir fuera a fumarme un cigarrillo. La gotita de sangre seguía redondita. Nadie la había pisado.

Pensé en la curiosidad del hecho. Si hubiese sido un chicle seguro que ya alguien lo llevaría pegado en su zapato, pero no era un chicle. Era sangre. Tenemos aversión a todo lo relacionado con la enfermedad y la sangre. Nuestra vista a veces no repara en un enorme mojón de perro que pisamos en plena calle, pero si se trata de sangre es como si una alarmita se activara en nuestro cerebro y reparamos al instante. Todo el mundo esquivó la gotita de sangre.

Pasó un ratito más y aparece mi hermano que había ido a recoger las tiras con las que se mira el azúcar en la sangre (es diabético), y como sabía que yo estaba allí subió.
- Hell, hazme un favor anda... Llevo un ratito esperando en la sala donde dan material pero no hay nadie, ves bajando tú ya que estás aquí y me recoges las tiras de medir el azúcar- me pide.

Bajé de nuevo, recogí las tiras de mi hermano y volví a subir. La gotita de sangre seguía en el mismo sitio, presentando ahora un aspecto más denso y oscuro al ir resecándose.


Seguí leyendo y esperando. A la una y media vino J a hacerme compañía.

Finalmente a las dos y cuarto entré en consulta. Los análisis bien. El doctor me mandó hacer una prueba más para asegurar que todo anda bien.

Bajé por última vez, fijándome una vez más en aquella gota de sangre. Volví a esquivarla como había hecho cada vez que había bajado y subido, como la habían esquivado la multitud de personas que habían subido y bajado por allí.






 
Copas, encuentros y... cuernos
Anoche después del emocionante partidazo Madrid-Barça, salimos a tomar unas copas J, Joe y yo. Fuimos al pub Coloma, que es el sitio de parada obligada para tomar unas cervezas antes de ir al bailoteo.

Me encuentro a dos amigas. Lola es peluquera de la peluquería del barrio -o sea, a la que yo voy-. Violeta trabajó conmigo en la recepción, era la novia del jefe de cocina en aquel momento. A ambas hacía bastante tiempo que no las veía.

Primero me ve Lola. Lleva dos años separada del que fue su novio durante cuatro años. Él la dejó cuando estaban a punto de mudarse a vivir juntos en el adosado comprado por ambos. Él chico super enamorado de ella, celoso y hasta posesivo, y de repente un día empieza a dejarla plantada, a contestarla mal, a humillarla, a hacerla sentir a ella culpable de su malhumor. Ella no entendía cómo podía cambiar tanto una persona en tan poco tiempo. Hasta que al final él la dejó por otra, quedando Lola destrozada y traumatizada.

Me coge de la mano y me lleva al baño.

- Hell que no lo supero, que no puedo. Es beberme dos copas y me viene todo otra vez a la cabeza y empiezo a darle vueltas. ¡Y es que no lo entiendo!, cómo pudo portarse así conmigo, cómo puede haber alguien tan falso...- Lola llorando. Yo intentando levantarle el ánimo durante veinte minutos. Creo que conseguí animarla un poco.

Vuelvo junto a J y Joe. Veo a Violeta en la barra con un grupo de amigos y me acerco a saludarla. Me cuenta que el chico que está a su lado le hace tilín. Yo sé que aún no ha superado su anterior relación...Pero ahí es nada...
Pasados unos minutos entra Manuel, su ex. Rompieron hace un año cuando él la dejó por Lucy, la camarera del hotel donde trabajábamos.

Le digo: - ¿Has visto quién está ahí?-. Manuel estaba con otro grupo de amigos y le hacía carantoñas a una de las chicas a la cual tenía cogida de la mano.
- Ya... Y anoche él vino a mi, diciendo que me echaba de menos, que me necesitaba, que quería recuperarme... yo me acosté con él, ¡qué tonta soy!... Cuando estaba con Lucy estuvo conmigo muchas veces... no sabía decirle que no, aunque después lloraba toda la noche ¿Y a qué no sabes con quién está ahora?- empieza a contarme ella totalmente indignada y visiblemente afectada.- Con Silvia-. Silvia es actual compañera de trabajo y confidente de Violeta que a la vez trabaja por horas en el pub dónde nos encontrábamos todos.

Resumiendo: Manuel estaba con Silvia, que estaba sirviendo copas en ese momento. Al mismo tiempo manoseaba a otra chica, mientras que Violeta, que sigue enamorada del que fue su amor durante cuatro, siente que la venda que le tapaba los ojos se le desintegra y se convierte en polvo.

Pero aún hay más...
- Anoche volví a acostarme con él, pensando que teníamos una oportunidad y hoy me escribe Silvia un mensaje diciéndome que está con Manuel y que no la juzgue ya que ella está soltera y puede hacer lo que le de la gana... Pero Hell ella era mi amiga, yo le contaba todo. Lo que Silvia no sabía es que anoche él volvió a estar conmigo y esta noche en cuanto he entrado en el pub me he dirigido a ella y se lo he contado para que se desempape...
- Ya, pero lo más importante...¿Te has desempapado tu? Porque yo de ti pasaba página pero ya- le digo yo.

Ambas, Lola y Violeta son mujeres atractivas, jóvenes e inteligentes. Ambas se han comprado su propio piso y viven solas, son independientes. Y ambas están enganchadas a hombres que sólo las humillan y las hacen infelices. Pero... ¿PORQUÉ? ¿Acaso nos aferramos a aquello que sabemos que no podemos retener?

Las dos podrían tener a cualquier hombre y disfrutar de un amor sano, del "buen amor". Las dos merecen respeto...

A partir de esas dos conversaciones estuve el resto de la noche pensando en ello y, la verdad, aún le doy vueltas.

Me pregunto si Manuel duerme bien por las noches, porque a mi la culpabilidad de causar tanto daño a mi alrededor me dificultaría mucho la tarea de mirarme al espejo cada día.

Cada vez las relaciones de pareja parecen volverse más complicadas. Más volátiles. No me extraña que se haya perdido tanto la fe en el amor...

¿Es realmente el amor tan efímero?



 
Fina línea entre amor y obsesión
Sara se ha puesto enferma. Tiene un nudo en la cabeza que le estrangula todos los pensamientos.

Apenas come, apenas duerme. El dolor la descubre de improvisto y la desnuda. La hace sentirse pequeña y débil.

Lo mira a él suplicante, sabiendo que ya no ve en ella a la mujer de la que se enamoró. Normal, tampoco ella se reconoce. Lo mira y se pregunta "¿cómo hemos llegado a esto?", "¿cómo nos pudo salir tan mal? Nos amábamos..."

Sara siempre tuvo una sensibilidad fuera de lo normal. Esa misma sensibilidad la está llevando al desastre. Ella sólo quiere ser amada. Sólo quiere dejar de sentir miedo... Pero le faltan las fuerzas.

Busca en las palabras que él le dice y en sus gestos algo que la alivie, un calmante para su dolor. Pero él no la entiende y se muestra frío. Él también tiene miedo, cree que se ha vuelto loca y no sabe como tratarla.

Sara también teme haberse vuelto loca. Loca por su obsesión por él.

El sonido de la puerta cerrándose tras él se clava en sus oidos, el corazón empieza a latir con esa furia incómoda que conoce tan bien, el cuerpo le tiembla anunciándole la crisis, le falta el aire. Para los dolores del alma no hay lugar donde esconderse. Siempre te encuentran.

Aunque Sara ha visto los mensajes sabe que no le ha sido infiel, al menos no físicamente, pero sabe que eso podría estar cerca. De todos modos ella lo quiere todo de él: su mente, su corazón y su cuerpo. No puede soportar imaginarlo pensando en otra. Ella había sido su princesa, la dueña de su deseo, y no podía soportar que eso hubiera cambiado.

Ahora todas las demás mujeres se han convertido en enemigas de Sara. Las mira con recelo y piensa "seguro que esa le gusta más que yo", "seguro que ella le haría más feliz", "ella no está loca como yo".

Sara sólo quiere volver a confiar en él. Pero ya no puede. Nunca antes había rebuscado en sus mensajes y ahora cada vez que suena la señal de mensajes el corazón le late con fuerza, la sangre le bulle en el cerebro y sólo ve rojo. Rojo obsesión

Sara quiere reir. Quiere vivir de nuevo, quiere sentirse amada. Tiene tanto amor para dar que no le cabe a ella sola en su pequeño cuerpo cada vez más delgado y demacrado.

Sara era bella, inteligente, ingeniosa, ocurrente, locuaz.... Ahora es una sombra de lo que fue. Normal que él ya no la desee.

Está convencida de que él se marchará. No podrá resistirlo y se irá. Ahora ya no se puede vivir con ella y su amor no es tan fuerte para aguantarlo. Ella lo sabe pero no puede cambiar su comportamiento, cuanto más lucha para salir de ello más profundo cae.

Sara se ha puesto enferma. Tiene un nudo en la cabeza...



 
Boom-boom...
Pof, pof, pof, pof... El coche se detiene en medio de un camino campestre. Mi padre se baja y abre el capó del coche. Su novia y yo nos bajamos también y con los brazos en jarra bajo el sol ya primaveral bromeamos acerca del incidente.
- ¡Fíjate! Lo primero que hemos hecho es mirar si teníamos cobertura en los móviles...- digo yo.
- Cierto. Y hace apenas diez años casi nadie tenía móvil. Ahora no sabríamos vivir sin ellos. Tendríamos que andar hasta una casa cercana, llamar a la puerta y que alguien nos dejara usar un teléfono... Sin embargo ahora, coges el aparatito, llamas a la grua y listo- dice Caty (la novia de mi padre).
- Sí, ya, pero a ver cómo le explicas a la grua dónde estamos... por que lo que es yo no tengo ni idea- dice J.

No teníamos planes para salir, pero mi padre llamó al mediodía a la puerta invitándonos a comer a un pueblito que está a unos veinte kilómetros. El pueblito es pequeñito: Su blanca iglesia con su plaza, un par de callecitas con tiendas y terrazas y un par de restaurantes con encanto mediterráneo. Es un pueblo muy frecuentado por los hyppies de la isla por su aire bohemio, su naturalidad y verdor.

Para comer: paella y vino tinto. Me encanta comer y cenar fuera de casa. Me encanta el buen comer y el buen vino y las charlas en la mesa.

J y yo seguimos en tregua y lo estamos pasando genial. Casi no me atrevo a decirlo pues nuestra relación es tan tempestuosa que en cualquier momento se nublan los cielos y empiezan a caer rayos...

Al volver, al coche parecía haberle entrado el baile de san vito. Hicimos todo el camino de vuelta sin pasar de segunda y el camino se hizo más largo. Pero no me importaba. El sol y el aire entraban a través de los cristales abiertos del coche. Los campos estaban llenos de verde y salpicados de amarillo. De vez en cuando cerraba los ojos y dejaba que el aire revolviera mi pelo y el sol acariciara mi rostro, y me sentía bien.

Qué sencilla es la vida cuando la hacemos sencilla. Cuando apartamos un momento de nuestra cabeza las preocupaciones cotidianas y dejamos que nos inunden los pequeños placeres, ¿cuántas veces somos capaces de hacer eso?

El corazón sabe lo que la mente ignora. Si supiéramos oir el boom-boom en las cosas..." El pensamiento confuso, complicado, es la fuente de todos los sufrimientos. Encuentra la sencillez y la transparencia del corazón...". Lo leí en alguna parte y viene ahora a mi recuerdo.

Quiero darle las gracias a mi blog. A quién inventó este mundo. La pequeña ventana desde donde puedo expresarme.

La creatividad venga de donde venga es algo con lo que sólo la humanidad cuenta. Ya sea el que pinta un cuadro, el que compone una canción, el que se expresa bailando o cantando, el que escribe un libro, el que escribe un blog... Todo eso son regalos que nos hacemos unos a otros. Es un modo de altruismo en el que todos tenemos algo que aportar.

Lo que hacemos diariamente en el trabajo, lo hacemos para poder sobrevivir. Lo que hacemos para comunicarnos con el mundo, sea de la manera que sea, con música, con dibujos, con bailes o con canciones, jugando con el barro para hacer un cenicero... Eso es lo que nos hace únicos. Eso es lo que sale del boom-boom.

Envidio a la gente que puede vivir de su boom-boom, sin tener que desperdiciar sus horas, sus valiosos minutos en un trabajo que no le aporta nada más que un básico nivel económico (y suerte del que lo tiene...).

El blog me ayuda a muchas cosas... A escribir, que siempre ha sido mi mejor método de desahogo. A conocer las experiencias de la gente y sentirla cercana y ver que en el fondo no somos tan diferentes y a la vez somos únicos. Recibir comentarios de personas a las que no conoces pero que cada vez se hace más cercana a ti. Te leen, tu los lees, opinan sobre tus historias, tu opinas sobre las suyas... y llega un punto en el que cuando recibes un comentario de menganita o fulanito te alegras como si vieras a un viejo amigo.

Procuro comentar todos los blogs que voy leyendo. Pienso que de esta manera aliento a la persona a seguir haciendo lo que hace. Valoro su esfuerzo de ponerse a escribir y, de esta forma, hacerle saber que alguien en algún lugar, probablemente remoto al suyo, le ha leido, que ha estado ahí. Establecer contacto humano, de eso se trata.

Hay gente que nunca comenta y lo respeto de igual forma. Quizás no tengan tiempo o no piensen que tengan algo que decir... Pero un simple "hola" o aportar cualquier pensamiento es algo que no cuesta mucho y la persona que lo recibe lo agradece por el simple hecho de que la comunicación con otros es importante.

También he podido ver que la mayoría de la gente es de naturaleza bondadosa. La gente que te responde suele darte ánimos o consejos que puedan ayudar. Escondidos tras el ánonimato de una pantalla de ordenador podríamos ser "malos" o mezquinos (no niego que hay de todo...), y sin embargo no lo somos. De momento la gente que ha comentado mi blog ha sido respetuosa y con afán de ayudar.

Da esperanzas referentes a tener fe en la humanidad ¿verdad?

 
En una conversación cualquiera
Hoy he oido a alguien decir algo que me parece digno de comentar.

Se la decía un alemán sesentón a una chica de unos dieciséis años en el restaurante donde he comido. Estaba sentado en una mesa al lado de la nuestra.

Por lo que pude oir de la conversación era uno de esos hombres que ha pasado su vida viajando. Sus orígenes eran de la isla y, por lo visto, la visitaba con frecuencia.

Era una de esas personas afables, de conversación fácil y abierto a la gente. Eso se da mucho en la gente que tiene mundología y está acostumbrada a tratar y respetar a las gentes de muchas culturas distintas.

El hombre en sí era como un imán. Desprendía vitalidad y buen humor y era imposible no escuchar lo que decía dada la proximidad de las mesas.

Lo que le decía a la joven era: " El secreto está en estar siempre en movimiento. Viaja, aprende, ten motivaciones, mantén tu mente alerta a todo, cualquier cosa que veas y oigas es una enseñanza que seguramente podrás aplicar en algún momento de tu vida... Si paras, te atrofias".

J y yo decidimos comer fuera hoy. Pese a que las cosas aún no andan del todo bien, decidimos darnos una tregua y hacer algo agradable. Cuando él y yo nos relajamos y dejamos a un lado nuestros miedos y nuestras inseguridades nos lo pasamos bien juntos. Nos gusta hablar de todo, nos reimos. Tenemos buenas conversaciones y un sentido del humor afín.

El restaurante era uno de esos en los que no puedes ir con prisa. Terriblemente lento. Tardan en traerte la carta, tardan en traer los platos... Aún así, como se come bien, suele tener bastante clientela. Nosotros como lo sabíamos nos lo tomamos con calma y paciencia. Estábamos cómodos hablando, bebiendo vino...

El hombre del que hablaba de la mesa de al lado tenía un problema con el móvil. Al ser un móvil extranjero se hizo un poco de lío con los prefijos que tenía que marcar para establecer una conexión y yo, animada por el vino me levanté para ir al baño, me acerqué a él y le indiqué como hacerlo (soy recepcionista de hotel, estoy acostumbrada a lidiar con prefijos). Cuando volví del servicio, el hombre se levantó a mi paso, me cogió por los hombros y me dijo:
- Gracias, ¿tú cómo te llamas?-. Sonreí y le dije mi nombre. El hombre me dio dos besos y empezó a decirme que había nacido aquí pero que había recorrido medio mundo. Mantuvimos una pequeña conversación.

Hay gente que consigue sacar tu simpatía natural y con la que no te cuesta nada conversar. Gente que sabes que de conocerla más a fondo sacaría lo mejor de ti (así como hay gente que todo lo contrario). Gente que tiene "buenas vibraciones" y que sabe transmitirlas. Ojalá yo fuera así.

Luego escuché cómo hablaba con la chiquilla joven que estaba sentada en su mesa y le decía lo que he mencionado antes. Y no pude dejar de darle la razón. Cuanto más estancado y parado estás menos evolucionas, te conviertes en espectador, te centras demasiado en ti mismo y en tus "pequeñas" miserias, cierras tu círculo y no dejes que nada lo traspase, por miedo a que entre lo malo no dejas que entre lo bueno, cuando hay un mundo entero ahí fuera para que lo explores, para que aprendas de él.

Nos ofuscamos con clasismos, fanatismos, xenofobias, racismos y falsos orgullos territoriales cuando la verdad es que el barco en el que viajamos es UNO, en el cual estamos de paso. Todos sangramos si nos cortan, todos nos enamoramos, todos sufrimos y todos gozamos con las mismas cosas.

No todo el mundo hace uso del respeto, de ahí la mayoría de los "ismos" anteriormente citados. La vida no siempre es justa pero eso no ha de envilecer nuestra propia naturaleza, nuestra esencia. Hemos de actuar acorde a nosotros mismos y desarrollar la capacidad de empatía que todos tenemos en mayor o menor medida.

"sonríe a una persona desconocida sin dar ningún otro paso comunicativo y goza de la sorpresa que generará". Paul Wilson.